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Los
incendios provocan daños en el tejido socioeconómico
de una comarca, de una región entera o de una producción
concreta cuyo alcance es diferente para cada incendio.
En una primera aproximación podemos distinguir
los daños producidos directamente por el incendio
de los causados por sus efectos secundarios, tales como:
pérdidas en enseres y bienes incendiados; pérdidas
en producciones forestales como madera, leña, corcho,
piñón, pasto, montanera, etc.; pérdidas
en explotaciones asociadas a dichas producciones; pérdidas
en jornadas de trabajo; daños a infraestructuras;
daños en las redes de agua potable y pérdida
de la capacidad de almacenamiento de los embalses y daños
a las infraestructuras turísticas y pérdidas
en el sector.
Los
efectos de los incendios sobre el suelo causan por una
lado una repentina fertilización de los mismos
debido a la incorporación de los nutrientes de
las cenizas y por otro pérdida de nutrientes tanto
por volatilización durante el incendio como por
lixiviación o erosión. La importancia de
estas alteraciones va a depender entre otros factores
de la severidad del incendio pudiendo tener a veces una
importante consecuencia sobre el ecosistema. Debemos distinguir
distintos fenómenos como la hidrofobia, cuando
las ceras depositadas en la superficie de un suelo incendiado
hacen que el agua tenga una mayor dificultad para infiltrarse,
la erosión, los efectos sobre las propiedades fisicoquímicas
del suelo o los efectos sobre la microflora y microfauna
del suelo.
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Aunque
la vegetación mediterránea está
diseñada para responder a los incendios, estos
pueden producir importantes cambios en las comunidades
y en el funcionamiento de los ecosistemas |
En
cuanto a los efectos sobre la flora silvestre y aunque
la vegetación mediterránea está diseñada
para responder a los incendios bien por rebrote o bien
por semillado, los incendios pueden producir importantes
cambios en las comunidades y en el funcionamiento de los
ecosistemas que van a depender fundamentalmente de la
intensidad del fuego, fecha del mismo, tipo de vegetación
afectada, edad de la misma y tipo de manejo anterior y
posterior al incendio. Esta respuesta de la vegetación
es muy importante a la hora de diseñar las actuaciones
a realizar en la zona incendiada. También se producen
efectos sobre la fauna silvestre, principalmente pérdidas
por muerte tanto de individuos adultos como de jóvenes
o puestas, y pérdidas de recursos alimenticios
y hábitats, así como efectos sobre el cambio
climático y el sumidero de CO2.
Plan
de restauración
Una
vez que se ha producido un incendio debemos tener en cuenta
una serie de medidas disuasorias, destinadas a evitar
beneficios o enriquecimientos ilícitos como consecuencia
del incendio, cautelares, destinadas a evitar daños
inmediatos a personas o infraestructuras, y reconstructivas
destinadas a la recuperación del medio natural.
Entre
las medidas disuasorias destaca la imposibilidad de la
recalificación de los terrenos como así
establece el artículo 50 de la Ley 5/99 de prevención
y lucha contra los incendios forestales, las limitaciones
a la enajenación de los productos procedentes de
la zona incendiada, el pago de las tasas por extinción
que supone un costo para aquellos que no hayan adoptado
medidas preventivas previas al incendio, y el posible
acotamiento al pastoreo si así se determina en
el plan de restauración que debe redactarse tras
el incendio.
Las
medidas cautelares están destinadas a evitar daños
inmediatos a personas o infraestructuras como consecuencia
de la desprotección del suelo y de la fragilidad
de la vegetación incendiada. Entre ellas se destaca
la eliminación de árboles quemados que al
caer puedan afectar a viviendas o infraestructuras, la
construcción de obras de defensa en zonas amenazadas
por corrimientos de tierra y desprendimientos de rocas,
las obras destinadas a evitar las pérdidas de suelo
y semillas y que a su vez contribuyen a minorar la velocidad
del agua en las laderas, la suplementación de alimentación
para la fauna silvestre y cinegética y los tratamiento
contra plagas.
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El
plan de restauración comprende las actuaciones
necesarias para la reconstrucción de la vegetación
de acuerdo a objetivos como la defensa contra la
erosión
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Las
medidas reconstructivas son las destinadas a la recuperación
del medio natural. Lo primero que debe hacerse es analizar
la vegetación incendiada, su grado de afectación
y la posible regeneración natural. Asimismo se
debe plantear cuál va a ser el objetivo fundamental
de nuestra actuación sobre la zona entendiendo
que ni restaurar ni no actuar son un objetivo en sí
mismo, sino herramientas que nos pueden conducir hacia
el camino elegido. Los objetivos pueden incluir o no un
cambio de especie o especies principales, un cambio de
estructuras o un cambio en los usos múltiples del
monte. Una vez establecido nuestro objetivo debemos considerar
dos cosas: cuál va a ser la respuesta de la vegetación
incendiada, qué hacer con dicha vegetación
incendiada y evaluar nuestra actuación para complementar
o diversificar la respuesta de la naturaleza si ello fuera
necesario.
La
vegetación mediterránea está diseñada
en mayor o menor medida para dar respuesta al incendio,
mediante dos estrategias: la rebrotadora y la germinadora.
Con estos datos se elabora un plan de restauración
que comprende las actuaciones necesarias para la reconstrucción
de la vegetación de acuerdo con el objetivo u objetivos
relacionados (desarrollo rural, conservación de
la biodiversidad, defensa contra la erosión, etc.).
En caso necesario se deberá proceder a la repoblación
forestal tanto para la incorporación de las especies
seleccionadas como para la diversificación de la
vegetación y mejora del hábitat. La repoblación
forestal pues es el último eslabón de un
proceso de decisiones que se inicia inmediatamente después
de cada incendio.
Incendio
de Huelva-Sevilla
El
27 de julio de 2004 se declaró un incendio en el
término municipal de Minas de Riotinto, Huelva,
que recorrió una superficie total de 34.292 ha
de las que 27.822 eran forestales. El incendio afectó
a 11.168 ha de la provincia de Huelva en los términos
municipales de Berrocal, Escacena del Campo, Minas de
Riotinto, Nerva, Paterna del Campo y Zalamea la Real,
y 16.654 ha de la provincia de Sevilla en los términos
municipales del Castillo de las Guardas, El Madroñó,
Gerena, El Garrobo, Aznalcóllar y Sanlúcar
la Mayor.
El
incendio afectó a 14.226 ha de montes públicos
y 13.596 ha de montes particulares, lo que obligó
a dar un tratamiento especial a esta zona para lo que
se confeccionó un modelo de convenio entre la Consejería
de Medio Ambiente y los propietarios de fincas particulares,
dando con ello respuesta a la realización de los
planes de restauración de las fincas incendiadas
a que obliga la Ley 5/99 de Prevención y Lucha
contra Incendios Forestales.
Una
vez sofocado el incendio se iniciaron los trabajos de
restauración de la zona comenzándose inmediatamente
la primera fase destinada a evitar la pérdida de
suelos y a eliminar los restos de vegetación quemada.
Esta fase, con un presupuesto de 17.637.870 euros está
prácticamente finalizada, tras diez meses de trabajo,
lo que ha supuesto un importante esfuerzo dada la magnitud
del incendio.
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Una
vez sofocado el incendio de Huelva-Sevilla se inició
la primera fase de la restauración destinada
a evitar la pérdida de suelos y eliminar los
restos de la vegetación incendiada |
Los
datos elaborados inmediatamente después del incendio
preveían una pérdida de suelo no superior
de media a 20 t/ha. Debido a ello se consideró
innecesaria la construcción de diques transversales
en los principales arroyos y conveniente la de empalizadas,
fajinas y albarradas mediante la reutilización
de la propia madera quemada de aquellas especies no susceptibles
de rebrote, principalmente pinos. En total se han construido
35.044 albarradas para la contención de tierras
utilizándose para tal fin tanto piedras de la zona
como la madera de los árboles -pinos- incendiados.
Dichas albarradas se han ubicado en los principales arroyos
de la zona con el fin de evitar que la tierra y las cenizas
procedentes de la zona incendiada fuesen a parar a los
pantanos del Corumbel, Jarrama y Aznalcóllar, los
dos primeros destinados al suministro de agua potable,
estimándose que al menos se han consolidado con
estas estructuras del orden de 110.000 metros cúbicos
de tierra.
Las
principales especies vegetales afectadas fueron pino pinaster
y piñonero, alcornoque, encina y eucalipto. Asimismo
fueron afectadas otras especies arbóreas con una
menor representación como piruétano, fresno,
aliso, quejigo, así como especies de matorral mediterráneo
-madroño, labiérnago, brezo, etc.-. Destaca
la presencia de especies amenazadas: Erica andevalensis,
Asplenium billoti, Erica lusitanica, Osmunda regalis,
Blechnum spicans, Gratiola linifolia y Lavandula viridis.
En relación con estas especies se procedió
a la localización sobre el terreno de las poblaciones
afectadas con el fin de señalizarlas y evitar que
pudieran ser afectadas durante los trabajos de eliminación
de la vegetación incendiada.
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En
los montes públicos la decisión tomada en
un principio fue la no actuación en las zonas con
especies rebrotadoras arbóreas o arbustivas, principalmente
encina, alcornoque, madroño, etc., así como
la eliminación de los eucaliptales y de los pinos
muertos y afectados teniendo en cuenta la importancia
de la solución final prevista para la zona que
implica un cambio de estructuras y de vegetación,
así como la necesidad de evitar el incremento de
la combustibilidad posterior al incendio con las leñas
muertas, los impactos paisajísticos y la propagación
de plagas.
Los
trabajos han consistido en la eliminación de los
pinos afectados, con aprovechamiento de la madera en caso
que ésta tuviese valor de mercado, quema de los
residuos generados y eliminación del eucaliptal
existente en los montes públicos con el fin de
transformar dichas superficies en alcornocal o encinar.
En total se ha eliminado la totalidad de las superficies
ocupadas por el pinar y el eucaliptal quemado. La madera
obtenida ha sido de 49.795 metros cúbicos; los
ingresos derivados de su venta se están reinvirtiendo
en la zona incendiada como establece la Ley de Prevención
y Lucha contra incendios.
El
incendio dejó sin alimento a una importante población
cinegética, principalmente ciervos, haciendo necesario
el aporte suplementario de comida. En total se han suministrado
158.000 kg de trigo duro, 157.000 de alfalfa, y otras
cantidades menores de maiz, gisante y girasol. Asimismo
se hizo necesario reubicar 9.120 colmenas de los 87 asentamientos
apícolas que existían en los montes públicos
incendiados, colmenas que en general no fueron afectadas
por encontrarse fuera de la zona en el momento del incendio.
La
particularidad de este incendio aconsejó llevar
a cabo medidas especiales de colaboración con los
propietarios afectados con el fin de elaborar los planes
de restauración de las fincas a que obliga la Ley
5/99 de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales.
En total se han firmado 360 convenios con un total de
1.424 parcelas convenidas que suponen 9.967 ha de montes
particulares, es decir un 73'3% de la superficie forestal
privada incendiada, estando en proceso la elaboración
de los planes de restauración y habiéndose
iniciado los trabajos en múltiples fincas privadas.
Incendio
de Aldeaquemada
El
día 26 de agosto de 2004 se declaró un incendio
forestal en el término municipal de Aldeaquemada
(Jaén) que recorrió una superficie total
de 7.136 ha de las que 5.921 eran forestales. En su recorrido,
el incendio afectó los términos municipales
de Aldeaquemada, Santisteban del Puerto, Castellar y Montizón,
todos en la provincia de Jaén. Asimismo el incendio
afectó a 1.908 ha de montes públicos y 4.013
ha de montes particulares. Una vez sofocado el incendio
se iniciaron los trabajos de restauración de la
zona comenzándose la primera fase de emergencia
a la que se ha aludido anteriormente. Esta fase cuenta
con un presupuesto de 7.746.678 euros.
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Como
en el incendio de Huelva y Sevilla, los datos elaborados
inmediatamente después de este incendio preveían
que la pérdida de suelo no sería superior
de media a 20 t/ha, por lo que tampoco pareció
necesaria la construcción de diques transversales
en los principales arroyos y sí conveniente la
de empalizadas, fajinas y albarradas. En total se han
construido 2.558 albarradas para la contención
de tierras y fajinas cubriendo un total de 281 ha.
Las
principales zonas afectadas fueron pinar de repoblación
-pino pinaster y pino piñonero- y masas de quercíneas
con matorral -alcornoque y encina con madroño,
cornicabra, labiérnago y lentisco-. Los trabajos
sobre la vegetación han consistido en la eliminación
de los pies quemados y aquellos pies con serias probabilidades
de ser atacados por plagas de barrenadores, con aprovechamiento
de la madera en el caso de que ésta tuviese valor
de mercado, y quema de los residuos generados. En total
se ha eliminado 1.524 ha de pinar.
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Aunque
el fuego de Jaén no afectó directamente
ninguno de los nidos de águila imperial,
las poblaciones se han visto afectadas por ser su
territorio de cría, campeo y alimentación
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El
área incendiada y sus zonas aledañas constituye
un núcleo importante de nidificación del
águila imperial (Aquila adalberti). Aunque el fuego
no destruyó directamente ninguno de los nidos de
las 6 parejas asentadas allí, la población
se ha visto negativamente afectada dado que buena parte
de su territorio de cría, campeo y producción
de alimentación ha sido alterada. Por ello se han
construido 6 cercados de alimentación suplementaria
del águila imperial, una vez convenido este punto
con los propietarios de las fincas Navalacedra, El Navazo
y La Alameda.
También
en este incendio se aconsejó llevar a cabo medidas especiales
de colaboración con los propietarios afectados con el
fin de elaborar los planes de restauración de las fincas
a que obliga la Ley 5/99 de Prevención y Lucha contra
Incendios Forestales. El modelo de convenio es el mismo utilizado
con los propietarios del incendio de Huelva y Sevilla, con las
mismas características. Los 9 propietarios de las fincas
afectadas por este incendio han firmado los correspondientes
convenios que suponen el total de la superficie de montes particulares
afectados, estando en proceso la elaboración de los planes
de restauración.
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