Restauración
de zonas

incendiadas


 


Juan Carlos Costa
D.G. de Gestión del Medio Natural. CMA

Es importante considerar el tipo de vegetación afectada, la edad y manejo anterior y posterior al incendio.

Cuando la vegetación forestal se quema se desencadena una serie de procesos cuyos efectos y consecuencias es necesario evaluar antes de acometer cualquier trabajo de restauración. Como cada incendio es diferente al variar la intensidad y superficie recorrida por el fuego, las características del medio sobre el que se ha producido y las consecuencias sobre el entorno socioeconómico, serán diferentes los efectos así como las medidas a adoptar.
 

Los incendios provocan daños en el tejido socioeconómico de una comarca, de una región entera o de una producción concreta cuyo alcance es diferente para cada incendio. En una primera aproximación podemos distinguir los daños producidos directamente por el incendio de los causados por sus efectos secundarios, tales como: pérdidas en enseres y bienes incendiados; pérdidas en producciones forestales como madera, leña, corcho, piñón, pasto, montanera, etc.; pérdidas en explotaciones asociadas a dichas producciones; pérdidas en jornadas de trabajo; daños a infraestructuras; daños en las redes de agua potable y pérdida de la capacidad de almacenamiento de los embalses y daños a las infraestructuras turísticas y pérdidas en el sector.


Los efectos de los incendios sobre el suelo causan por una lado una repentina fertilización de los mismos debido a la incorporación de los nutrientes de las cenizas y por otro pérdida de nutrientes tanto por volatilización durante el incendio como por lixiviación o erosión. La importancia de estas alteraciones va a depender entre otros factores de la severidad del incendio pudiendo tener a veces una importante consecuencia sobre el ecosistema. Debemos distinguir distintos fenómenos como la hidrofobia, cuando las ceras depositadas en la superficie de un suelo incendiado hacen que el agua tenga una mayor dificultad para infiltrarse, la erosión, los efectos sobre las propiedades fisicoquímicas del suelo o los efectos sobre la microflora y microfauna del suelo.


Aunque la vegetación mediterránea está diseñada para responder a los incendios, estos pueden producir importantes cambios en las comunidades y en el funcionamiento de los ecosistemas

En cuanto a los efectos sobre la flora silvestre y aunque la vegetación mediterránea está diseñada para responder a los incendios bien por rebrote o bien por semillado, los incendios pueden producir importantes cambios en las comunidades y en el funcionamiento de los ecosistemas que van a depender fundamentalmente de la intensidad del fuego, fecha del mismo, tipo de vegetación afectada, edad de la misma y tipo de manejo anterior y posterior al incendio. Esta respuesta de la vegetación es muy importante a la hora de diseñar las actuaciones a realizar en la zona incendiada. También se producen efectos sobre la fauna silvestre, principalmente pérdidas por muerte tanto de individuos adultos como de jóvenes o puestas, y pérdidas de recursos alimenticios y hábitats, así como efectos sobre el cambio climático y el sumidero de CO2.


Plan de restauración


Una vez que se ha producido un incendio debemos tener en cuenta una serie de medidas disuasorias, destinadas a evitar beneficios o enriquecimientos ilícitos como consecuencia del incendio, cautelares, destinadas a evitar daños inmediatos a personas o infraestructuras, y reconstructivas destinadas a la recuperación del medio natural.


Entre las medidas disuasorias destaca la imposibilidad de la recalificación de los terrenos como así establece el artículo 50 de la Ley 5/99 de prevención y lucha contra los incendios forestales, las limitaciones a la enajenación de los productos procedentes de la zona incendiada, el pago de las tasas por extinción que supone un costo para aquellos que no hayan adoptado medidas preventivas previas al incendio, y el posible acotamiento al pastoreo si así se determina en el plan de restauración que debe redactarse tras el incendio.


Las medidas cautelares están destinadas a evitar daños inmediatos a personas o infraestructuras como consecuencia de la desprotección del suelo y de la fragilidad de la vegetación incendiada. Entre ellas se destaca la eliminación de árboles quemados que al caer puedan afectar a viviendas o infraestructuras, la construcción de obras de defensa en zonas amenazadas por corrimientos de tierra y desprendimientos de rocas, las obras destinadas a evitar las pérdidas de suelo y semillas y que a su vez contribuyen a minorar la velocidad del agua en las laderas, la suplementación de alimentación para la fauna silvestre y cinegética y los tratamiento contra plagas.


El plan de restauración comprende las actuaciones necesarias para la reconstrucción de la vegetación de acuerdo a objetivos como la defensa contra la erosión

Las medidas reconstructivas son las destinadas a la recuperación del medio natural. Lo primero que debe hacerse es analizar la vegetación incendiada, su grado de afectación y la posible regeneración natural. Asimismo se debe plantear cuál va a ser el objetivo fundamental de nuestra actuación sobre la zona entendiendo que ni restaurar ni no actuar son un objetivo en sí mismo, sino herramientas que nos pueden conducir hacia el camino elegido. Los objetivos pueden incluir o no un cambio de especie o especies principales, un cambio de estructuras o un cambio en los usos múltiples del monte. Una vez establecido nuestro objetivo debemos considerar dos cosas: cuál va a ser la respuesta de la vegetación incendiada, qué hacer con dicha vegetación incendiada y evaluar nuestra actuación para complementar o diversificar la respuesta de la naturaleza si ello fuera necesario.


La vegetación mediterránea está diseñada en mayor o menor medida para dar respuesta al incendio, mediante dos estrategias: la rebrotadora y la germinadora. Con estos datos se elabora un plan de restauración que comprende las actuaciones necesarias para la reconstrucción de la vegetación de acuerdo con el objetivo u objetivos relacionados (desarrollo rural, conservación de la biodiversidad, defensa contra la erosión, etc.). En caso necesario se deberá proceder a la repoblación forestal tanto para la incorporación de las especies seleccionadas como para la diversificación de la vegetación y mejora del hábitat. La repoblación forestal pues es el último eslabón de un proceso de decisiones que se inicia inmediatamente después de cada incendio.


Incendio de Huelva-Sevilla


El 27 de julio de 2004 se declaró un incendio en el término municipal de Minas de Riotinto, Huelva, que recorrió una superficie total de 34.292 ha de las que 27.822 eran forestales. El incendio afectó a 11.168 ha de la provincia de Huelva en los términos municipales de Berrocal, Escacena del Campo, Minas de Riotinto, Nerva, Paterna del Campo y Zalamea la Real, y 16.654 ha de la provincia de Sevilla en los términos municipales del Castillo de las Guardas, El Madroñó, Gerena, El Garrobo, Aznalcóllar y Sanlúcar la Mayor.


El incendio afectó a 14.226 ha de montes públicos y 13.596 ha de montes particulares, lo que obligó a dar un tratamiento especial a esta zona para lo que se confeccionó un modelo de convenio entre la Consejería de Medio Ambiente y los propietarios de fincas particulares, dando con ello respuesta a la realización de los planes de restauración de las fincas incendiadas a que obliga la Ley 5/99 de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales.


Una vez sofocado el incendio se iniciaron los trabajos de restauración de la zona comenzándose inmediatamente la primera fase destinada a evitar la pérdida de suelos y a eliminar los restos de vegetación quemada. Esta fase, con un presupuesto de 17.637.870 euros está prácticamente finalizada, tras diez meses de trabajo, lo que ha supuesto un importante esfuerzo dada la magnitud del incendio.


Una vez sofocado el incendio de Huelva-Sevilla se inició la primera fase de la restauración destinada a evitar la pérdida de suelos y eliminar los restos de la vegetación incendiada

Los datos elaborados inmediatamente después del incendio preveían una pérdida de suelo no superior de media a 20 t/ha. Debido a ello se consideró innecesaria la construcción de diques transversales en los principales arroyos y conveniente la de empalizadas, fajinas y albarradas mediante la reutilización de la propia madera quemada de aquellas especies no susceptibles de rebrote, principalmente pinos. En total se han construido 35.044 albarradas para la contención de tierras utilizándose para tal fin tanto piedras de la zona como la madera de los árboles -pinos- incendiados. Dichas albarradas se han ubicado en los principales arroyos de la zona con el fin de evitar que la tierra y las cenizas procedentes de la zona incendiada fuesen a parar a los pantanos del Corumbel, Jarrama y Aznalcóllar, los dos primeros destinados al suministro de agua potable, estimándose que al menos se han consolidado con estas estructuras del orden de 110.000 metros cúbicos de tierra.


Las principales especies vegetales afectadas fueron pino pinaster y piñonero, alcornoque, encina y eucalipto. Asimismo fueron afectadas otras especies arbóreas con una menor representación como piruétano, fresno, aliso, quejigo, así como especies de matorral mediterráneo -madroño, labiérnago, brezo, etc.-. Destaca la presencia de especies amenazadas: Erica andevalensis, Asplenium billoti, Erica lusitanica, Osmunda regalis, Blechnum spicans, Gratiola linifolia y Lavandula viridis. En relación con estas especies se procedió a la localización sobre el terreno de las poblaciones afectadas con el fin de señalizarlas y evitar que pudieran ser afectadas durante los trabajos de eliminación de la vegetación incendiada.


Helicoptero vertiendo agua durante un incendio

En los montes públicos la decisión tomada en un principio fue la no actuación en las zonas con especies rebrotadoras arbóreas o arbustivas, principalmente encina, alcornoque, madroño, etc., así como la eliminación de los eucaliptales y de los pinos muertos y afectados teniendo en cuenta la importancia de la solución final prevista para la zona que implica un cambio de estructuras y de vegetación, así como la necesidad de evitar el incremento de la combustibilidad posterior al incendio con las leñas muertas, los impactos paisajísticos y la propagación de plagas.


Los trabajos han consistido en la eliminación de los pinos afectados, con aprovechamiento de la madera en caso que ésta tuviese valor de mercado, quema de los residuos generados y eliminación del eucaliptal existente en los montes públicos con el fin de transformar dichas superficies en alcornocal o encinar. En total se ha eliminado la totalidad de las superficies ocupadas por el pinar y el eucaliptal quemado. La madera obtenida ha sido de 49.795 metros cúbicos; los ingresos derivados de su venta se están reinvirtiendo en la zona incendiada como establece la Ley de Prevención y Lucha contra incendios.


El incendio dejó sin alimento a una importante población cinegética, principalmente ciervos, haciendo necesario el aporte suplementario de comida. En total se han suministrado 158.000 kg de trigo duro, 157.000 de alfalfa, y otras cantidades menores de maiz, gisante y girasol. Asimismo se hizo necesario reubicar 9.120 colmenas de los 87 asentamientos apícolas que existían en los montes públicos incendiados, colmenas que en general no fueron afectadas por encontrarse fuera de la zona en el momento del incendio.


La particularidad de este incendio aconsejó llevar a cabo medidas especiales de colaboración con los propietarios afectados con el fin de elaborar los planes de restauración de las fincas a que obliga la Ley 5/99 de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales. En total se han firmado 360 convenios con un total de 1.424 parcelas convenidas que suponen 9.967 ha de montes particulares, es decir un 73'3% de la superficie forestal privada incendiada, estando en proceso la elaboración de los planes de restauración y habiéndose iniciado los trabajos en múltiples fincas privadas.


Incendio de Aldeaquemada


El día 26 de agosto de 2004 se declaró un incendio forestal en el término municipal de Aldeaquemada (Jaén) que recorrió una superficie total de 7.136 ha de las que 5.921 eran forestales. En su recorrido, el incendio afectó los términos municipales de Aldeaquemada, Santisteban del Puerto, Castellar y Montizón, todos en la provincia de Jaén. Asimismo el incendio afectó a 1.908 ha de montes públicos y 4.013 ha de montes particulares. Una vez sofocado el incendio se iniciaron los trabajos de restauración de la zona comenzándose la primera fase de emergencia a la que se ha aludido anteriormente. Esta fase cuenta con un presupuesto de 7.746.678 euros.


La repoblación forestal es el último eslabón de un proceso de decisiones iniciadas después de cada incendio.

Como en el incendio de Huelva y Sevilla, los datos elaborados inmediatamente después de este incendio preveían que la pérdida de suelo no sería superior de media a 20 t/ha, por lo que tampoco pareció necesaria la construcción de diques transversales en los principales arroyos y sí conveniente la de empalizadas, fajinas y albarradas. En total se han construido 2.558 albarradas para la contención de tierras y fajinas cubriendo un total de 281 ha.


Las principales zonas afectadas fueron pinar de repoblación -pino pinaster y pino piñonero- y masas de quercíneas con matorral -alcornoque y encina con madroño, cornicabra, labiérnago y lentisco-. Los trabajos sobre la vegetación han consistido en la eliminación de los pies quemados y aquellos pies con serias probabilidades de ser atacados por plagas de barrenadores, con aprovechamiento de la madera en el caso de que ésta tuviese valor de mercado, y quema de los residuos generados. En total se ha eliminado 1.524 ha de pinar.


Aunque el fuego de Jaén no afectó directamente ninguno de los nidos de águila imperial, las poblaciones se han visto afectadas por ser su territorio de cría, campeo y alimentación

El área incendiada y sus zonas aledañas constituye un núcleo importante de nidificación del águila imperial (Aquila adalberti). Aunque el fuego no destruyó directamente ninguno de los nidos de las 6 parejas asentadas allí, la población se ha visto negativamente afectada dado que buena parte de su territorio de cría, campeo y producción de alimentación ha sido alterada. Por ello se han construido 6 cercados de alimentación suplementaria del águila imperial, una vez convenido este punto con los propietarios de las fincas Navalacedra, El Navazo y La Alameda.


También en este incendio se aconsejó llevar a cabo medidas especiales de colaboración con los propietarios afectados con el fin de elaborar los planes de restauración de las fincas a que obliga la Ley 5/99 de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales. El modelo de convenio es el mismo utilizado con los propietarios del incendio de Huelva y Sevilla, con las mismas características. Los 9 propietarios de las fincas afectadas por este incendio han firmado los correspondientes convenios que suponen el total de la superficie de montes particulares afectados, estando en proceso la elaboración de los planes de restauración.


Medio Ambiente 49
Verano / 2005

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