stamos asistiendo a un creciente interés por la
conservación y el uso sostenible de los montes. Durante el último decenio han
sido numerosas las reuniones, conferencias y encuentros, mundiales, europeos y
regionales, en las que se ha manifestado la necesidad de mantener una política
forestal sostenible como garantía de un futuro más posible y más saludable.
Los montes han dejado de ser meros productores de materias primas para
convertirse en algo más, en un recurso estratégico con funciones tan complejas
y vitales para nuestra supervivencia como la regulación de los procesos
climatológicos, la conservación de la biodiversidad o la mejora de la
disponibilidad y de la calidad del agua. Los nuevos retos ambientales derivados
de la globalización y de los cambios económicos y sociales asociados van a
condicionar cada vez más la gestión de los terrenos forestales.
En la actualidad una parte importante de la población
mundial vive en zonas urbanas y necesita visitar periódicamente los bosques
para sentirse parte integrante e integradora de la naturaleza. Por otro lado,
son numerosas las zonas del mundo en las que las aglomeraciones urbanas en
expansión y los flujos de emigración campesina van asociados a la
deforestación y desertificación de miles de hectáreas de bosques. Estos
problemas forestales asociados a los procesos de urbanización no son más que
la intensificación del binomio hombre naturaleza, y deben ser abordados
mediante lo que se ha venido a denominar selvicultura urbana o selvicultura
periférica.
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La cubierta vegetal influye en el contenido de gas carbónico
de la atmósfera y en el ciclo del carbono, y por consiguiente en el efecto
invernadero y en el clima. El posible cambio climático va a tener en un futuro
importantes repercusiones en la estructura y composición de las cubiertas
vegetales de los montes tanto por la posible sustitución de los combustibles
fósiles por combustible forestales renovables como por tener en cuenta el
balance neto de asimilación de carbono en la ordenación forestal y en la
aplicación de los tratamientos selvícolas consiguientes. En este punto es
necesario llamar la atención sobre la importancia que en dicho balance del
carbono puedan tener los incendios forestales.
La polución y la lluvia ácida siguen siendo un problema en
muchas zonas industrializadas del planeta y concretamente en centroeuropa, y
está influyendo de modo patente, aunque aun no muy bien conocido, sobre la
salud de los bosques.
El desarrollo acelerado de los intercambios mercantiles
mundiales y de los desplazamientos está incrementando el riesgo de propagación
de plagas y enfermedades y por lo tanto la necesidad de llevar a cabo políticas
fitosanitarias que superen el carácter regional y aborden el problema desde un
punto de vista ambientalmente correcto.
Los incendios forestales están incidiendo prácticamente
sobre todas las masas forestales del planeta siendo sus causas múltiples y
complejas y no pocas veces acordes con el grado de desarrollo de la región en
donde se producen. En los países mediterráneos la acumulación de biomasa
junto con el fuerte incremento de utilización de los montes por los ciudadanos
durante la estación seca crea unas condiciones propicias para la propagación
de los fuegos aun a pesar de los progresos innegables que en materia de
detección y lucha contra incendios ha habido durante los últimos años. Pero
no hay que olvidar que estos dispositivos contra incendios son costosos y que
por lo tanto deben ser concebidos, desarrollados y mantenidos teniendo en cuenta
la colaboración ciudadana, la solidaridad local, regional, nacional e
internacional y la integración de los problemas del fuego en la planificación
y en la gestión forestal así como en la ordenación del territorio.
La biodiversidad proporciona resistencia, estabilidad, vigor,
vitalidad, color y belleza a los ecosistemas además de ser una reserva de
recursos ilimitada. El equilibrio entre la gestión forestal, el aprovechamiento
sostenido de los recursos y la conservación de la biodiversidad es un desafío
que debe solventarse en los planes de ordenación de recursos naturales y en las
técnicas selvícolas. Una ordenación forestal moderna debe basarse en los
principios de la ordenación de ecosistemas representado por montes
ecológicamente estables, saludables, diversos y sostenibles.
La mejor forma de conservar las especies y sus genes es
mediante la conservación de sus hábitat naturales, pero para la conservación
de algunas especies se hace necesario además desarrollar técnicas de
conservación de genes mediante la aplicación de biotecnologías como la
conservación de germoplasma o la crioconservación.
La puesta en marcha de una nueva agroselvicultura, como
técnica de utilización de terrenos forestales por los agricultores, puede ser
uno de los elementos fundamentales en la conservación de la biodiversidad al
crear hábitat diferenciados y nichos ecológicos. La rehabilitación de la
vegetación de los setos, sotos, humedales, linderos o riberas, nos puede
permitir, con muy escaso coste socioeconómico, mejorar la diversidad biológica
de los agrosistemas, reconstruir paisajes que forman parte de nuestro legado
cultural y diversificar la oferta de agroproductos de alta calidad.
El agua es un recurso escaso sobre el que es de prever un
importante crecimiento de la demanda mundial en los próximos años. Los montes
son infraestructuras hidráulicas de primera magnitud al favorecer la
infiltración del agua, reducir la erosión, regular su descarga y por ende
mejorar su disponibilidad y su calidad. Los montes se comportan como grandes
almacenes hidráulicos que ponen a disposición del resto de la población el
agua que necesitan. Es cada vez más urgente equilibrar este flujo
unidireccional de recursos mediante mecanismos innovadores de financiación que
restauren el equilibrio global entre las economías de las poblaciones de
montaña y las de valle. Es totalmente insolidario e injusto que los esfuerzos
por conservar los montes recaigan en solitario en las comunidades serranas.
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La desertificación afecta a la cuarta parte del globo y es
causa de destrucción de riqueza, perdida de recursos genéticos, disminución
de la capacidad de disponibilidad de agua y empobrecimiento de la población.
Los refugiados ambientales crecen año tras año en los países más
desfavorecidos. En los países más desarrollados la desertificación no tiene
efectos catastróficos sobre las poblaciones por lo que su control no suele ser
considerado como un problema prioritario a pesar de la pérdida de recursos y la
influencia que tiene en el empobrecimiento de la biodiversidad.
Los humedales tienen funciones ecológicas fundamentales como
reguladores de los regímenes de agua y como hábitat que sostienen una flora y
fauna característica. Asimismo son recursos de gran valor económico, cultural,
científico y recreativo. La formulación de políticas para la conservación de
humedales se considera importante para garantizar su protección, pero puede ser
notoriamente insuficiente si no se contempla la cuenca vertiente como reguladora
del régimen hidrológico del humedal.
Las funciones económicas de los montes siguen siendo muy
importantes para la economía mundial y local. La gestión sostenible debe
conciliar todas las funciones y garantizar la satisfacción equitativa de las
necesidades y de las aspiraciones aunque sean potencialmente divergentes. Pero a
su vez hay que tener en cuenta que el suministro futuro de algunos productos
forestales, y en particular de la madera, va a depender cada vez más a nivel
mundial de las plantaciones manejadas intensivamente, por lo que la
sostenibilidad de la selvicultura intensiva se aumentará y los beneficios de
las inversiones se realizarán más plenamente cuando los fines y prácticas de
la plantación estén integrados en contextos más amplios de carácter social y
económico.
En este contexto mundial los montes españoles albergan, en
coincidencia con nuestro legado histórico-cultural, una excepcional variedad y
satisfacen muchas de las demandas a las que nos hemos referido anteriormente.
Nuestros montes juegan un papel destacado en la resolución
del problema del cambio climático y de la fijación del carbono tanto por la
importante reserva de biomasa que almacenan en su conjunto, como por las
emisiones por incendios forestales.
Gran parte de nuestros terrenos forestales y agroforestales
representan las zonas menos transformadas y contaminadas de Europa y albergan
una importante biodiversidad.
Los montes Españoles producen en su conjunto una variedad de
productos madereros y no madereros de una importancia aun no suficientemente
potenciada pero con unas perspectivas de mercado muy interesantes.
En un país como el nuestro en el que la distribución,
cantidad y calidad del agua es uno de los principales problemas de articulación
del territorio, es obligado reconocer la función hidrológica de nuestros
montes.
Nuestras playas y costas han sido durante años el destino
creciente de miles de turistas. Pero esta tendencia está cambiando ya que son
muchos los ciudadanos que escogen nuestros montes para disfrutar de sus periodos
vacacionales. Ello nos está obligando a canalizar esta oferta para evitar el
deterioro de nuestros paisajes a la vez que se ofrece un servicio de calidad que
redunda en el bienestar y desarrollo de las poblaciones rurales.
Las crecientes demandas en bienes y servicios forestales no
deben ser generadoras de conflictos con la conservación de nuestro entorno. En
un mundo donde se plantea seriamente la superación de los cálculos de renta
económica para incluir elementos cualitativos como el PIB ambiental, se hace
necesario integrar en la estadística forestal todos los beneficios que los
recursos forestales aportan a la sociedad como premisa para que obtengan la
atención pública que merecen, se redistribuyan adecuadamente las cargas y se
repartan justamente los beneficios.
El creciente interés social por los montes obliga a las
administraciones, europea, estatal, autonómica y local a hacer cada día un
mayor esfuerzo por poner en marcha los mecanismos legales, científicos, de
planificación y financieros que está demandando la sociedad.
La necesidad de contar con una política Forestal
Comunitaria, repetidamente reclamada por el Parlamento Europeo, la puesta en
marcha de la Convención Mundial de Bosques, defendida por la Unión Europea y
especialmente por España, la concreción del papel de los bosques en el
Convenio de Kyoto y una consideración especial hacía el monte mediterráneo,
son tareas que deberían abordase a la mayor celeridad.
Asimismo la destacada aportación de España a la Red Natura
2000 otorga a nuestro país una autoridad singular para exigir a la Unión
Europea un mayor compromiso por los espacios naturales mejor conservados y a la
vez por los más económicamente desfavorecidos, es decir los forestales.
A escala española muchas con las tareas pendientes que
requieren urgente atención, como la elaboración y puesta en marcha de las
leyes de montes y de incendios forestales, o la concreción y puesta en marcha
de la Estrategia Forestal Española, la de Biodiversidad, el Consejo Nacional de
Bosques, el Plan Forestal Español o el Plan Nacional de Control de la
Desertificación, todo ello con la visión moderna que obliga los tiempos que
corren y con la puesta en marcha de una política forestal más integradora,
multifucional, intersectorial y comprometida con la sociedad.
La respuesta adecuada a tan complejas demandas sociales
requiere de unos medios que distan considerablemente de los actualmente
disponibles, haciéndose necesario buscar nuevas e innovadoras formas de
financiación y el reconocimiento de una identidad presupuestario-institucional.
La participación social en la política ambiental está
ampliamente reconocida como irrenunciable y ha venido siendo defendida por
diferentes iniciativas. Sólo desde ésta se podrá abordar el necesario Pacto
Social por los montes.