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Las
invasiones biológicas por especies exóticas
son ampliamente reconocidas como una de las causas del Cambio
Global debido a la acción humana. Sus efectos se
pueden reconocer en la pérdida de biodiversidad y
funcionalidad que ocasionan en los ecosistemas, los cuales
repercuten de manera muy importante en la economía
de las regiones donde ocurren. Así, según
diversos cálculos (PIMENTEL et al., 1997; PIMENTEL
et al. 1999; SCHRADER-FRECHETTE, 2001) el coste de las invasiones
biológicas en USA se estima entre 97-138 billones
de dólares por año.
Este
fenómeno global también afecta a los espacios
naturales protegidos, áreas muy sensibles a este
tipo de procesos. De tal manera, que la aparición
de especies exóticas e invasoras se está convirtiendo
en la actualidad en uno de los principales problemas con
que se enfrentan los estos espacios. Debido a sus características,
estas especies pueden alterar en poco tiempo los procesos
ecológicos de los lugares donde se establecen. disminuyendo
así el valor del espacio protegido.
La
región Mediterránea es una zona excepcionalmente
susceptible a las invasiones biológicas. Los Espacios
Naturales Protegidos existentes en esta región del
Viejo Mundo se encuentran rodeados por zonas civilizadas
que ejercen una fuerte presión antrópica,
por lo que su entorno ha sido alterado desde hace siglos.
Sin embargo, en la bibliografía publicada no aparecen
demasiados datos relativos a especies exóticas e
invasoras en los espacios naturales protegidos de la región
mediterránea.
La
aparición de especies exóticas e invasoras
no es un proceso remoto propio de lugares tan lejanos como:
Australia, Nueva Zelanda, Madagascar o los Everglades, se
trata de algo cotidiano en nuestro mundo. La intención
de este artículo es llamar la atención del
lector sobre este proceso que en la actualidad afecta a
muchos de nuestros espacios protegidos. Para ello hemos
escogido un espacio natural paradigmático, El Parque
Nacional de Doñana, hemos analizado la presencia
de especies exóticas en su flora vascular, los problemas
que originan y las medidas de control que se están
ejerciendo. El estudio se ha realizado a partir de una revisión
de los artículos científicos concernientes
al tema y del examen de los documentos técnicos elaborados
por el equipo de Conservación del Parque Nacional
y las correspondientes Memorias Anuales de Actividades.
¿Exótica,
invasora, naturalizada ...?
Cuando
se examina la bibliografía relativa a especies exóticas
se aprecia rápidamente la gran cantidad de términos
distintos que son utilizados para designarlas, muchas veces
con un mismo significado, y que pueden llegar a confundirnos.
Por tanto parece obligado, antes de seguir, aclarar el sentido
de estos términos.
Se
denominan exóticos o alóctonos
a los organismos no nativos de la región donde aparecen.
Se trata de organismos que proceden de otros territorios
biogeográficos. En este sentido, a los vegetales
con estas características también se les llama
xenófitos.
El
término contrapuesto a exótico es autóctono.
Así Carpobrotus edulis, la uña de león,
es una planta exótica en las costas de Huelva, pero
es autóctona de Sudáfrica. Dentro
del grupo de las especies exóticas pueden distinguirse
a su vez diferentes categorías.
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Especies
exóticas invasoras son las que se establecen
en una nueva zona donde producen poblaciones autoperdurables
que se expanden en detrimento de los ecositemas invadidos
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Así,
dependiendo del grado de adaptación a los nuevos
ecosistemas donde han aparecido, se puede hablar de especies
vegetales efemerófitas [en el sentido de FONT
QUER (1989)], que son aquellas que pueden encontrarse de
forma ocasional en un ecosistema fuera de su lugar de origen
o cultivo. Se trata de la categoría de especies exóticas
más abundantes, ya que están representadas
por todos aquellos organismos escapados de cultivos, granjas,
jardines, etc. Estas plantas llegan a ecosistemas extraños
y, en general, permanecen poco tiempo, bien porque no pueden
producir descendientes o bien porque si los producen mueren
pronto. En cambio, las especies exoticas invasoras
[de acuerdo con SANZ ELORZA et al. (2000)] son aquellas
que se establecen en una nueva zona donde producen poblaciones
autoperdurables, que se expanden y persisten, en detrimento
de la estabilidad de los ecosistemas invadidos. La uña
de león (Carpobrotus edulis), se comporta
de esta manera en muchos lugares de las costas andaluzas.
Finalmente, se denominan especies exóticas naturalizadas
a las que ya están completamente integradas en los
ecosistemas invadidos. FONT QUER (1989) las definió
como: "Plantas que no siendo oriundas de un país,
medran y se propagan como si fuera autóctonas".
La compuesta Cotula coronupifolia es una planta naturalizada
y abundante en pastizales sobre suelos húmedos de
Doñana. El proceso de naturalización puede
conllevar para el medio receptor un tránsito traumático
en el que pueden verse perjudicadas o desaparecer especies
autóctonas.
Todas
las especies exóticas comienzan como efemerófitas,
algunas de estas se hacen invasoras y tan sólo
unas pocas se naturalizan.
Otro
matiz importante lo introduce el término plaga.
Según RAMOS et al. (1995) se trata de "animales
o plantas prolijos más allá del control natural".
También bajo este término se hace referencia
a especies invasoras que causan importantes daños
en la economía. Normalmente los gobiernos, por razones
obvias, suelen estar pendientes de este tipo de especies,
desarrollando normativas para su manejo y listas negras
en las que se incluyen las principales especies que causan
plagas. Eichornia crassipes, el jacinto de agua,
es una plaga en muchos lugares del mundo y debido a ello
está recogida en listas negras como la lista de las
100 peores especies invasoras (LOWE et al., 2000)
El
área de estudio. Su problemática
El
Parque Nacional de Doñana es uno de los espacios
naturales protegidos más relevantes de Europa y del
ámbito Mediterráneo. En él encuentran
refugio las últimas poblaciones de especies tan singulares
como el Lince Ibérico (Lynx pardinus), Águila
Imperial ibérica (Aquila adalberti), Cerceta
Pardilla (Marmaronetta angustirostris) o Focha moruna
(Fulica cristata). También es el lugar de
invernada para enormes cantidades de aves acuáticas
(en torno a 500.000 individuos cada año). Doñana
cuenta además con numerosas figuras de reconocimiento
internacional. En 1981 fue declarada RESERVA DE LA BIOSFERA
dentro del programa "Man and Biosphere" de la
UNESCO. En 1982 fue incluida como zona RAMSAR. Desde 1985
ostenta el Diploma del Consejo de Europa a la Conservación,
que ha renovado en tres ocasiones: 1990, 1995 y 2000. Finalmente
en 1994 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.
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El
interés científico por las especies
invasoras está marcado por la aparición
del cangrejo rojo americano introducido a mediados
de los 70 en el límite norte del Parque
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En
el ámbito comunitario, forma parte de la red de ZEPAS
(Zonas de especial protección para las aves) desde
1998 y está designado como zona LIC (Lugar de Importancia
Comunitaria), que formará parte de la Red Natura
2000 (según establece la Directiva 92/43/CEE relativa
a conservación de fauna y flora silvestres).
Pese a ello, el Parque Nacional de Doñana no es un
territorio remoto o aislado, a salvo de presiones externas.
Si trazamos un círculo con un radio de 100 Km, con
centro en el Palacio de Doñana, podremos observar
que engloba un territorio con más de dos millones
de habitantes (LARRAMENDI, 2002), con grandes ciudades (como
Sevilla, Jerez o Huelva), importantes cultivos agrícolas
(arrozales en el norte y fresales en el oeste), muy cercano
a los más importantes lugares de veraneo del SW de
España (Matalascañas, Chipiona), rodeado de
una densa red de carreteras y vecino del único río
navegable de España, el Guadalquivir.
¿Cómo,
entonces, han podido mantenerse estas poblaciones y ecosistemas
con un altísimo valor desde el punto de vista ambiental?.
La respuesta nos remite a las especiales condiciones de
aislamiento de este espacio natural.
Hasta
bien entrado el siglo XX, el acceso a la región fue
difícil. El tener buena parte de su territorio cubierto
por agua durante gran parte del año, la esterilidad
de sus suelos y la presencia de paludismo endémico
en la zona, impidieron los asentamientos de gentes en estos
lugares y, por consiguiente, el desarrollo de poblados e
infraestructuras. El uso que se destinó a estas tierras
fue fundamentalmente el de cazadero, limitado a la aristocracia
y alta burguesía (DUQUE, 1977) Fueron, por tanto,
estas condiciones las que hicieron posible la conservación
de estos singulares ecosistemas.
Dichos
ecosistemas comenzaron a protegerse a partir de la creación
de la Reserva Biológica en 1964, como resultado de
los esfuerzos de un grupo de científicos y naturalistas.
En 1969 se creó el Parque Nacional, incrementándose
su superficie en 1978, hasta llegar a las 50720 Ha con que
cuenta en la actualidad. A las que habría que añadir,
desde 1989, las 54250 de Parque Natural que lo rodean a
modo de cinturón protector.
Las
especies invasoras en Doñana. Antecedentes
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Próximo
a Doñana se han encontrado una serie de especies
exóticas invasoras potenciales o reales cuya
presencia debe controlarse por suponer una amenaza
para el Parque
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Si
se revisa la abundante bibliografía relativa a este
espacio protegido (PRIETO et al, 1998) puede apreciarse
que hasta los años 80 no existen referencias a especies
invasoras. El comienzo del interés científico
por este tema está marcado por la aparición
del Cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii),
introducido a mediados de los 70 en un lugar cercano al
límite norte del Parque. Su rápida expansión
y adaptación al nuevo ambiente llenaron de inquietud
a gestores y científicos, quienes observaron como
este organismo exótico modificaba seriamente los
ecosistemas acuáticos de Doñana. Posteriormente
se detectaron más especies invasoras animales, especialmente
de peces como el black bass (Micropterus salmoides),
el fúndulo (Fundulus heteroclitus) o la gambusia
(Gambusia holbroocki), reptiles como la tortuga de
Florida (Trachemys scripta) o aves, como la malvasía
canela (Oxyura jamaicensis), que si bien no se han
encontrado dentro del Parque Nacional, ha sido observada
muy cerca de sus límites (Laguna de Tarelo, en Sanlúcar
de Barrameda y Veta la Palma, en Puebla del Río).
Todos ellos han producido y producen diversos y graves perjuicios
a los organismos y ecosistemas autóctonos, muchos
de ellos aún no evaluados.
Respecto
a los vegetales, hay que hacer notar que entre las publicaciones
referidas a la flora y vegetación de Doñana
resultan muy escasas las referencias a especies exóticas
e invasoras. No obstante, desde las primeras investigaciones
sobre la flora de este espacio natural puede apreciarse
una cierta sensibilidad hacia la presencia de este tipo
de especies. Así, en el primer catálogo florístico
de este territorio, FERNÁNDEZ GALIANO & CABEZUDO
(1976: 118) mostraron su preocupación por la aparición
de "especies nitrófilas", como consecuencia
de la construcción de la pista de acceso al Palacio
de Doñana. Con todo, no se encuentran referencias
a especies vegetales calificadas expresamente como invasoras
en los trabajos clásicos de flora de Doñana
(ver COBO et al., 2002), ni tan siquiera en trabajos tan
exhaustivos como el de CASTROVIEJO et al. (1980), quienes
recogieron más de 200 novedades florísticas
para el Parque Nacional.
La
primera noticia sobre plantas exóticas invasoras
y su problemática en este espacio protegido apareció
en el artículo de GRANADOS & GARCÍA NOVO
(1983). en él se advirtió por primera vez
sobre la presencia de Gomphocarpus fruticosus en
Doñana y del riesgo que conllevaba la presencia de
este tipo de plantas en el Parque Nacional. A partir de
aquí, los gestores tomaron conciencia del problema
que representaban las plantas invasoras en dicho espacio
e incluyeron entre sus actuaciones el control y erradicación
de Gomphocarpus, primero, y de otras especies con
posterioridad.
Las
plantas exóticas e invasoras de Doñana en
la actualidad
La
presencia de especies naturalizadas en algunos ecosistemas
del Parque es constante y se comportan como un elemento
más de dichos ecosistemas, de tal manera que su erradicación
traería serias consecuencias al funcionamiento de
estos. Por otra parte, desde el inicio de los trabajos llevados
a cabo por los gestores del Parque Nacional para el control
y erradicación de especies exóticas, mencionados
en el apartado anterior, se han detectado numerosas especies,
muchas de ellas comportándose como "efemerófitas"
y sólo unas pocas con un comportamiento propiamente
invasor.
Algunas de estas especies que aquí se incluyen (Datura
stramonium, Nicotiana glauca, Riccinus communis, y Xanthium
strumarium), aún estando naturalizadas en otros
lugares, se encuentran en Doñana, según nuestras
noticias, desde tiempos relativamente recientes y su comportamiento
corresponde al calificativo de invasoras.
Por
último, en los territorios próximos a Doñana
(como las Marismas del Odiel, del Piedras, Andévalo,
Marismas del Guadalquivir, etc) se han encontrado una serie
de poblaciones de especies exóticas invasoras potenciales
o reales, cuya presencia debe controlarse y que suponen
una amenaza para la vegetación de Doñana y
del litoral onubense en general.
A
la vista de estos datos cabe hacer una serie de consideraciones.
En primer lugar, la instalación de la mayoría
de las especies exóticas e invasoras ha sido posible
por alteraciones en el medio natural. Muchas de las poblaciones
de plantas exóticas aparecen en lugares con una riqueza
significativa en nutrientes en suelo y agua, y situadas,
en la mayoría de los casos, en lugares periféricos,
donde se produce la mayor interacción con los organismos
invasores. Los asentamientos humanos y sus infraestructuras
están vinculados con algunas de estas especies que
muestran un carácter ruderal, como Nicotiana glauca,
Datura stramonium o Riccinus communis, u ornamental,
como Yucca gloriosa, Asclepias curassavica o fijador,
como Carpobrotus edulis. En otros casos la presencia
de especies exóticas fue causada por la utilización
de sus semillas como alimentos para aves, como es el caso
de Guizotia abbysinica o por tratarse de árboles
utilizados en antiguos cultivos forestales, como Acacia
o Eucalyptus. Modificaciones en la red de drenaje de
un arroyo al norte de la zona fueron las causantes del espectacular
aumento de Xanthium strumarium. Oenothera drummondii
se encuentra en arenas litorales relativamente ricas en
nutrientes y cercanas a la costa de Cádiz, donde
está naturalizada. Respecto al origen de Azolla
filiculoides, aunque aún incierto, podría
estar relacionado con ciertas prácticas agrícolas
en los arrozales del entorno o bien con su uso como ornamental
o alimento para aves acuáticas en ciertas lagunas
artificiales próximas a Doñana. De todas las
especies mencionadas, sólo Gomphocarpus fruticosus
parecen estar vinculada a una alteración no producida
por el hombre: los ciclos de sequía.
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Los
resultados obtenidos en el Parque Nacional de Doñana
son esperanzadores, atribuidos a la estabilidad del
ecosistema y a la rápida detección y
control de las especies
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Asimismo,
la eutrofización de los suelos producida por una
excesiva carga ganadera (SORIGUER, 2001) ha contribuido
a la estabilización y expansión de algunas
de estas poblaciones.
En
segundo lugar hay que señalar el riesgo que suponen
los núcleos urbanos vecinos (Matalascañas,
El Rocío, Sanlúcar de Barrameda). El elevado
tránsito entre estas zonas, como ocurre en la masiva
Romería del Rocío, así como los terrenos
de agricultura intensiva al norte y oeste, y las zonas cercanas
de tráfico marítimo y fluvial, están
actuando como fuentes generadoras de efectivos invasores
que llegan al espacio natural, amenazando con extenderse
por los ecosistemas del Parque Nacional más alterados.
Respecto
a las tareas de control y erradicación, hay que señalar
la extrema dificultad que suponen las tareas de erradicación
de las poblaciones de especies exóticas en un Espacio
Natural Protegido. La función de conservación
a la que se destina este espacio descarta a priori la utilización
de métodos de erradicación químicos
y biológicos, de manera que estas tareas pueden resultar
menos eficaces y más lentas y costosas, por su carácter
"artesanal". No obstante, a pesar de todo esto,
los resultados obtenidos en el Parque Nacional de Doñana
son esperanzadores, en términos generales. Esto cabe
atribuirlo a dos circunstancias: la estabilidad de sus ecosistemas
y la rápida detección y control de las especies,
con la puesta en marcha de tareas de erradicación.
Hay que señalar la mención específica
en la normativa del Parque Nacional de Doñana de
la necesidad de estas tareas, (Planes Rectores de Uso y
Gestión), que han posibilitado su desarrollo y su
asignación presupuestaria. Sólo existe un
caso de especie vegetal invasora para la que aún
no se han encontrado métodos de control: Azolla
filiculoides, que se trata en el siguiente apartado.
El
caso de Azolla filiculoides
Azolla
filiculoides es una pteridofita (grupo de vegetales
al que pertenecen los helechos) acuática, que vive
flotando en aguas tranquilas, dulces y con una significativa
cantidad de nutrientes. La taxonomía de esta especie
es un tanto compleja; así ALMEIDA (1986) en su revisión
para Flora Ibérica indicó dos especies A.
caroliniana Willd. y A. filiculoides Lam., muy
difíciles de separar. Otros autores (SALVO, 1990),
sin embargo, consideran A. caroliniana sinónimo
de A. filiculoides Lam. Nosotros seguiremos este
último criterio.
Descripción
Hierba
acuática flotante. Tallos de 7-15 cm, ramificados,
cubiertos totalmente por hojitas bilobadas, densamente imbricadas
de 0.5-1 mm, papilosas, verdes o rojizas en condiciones
de stress. Raíces simples hasta de 10 mm. Esporangios
situados en el lóbulo inferior de la primera hoja
de cada ramita, en esporocarpos esferoidales, diferenciados
en megaesporocarpos y microesporocarpos. Esporas agrupadas
en masas mucilaginosas (másulas). Prótalos
producidos por esporas flotantes.
Procedente
de América del Norte, en la Península Ibérica
está naturalizada, extendiéndose, según
SALVO (1990) en humedales de Portugal (Baixo Alenteixo,
Extremadura y Beira Litoral) y España (Delta del
Ebro, y algunas zonas de las cuencas del Guadiana y Guadalquivir).
En Andalucía Occidental sólo estaba indicada
para Córdoba hasta que SÁNCHEZ GULLÓN
& MACÍAS FUENTES (2000) indicaron su presencia
en la provincia de Huelva, lo cual puede interpretarse como
un síntoma de expansión de esta especie.
Se
trata de una especie calificada en muchos lugares como plaga.
Forma densos tapices en la superficie del agua, haciendo
desaparecer la vegetación sumergida, produciendo
anoxia en las zonas más profundas y bloqueando canales
y redes de drenaje. Además, debido a su posibilidad
para hacer simbiosis con cianofitas (algas verdeazuladas),
que aloja en unas cavidades de la cara inferior de sus hojas,
es capaz de fijar nitrógeno atmosférico (entre
3-5 Kg de Nitrógeno por Ha en un medio óptimo),
por lo que produce una rápida eutrofización
de las aguas. Toma los nutrientes del agua mediante absorción,
estando normalmente limitado su crecimiento por la concentración
de fósforo. Sin embargo, cuando este elemento está
disponible en el agua, por ejemplo como consecuencia de
lixiviados de cultivos, Azolla crece rápidamente,
siendo capaz de duplicar su biomasa en tres días.
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Resulta
especialmente necesaria la divulgación del
peligro que suponen estos organismos para los ecosistemas
a conservar, las consecuencias de su aparición
y los gastos para la erradicación
|
Por
otra parte es tremendamente fértil, poseyendo la
capacidad de multiplicarse vegetativamente mediante fragmentación
y se reproduce sexualmente mediante esporas.
Respecto
a su control, debido a sus especiales características,
los métodos mecánicos no resultan eficaces.
El método más eficaz en las tareas de control
de esta planta es el uso de herbicidas. También ha
sido ensayado con éxito en Sudáfrica el control
biológico mediante el insectos.
En
la primavera del año 2001 técnicos e investigadores
del Parque Nacional de Doñana confirmaron la presencia
de poblaciones de la planta exótica Azolla filiculoides
en la Marisma de Doñana. Dicha planta había
sido observada el año anterior en el centro del Parque
Nacional, en Caño Cardales, aunque la especie en
cuestión no llegó a ser determinada (F. IBAÑEZ,
com. pers.). Desde entonces ha continuado extendiéndose
rápidamente por numerosos lugares de la Marisma,
creciendo de manera desmesurada en algunos puntos, formando
tapices de más de 10 cm de espesor e impresionantes
manchas perfectamente visibles desde la avioneta que utiliza
la Estación Biológica de Doñana para
los censos de aves.
Tras
considerar todo lo expuesto, el problema que plantea esta
especie invasora en Doñana es de una enorme importancia.
Si continúa su expansión puede hacer desaparecer
el diverso tapiz de macrófitos de la marisma, eutrofizar
las aguas y volver anóxicas las capas más
profundas, lo cual transformaría profundamente los
ecosistemas marismeños.
Su
control es de una gran complejidad, como ya se ha comprobado
en Portugal, donde en años recientes (verano de 1993
y 1995) han ocurrido episodios de crecimiento explosivo
de esta especie (CARRAPIÇO et al., 1998). La dificultad
se incrementa en el caso de Doñana, por situarse
la invasión dentro de un espacio natural protegido.
Debido a las especiales características de la planta,
los métodos mecánicos no resultan eficaces.
Son los herbicidas los métodos más eficaces
para controlarla. También ha sido ensayado con éxito
en Sudáfrica el control biológico mediante
insectos.
Pero
los herbicidas actúan también sobre el resto
de la vegetación acuática, eliminándola
sin distinción, lo que hace totalmente desaconsejable
su uso. En cuanto al control biológico, existe la
posibilidad de que en estos ambientes resulten ineficaces
o favorezca, a su vez, la aparición de una nueva
especie invasora. El riesgo es demasiado alto. Actualmente
técnicos y guardería del Parque Nacional y
la Estación Biológica de Doñana trabajan
en el seguimiento de Azolla filiculoides, y está
previsto iniciar estudios específicos que profundicen
en las causas de su expansión y en el diseño
de métodos de control no impactantes.
Consideraciones
finales
De
todo lo dicho se desprende que para la gestión de
los Espacios Naturales Protegidos resulta imprescindible
la puesta en práctica de programas de control y erradicación
de especies exóticas e invasoras, especialmente en
aquellos lugares como los del Viejo Mundo, rodeados de numerosas
"fuentes" de especies exóticas como los
núcleos urbanos, zonas de agricultura intensiva,
cultivos forestales, explotaciones ganaderas, puertos, etc.
En estos espacios y las poblaciones de su entorno resulta
especialmente necesaria la divulgación del peligro
que suponen estos organismos para los ecosistemas a conservar,
las pérdidas y consecuencias que su aparición
trae consigo y el gasto que suponen las tareas de control
y erradicación. Por ello es fundamental establecer,
además de programas de sensibilización y educación
ambiental, la organización de foros donde los gestores
de los espacios naturales protegidos puedan informar de
sus tareas a otros colectivos sociales, como agricultores,
ganaderos, ayuntamientos, autoridades portuarias, ecologistas
etc, acerca de sus tareas en este sentido. De esta forma
se podrán evitar incongruencias tales como ajardinar,
con especies de probada capacidad invasora y dinero público,
zonas adyacentes al espacio natural protegido o la existencia
en la vecindad de estos espacios de estanques o humedales
artificiales donde se cultiven especies con un amplio curriculum
invasor (como Eichhornia crassipes).
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Se
echa de menos la presencia de un qeuipo científico
permanente como referencia para las tareas relativas
a organismos exóticos o invasores así
como una legislación específica
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Desde
un punto de vista más general, en nuestro país
se echa de menos la presencia de un equipo científico-técnico
permanente que sirva de referencia para todas las tareas
relativas a organismos exóticos e invasores (a este
respecto nos parece un éxito la reciente celebración
en León del 1er Congreso Nacional sobre Especies
Exóticas Invasoras) , una legislación específica
que regule las actividades llevadas a cabo con este tipo
de organismos y la presencia de listas negras donde se incluyan
las especies exóticas con una capacidad reconocida
como invasora.
Respecto
a los sistemas de control y erradicación, la práctica
imposibilidad de utilizar métodos químicos
y biológicos hace que la mejor opción en los
espacios naturales protegidos consista en un potente sistema
de detección precoz, basado en un sistema regular
de prospecciones y en el conocimiento profundo del metabolismo
de los ecosistemas del ENP, así como de sus puntos
más vulnerables. Estos sistemas pueden servir para
evidenciar cambios naturales del medio, por ejemplo aquellos
derivados del cambio climático, ya observado en la
zona de estudio (SOUSA & GARCÍA MURILLO, 2003)
e ir conociendo sus efectos para prevenir la posible llegada
de especies exóticas. En este sentido, las técnicas
de cartografía moderna, concretamente los SIG (Sistemas
de Información Geográfica), pueden resultar
de una gran ayuda.
También
resultaría de utilidad contar con bases de datos
relativos a estas especies, con las cuales elaborar listas
negras de las consideradas especialmente dañinas,
al igual que ocurre en algunos estados de USA. Igualmente
habría que incrementar la investigación sobre
las relaciones de estas especies con los ecosistemas autóctonos,
estudios de poblaciones y de sus movimientos históricos.
Es muy importante tener un buen conocimiento de los procesos
que ocurren normalmente en el Espacio Natural Protegido.
Solo así será posible realizar con éxito
tareas de conservación en regiones donde la presencia
de especies exóticas constituyen una amenaza constante
para el mantenimiento de su genuina biodiversidad.
Agradecimientos
Al
personal del Area de Conservación del Parque Nacional
de Doñana, al Equipo de Seguimiento de la Estación
Biológica de Doñana, a Juanma Espinar, a José
Luis Espinar.
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