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El Gran Reto del Bilingüismo

 
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miércoles, 02 de enero de 2013, 08:51 h.



Delfin Carbonell

Delfín Carbonell

Filólogo y Lexicógrafo

Delfín Carbonell es Licenciado y Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Además, ha sido profesor de las universidades americanas de Pittsburgh, Scranton, Murray State, y Franklin and Marshall, ha compilado en forma personal diversos diccionarios temáticos sobre la lengua española  y ha propuesto un sistema unialfabético para diccionarios bilingües. Su blog, LA LENGUA INGLESA, recoge gramática, usos, curiosidades y ejemplos de esta lengua

 

La proverbial e histórica ineptitud hispánica con los idiomas se acepta con resignación fatalista como si fuera una maldición bíblica contra la cual no hay amuletos o sortilegios posibles. Encogerse de hombros y llegar a la triste conclusión de que “aprendan castellano ellos”, que es paráfrasis de una desafortunada expresión atribuida a diversos personajes, no nos exime de la responsabilidad lingüística que todos tenemos. Desde luego que la frase no la hubiese dicho don Juan Valera, ni tampoco don Ángel Ganivet, ambos -¡qué casualidad!- andaluces y los dos políglotas y diplomáticos, entre otras cosas. El primero, Juan Valera (1824-1905), hablaba, escribía y traducía francés, italiano, inglés y alemán, así como las lenguas clásicas árabe y griego, que traducía. El segundo, Ángel Ganivet (1865-1898), baste decir que su tesis doctoral se titulaba La importancia de la lengua sánscrita. Los dos, parece ser que tenían una dispensa especial de la maldición histórica del “no hablarás idiomas extranjeros”, que aqueja al español, y no rezaba con estos andaluces universales, como con muchos otros españoles, tales como Salvador de Madariaga que hablaba, escribía y publicaba en tres idiomas: castellano, inglés y francés, sin mencionar su lengua vernácula, el gallego.

Tampoco hubiese repetido la frase don Eduardo Benot (Cádiz 1822-1907), otro andaluz lingüista, que introdujo el método Ollendorff -ya superado- en sus gramáticas francesa, inglesa, alemana e italiana, idiomas que dominaba. Su Cuestiones filológicas y métodos para la enseñanza de los idiomas se puede consultar hoy sin problemas. Fue uno más de nuestros eximios polígrafos: político, escritor, lingüista, filólogo, lexicógrafo y matemático, casi olvidado hoy.

Políglotos no le han faltado a España, desde luego. 

 

Alumnado intercambio (EN-CIRCULO-POLAR.jpg)

"Los idiomas abren horizontes y son la fuente de comprensión entre países, que amplían relaciones sociales y profesionales"

 

 

 

 

 

 

Nos decía don José Francos Rodríguez (1862-1931), ministro que fue de Instrucción Pública, que España necesitaba una revolución en la enseñanza que él no se atrevía a hacer y que, por lo visto, queda todavía pendiente. Notemos que empleaba la palabra revolución, no apaños y parches.

No obstante, y a pesar de esa supuesta maldición y retraso en lo educativo, que vienen de largo (léanse las memorias de Federico Rubio y Galí, otro andaluz, 1827-1903, Mis maestros y mi educación) ya tenemos indicios de esperanza –y la esperanza es lo último que debemos perder- porque parece que en España se está implantando en las escuelas lo que los políticos llaman “educación bilingüe.”  El Reino Unido también se inclina por el bilingüismo en las escuelas porque ha llegado a la conclusión de que “children who speak two languages are at an intellectual and cultural advantage”1 según nos relata la BBC News England (artículo de Emma Kasprezak, 25 de agosto del 2012).

Cuanto antes aprendamos las cosas mejor, y en cuestiones lingüísticas manda el refrán de que no dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy. Y como el niño es una esponja, capaz  de asimilar lo que le echen, especialmente en sonidos de toda índole, cuanto antes se le exponga a la fonética, a la fonología, de varios idiomas, mejor. 

El bilingüismo es más importante de lo que parece a pesar de que esta cuestión no se ha tomado con la debida seriedad, como ya he escrito. Se daba por descontado que el dominio del propio idioma era algo natural y sólo se exigían unas cuantas reglas gramaticales impartidas de manera confusa y oscura, para que no se dijese, sin seriedad ni de forma práctica. Los alumnos llegaban a la universidad con un conocimiento somero de su propio idioma, con dudas gramaticales y ortográficas, con un vocabulario limitado que les impedía comprender lo que leían y escuchaban fuera de su entorno familiar y de amistades.

El dominio de la lengua extranjera era escaso y estaba encallado entre exámenes, controles y amenazas de suspensos, y era el resultado de esa actitud incomprensible hacia ese milagro llamado lenguaje, gracias al cual la humanidad está donde está.

El bilingüismo está implantándose por fin con seriedad y buena voluntad. Me he criado con tres idiomas y estoy a favor de la implantación de las lenguas y de su estudio serio en los centros educativos, cosa que, por fin, parece que está en marcha en España. Los idiomas abren horizontes y son la fuente de comprensión entre países, que amplían relaciones sociales y profesionales, dan posibilidades de trabajo, de viaje, de estudios y que, además, son ahora imprescindibles en nuestro ya mundo globalizado. En los nidos de antaño ya no hay pájaros hogaño.

Delfin Carbonell (Delfín Carbonell.jpg)

 

 

 

"No existe ninguna maldición genética y el destino no nos ha repartido malas cartas en el juego de las lenguas"

 

 

 

 

 

 

 

Muchos tienen una idea confusa de lo que es un idioma y de para qué sirve, simplemente porque no han tenido una formación adecuada y andan a medio cocer intelectualmente, cuando resulta, y en resumidas cuentas, que el lenguaje es la herramienta básica y más importante  que maneja el hombre y hay que tenerlo siempre a punto, como ya nos comentaba hace unos años don Mariano José de Larra, que algo sabía de estas cosas.

Suena, pues, a “música celestial” eso del centro bilingüe y educación bilingüe porque nos abre la puerta a la esperanza, a la esperanza lingüística, a la posibilidad de que España salga del tradicional atraso en materia del aprendizaje y dominio de idiomas. Nuestro hoy ya no es como nuestro ayer, y el mañana es de las nuevas generaciones que deben estar preparadas y pertrechadas para el camino plagado de retos intelectuales que les va a tocar vivir. Tenemos que afrontar este reto.

El español está dotado de las mismas armas neuronales para el aprendizaje de idiomas que el sueco o el holandés. Ya no tenemos excusas para que nuestros hijos y nietos no lleguen a la universidad hablando dos o tres idiomas, como el resto de los europeos. No existe ninguna maldición genética y el destino no nos ha repartido malas cartas en el juego de las lenguas. Y los suecos no son más inteligentes que los españoles. Y con una pizca de suerte quizá en un futuro próximo tendremos políticos que puedan prescindir de intérpretes para hablar con sus colegas allende nuestras fronteras. No es mucho pedir, francamente.

Aparte del aprendizaje en la escuela y en Secundaria, además, el estudio de un idioma extranjero es el mejor ejercicio intelectual que un adulto puede hacer para mantener su cerebro ágil, y que ayuda a mantener a raya el olvido, ese fantasma que a todos nos horroriza pasados los cincuenta.

 

1 Los niños que hablan dos lenguas tienen ventaja a nivel cultural e intelectual

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