A medida que la situación física, psicológica y social van siendo más críticas, la capacidad de elegir las reglas de la conducta, la orientación de los actos y los riesgos que se está dispuesto a asumir, disminuyen.
El deterioro físico y psicológico, y la crudeza social van restando autonomía a los mayores, autonomía que implica entre otras cosas independencia, entendida como la posibilidad de una persona de poder realizar por si misma y sin ayuda de nadie las actividades principales de la vida cotidiana.
Pero entre una situación de total autonomía e independencia y otra de falta de la misma y dependencia, podemos encontrar diferentes escenarios en los que el número y condición de las necesidades del mayor varían.