Las salinas,
un laboratorio natural



1. Introducción

En el presente texto comentaremos las posibilidades didácticas de una serie de experiencias que he realizado con escolares de Primaria y Secundaria aprovechando sus visitas a salinas tradicionales de la Bahía de Cádiz. Estas instalaciones constituyen un excelente laboratorio casi natural donde se pueden contemplar y apreciar fenómenos, procesos e interacciones que forman parte de los programas oficiales de diversas asignaturas del actual sistema educativo. Pero debemos adelantar que no pretendemos hacer una relación exhaustiva de las actividades que pueden llevarse a cabo con escolares, sino más bien dar testimonio del indudable valor educativo que tienen las salinas y que se suele pasar por alto a la hora de la planificación del territorio.

La propia existencia de las salinas nos plantea una cuestión fundamental para la comprensión de las relaciones entre la especie humana y el medio: ¿han existido siempre las salinas?. ¿Son naturales o artificiales?. Si formulamos estas preguntas a escolares, sin importar el nivel educativo, probablemente nos sorprenderemos con las respuestas.

A pesar de que su estructura-disposición de las tajerías y de las diferentes compuertas- denota claramente la intervención humana, no es fácil percibir a primera vista esta realidad, pues la práctica inexistencia de atalayas que permitan una visión panorámica de la salina, unida a la ausencia de infraestructuras (medianas y grandes) y a la presencia de cursos de agua, de animales y de vegetales, suele confundir a los que se acercan por vez primera a una salina.

Posibilidades

Esto puede darnos pie, como docentes, para reflexionar sobre algo tan importante como son las transformaciones que se han venido realizando en este marco fisiográfico, situarlas en el tiempo y contextualizarlas, es decir, indagar sobre el «cómo» y «para qué» se hicieron. También nos lleva a investigar acerca de la perdurabilidad y sustentabilidad de las mismas, estableciendo comparaciones entre distintas transformaciones.

Una vez llegados al convencimiento de que la salina es ciertamente un artificio, puede resultar interesante pedir a nuestros jóvenes visitantes que diseñen una salina partiendo de una marisma, y que representen y rotulen las modificaciones que llevarían a cabo. Sorprendentemente, en el diseño aparecen el estero, las vueltas de afuera, los caños de alimentación, las vueltas de periquillo y retenida y los cristalizadores; sólo que con otros nombres.

La salina es una «máquina» para producir sal común, pero ¿cuál es el motor de esta máquina? Con pocas preguntas de esta índole abriremos la rendija que permita a los escolares explorar conceptos como la evaporación, los cambios de estado, la cristalización y las disoluciones sobresaturadas; da igual la edad, porque lo importante es llegar a la idea que está detrás de cada término.

Esta interacción sol, agua, atmósfera y territorio la podemos hacer extensiva a la comarca para así intentar comprender cómo funciona el «tiempo meteorológico».

Como se ve, por este camino nos podemos meter de lleno en el campo de la Historia, de la Geografía, de la Tecnología, de las Ciencias de la Naturaleza y de la utilización de los recursos del medio. Si además lo hacemos «con los pies en la salina», hallaremos que ésta se convierte en un potente elemento atrayente del interés del alumnado y, por lo tanto, motivador.

Preguntas y actividades

Preguntemos ahora a nuestros pequeños acompañantes por los colores que presentan las plantas que viven sobre los muros de la salina, por el tamaño y la forma de sus hojas. Preguntemos también por qué no hay plantas que tengan hojas grandes y de un verde intenso y brillante. ¿Y el suelo, cómo es? Si no perciben como evidente que el suelo de las salinas es rico en sal común, o cloruro sódico, podemos mostrar qué es lo que ocurre si añadimos unas gotas de una disolución de nitrato de plata al agua procedente del lavado de una porción de suelo salinero.

¿Echamos sal a las plantas de nuestras macetas? ¿Puede la sal llegar a ser un veneno? ¿Por qué se utiliza la sal desde la antigüedad como agente de conservación de alimentos? ¿Qué sentido tenía la costumbre romana de esparcir sal por los terrenos capturados a sus enemigos y que no pensaban utilizar?

Si enlazamos estas preguntas y sus posibles respuestas con las formuladas anteriormente, entramos en el apasionante mundo de las adaptaciones al medio de los seres vivos en general, y de los vegetales, en particular.

Hojas pequeñas, coriáceas, cubiertas de pelillos, de colores blanquecinos y cenicientos, cilíndricas y jugosas, y sobre cuya superficie hay pequeños cristales de sal, visibles con una lupa de mano; hojas que pinchan, hojas que tienen sabor salado. Aquí existen hasta plantas que, por no tener, no tienen ni raíces ni hojas.

En los muros que bordean al caño de alimentación y, a veces, en los muros del estero podemos observar cómo las plantas se ordenan en una serie de “pisos de vegetación” en función del grado de inundación por las mareas y, por tanto, de la salinidad del suelo. Es una bonita analogía con la distribución de la vegetación en pisos altitudinales.

¿Dónde, mejor que en una salina, podemos encontrar la mayoría de las estrategias adaptativas de los vegetales para vivir en condiciones ambientales de escasez de agua y en suelos con un elevado contenido en sal?

Si nuestros acompañantes fueran algo mayores que los anteriores, podríamos explorar el mundo de la ósmosis y el papel que desempeña el agua en el mantenimiento de las funciones vitales de las células. También podríamos realizar mediciones indirectas de la presión osmótica llevando un osmómetro de fabricación casera. Si introducimos el osmómetro en cada uno de los compartimentos en que se divide una salina podremos ir siguiendo la evolución de la misma. La conexión entre presión osmótica y concentración salina cae por su peso ante nuestros ojos.

Otro instrumento de fácil fabricación casera, cuyo diseño y calibración requieren haber adquirido el concepto de densidad, es el densímetro o pesasales. Con él podremos realizar medidas de la concentración salina en los diferentes compartimentos de la salina.

Ya que estamos metidos en faena, agachándonos para introducir el osmómetro y el densímetro en cada uno de los distintos vasos de la salina, sería imperdonable que no echáramos un vistazo a lo que ocurre en la propia superficie y bajo la superficie del agua.

De repente aparecen ante nosotros los fascinantes animales pobladores de estas aguas hipersalinas y de los fondos fangosos. Pero, ¿quién se come a estos animalillos? Sólo con levantar la vista y aguzar el oído podremos percibir la variedad de aves que utilizan la salina como comedero o como lugar donde establecer sus nidos. Discutir sobre la forma de los picos y de las patas y ponerlo en relación con el tipo de presa o con el medio donde se alimenta, estimula la imaginación.

Poder contemplar estos invertebrados con la ayuda de una lupa binocular y ver cómo desaparecen unas especies, que son reemplazadas por otras, o cómo varían algunas de las estructuras corporales de estos animales a medida que vamos avanzando por los vasos de la salina es una tarea que resulta cautivadora para cualquiera. Y de esta manera nos introducimos en el apasionante mundo de los invertebrados y en los mecanismos de adaptación al medio que presentan los animales.

Relacionar estos cambios en la composición de las poblaciones con la variación de la salinidad nos coloca ante una curiosa muestra de sucesión ecológica. También nos podría llevar a considerar la importancia de los cambios ambientales como factor primordial para la evolución biológica.

Ya que hemos mencionado la evolución, no estaría de más destacar el papel de las bacterias extremófilas en los albores de la vida en el planeta. Las bacterias que colorean las aguas de los cristalizadores y las que viven en los fangos anóxicos de la salina, tienen muchas cosas en común con los primeros seres vivos del planeta. Y no podemos olvidarnos de los tapetes microbianos que pueden verse en esteros y calentadores abandonados, con sus interesantes asociaciones simbióticas, algunas de las cuales desempeñaron un importante papel en la conquista del medio terrestre por los primitivos seres vivos.

En fin, animo a los docentes y las docentes que lean estas líneas a que visiten y trabajen en una salina, seguro que será una experiencia muy gratificante.

José Osuna García
I.E.S. Manuel de Falla
El Puerto de Santa María


 



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