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Voluntariado en la India: Juan Carlos Cubiles de Vega

 
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martes, 29 de octubre de 2019, 00:00 h.



Juan Carlos Cubiles

Juan Carlos Cubiles de Vega es Ingeniero de Telecomunicaciones con especialidad en Electrónica por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y trabaja para la ONG Study Hall Educational Foundation,  una asociación con sede en Lucknow, Uttar Pradesh, al noroeste de la India, que lleva a cabo diferentes iniciativas educativas. El principal objetivo de esta ONG es proporcionar una educación de calidad a jóvenes desfavorecidas en la India rural y urbana a través de una pedagogía basada en el feminismo, técnicas de sensibilización de género y empoderamiento para abordar debates sobre cuestiones sociales en el aula

La asociación, creada en 1994 por Urvashi Sahni, emprendedora social, educadora y activista de los derechos de la mujer, ha ido creciendo y en la actualidad cuenta también con colegios para niños con pocos recursos y hasta con una universidad con unas tasas muy bajas. Juan Carlos, que comenzó como voluntario, ejerce como profesor en esta universidad, donde enseña programación, fundamentos de ordenadores y arquitectura de estos, junto con proyectos de electrónica con aplicación a IoT y robótica, además de ser profesor de deportes. Entre otras cosas, desarrolla software para mejorar el funcionamiento interno de la asociación, crear aplicaciones de ordenador para las clases, mejorar el interfaz gráfico para el manejo de bases de datos de los colegios, buscando soluciones y disfrutando de aprender de sus compañeros y alumnos.

 

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Juan Carlos se fue a la India con 27 años y no dudó en prolongar su estancia en Lucknow durante un año más una vez transcurridos los seis meses que duraba su estancia como voluntario. La Universidad  le propuso impartir clases allí y tras realizar un viaje relámpago a España para hacer las gestiones administrativas oportunas, volvió a la India. Su objetivo era ser feliz y en la India lo consiguió al comprobar que, aunque los bienes y comodidades materiales fueran escasos, tenía la satisfacción de poder dar algo de sí mismo a los más desfavorecidos. Recuerda a sus primeros alumnos con ilusión, el grupo de BCA (Bachelor in Computer Arquitecture) con quienes disfrutó mucho siguiendo su crecimiento y aportándoles todo lo que estaba en su mano.

“También tengo clases en algunos colegios de la fundación donde enseño robótica o conceptos básicos de electricidad y electrónica para poder aplicarlo a proyectos de arduino. Uno de los proyectos que estoy llevando a cabo con mis estudiantes es la creación de unas gafas con LEDs que se pueden programar para poder encenderse a demanda, en la secuencia que se quiera. Además de esto, también estoy creando equipos de volleyball y baloncesto.”

 

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La India, junto con el resto de países asiáticos, siempre le había fascinado y conoció la ONG a través de unos amigos. Cuando supo a qué se dedicaba encontró una buena motivación para el dónde; en cuanto al porqué, fue por la necesidad de encontrar un trabajo para ganar experiencia. Cosas como comprar una casa, un coche, casarse… no eran una motivación para él. “Lo único que quiero es ser feliz, y no necesito una casa, un coche ni nada de eso para serlo”.  En realidad buscaba un cambio radical, conocer otra cultura, sus problemas, su perspectiva para poder ofrecer su ayuda  “Siempre vemos en la tele los problemas del mundo y siempre reaccionamos igual, te compadeces pero en cuanto cambiamos de canal, nos olvidamos. Nunca puedes entender realmente una situación a menos que la vivas, así es que eso era lo que buscaba, entender, aprender y aportar.”

Recuerda sus primeros momentos, el camino desde el aeropuerto a la que sería su habitación. “Esos 30 minutos en coche fueron horribles. Aquí, en lo que a la conducción se refiere, no hay reglas, esto es jauja y además yo venía de una experiencia difícil por un accidente de tráfico que tuve, así es que me agarré bien fuerte a mi asiento y mi compañero Felipe, una grandísima persona, extrañado por mi comportamiento, me preguntó qué me pasaba. La verdad es que pensé que no llegaba vivo, jajaja”.

Juan Carlos destaca la hospitalidad de la gente que ha conocido. “Si te encontrases solo aquí de repente sin nada, te acogerían en su casa, te darían de comer e incluso te darían dinero sin pedirte que se lo devolvieses, incluso las familias más pobres lo harían”.

Las dos primeras semanas de su estancia fueron las más complicadas, luego llegó la Navidad y estar lejos de la familia en esas fechas siempre es complicado, pero las cosas fueron mejorando significativamente y al cabo de un mes ya estaba completamente adaptado al estilo de vida. Pero entre las cosas que más echa de menos de su país está la vida en la calle. “Eso de bajarte a echar una cerveza con tus chicharrones, tus caracoles, tu solomillo al whisky... En India está socialmente mal visto beber alcohol, el 60% de la población es vegetariana y no hay mucha vida social, normalmente la gente suele estar de vuelta en casa sobre las 20:30 - 21:00 h. por lo que poco hay que hacer a esas horas; mi único compañero de armas es Felipe, sin él todo sería mucho más difícil. El salto cultural de España a India es enorme”.

 

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En cuanto a las diferencias más notables en la educación, Juan Carlos destaca la figura del profesor. “Aquí un profesor es alguien que se merece todo el respeto del mundo y los estudiantes te lo hacen saber. Cuando la educación no es una obligación, sino que con once años tienes que trabajar para alimentar a tu familia, tu padre se gasta todo el dinero en alcohol sin importar que no haya para comer y te dicen que en el colegio estás a salvo, estás aprendiendo y disfrutando con amigos, se empieza a ver con otros ojos y el colegio se convierte en tu feudo donde por unas horas puedes ser feliz”.

Esa fue una de las razones por las que tras seis meses trabajando para la ONG y sintiéndose feliz se dio cuenta de que quería más. “La idea principal de la Study Hall Educational Foundation es el empoderamiento de la mujer, escolariza a niñas que pagan diez rupias mensuales, unos trece céntimos (algo simbólico). Cuando te encuentras en clase con esta gente que no tiene prácticamente nada, que viven en casas sin acabar o que constan de cuatro ladrillos y un plástico como techo, que son felices y lo único que buscan es una oportunidad, sientes la necesidad de dar lo mejor de ti”.

 

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“A veces he tenido días horribles, en los que no te sale nada, estás muy estresado y cuando vas de vuelta a casa te encuentras a un torrente de niñas que acaban de salir del colegio y tienen que trabajar o cuidar de sus familias. Te miran, te sonríen, te saludan y te dicen “Hello Sir!”. Entonces, lo único que te sale es una sonrisa, un saludo y las palabras “Hello bithiya!” (Hola hija/hermana pequeña) y se acabó, adiós problemas, hola felicidad”.

Cuando finalice su estancia en la India, Juan Carlos piensa seguir colaborando con esta ONG, no solo directamente, sino indirectamente, haciendo meetings, “más que para conseguir dinero, para concienciar a la gente. No podemos darle la espalda a niños que se mueren de hambre, que no tienen acceso a servicios básicos, a los que se les clasifica por casta, género o color”

Juan Carlos no piensa mucho en el futuro. Ahora es feliz haciendo lo que hace aunque sabe que llegará un momento en el que necesite otros retos a nivel personal pero sin dejar de colaborar con ONGs. Una de las cosas que le siguen impactando es la generosidad que impera en la India, “la gente se muere por invitarte a sus casas a comer, a tomar un chai, y cuando ves las condiciones en las que viven, seis personas en un solo cuarto, te das cuenta de que lo que te están dando se lo están quitando de sus raciones diarias; aun así se ofenden si no lo aceptas, así que lo único que puedes hacer es intentar ayudarles en lo que puedan necesitar. Esto último es algo que hago saber a todas mis niñas y mis niños, intentaré estar para cualquier cosa que necesiten. Siento un profundo respeto y admiración por todos y cada uno de ellos".

 

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Se siente privilegiado por la educación que ha recibido, más aún después de ver la situación allí. “El poder pensar como quieras sin que te inculquen una idea desde pequeño, ser libre para expresar lo que quieras sin miedo a que te juzguen y la bondad y ayuda al prójimo es algo que mi familia me ha enseñado desde pequeño. A mis abuelos los recuerdo como un pilar fundamental y gracias a los valores que me inculcaron mis padres no siento la necesidad de tener nada material, más allá de mi móvil u ordenador para trabajar. Encuentro  la felicidad en cosas básicas y es algo que he aprendido en gran medida de ellos. Mis tías, tíos, primas y primos también han sido muy importantes, el tener personalidades tan diferentes en mi familia me ha dado la oportunidad de conocer diferentes puntos de vista y comprenderlos. Tener un hermano menor que yo también ha desarrollado en mí un cierto instinto de protección, cuidado y ayuda”.

Juan Carlos desarrolló su parte solidaria a temprana edad. Donó el dinero que le dieron por su primera comunión a una causa humanitaria y desde pequeño soñaba con irse fuera a ayudar a los más desfavorecidos, por lo que una vez finalizada su carrera universitaria se informó sobre la mejor manera de hacer un voluntariado, algo que recomienda a todas esas personas que tienen inquietudes solidarias. “Esta es una experiencia que me encantaría que cualquier persona pudiese vivir alguna vez en la vida. No es necesario irse del tirón durante seis meses; se puede empezar por una o dos semanas para conocer, que es lo fundamental. Conoce y aprende".

Para quienes quieran saber algo más de esta asociación y algunas de sus líneas de actuación, Urvashi Sahni, su fundadora, relata en su libro Reaching for the Sky: Empowering Girls Through Education su experiencia en Prerna Girls School, una escuela de estudios superiores para chicas de familias humildes en Lucknow, donde prevalecen las normas y estructuras del patriarcado. La autora muestra cómo esta modesta escuela ha cambiado la vida de más de cinco mil chicas y sus respectivas familias. Lo hace a través de la perspectiva de las propias chicas. Urvashi Sahni cree firmemente que la educación puede ser verdaderamente transformadora si va dirigida a la realidad y vida cotidiana de estas niñas y responde a sus necesidades especiales y desafíos con respeto y cariño.           

Para finalizar, el siguiente vídeo documenta la vida de Pooja, una niña de Prerna que vive en la acera de la calle y busca un rayo de esperanza en la noche:          

 

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