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E

n el principio fue el Puerto, se podría

afirmar parafraseando el Génesis. Ahí

está el comienzo de todo. Málaga fue

fundada, hace casi tres milenios, por los

fenicios de Tiro, en la configuración de esa trama

del Mediterráneo que Braudel, en su libro revelador

sobre el

Mare Nostrum

, fija como una cartografía de

enclaves a la distancia de una jornada de cabotaje.

En el mapa del sur peninsular, antes del estrecho de

Gibraltar, Málaga ofrece las características óptimas:

una bahía con dos hitos fluviales navegables para

refugio de las embarcaciones y una ensenada natural

abrigada por montes litorales, donde la ciudad se

suspenderá sobre la espuma como vio poéticamente

Aleixandre. Sus condiciones en la cartografía del mar

determinarán el destino de las ciudad, su grandeza y

sus miserias.

Un puerto es, etimológicamente, como una puerta.

El viejo Covarrubias identifica ‘porta’ y ‘portus’ con

‘a portando’, lugares de entrada y salida de provisio-

nes y mercancías. El mundo va a desembarcar en la

ciudad y la ciudad va a embarcarse hacia el mundo,

construyendo la identidad de la marca Málaga, con

los cereales y olivas en las naves cartaginesas, vino y

salazones para Roma con el apreciado

garum

, cerámi-

ca dorada e higos secos de los hammudíes y nazaríes,

pasas y vinos hacia los emporios del norte europeo

que han establecido oficinas comerciales, azúcar de

los ingenios de la modernidad y almendra medite-

rránea, flejes para los toneles que inauguran el ciclo

industrial de los altos hornos en el Ochocientos…

Pero es mucho más que un mero intercambio de pro-

ductos. Con el trasiego de monedas púnicas con nin-

fas y delfines, dracmas, sextercios, dinares, doblones,

ducados, pesetas, van y vienen también ideas, cultu-

ras, ecos lejanos, sueños, oportunidades, emociones,

visiones de futuro. Una puerta es, por definición,

permeabilidad, crisol para el intercambio de conoci-

mientos, enclave de mestizaje y fusión, en definitiva

de enriquecimiento, como adivina el arabista libanés

Joseph Maïla:

“Extraña civilización mediterránea que, a medida

que se despliega va balizando las trayectorias de

nuestra cultura fijando, uno tras otro, los grandes

hitos de nuestra historia y haciéndonos depositarios

de una herencia cuyo alfabeto fue fenicio, el concepto

griego, el derecho romano, el monoteísmo semita, el

ingenio púnico, la munificencia bizantina, la ciencia

árabe, el poderío otomano, la coexistencia andaluza,

la sensibilidad italiana, la aventura catalana, la

libertad francesa y la eternidad egipcia.”

Teodoro León Gross

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] A GU A , T E R R I T O R I O Y C I U D A D

Luz del

Mediterráneo

)