3. ACTITUDES.

La actitud en el teléfono.

Manténgase derecho.

Inclinado sobre su mesa, sostenido por un codo vacilante, su voz “decae”.

Relájese.

Descolgar el teléfono es abrir una puerta; inmediatamente le imaginarán.

Hable bajo.

Le oyen igual de bien en Nueva York que en Zaragoza.

Hable más lentamente.

Su dicción debe ser más clara, su elocución menos rápida que en una conversación cara a cara.

Sin ruidos no identificables.

No se rasque el cuello: ¡parece que pasa un tren!

No masculle, no suspire: ¡el aparato amplifica!

Sin acrobacias.

Ya recogerá su lápiz después: ¡sus esfuerzos por arrastrar el teléfono bajo la mesa se oyen muy bien!

 

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