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Primer discurso: Clavero Arévalo

Cádiz, 27 de mayo de 1978

Discurso del ministro de las Regiones, Manuel Clavero Arévalo, durante el acto de constitución de la Junta de Andalucía en la Diputación de Cádiz

"Esta Junta dará grandes frutos para Andalucía y España"


Junto a la satisfacción de estar en nuestra tierra, quiero también unir la de que este acto se celebre precisamente aquí en Cádiz –uno de los rincones de Andalucía, en donde más se vive el espíritu de nuestra tierra-, porque, en esta ciudad bimilenaria, que ha sido puerta de entrada y salida de civilizaciones en Andalucía y en España, se palpa esa esencia andaluza de haber sido mil veces invadida y de haber sido, sin embargo, mil veces la conquistadora de sus conquistadores. Pero, para que este acto haya podido llevarse a efecto han sido necesarios otros, mucho antes, a cuyos autores quiero yo tener un recuerdo en el día de hoy.

En primer lugar, al Rey Don Juan Carlos, que con su firma hizo posible el real de-creto ley de Preautonomía; a los parlamentarios andaluces, que se reunieron todas las veces que fue necesario y sin cuyo consenso esta preautonomía andaluza nunca hubiera podido llegar al "Boletín Oficial del Estado"; a los negociadores, que durante cuatro meses trabajaron conmigo para ser posible el régimen preautonómico de la Junta de Andalucía; a Rafael Escuredo, que antepuso siempre la caballerosidad a la pasión; a Ignacio Gallego, un hombre realista, al que mucho se debe que la preautonomía andaluza se haya podido encauzar con la bandería de la moderación y no por la rivalidad de los partidos; a Ignacio Huelín, que puso en la negociación todo su entusiasmo andalucista; a Navarro Esteban y a Duarte Cendán, que también participaron con el mismo espíritu en estas negociaciones, de las que siempre tendré un imborrable recuerdo.

Quiero también recordar a los coordinadores regionales de los partidos, que hicie-ron la tarea difícil de encajar las representaciones de las provincias y del cupo regional; a José Javier Rodríguez Alcaide, a Alfonso Guerra, a Ignacio Gallego, que hicieron posible también con sus renuncias el que este acto pudiera celebrarse sin heridas, sin disgustos y con el ánimo siempre dispuesto a favor de Andalucía. Quiero también reconocer aquí la facilidad que me dio el presidente del Gobierno; no puedo olvidar el día que le pedí que incluyera en el Consejo de Ministros el real decreto ley de Andalucía; estábamos en su casa cenando con el presidente de la Generalidad, le preocupaban los temas de Cataluña y, sin embargo yo, aquella noche, le pedí que en el próximo Consejo incluyera el tema de Andalucía. Así lo hizo, y, por tanto, que se le reconozca, como así a la de mis compañeros del Gabinete, que dieron facilidades para la tramitación del proyecto; a la Comisión de Urgencia de las Cortes, que también con su informe unánime hizo posible la publicación en el "Boletín" del real decreto ley; a los representantes de las Diputaciones, que también fueron flexibles para que su representación en la Junta no quebrara en absoluto los resultados electorales del 15 de junio.

Pero este acto que hoy hacemos, aunque sea casi funcional, no es un acto que nazca espontáneamente a la vida. Para que Andalucía pueda cristalizar en instituciones políticas, ha sido necesario que muchas otras personas hayan trabajado por Andalucía, a través del tiempo; y yo les quiero rendir aquí homenaje a esas personas que en el anonimato de la cátedra, en el anonimato de la calle, fueron los que han hecho posible este acto que ha ido cristalizando a través del tiempo.

Yo quiero también en este acto felicitar al presidente de la Junta de Andalucía, a Plácido Fernández Viagas, jurista, de cuya competencia bien conozco y al que le puedo decir que hoy es el presidente de Andalucía, nuestro presidente, y por supuesto, también, Plácido, tú eres mi presidente. No te ha de faltar ni el apoyo de todos los partidos políticos, ni por supuesto, el del Gobierno, ni el mío personal. El acto de hoy es, para situarlo justamente, un acto de esperanza y un acto de responsabilidad. Un acto de esperanza porque sólo teniendo fe en el pueblo andaluz, todos podemos ser capaces de poner en marcha esta extraordinaria aventura que hoy se inicia; pero precisamente su éxito va a depender de la responsabilidad de todos los andaluces, y muy especialmente, de aquellos que habéis tenido, con envidia de los demás, la suerte y el honor de formar parte de la Junta de Andalucía.

Vosotros habéis contraído hoy, no sólo un honor, sino una enorme responsabilidad de la que alguna vez tendréis, y yo estoy seguro que con gran éxito, que rendir cuentas al pueblo andaluz. Nace hoy la Junta, como una criatura nueva, que como tal necesita muchos mimos y muchas ayudas. Su éxito va a depender en gran parte de la renuncia de todos, de la renuncia al personalismo, de la renuncia al electoralismo de los partidos, de la renuncia a las rivalidades provincianas, porque Andalucía es muy grande, Andalucía está muy mal comunicada y tenemos que conseguir que Andalucía exista cuando cada uno de nosotros sienta los problemas de Almería como los problemas de Sevilla, los de Huelva como los de Cádiz, los de Córdoba como los de Jaén, los de Granada como los de Málaga. El día que sintamos los problemas de todos los andaluces con los problemas nuestros habremos superado este tatuaje provinciano para haber constituido definitivamente una región. Esto sólo lo podemos hacer haciendo país; tomando conciencia regional; y esa es la gran responsabilidad que ahora tenemos todos los españoles, todos los andaluces muy especial-mente. Pero también necesita esta Junta ayuda, la ayuda del Gobierno, que yo especialmen-te procuraré canalizar.

Las ayudas de todas las autoridades locales y municipales, provinciales en Andalu-cía. La ayuda de todos los partidos parlamentarios y no parlamentarios, algunos de los cuales me satisface, precisamente, verlos aquí en este acto. Los problemas de Andalucía son muy profundos, no se van a resolver ni en cinco días, ni en cinco meses, ni en cinco años; pero también tenemos que decir que hoy tenemos encima unos problemas que no se han resuelto en cinco siglos de centralismo. De modo que a la Junta bien le podemos dar un crédito en el tiempo.

Por eso, yo, para terminar, lo único que quiero decir es que formulo mis mejores deseos, mis mejores votos y mi seguridad de que este Junta de Andalucía, que hoy empieza su difícil andadura, dará unos grandes fruto para Andalucía y para España. Muchas gracias a todos."