A partir de las nuevas funciones asignadas a nuestros
bosques, - más terciarias menos primarias-, la nueva cultura forestal debería
plantearse como hito, la administración de la climacidad, a partir del
reconocimiento que, la sucesión ecológica, en los sistemas naturales
ibéricos, tiende a expresar sus estructuras mas avanzadas de madurez, en forma
de cubiertas forestales.
Esta es en nuestra opinión su nueva función, en el contexto
de un nuevo milenio, que se define como entornado de una crisis ambiental, que
va más allá de unos problemas medioambientales de carácter técnico
científico, para instalarse en un contexto de crisis civilizatoria, que afecta
de forma transversal y globalizadora a todas las variables culturales del
planeta. Una crisis solo superable, mediante modernos planteamiento de
sostenibilidad, un concepto, en construcción, que tiene como no podría ser de
otra manera, detractores, y que algunos autores formulan como la tercera
revolución de la humanidad.
La cultura forestal clásica se encuentra en la génesis de
la formulación del desarrollo sostenible, especialmente a partir de Karlovitz y
de Cotta. En contextos históricos diferentes frente a una situación de modelo
de apropiación forestal caótico en los lindares de la revolución industrial,
hubo una capacidad reactiva que organizó el uso racional de los recursos
forestales.
Hoy frente a la crisis ambiental, la nueva cultura forestal,
de su capacidad de renovarse y de rearmarse de nuevos modelos conceptuales,
liberándose de complejos, debe y puede hacer una importante contribución a la
necesaria cultura sostenibilista del nuevo y crítico inicio de milenio.