El mar y la salud



“El mar cura las enfermedades del hombre”
Hipócrates

1. El mar como fuente de salud

El mar es el origen de la vida. Desde tiempos remotos se conocen sus efectos beneficiosos sobre el ser humano. Ya en la antigua Grecia, Hipócrates, conocido como el “padre de la medicina” recomendaba el uso del agua del mar para baños y cataplasmas en el tratamiento de diversas dolencias.

La Tierra es el “planeta azul” ya que el 70 % de su superficie está ocupada por agua. El océano primitivo tenía unas características especiales que le permitieron ser el caldo de cultivo para que surgiera la vida, posteriormente, ésta conquistó la tierra, pero las células mantuvieron en su interior la composición del mar inicial.

El mar constituye la principal reserva de agua y minerales de la Tierra. Contiene más de 75 elementos, necesarios para el metabolismo humano. El sabor salado se debe al elemento más abundante, el sodio, también presente en nuestro organismo. Un litro de agua marina contiene una media de 35 gramos de sal y nuestro suero sanguíneo 9 gramos, cifra que coincide con la salinidad original del mar, cuando se formó la Tierra. Esto indica que a pesar del paso del tiempo y del complejo y excitante proceso evolutivo conservamos una memoria acuática, que nos recuerda nuestro origen marino.

El ser humano es agua en un 65%. Esta composición permite a las células la realización de sus funciones. Tenemos 5 litros de sangre con un 78% de agua y otros 45 litros de agua intra y extracelular en los tejidos. La vida de la célula es posible por este soporte acuático.

La principal característica del agua de mar es su riqueza en minerales como potasio, sodio, calcio, magnesio, azufre, silicio y yodo, que podemos absorber, en baja proporción, a través de la piel. Predomina el cloruro sódico, pero los efectos beneficiosos, son consecuencia de combinaciones complejas entre los distintos elementos que contiene, que hacen muy diferente este compuesto de la simple sal común. Además contiene organismos como plancton y algas microscópicas con efectos terapéuticos sobre la piel y las articulaciones.

El potasio es imprescindible para mantener el tono cardiaco y muscular y junto con el sodio, regula la cantidad de agua en las células y tejidos. El calcio, interviene en la formación de los huesos, la contracción muscular y la coagulación sanguínea, el magnesio regula el equilibrio del calcio, el azufre fortalece huesos, tendones y combate el reumatismo, el silicio actúa sobre el sistema inmunitario y forma parte de uñas, pelo y huesos y el yodo actúa a nivel de la glándula tiroides, que regula nuestro metabolismo, a la vez que ejerce un efecto desinfectante a nivel de la piel. Este último elemento es el más específico del agua de mar.

Existen unas mínimas variaciones en cuanto a la composición mineral del agua del mar en distintos lugares del planeta, debido al oleaje y a las corrientes marinas. El mar Muerto sin embargo, al ser un mar cerrado y con mucha evaporación, contiene más de un kilo de sal por litro de agua, además de unos fangos sedimentarios de miles de años de evolución.

2. Efectos beneficiosos de los baños de mar

La moda de los baños de mar, importada desde Inglaterra y Francia a mediados del siglo XIX, transformó el litoral del norte de España. Posteriormente se fue extendiendo por toda la geografía del país, hasta conseguir en la actualidad una gran aceptación, de forma que un elevado número de personas descansa durante sus vacaciones en zonas costeras.

Nuestra sociedad se caracteriza por vivir en situación de estrés, lo cual repercute en nuestra salud. El mar constituye una gran fuente de salud ya que tonifica la musculatura, estimula la circulación periférica, el crecimiento y el desarrollo, previene el raquitismo, mejora los problemas dermatológicos, tiene efecto bactericida, bacteriostático, antiviral, depurativo, adelgazante, antiestrés, relaja y propicia un sueño tranquilo, por lo que contrarresta las alteraciones psíquicas, ayuda a tratar enfermedades ginecológicas, contiene sustancias con efectos antioxidantes y previene el envejecimiento de la piel.

Los baños de mar impulsan el metabolismo, el ejercicio y el juego y mantienen el cuerpo en buena forma física. Tienen una acción mecánica: el oleaje y las corrientes nos obligan a un permanente esfuerzo por guardar el equilibrio, lo que beneficia a nuestros músculos y articulaciones, y al mismo tiempo, relajan. Por su parte el agua salada es muy buena para la psoriasis, pero para personas con dermatitis atópica, la sal es un agente irritante, por eso hay que usar crema después del baño.

Nadar es uno de los ejercicios más saludables; si se practica en el mar se multiplican sus beneficios. La simple inmersión en el agua a un metro treinta de profundidad permite obtener un equilibrio entre la presión interna corporal y la externa ejercida por el agua de mar, lo que tiene unos efectos muy positivos:

a) Mejora la capacidad respiratoria, incrementa el número de glóbulos rojos alrededor de un 10% y favorece una mejor oxigenación, lo cual influye en una mejora del bienestar general.

b) Favorece la eliminación de toxinas: al ser la presión del agua más alta que la del aire, se estimula la circulación venosa y linfática, con lo que se moviliza el agua extracelular con la consiguiente eliminación de líquidos.

c) Activa la circulación: al ir disminuyendo la presión del agua desde el fondo a la superficie se facilita la circulación venosa de retorno. El movimiento del agua de mar mejora la circulación de los vasos capilares.

d) Beneficia al corazón: en el agua de mar el cuerpo pesa ocho veces menos, por lo que el corazón actúa con un esfuerzo mínimo. Por esto cualquier ejercicio dentro del agua se puede hacer en condiciones óptimas.

e) Mejora la movilidad y la fuerza muscular: al llegar a una edad avanzada, se pierde entre un 40 y un 50% de masa muscular, esto hace más frágiles los huesos pudiendo aparecer enfermedades osteoarticulares y la osteoporosis. El ejercicio se hace imprescindible y el agua del mar es el lugar idóneo para practicarlo sin hacer mucho esfuerzo, sobre todo en el caso de las personas mayores.

f) Fortalece los huesos: los oligoelementos disueltos en el agua del mar se pueden absorber a través de la piel, por ejemplo el yodo. El medio marino mejora la fijación del ión calcio y fósforo en los huesos, esto hace que una fractura se consolide mucho más rápidamente. Además de mejorar la movilidad muscular y articular, el mar previene y trata la osteoporosis.

Según el doctor Hernández de Sande: “una fractura se consolida tres veces más rápido en un medio marino que en agua dulce. El aire marino es de gran pureza y un metro cúbico de aire contiene 0 gérmenes en alta mar, 100 gérmenes a 200 metros de la costa, 10.000 gérmenes a 3 kilómetros hacia el interior y 50.000 gérmenes en el centro de Madrid”.

La práctica más usada en la balneoterapia marina es el baño de mar frío, cuya eficacia, según este doctor, se debe más a sus propiedades físicas que a la mineralización. “Un cuerpo de 80 kilos de peso sumergido en el mar pesa solo 8 kilos debido a la densidad elevada del agua de mar. Con el baño conseguimos una mejor movilidad articular y un aumento de la potencia muscular. Además, nos beneficiamos de la acción mecánica de masaje producido por el continuo movimiento de las olas contra la piel”.

El agua del mar no sólo cura enfermedades sino que revitaliza las personas. Esta acción no se debe solamente a la acción del sol, sino que el agua salada desinfecta heridas, quita mucosidades y tiene interesantes propiedades preventivas y curativas. Bañarse en el mar puede ser la mejor medicina para nuestro organismo.

No hay que olvidar la precaución que debe tenerse en la exposición a las radiaciones solares, sobre todo en caso de lupus, artritis reumatoidea y, cómo no, en la prevención del cáncer de piel, que en los últimos años ha aumentado mucho.

3. El aire del mar

La humedad existente en las zonas marinas hace que el aire contenga en suspensión oligoelementos y diversos iones negativos. Estas partículas, a diferencia de los positivos, tienen un efecto beneficioso sobre el organismo. Respirar allí estimula el sistema inmunitario, relaja y favorece la producción de serotonina, un neurotransmisor cerebral cuya liberación produce sensación de bienestar. A menos de 100 metros del mar la cantidad de iones negativos que existen en el aire es de 50.000 por metro cúbico, una cifra alta si tenemos en cuenta que en las ciudades no suele haber más de 500.

Los efectos de la brisa marina tienen lugar en una pequeña franja litoral, en la que las condiciones meteorológicas son muy uniformes. Las masas de agua regulan la temperatura, ya que se enfrían y se calientan mucho más lentamente que la superficie terrestre o la atmósfera. Por ello las curas marinas son eficaces en problemas reumáticos, muy sensibles a los cambios de temperatura.

Por otro lado, el aire del mar envía gran cantidad de micropartículas a la atmósfera: pequeñas gotas de 20 a 100 micras cargadas de oligoelementos, como el yodo, que absorbemos rápidamente a través de los alveolos pulmonares. Cuando el mar está agitado, la cantidad de micropartículas es diez veces mayor. Además el mar produce ozono natural, que purifica el aire gracias a sus propiedades antisépticas.

A nivel del mar, la cantidad de oxígeno y la presión atmosférica es máxima, esto da lugar a una oxigenación más activa del organismo, que tiene una acción sedativa y ralentiza el ritmo respiratorio. Este efecto ayuda a recuperarse y a reemprender la actividad tras un periodo de sedentarismo o de convalecencia por alguna enfermedad.

4. Las algas

Las algas aportan nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. Aunque podría pensarse lo contrario, aderezar la comida con algas no es algo nuevo, pues los aztecas y los mayas usaban y conocían las propiedades terapéuticas de las algas.

Poseen un alto contenido en glúcidos, proteínas, vitaminas y especialmente minerales (hasta un 30% por volumen) y contienen un 10% más de hierro y calcio que los productos lácteos.

En las civilizaciones orientales han sido muy reconocidas como alimento para fortalecer la sangre, el corazón y en general todo el sistema circulatorio.

Poseen también efectos antibacterianos, antivirales y anticancerosos. Algunos tipos de algas reducen los niveles de colesterol en sangre, previniendo la hipertensión y arteriosclerosis, mejorando el metabolismo de las grasas. Algunas contienen anticoagulantes sanguíneos.

La utilización de envolturas o baños con algas, aumenta la concentración en principios activos a nivel de la epidermis. El tratamiento con algas revitaliza los tejidos, elimina el cansancio y el estrés, suaviza y equilibra la piel.

El fucus es una de las algas que sobresale por su riqueza en yodo. Posee un 40 % de fibra, formado por un mucílago capaz de retener de 80 a 100 veces su peso en agua, por lo que está muy indicada para evitar el estreñimiento, además de ser muy saciante y enlentecer la absorción de los glúcidos y la grasa. También es un buen aliado contra la celulitis.

La espirulina es una increíble fuente de proteínas y vitaminas. Posee importante contenido en vitamina A, B12 y E, aporta hierro, cinc, magnesio, cobre, fósforo, etc. Se toma en cápsulas o infusiones y contribuye a mejorar algunas dolencias. También se usa en dietas de adelgazamiento, por su alto contenido en fibra regula el tránsito intestinal y posee un alto poder saciante. Posee gran poder nutritivo y escaso aporte de calorías y grasas, se usa en casos de anemia y controla los niveles de colesterol. Su buen contenido en vitamina E y de betacaroteno previenen el envejecimiento prematuro. Mejora las enfermedades cutáneas y el aspecto de la piel.

5. Razones para consumir productos del mar

Los alimentos procedentes del mar ejercen una influencia muy positiva sobre la salud, sobre todo en la prevención de enfermedades cardiovasculares, por su importante contenido en ácidos grasos Omega 3, y en el desarrollo del cerebro humano.

Estos ácidos grasos que producen los peces minimizan el riesgo de padecer arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias) y la formación de colesterol, que se favorece por la ingestión de grasas saturadas.

El 60% del cerebro son lípidos. Durante el embarazo existe una gran movilización de lípidos poliinsaturados hacia el feto. Estos lípidos son abundantes en animales de lagos y ríos, pero no en los terrestres. En los organismos marinos, además de ácidos grasos poliinsaturados, existen otros micronutrientes como el yodo, la vitamina A y los antioxidantes, importantísimos en la salud y el crecimiento.

La deficiencia de estos ácidos grasos impide el crecimiento normal del tejido nervioso y produce alteraciones nerviosas: se ha visto que existe una correlación inversa entre ingesta de pescado e incidencia de problemas mentales.

Las enfermedades mentales van a ser el problema sanitario del futuro, debido a la vida sedentaria, el estrés y el alargamiento de la esperanza de vida. Por ello deben consumirse alimentos marinos, sobre todo durante el embarazo y la lactancia, en que se completa el tejido nervioso, y contribuye a prevenir las enfermedades mentales de la vejez.

El consumo de alimentos que poseen ácidos grasos Omega 3, contribuye a una mayor agudeza visual y mejor desarrollo de la retina.

Por todo ello es recomendable la incorporación de pescado 2 a 3 veces por semana. El de mayor contenido en estos ácidos grasos es el de aguas frías y/o profundas. Podemos destacar el atún, la caballa, la sardina, el salmón, la trucha y moluscos como los mejillones, las ostras, los berberechos, etc.

La situación de España, rodeada de mar, ha condicionado el clima, los estilos de vida, la dieta y por tanto la salud.

Estrella Moles Pérez
CEIP Virgen del Rosario de Totalán (Málaga)
Ecoescuela


 



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