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Por Mª del Mar Carrasco Rogado*
La producción del alumnado a los estantes de la biblioteca escolar
jueves, 23 de febrero de 2012, 13:45 h.
Impregnar de forma progresiva y persistente, como el aceite de oliva. Esa es la estrategia de la biblioteca de nuestro centro, para que el alumnado interactúe con todo tipo de textos y aprenda a escribirlos con significado y sentido propio.
Desde que el niño/a se incorpora a la escuela, en educación infantil 3 años, la lectura y escritura están presentes en sus vidas. Paulatinamente, y gracias a la guía de maestros, padres y tutores, introducimos materiales variados (libros de todo tipo de géneros, periódicos, publicidad, cartas, medios audiovisuales e hipermediales) que contribuyen a madurar el proceso lectoescritor y permiten desarrollar las capacidades reflexivas y críticas en posteriores creaciones.
Comenzamos en infantil con el análisis del texto más cercano a estas edades, el cuento. Realizamos análisis de personajes, listados de cuentos favoritos, creación de versiones diferentes… La finalidad en estos primeros cursos es diferenciar entre dibujo y escritura, y dar a esta última su principal característica: la funcionalidad.
A partir de aquí se va introduciendo el análisis de otros tipos de texto. Durante el proceso, es importante rechazar el miedo a la incomprensión (que, por otra parte, sólo tiene el adulto), ya que, desde su nacimiento, el alumnado se codea con carteles publicitarios, mensajes, periódicos… Son textos de uso diario que les proporcionan información, así que los niveles educativos sólo diferirán en el grado de madurez que el alumno aporte al texto según el estadio evolutivo en el que se encuentre.
Desde nuestra biblioteca escolar CREA nos planteamos:
1. Implicar a la comunidad educativa en el proyecto de mejorar las competencias lingüísticas.
2. Crear hábitos lectores y escritores.
3. Analizar periódicamente las habilidades lectoescritoras para comprobar su evolución.
4. Fomentar las creaciones escritas del alumnado e incorporarlas a la colección de la biblioteca.
5. Implicar a las familias en el desarrollo de las prácticas de lectura y escritura.
6. Descubrir y cultivar el placer de leer, y compensar la falta de estímulos familiares y sociales, buscando que la lectura ocupe parte del tiempo de ocio del alumnado.
7. Implicar a los niños/as en trabajos de investigación, estimulándoles para que utilicen diferentes recursos con los que afianzar y ampliar sus conocimientos.
8. Fomentar los trabajos por proyectos siguiendo los siguientes pasos: planificación, reparto de tareas, búsqueda de información, puesta en común, elaboración del trabajo final y presentación.
9. Trabajar con el grupo de trabajo del centro, “Leo”, cuyo objetivo principal es crear un eje vertebrador compuesto por miembros de todos los ciclos del centro, para con ello:
* Sistematizar los contenidos y las secuencias didácticas a trabajar con cada texto de uso social.
* Realizar una planificación, secuenciación y programación por niveles.
* Desarrollar una justificación de cada tipo de texto, haciendo hincapié en las características evolutivas y los intereses de los niños/as de estas edades, fijar los objetivos y secuenciar las actividades tipo que sirvan de guía a cada maestro según el ciclo al que pertenezca.
Nuestro objetivo es que todo el profesorado conozca el modo de trabajar desde educación infantil hasta sexto de primaria, e ir profundizando en los diferentes textos sociales sin que el alumnado se vea inmerso en repeticiones que provoquen apatía.
Un ejemplo de esta estrategia formativa fue el proyecto de trabajo: Un cuadro, muchos cuentos. Elegimos para ello “El balandrito” (un niño jugando en la orilla de la playa con un barco), de Joaquín Sorolla.
Participaron en la actividad desde educación infantil a sexto de primaria, se repartieron las materias a trabajar. Uno de los grupos busco información de los datos de la obra, lugar de producción, medidas del cuadro original, lugar donde se encuentra, itinerario de la obra, comentarios de expertos; otro grupo se encargó de la biografía del autor; otro, de los pintores coetáneos; otro, del contexto histórico social mundial y otro del nacional.
Cuando la información llega al aula, el alumnado junto al docente organizan y crean cuadros sinópticos para relacionar toda la información. Se organizan calendarios de exposición para que el alumnado trasmita a los demás el trabajo realizado en el aula (colaborando así a desarrollar la competencia lingüística oral) y entre todos recopilan la información que aporta cada grupo.
Se plantea a cada clase que, por parejas, se elabore un cuento relacionado con el trabajo seleccionado (en este ejemplo, el cuadro de Sorolla), para editar un libro con el conjunto de cuentos producidos. En esta tarea, ocurre que todos intentarán utilizar términos propios del cuento en sus respectivos textos; entre otras categorías gramaticales, aumentarán la adjetivación como una particularidad del género. Lo que permite realizar actividades relacionadas con este registro específico.
Para finalizar el proyecto, se establecen una serie de criterios colectivos para la edición de la colección de libros de cuentos (índice, tapas, dimensiones, portada). Editamos el libro, presentamos la colección y lo incorporamos al circuito de uso social.
Para nosotros, es un orgullo contar con las obras creadas por nuestro alumnado en las estanterías de nuestra biblioteca.
*Mª del Mar Carrasco Rogado es maestra en el CEIP Manuel Fernández de Churriana, Málaga
Experiencias, Número 46
biblioteca escolar, propuesta didáctica, formación del lector, fomento de la lectura