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Rosa Regás. Escritora

 
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jueves, 15 de marzo de 2018, 13:28 h.



Rosa Regás © Outumuro

 

Rosa Regás, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona, ha sido ganadora del Premio Nadal (1994) y del Premio Planeta (2001) por sus novelas Azul y La canción de Dorotea respectivamente. Premi  Ciutat de Barcelona de novela en castellano, 1999, por  Luna lunera y Premio Biblioteca Breve 2013 de novela por Música de cámara. Además, en el año 2005 recibió La Creu de Sant Jordi de manos del Alcalde Pascual Maragall, y ese mismo año la República Francesa le concedió la Orden de Chevalier de la Legión d’Honeur. Antes de dedicarse a escribir trabajó en la editorial Seix Barral de 1964 a 1970, año en el que fundó su propia editorial, La Gaya Ciencia, así como varias revistas. De 1983 a 1994 trabajó como traductora para las Naciones Unidas en diversas ciudades del mundo. De 1994 a 1998 fue directora del Ateneo Americano de la Casa de América, y entre 2004 y 2007 directora general de la Biblioteca Nacional de España. Ha publicado novelas, relatos, cuentos, artículos y libros de viajes. Educada en sus primeros años en Francia, en una pequeña escuela de Célestin Freinet Freinet, uno de los referentes innovadores más importantes de la pedagogía moderna y popularRosa Regás es una mujer comprometida en la defensa de la igualdad de género, por lo que la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía dio su nombre a los Premios que se convocan con carácter anual a Materiales Coeducativos y que nacieron en cumplimiento de una de las medidas del I Plan de igualdad entre hombres y mujeres en Educación

 

Usted comenzó a escribir relativamente tarde. ¿No había sentido antes esta pulsión o se trataba realmente de falta de tiempo material?

La verdad es que no tenía tiempo. Era madre de cinco hijos y estudiaba. Luego enseguida me puse a trabajar. Cuando eran pequeños una monja venía a ayudarme a dar biberones a mis niños...

¿No es un poco paradójico que una mujer tan independiente haya sido madre tan joven de familia numerosa?

Lo cuento muy bien en mis memorias. Fui mandada a Francia cuando tenía dos años, volví a España con seis, entré en un internado, donde fui bastante feliz, del que salí con 17 años. Yo no tenía resuelto el tema de la familia, nunca había vivido con mis padres, que eran republicanos. Tenía un proyecto casi mítico de formar una familia ya que nunca había tenido una. No quería vivir con mi abuelo, así es que estaba dispuesta a casarme con un buen hombre y poner el cariño y todo lo que tuviera que poner. Me casé con un hombre que era buena persona. Llegó el momento en que entendió que si nos separábamos (estoy hablando de la época franquista) me quedaría sin mis hijos, así es que aunque teníamos vidas separadas, vivíamos juntos. Compaginé mi vida de familia con mi vida de mujer libre.

¿Cómo fue su educación? Los primeros años los pasó en Francia...

Sí, me eduqué en una  pequeña Escuela de Célestin Freinet y de su esposa Élise en Saint Paul de Vence, Pirineos Orientales, donde recibieron a niños que huían de la guerra de España. Teníamos mucha libertad, no había grandes castigos. No había sentido del pudor, de la sumisión...

Al volver a España siguió su formación en un colegio religioso. ¿Qué destacaría de esta etapa? ¿Qué y quién le dejó huella?

Tuve mucha suerte. El director era un cura que fue castigado y desterrado a ese colegio de monjas. Vivíamos la religión de un modo muy soportable. Nos daba clase una vez a la semana sobre la Historia de las religiones pero también un sermón los sábados sobre otros temas. Recuerdo que nos habló de la película  La canción de Bernadette, el centro del sermón fue el hacernos pensar el por qué de este título. Nos decía que nuestra vida era como una canción y que  teníamos que cantarla y buscar nuestra música. Hacía una especie de metáfora sobre lo que era la vida que nos llegaba mucho más que si nos contaba la vida de una santa.

Esa idea sobre la vida como una canción es un poco el leitmotiv de su novela La canción de Dorotea (Premio Planeta en 2001)

Sí, pero también nos decía algunas cosas cuyo sentido no entendí en su momento, por ejemplo, que no había libertad sin libertad económica. A los 14 años yo no sabía nada, no salía, no iba al cine. Más tarde lo entendí,  así es que empecé a estudiar Filosofía y Letras.

Entonces estos años no ejercieron una influencia negativa en usted...

No, creo que los años pasados en el colegio en Francia me dejaron más huella. Nunca tuve sentido del pudor o de culpa. Nunca me he creido la moral impuesta por la Iglesia católica.

Los premios que llevan su nombre, que distinguen la elaboración de materiales didácticos que promueven la igualdad y la coeducación, son ya un referente con una dilatada trayectoria en nuestra comunidad...

La verdad es que me hizo mucha ilusión cuando me lo comunicaron y he podido asistir a la entrega de los mismos en un par de ocasiones.

¿Cree que el uso en el aula de materiales curriculares coeducativos puede ser un modo efectivo de promover la educación en la igualdad de género?

Por supuesto que lo creo, sobre todo en un aspecto tan olvidado hasta ahora en la investigación y en la pedagogía escolar.

 

A color (Rosa regás.png)

 

¿Hay algo que le vincule a Andalucía?

Me encanta Andalucía. Tengo muchos amigos aquí y no tendría ningún problema en vivir aquí. Me siento un poco de todas partes y a la vez me siento también un poco extranjera, es como si no acabara de cuajar en ningún sitio.

¿De qué manera cree que podemos educar a los jóvenes, tanto chicos como chicas, para inculcarles los principios de la igualdad?

Lo primero es ser nosotros defensores de la igualdad y cuando hablamos de masas de gente, de generaciones que han de educar a las que siguen, hay que predicar con el ejemplo. Y todo esto en el marco de una escuela pública y laica.

¿Cree que en el seno de las familias se imparte una educación igualitaria a chicos y chicas?
 
En general no, son aún muchos los  padres y madres en no aplicar los  principios de igualdad porque la mayoría ni los conocen ni creen en ellos. Y además les parecen demasiado exagerados. No solo son machistas los hombres, a veces las mujeres, sin parecerlo, los transmiten con mayor fe y entusiasmo.

Es madre de cinco hijos ¿Cómo lo hizo usted con los suyos?

Como soy yo. Nunca supe cuál era la manera de hacerlo porque yo nunca viví  con mis padres. Siempre digo que era tan joven cuando fui madre que tenía la sensación de que mientras les estaba educando a ellos también me estaba educando a mí.

¿Cómo valora los cambios experimentados por la sociedad, concretamente en el ámbito de la educación, en relación con la situación y presencia de la mujer?
 
Valoro los cambios legislativos, aunque no quiera decir que siempre se cumplan las leyes. Socialmente no hemos avanzado demasiado

¿Sigue habiendo desigualdad en el mundo literario y editorial?
 
La hay en todos los mundos, lo reconozcamos o no.

¿Qué opinión le merece el modo en el que se ha intentado combatir el lenguaje sexista en los últimos años?
 
Soy más partidaria de luchar para cambiar el sexismo en el lenguaje académico que pretende impartir las leyes en escuelas y universidades que en el del habla de los ciudadanos, en el del día a día. Claro que si esto depende de la Academia tendremos que esperar muchos años.

En 1991 apareció su primera novela Memoria de Almato. Con la perspectiva que da el tiempo, ¿está satisfecha de esta obra?

Sí. Es la novela con la que más me divertí escribiendo. No tenía ningún compromiso con nadie y podía descubrir la diferencia entre el criterio a la hora de criticar la obra de los demás y la de uno mismo.

¿Es quizá Azul (Premio Nadal en 1994), su novela más personal?

No, no es autobiográfica, aunque todas mis novelas se basan  en mi memoria y en mis experiencias. Lo extraigo de mi interior y no las repito tal y como las veo sino que están manipuladas por la imaginación y la fantasia. Luna lunera narra mi infancia y La canción de Dorotea cuenta algo que me ocurrió con mi guardesa. En los artículos que escribo también me baso en mi experiencia, unas veces se nota más que otras, pero siempre es así.

La eterna pregunta: ¿Literatura de mujeres y/o para mujeres? Algunas escritoras suelen estar en contra de esta distinción. Pero no cree que hay un modo singular de ver el mundo e interpretarlo por el mero hecho de ser mujer?

Bueno, es una cuestión de educación. Es normal que a los hombres le gusten más los libros de guerra porque han sido educados en un medio más afín. Cada uno de acuerdo a su vida, educación e intereses leerá una cosa u otra. Pero hay más diferencia entre una mujer del Congo a una mujer española que entre un hombre y una mujer españoles.

 

Rosa Regás recortada (Rosa regás recortada.jpg)

 

Hábleme de la Editorial Seix Barral

Trabajé en ella durante siete años y luego Carlos fundó una más pequeña, en la que no había sitio para todos, así es que yo creé también mi propia editorial, La Gaya Ciencia, que duró catorce años, creé una revista de arquitectura, otra de pensamiento, una colección para niños (Moby Dick); tenía una vida familiar muy intensa y mucho trabajo. Toda la vida había querido escribir, así es que vendí la editorial y comencé a trabajar para las Naciones Unidas como traductora. Durante quince años estuve viajando por todo el mundo. Luego me llamaron para dirigir el Ateneo Americano de la Casa de América de Madrid.  Así comenzó mi vida en Madrid, una etapa muy satisfactoria.

¿Qué supuso conocer a Carlos Barral?

Me enseñó lo que era el compromiso profesional, el diseño a la hora de editar y algo muy importante: encontrar diversión en el trabajo. Nunca se me había ocurrido que trabajar pudiera ser divertido.

Ha conocido y frecuentado a personajes ilustres del mundo de la cultura...

Sí, Eugenio Trías, Juan Benet, Vázquez Montalbán...He tenido mucha suerte.

Usted fue directora de la Biblioteca Nacional. ¿Cómo fue aquella época?

Muy bien, pero muy dura. Teníamos continuamente a toda la prensa de derechas en contra. Pero  bueno, creo que hicimos grandes cosas: abrir la biblioteca a todo el mundo, enseñarle a utilizarla, habilitar espacios culturales con exposiciones de sellos, carteles de cine... Mi mérito fue haber conseguido tener un equipo que no estaba previsto en los estatutos, y luego, salir a pedir dinero. Curiosamente, en este sentido me ayudó Manuel Pizarro financiándome la iluminación de la biblioteca, la cabeza de Antonio Machado en el jardín, y muchas otras cosas. Luego, decidí dimitir por la falta de confianza del que fuera por aquel entonces Ministro de Cultura, y me fui a vivir a mi casa del campo, en la que sigo viviendo.

¿Qué influencias literarias ha tenido?

No lo sé. Hay cosas que creo que he sacado de algún sitio, por ejemplo mi pasión por los párrafos largos, pero no lo sé. He leído mucho y muy desordenadamente.

¿Es muy crítica consigo misma?

Sí, nunca me gusta lo que escribo, pero está bien porque así siempre queda algo por hacer, cuando retomo la escritura tengo que hacer un esfuerzo y la posibilidad de mejorar. Si estuviera contenta con lo que escribo, no haría más que repetirme.

¿Cómo se lleva con las nuevas tecnologías? ¿Hace uso de las redes sociales?

No,  no tengo tiempo. Tengo tantos libros por leer, tanta música que escuchar y tantos caminos por recorrer...

¿Utiliza tablet para leer?

No, no. Bastante esclava soy ya del teléfono. Bueno, leo periódicos digitales por la mañana durante unos veinte minutos.

¿Qué  le  queda por hacer?

Lo que me quedan son retos de carácter personal.
 

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