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Entrevista a Manuel Azuaga. Periodista y monitor de ajedrez

 
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martes, 17 de octubre de 2017, 13:19 h.



Manuel Azuaga

 

 

Manuel Azuaga Herrera es licenciado en Ciencias de la Información y monitor de ajedrez FADA. Socio fundador de la asociación Ajedrez Social de Andalucía (www.ajedrezsocial.org), desde la que lleva a cabo distintos proyectos en el ámbito del ajedrez educativo, social y terapéutico, dirige el programa de radio El Rincón del Ajedrez y coordina los ciclos culturales La Térmica Mate, con la presencia de figuras de primer nivel del mundo del ajedrez. Además, es coordinador de proyectos y ponente habitual de la Fundación Kasparov de Ajedrez para Iberoamérica, así como miembro del Equipo de Coordinación del programa de ajedrez en horario lectivo aulaDjaque, impulsado por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. 

 

¿Cómo y cuándo comenzó su interés por el ajedrez?

Cuando tenía unos 10 años, gracias a un profesor de matemáticas que nos propuso enseñarnos y jugar al ajedrez como alternativa al patio de los recreos. Recuerdo que me pareció fascinante. Al poco tiempo éramos ya un grupo más o menos fijo e incluso participamos en un torneo con otros colegios. Por supuesto nos fue fatal, pero no nos importó, nuestro profe de matemáticas había conseguido lo más importante: que disfrutáramos moviendo piezas y dando jaques.

¿Cómo descubrió los beneficios que podía tener en el proceso del aprendizaje?

Eso fue muchos años más tarde, cuando acudí a un congreso de ajedrez y aplicaciones educativas y sociales. El cartel de ponencias era tan interesante que reservé parte de mis vacaciones para poder asistir. Allí no solo aprendí, sino que entré en contacto directo con los ponentes, confirmando que este tipo de congresos y seminarios en realidad son encuentros. Hoy comparto una profunda amistad con todas aquellas personas, algunas venidas de Latinoamérica, que llevaban años innovando en el campo del ajedrez educativo.

Ajedrez, ¿deporte o juego?

Bueno, personalmente la pregunta me parece oportuna pero su discusión irrelevante. El ajedrez competitivo se organiza como un deporte y tiene todas las consideraciones para que podamos aceptarlo como tal. Sin embargo, celebra sus propias Olimpiadas y el COI no lo incluye, de momento, en los Juegos Olímpicos. El debate del ajedrez deportivo sigue abierto y creo que seguirá generando cierta polémica. Por eso siempre pongo la tilde sobre la dimensión lúdica del juego del ajedrez, en este punto no hay discusión. El ajedrez es un juego milenario con más de quince siglos de historia, es el rey de los juegos, y es precisamente por ello que se nos presenta como una herramienta eficaz en el aula, porque despierta interés y entusiasmo —lúdico— entre los más jóvenes. En otras palabras, a una chica de seis años, por ejemplo, no le importa lo más mínimo si el ajedrez es o no un deporte, lo que verdaderamente le interesa es que puede jugar con sus piezas y saltar con un caballo.

¿Cuál es la regla o el principio básico del ajedrez?

El respeto, tanto a las reglas del juego como a tu rival. Antes de comenzar una partida de ajedrez los jugadores se dan la mano en señal de reconocimiento mutuo. Buena partida, se dicen. Cuando la partida termina, sea cual sea el resultado, se vuelven a dar la mano, aceptando con ello lo que ha sucedido en el tablero, sin culpables externos ni excusas. Porque lo que ocurre en la partida, en cada jugada, es el resultado de las decisiones de uno y otro bando, de blancas y negras, y esto es algo que, a edades tempranas, nos puede enseñar el sentido de la responsabilidad, la importancia de la reflexión o la autocrítica. Todos estos elementos están muy relacionados con el afán de logro, que es una derivada inherente a la práctica del ajedrez que también nos ofrece un valor pedagógico extraordinario, si es que sabemos aprovecharlo como docentes.

El ajedrez es altamente competitivo. A la hora de utilizarlo como herramienta educativa, ¿qué función cumple este aspecto?

Es una pregunta muy interesante. Demos por cierto que el juego del ajedrez es competitivo por definición, como ocurre con cualquier otro juego en el que se enfrentan dos personas. En una partida tradicional ambos jugadores quieren dar jaque mate, quieren ganar. El campeón del mundo Emanuel Lasker—filósofo e ilustre matemático— solía recordar que el ajedrez es lucha. Sin embargo, cuando nos servimos del ajedrez como herramienta educativa esta dimensión competitiva debería quedar en un segundo plano y centrarnos en la componente lúdica y participativa, en el aprendizaje cooperativo. Esto no es solo una convicción teórica, así que debo subrayar que existen innumerables dinámicas y recursos que permiten trabajar la competición desde otros enfoques en el aula. Por ejemplo, podemos jugar por parejas, por equipos, cambiando de color, de tablero, o establecer sistemas de puntuación que subestimen el resultado y ayuden a ponderar otro tipo de destrezas o conductas en el alumnado.

Solemos tener la idea de que el ajedrez es muy complicado. ¿Es esto un tópico?

Bueno, volvemos a la pregunta anterior. Si hablamos de ajedrez competitivo, podríamos decir que el estudio de sus variantes y la comprensión del juego en toda su profundidad resultan imposible, inalcanzable para un cerebro humano. Pero si nos referimos a un ajedrez educativo, transversal o interdisciplinar, es evidente que el tópico de juego difícil para inteligentes se rompe. He tenido la suerte de enseñar ajedrez a mujeres de más de 70 años, algunas de ellas analfabetas, y puedo afirmar, con toda solemnidad, que el juego del ajedrez, en sus nociones más elementales, es fácil y divertido para cualquiera, sin importar la edad.

¿Es necesario conocer los movimientos de todas las piezas para poder utilizarlo en el aula?

Claro, es necesario, pero apuesto a que cualquier persona que quiera aprender, desde cero, las reglas básicas del ajedrez puede hacerlo en unos 25 minutos, como mucho. Hagan la prueba. A partir de ahí, no deberíamos exigirle a esta persona que juegue una partida completa y que además sea capaz de aplicar los principios estratégicos del juego del ajedrez, es decir, que controle el centro del tablero, que desarrolle—ponga en acción—correctamente sus piezas o que reconozca una estructura de peones. Son tantos elementos en juego que le abrumaríamos; de hecho, creo que si ponemos demasiados conceptos sobre el tablero lo que logramos es que la gente huya del ajedrez.

Lo que debemos hacer, por tanto, es simplificar, ir a lo concreto. Esta es una de las claves del ajedrez educativo. Ya hemos aprendido cómo se mueven las piezas. ¿Qué tal si ahora jugamos a una batalla de peones? Pero solo con peones. ¿Y si jugamos solo con los dos reyes y tratamos de capturar objetivos que hemos repartido por el tablero? ¿Por qué no proponemos juegos, con pocas piezas, que ayuden a consolidar lo aprendido? El objetivo de dar jaque mate, con las 32 piezas en lucha, es casi inalcanzable en una primera etapa, el chico o chica que empieza lo ve tan lejos, tan difícil, que se desanima o se frustra. En cambio, si le dices que su objetivo es ir comiendo frutas (repartidas en cartulinas por el tablero) con una torre, estás ofreciendo una propuesta justa, y es como decirle venga, ahora vamos a divertirnos, por lo que se esforzará en lograrlo al tiempo que se divierte.

Podríamos decir entonces que no son necesarias determinadas aptitudes...

Efectivamente. Cualquiera puede jugar al ajedrez, con independencia de sus cualidades o habilidades innatas. Sí es cierto que hay quien tiene una capacidad natural para comprender el juego mejor que el resto. Es lo que llamamos talento. Pero el talento también se da en otras disciplinas o ramas del conocimiento, en matemáticas, por ejemplo.

La idea de que el ajedrez es un juego para inteligentes hay que desterrarla de una vez por todas. Tendríamos que invertir la proposición y decir que la inteligencia —con todas las reservas que hay que guardar cuando hablamos de inteligencia— puede verse favorecida por la práctica frecuente del ajedrez. La inclusión del ajedrez como herramienta pedagógica pretende mostrar estos efectos positivos en el alumnado. Fíjese que el ajedrez, a través de una metodología adecuada, puede favorecer el desarrollo de las llamadas funciones ejecutivas, que son aquellas que se relacionan directamente con la toma de decisiones y la resolución de problemas. Solo si nos centramos en estos dos aspectos, lograremos que nuestros hijos e hijas, ajedrecísticamente alfabetizados en las escuelas, tengan un avanzado sentido crítico y sean capaces de pensar por sí mismos, que no es poco.

Imagino que los objetivos del ajedrez educativo no tendrán nada que ver con los del ajedrez deportivo...

Exactamante. El ajedrez educativo no busca campeones, busca el desarrollo integral del alumnado. Hay que poner de relieve que en ajedrez estamos continuamente resolviendo o creando problemas, una de dos. Y esto último, crear problemas, es un ejercicio mental que implica un cierto grado de análisis, reflexión y creatividad. Me atrevo a decir que crear problemas es uno de los mayores beneficios prácticos de la inclusión del ajedrez en el aula.

El objetivo del ajedrez deportivo es mejorar el nivel ajedrecístico del chico o chica que aprende…y compite. Lo importante en este caso es ganar, perfeccionar la técnica del juego del ajedrez. En realidad, es apasionante. El premio Nobel Ramón y Cajal, Miguel de Unamuno o Marcel Duchamp, por citar solo algunos ejemplos, dedicaron gran parte de sus vidas al estudio del ajedrez. Duchamp jugó como profesional y participó, representando a Francia, hasta en cuatro Olimpiadas. Es decir, sentir atracción por el juego del ajedrez y querer mejorar el nivel competitivo es algo, en mi opinión, natural, y muy frecuente. Pero no es el propósito del ajedrez en las escuelas, puede ser una derivada a medio plazo, pero nunca el objetivo.

 

Manuel Azuaga (Foto1.jpg)

 

Usted se ha especializado en el uso social del ajedrez . Sin embargo, al menos en principio,  tenemos la idea de que se trata de una práctica bastante solitaria que tiende al aislamiento del jugador de todo lo que le rodea...

Bueno, permítame que rompa también con esa etiqueta tan individualizada que nos persigue. Es cierto que sorprende hablar de ajedrez social, pero creo que en parte es porque cuando oímos hablar de ajedrez la imagen que se dibuja en nuestra mente es esa que describe, la de un jugador —varón, por cierto— concentrado en el tablero, ensimismado y asilado de lo que le rodea, como dice.

Lo que sucede es que esa imagen, casi universalizada, es propia del ajedrez deportivo. Cuando pasas por escuelas o talleres de pre-ajedrez, cuando conoces cómo se sustancian las sesiones de ajedrez que se llevan a cabo en comunidades terapéuticas —donde el juego-ciencia es usado como tratamiento complementario en casos de adicción—, o cuando abres la puerta de un taller de ajedrez e igualdad, donde trabajamos el enfoque de género, te das cuenta que el juego del ajedrez es extraordinariamente social, si realmente se quiere sacar el jugo empático que ofrece.

Las aplicaciones sociales y terapéuticas del ajedrez se están consolidando cada vez con más fuerza en distintas regiones de España y Latinoamérica, pero seguramente tengan que pasar algunos años más para que, cuando oigamos la palabra ajedrez, lo que se nos venga a la cabeza sea, por qué no, la imagen de una mujer jugando en grupo o saltando en un tablero gigante de suelo.

El ajedrez ha sido parte del plan nacional de estudios de las escuelas rusas desde hace décadas y paralelamente potenciaron su desarrollo desde un punto de vista deportivo hasta convertir a Rusia en la primera potencia mundial en ese juego. Pero imagino que esto no tiene mucho que ver con el concepto de ajedrez educativo...

Imagina bien, aunque el objetivo principal, en origen, fue contribuir a luchar contra el analfabetismo dominante tras la revolución de 1917. Lenin, amante del noble-juego, consideraba el ajedrez como la mejor gimnasia para la mente. Lo que ocurre es que, durante décadas, en la Unión Soviética, el ajedrez fue considerado un arma de dimensión geopolítica. Reinar en este tablero político era una demostración de poder mundial que daba crédito al relato del comunismo, sobre todo en la Guerra Fría. De ahí que la llamada escuela soviética se refiera a una generación de grandes jugadores rusos, muchos de ellos campeones del mundo, y no a un modelo de ajedrez educativo.

En el año 1995  la UNESCO recomendó oficialmente a todos sus países miembros, la incorporación del ajedrez como materia educativa tanto en la enseñanza Primaria como en la Secundaria. Esta incorporación se llevó a cabo en algunos países: Rusia, Venezuela o Colombia integraron el ajedrez en el curriculum. En otros casos el ajedrez se incluyó como asignatura optativa. Por esta segunda opción se inclinaron muchos centros educativos españoles. Sin embargo, el uso más generalizado del ajedrez en las escuelas de nuestro país es su práctica como actividad extraescolar, promovida por las Asociaciones de Padres y Madres de los centros o por algún docente aficionado. ¿Ha sido esto quizá un paso intermedio para llegar a un proyecto educativo que haga del ajedrez un instrumento de aprendizaje?

En cierto modo, desde luego que ha influido, aunque no estoy tan seguro de que haya sido el elemento más determinante. Lo que sí creo que ha contribuido de forma decisiva ha sido la cobertura que algunos medios de comunicación están dándole al ajedrez desde hace unos años, haciendo uso de unos enfoques periodísticos que tratan de enseñar todo lo bueno que tiene — y a veces esconde— este milenario juego. El ajedrez, poco a poco, se está acercando a la sociedad y, no menos importante, a la opinión pública.

Hablemos ahora del programa  educativo aulaDjaque. ¿Cuáles son sus objetivos?

El principal objetivo del programa que ya ha impulsado la Consejería de Educación es capacitar al profesorado andaluz para que pueda implementar el ajedrez como herramienta pedagógica en horario lectivo. Son múltiples los beneficios que el ajedrez educativo puede ofrecer al alumnado, pero para ello necesitamos que sean los propios docentes los que se animen a incorporar dinámicas ajedrecísticas en sus clases.

Y en cuanto al profesorado, tal vez se sienta un poco perdido...¿Está previsto que reciba algún tipo de formación y/o  material específico?

Sí. El profesorado recibirá un asesoramiento permanente a través de un espacio virtual en Colabor@, con foros, recursos, enlaces y mensajería directa. Se ha creado un equipo de coordinación pedagógica, integrado por Ajedrez Social de Andalucía y AJEDUCA, y en próximas fechas se impartirán talleres presenciales de formación, con distintos niveles y grados de especialización. Hay que tener presente que este programa de ajedrez educativo, aulaDjaque, se abre paso en el aula para ayudar en la tarea docente, en ningún caso debe verse como un reto o un desafío. Nuestra tarea es hacerlo atractivo y fácil para el profesorado.

Es fácil entender que el  ajedrez presente beneficios en el desarrollo de aptitudes mentales pero ¿en qué competencias en concreto puede incidir de manera positiva?

La relación directa del ajedrez pedagógico con algunas competencias clave es muy amplia y resulta muy evidente en el área matemática, pero también, y esto es menos conocido, se incide en la competencia lingüística. Me parece fascinante que podamos favorecer la comprensión lectora con dinámicas de ajedrez, tal y como concluyen distintos estudios científicos.

¿Cuáles son los beneficios transversales del ajedrez?

La transversalidad, a mi juicio, es el terreno pedagógico en el que más alcances reales tiene la aplicación del juego del ajedrez en el aula. Por ejemplo, mediante ejercicios muy sencillos, podemos crear dinámicas que ayuden a trabajar en clase un tema tan vital como  la prevención del acoso escolar. Podemos abordar la cuestión de género o incluso adentrarnos de un modo muy original en los hábitos de vida saludable.

En realidad, las piezas de ajedrez te permiten simular situaciones reales en el tablero, crear posiciones donde existen amenazas, ventajas, turnos, iniciativas, planes, problemas, buenas y malas decisiones. En este sentido, y desde un punto de vista docente, es una suerte disponer de una herramienta tan potente.

¿Qué función terapéutica tiene el ajedrez?

El ajedrez se está utilizando como herramienta terapéutica en colectivos y campos muy variados. Podemos citar su uso eficaz en el tratamiento multimodal del TDAH, o su aplicación como estimulación cognitiva en pacientes con parálisis cerebral, una experiencia que conozco de cerca y puedo avalar. Pero también conocemos experiencias terapéuticas muy exitosas en el tratamiento de adicciones, o en casos de autismo, Asperger y otras patologías. Es realmente sorprendente.

Y en cuanto a las emociones, ¿también puede ayudar a controlarlas?

En 2012 el estudio científico Beneficios del ajedrez en el enriquecimiento intelectual y socioafectivo concluyó que el ajedrez mejora las capacidades cognitivas de atención, percepción, rapidez, concentración, planeamiento y previsión; pero también demostró que incrementa las habilidades socio-personales, mejorando la relación afectiva con el entorno familiar y académico.

En cuanto a la gestión de las emociones, yo diría que el ajedrez te ayuda a controlar, sin duda, los primeros impulsos. Porque este juego-ciencia descansa sobre el axioma pieza tocada, pieza movida, lo que tiene un valor didáctico monumental en una sociedad que vive a toda prisa, en la inmediatez más absoluta. El ajedrez nos obliga a romper con este sistema de relación frenética con el tiempo y nos enseña a pensar, digamos que es una suerte de elogio a la lentitud, a la reflexión. Más tarde, cuando ya eres capaz de detener el tiempo, de pausar tus decisiones, empiezas a comprender que hay una relación directa entre tu modo de jugar y tu estado emocional, entre el estilo de juego y el carácter. El ajedrez, en última instancia, es un juego que ayuda a conocerte.


 

 

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