SUBSISTEMA DE INFORMACIÓN DE CLIMATOLOGÍA AMBIENTAL (CLIMA)ENVIRONMENTAL CLIMATOLOGY INFORMATION SUBSYSTEM
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EL CLIMA EN ANDALUCIA
Los recursos climáticos en Andalucía

Las relaciones entre el clima y la sociedad

Podría asumirse de forma general que el clima es neutro, siendo el hombre, con sus actividades, el que le otorga una carga valorativa y el que lo convierte en un factor positivo para su desarrollo o, por el contrario, en una limitación al mismo. La verdad de este aserto se pone claramente de manifiesto al considerar cómo, además, esta carga valorativa es muy cambiante de unos momentos a otros, de forma tal que aspectos naturales que eran tradicionalmente limitantes se convierten en positivos o viceversa, como consecuencia de cambios tecnológicos, cambios en las pautas de comportamiento social u otros fenómenos. En el caso del clima esta afirmación es especialmente cierta, y hay buenos ejemplos en la región que nos permitirán ilustrarlo a lo largo de este epígrafe. A pesar de ello, y aún asumiendo esta responsabilidad social en la valoración del clima de una región dada, es cierto que existen en el propio comportamiento climático aspectos o caracteres que nos permiten hacer una primera valoración de su incidencia sobre la sociedad y que nos permiten, además, sistematizar y categorizar el conocimiento del clima desde este punto de vista.

En este sentido resulta conveniente no olvidar que el clima no es un recurso estático o fijo, sino que es el resultado de una sucesión variable de ambientes atmosféricos, siendo la variabilidad precisamente su seña de identidad. Pero dentro de esta variabilidad puede establecerse una primera distinción entre los fenómenos habituales y los fenómenos raros y extremos. Los primeros suelen situarse en torno a los parámetros de tendencia central de las series de observación y presentan una alta frecuenta de aparición; los segundos se sitúan, por el contrario, en los límites del campo de variabilidad de las series y presentan frecuencias de aparición considerablemente más bajas.

Los fenómenos habituales, precisamente por su alta frecuencia, son los que generan un medio propio y una respuesta social específica, que intenta adaptarse a esa cotidianidad.
Pero, aparte de este rasgo común, los fenómenos climáticos habituales pueden ser muy heterogéneos en sus impactos. En este sentido existen dos tipos básicos de fenómenos: los que resultan benefactores o neutros para el medio y la sociedad, posibilitando su desarrollo y constituyendo lo que podemos denominar el potencial climático del lugar, y aquéllos que obstaculizan o dificultan ese desarrollo. A su vez, dentro de estos últimos podemos distinguir dos tipos diferentes: los que actúan de modo permanente o casi permanente dificultando la vida social y limitando sus posibilidades, y aquellos otros que sólo actúan durante cortos periodos de tiempo (unas horas, unos días...) aunque de modo recurrente y habitual. Entre los primeros se podría citar la exigüidad permanente de agua que caracteriza a los grandes desiertos del mundo o la escasez de energía calorífica que se registra en los casquetes polares. En ambos casos se dificulta permanentemente la vida humana, la producción de recursos o el desarrollo de las actividades económicas. Entre los segundos se sitúan, por ejemplo, los ciclones tropicales, los tornados y otros tipos de perturbaciones de corta duración, pero que ponen en juego tales cantidades de energía, que resultan devastadoras para la sociedad durante su ocurrencia. No obstante, una vez acaecidas, el clima vuelve a adquirir su faz benefactora o neutra. Para distinguir a ambos tipos de fenómenos, a los primeros les denominaremos limitaciones, ya que son, en efecto, caracteres climáticos limitantes para la sociedad, y a los segundos, obstáculos, ya que cumplen el papel de barreras circunstanciales que el clima impone a la sociedad y que ésta debe sobremontar.

Figura 1: Incidencia del clima sobre la sociedad.

Incidencia del clima sobre la sociedad

Fuente: Elaboración propia.

Los fenómenos raros y extremos, por su baja frecuencia y su ruptura de los ritmos climáticos habituales, suponen un cierto stress tanto para el medio como para la sociedad, siendo éste tanto mayor cuanto más raro y extremo sea el fenómeno, pudiendo a veces llegar a originar pérdidas irrecuperables o recuperables sólo tras largos periodos de tiempo. En consecuencia, los fenómenos raros y extremos, meramente por su baja frecuencia, por su presencia poco habitual, constituyen también un obstáculo para la sociedad, aunque no sean en sí mismo dañinos ni limitadores. Los consideraremos, pues, obstáculos al mismo nivel que los contemplados dentro de los fenómenos habituales. Y es que, en realidad, los dos tipos de obstáculos tienen muchos elementos en común. Ambos son devastadores para la sociedad durante lapsos de tiempo cortos, ambos son imprevisibles en su acaecimiento, y ambos sorprenden a la sociedad inadaptada para asimilarlos sin perjuicio, aunque en el segundo caso la inadaptación se deba a la rareza de los fenómenos y en el primero a la naturaleza intrínseca de éstos.

Sintetizando todo el conjunto de fenómenos climáticos susceptibles de producirse en un espacio dado, pueden aislarse dos modos fundamentales de actuación del clima sobre la sociedad: la actuación del clima como recurso, que sería el resultado del balance entre el potencial y las limitaciones climáticas, y la actuación del clima como obstáculo, cuando éste presenta fenómenos devastadores, aunque habituales, o cuando adopta posiciones extremas y poco habituales; en este caso hablaríamos de riesgos climáticos. Cada uno de estos dos modos de actuación requiere unas estrategias específicas de gestión y planificación, que son las que permiten la optimización en el empleo de los recursos climáticos del territorio, normalmente, maximizando el potencial climático y tratando de minimizar sus limitaciones y obstáculos.

La aplicación de estos principios generales a Andalucía conduce a un balance bastante positivo entre potencialidades y limitaciones, lo que determina que los recursos climáticos sean una pieza fuerte en la región. A ello hay que añadir, no obstante, la presencia de un cómputo de riesgos también apreciable que, sin mermar el capital de los recursos climáticos, obliga a gestionarlos con el máximo cuidado.

Las potencialidades climáticas de Andalucía son muy numerosas, pero entre ellas conviene destacar la elevada insolación, que se convierte en un recurso esencial para el desarrollo de la vida vegetal, la producción agrícola, el confort humano y, desde luego, el turismo, actividad central de la economía andaluza y en gran medida dependiente de este activo de luz.

Figura 2: Planta Solar de receptor central CESA I, en la Plataforma Solar de Almería

Planta Solar de receptor central CESA I, en la Plataforma Solar de Almería

En estrecha relación con la insolación destaca también la importancia de la radiación solar recibida, que une a los recursos anteriores la disponibilidad de enormes cantidades de energía renovable. La agricultura saca ya abundante partido de esta disponibilidad energética, pero aún no es suficientemente aprovechado este potencial como fuente de energías limpias y alternativas para complementar los recursos energéticos convencionales. Es previsible que en un futuro inmediato el aprovechamiento se haga cada vez más intensivo, aunque no sea más que como contribución a la reducción de nuestros niveles de emisión de gases de efecto invernadero, colaborando así al cumplimiento de los compromisos internacionales contraídos en Kyoto en esta dirección.

También asociado al comportamiento de la insolación y la radiación solar destaca el potencial constituido por la suavidad térmica invernal, que llega a convertirse en un recurso de valor incalculable en las solanas de las cadenas Béticas asomadas al Mediterráneo y en los ámbitos costeros. Los cultivos subtropicales y de primor dan ya buena cuenta de este potencial, así como el turismo. No obstante, se trata de un recurso dotado de una gran variabilidad espacial y muy ligado a la topografía, y sigue sin conocerse su comportamiento con el detalle espacial requerido. Un inventario de los recursos heliotérmicos a escalas topoclimáticas constituiría una pieza muy valiosa de cara a la gestión de los recursos del territorio andaluz y tendría numerosas aplicaciones en el ámbito de la agricultura y la salud, contribuyendo además a diversificar los espacios dedicados al turismo.

De forma más puntual, y no tan general, constituyen también potencialidades importantes el viento y la nieve. El viento adopta valores medios considerables y rachas ocasionalmente muy fuertes en todo el entorno del estrecho de Gibraltar, y en él se asiste en estos momentos a un proceso de cambio en la percepción de este rasgo, de forma tal que lo que hasta ahora constituía la principal limitación para el desarrollo de este territorio, se convierte progresivamente en uno de sus potenciales más destacados. Dicho potencial se actualiza ya en la implantación creciente de parques eólicos que suministran una gran cantidad de recursos energéticos renovables, y en el desarrollo en el litoral de una actividad turística ligada a los deportes de viento, que cada vez más se constituye en la imagen de marca de toda la zona.

Figura 3: Parque eólico (foto por César López)

Parque eólico (foto por César López)

Figura 4: Turismo y windsurf en la playa de Valdevaqueros (Prop. Ayuntamiento de Tarifa)

Turismo y windsurf en la playa de Valdevaqueros (Prop. Ayuntamiento de Tarifa)

La nieve sólo juega un papel destacado en el área de sierra Nevada, donde da pie a la implantación de una estación de esquí y deportes de invierno que encuentra sus mejores bazas en el hecho de ser la más meridional de Europa, lo que comporta el disfrute de la nieve asociada a una suavidad térmica inusitada y a una insolación muy prolongada. Estas grandes ventajas contribuyen a compensar la reducida duración de la época apta para el ski y las incertidumbres asociadas a esta duración de unos años a otros.

Figura 5: Dominio esquiable en Sierra Nevada.

Dominio esquiable en Sierra Nevada.

Las limitaciones climáticas principales se producen en relación con el comportamiento de la precipitación o, más genéricamente, del balance hídrico, destacando tres aspectos particularmente desfavorables. En primer lugar, la importancia de los déficit hídricos, ya puesta de manifiesto a partir de los valores adoptados por el índice de humedad. Además, el desequilibrio intraanual de las precipitaciones, con inviernos abundantemente regados, pero con una sequía estival prolongada e intensa que, al coincidir con la época de máximas temperaturas, exacerba la dureza de sus impactos. Por último, la irregularidad pluviométrica interanual con alternancia de años lluviosos o muy secos que requieren de un proceso de adaptación no siempre fácil.

Todo ello determina que el gran problema climático de la región sea sin duda el agua, a pesar de que los volúmenes medios precipitados en Andalucía no sean tan bajos como se tiende a pensar en ocasiones desde la imagen popular y a pesar de que existan incluso enclaves en los que la precipitación se cuenta entre las más elevadas de España. La gestión rigurosa de este recurso y el respeto y la consideración de los ritmos naturales son fundamentales no sólo para su aprovechamiento sino, además, para poder rentabilizar otro tipo de recursos como el turismo o la agricultura, fuertemente dependientes de estos recursos hídricos.

Frente a esta limitación, cualquier otra pierde relevancia; conviene mencionar, no obstante, los rigores térmicos estivales que se registran en todo el ámbito interior de la región, y que constituyen a veces limitaciones muy importantes para la agricultura y el confort humano, lo que indirectamente revierte en un aumento de los consumos energéticos para hacer frente a este inconfort. La limitación, además, adquiere relevancia especial en el contexto de una amenaza de calentamiento global que en nuestro caso, y si se cumplen los pronósticos cada vez más unánimes en este sentido, nos podría conducir a situaciones muy desfavorables.

En el apartado de los riesgos climáticos también la precipitación se convierte en el agente protagonista. Resultan destacables, por su intensidad y por su carácter general y aplicable a todo el territorio, los riesgos derivados de las precipitaciones intensas, como las inundaciones (ver el mapa de lluvias intensas e inundaciones) o la erosión de los suelos, así como los asociados a su escasez, tales como la sequía (ver los gráficos de sequía). Igualmente relevante es el riesgo de incendios forestales, que, además de su importante dimensión antrópica, se relaciona estrechamente con situaciones atmosféricas muy precisas en las que predominan el fuerte calor, la sequedad ambiental y el desarrollo de vientos intensos. También presenta un carácter generalizado, aunque reviste una importancia mucho menor, el riesgo de aparición de situaciones prolongadas de estabilidad atmosférica, las cuales obstaculizan la dispersión de los contaminantes y propician su concentración. Por último, cabría mencionar la existencia de episodios más puntuales en el espacio y en el tiempo, como los temporales de viento o las olas de calor, que sin duda revisten una importancia mucho menor.

Figura 6: Incendio en El Chaparral (Granada), por Daniel Díaz.

Incendio en El Chaparral (Granada), por Daniel Díaz.

Figura 7: Arroyo de Totalán (Málaga).

Arroyo de Totalán (Málaga).

ANDALUSIAN CLIMATE
Climatic resources in Andalusia

Relations between climate and society

It can be assumed that, in general, the climate is neutral, being the men who, with their activities, give to it a valorative charge converting it in a possitive factor or in a limitation. The truth is that this affirmation is clearly seen considering that also, this valorative charge is quite variable from one moment to another, making natural features traditionally considered limitating become positive or viceversa, as a consequence of technology changes, changes in social behaviour or other phenomenons. In the case of climate, this affirmation is specially truth, and there are good examples in the region that will allow us to ilustrate it along this point. Instead, and even assuming this social responsibility in the evaluation of climate, it's certain that there are some aspects in the climatical behaviour that permit us make a first evaluation of the incidence of climate in the society and also systemize and categorize the knowledge of climate from this point of view.

In that sense, it's convenient not to forget that climate isn't a fixed or static resource, but the result of a variable succession of atmospheric environments, being variability its main feature. But, inside this variability a first distinction can be established between habitual and rare or extreme phenomenons. First ones usually locate around central tendency parameters of the observation series and present an appearing high frequency; second ones are located at the limits of the variability field of the series and present appearing frequencies considerably much lower.

Habitual phenomenons, just because of their high frequency, are the ones that originate their own environment and a specific social response trying to get used to it.
But, instead of this common feature, habitual climatic phenomenons can be very heterogeneus in their impacts. In that sense, there are two basic types of phenomenons: those beneficial or neutral for the environment and the society, making possible its progres and constituting the so-called climatic potential of the region, and those which obstruct that progress. Into the latter ones, we can also distinguish two different types: those acting permanently or nearly permanently making social life difficult and limiting its possibilities, and those that only act during short periods (hours, days...) but in an habitual mode. Among first ones the permanent water scarce that characterizes the big deserts of the world or the scarce of warming energy registered in the poles, can be classified. In both cases human life, resources production or the development of economic activities is permanently difficulted. Among the second ones, for example, are classified tropical cyclones, tornados and other short duration perturbations that move such a volume of energy that they're devastating when they happen. Anyway, once they've happened, the climate recovers its beneficial or neutral face. To disinguish both types of phenomenons, we'll call the first ones limitations because they're exactly limitating climatic characters for the society, and the second ones will be called obstacles, because they play the role of circumstancial barriers that climate impose to society.

Figure 1: Incidence of climate on society.

Incidence of climate on society.

Source: Own production.

Rare and extreme phenomenons, due to their low frequency and their breaking-off habitual climatic rythms, mean some stress for the environment as well as for the society, being bigger as more rare nd extreme the phenomenon, originating some times unrecoverable losses, or recoverable only after a long time. As a consequence, rare and extreme phenomenons, just because of their low frequency, their non habitual pressence, constitute also an obstacle for society, even if they're not harmful or limitating. So we consider them obstacles at the same level of those considered among habitual phenomenons. Both types of phenomenons have many common elements. They're both devastating for society during short periods, both are unpredictable and both surprise the society, unadapted to assimilate them without damage, although in the second case the unadaptation is a result of the rareness of the phenomenons and in the first case of their intrinsic nature.

Sythesizing the set of climatic phenomenons that can take place somewhere, two types of climate's interventions on society can be isolated: the intervention of climate as a resource, being the result of the balance between climatic potentials and limitations, and the intervention of climate as an obstacle, when it presents devastating phenomenons, but habitual, or when it present extreme and rare phenomenons; in this case we'll talk about climatic risks. Each of these intervention modes require specific management and planning strategies, permitting the optimization in the use of climatic resources, normally maximizing climatic potential and trying to minimize its limitations and obstacles.

The application of these general principles to Andalusia brings a positive balance between potentialities and limitations, determining that climatic resources are a strong piece in the region. Anyway, the pressence of appreciable risks, without diminishing the climatic resources capital, force to manage them with extreme care.

Climatic potental of Andalusia are quite numerous, but among them we have to emphasize the high isolation, which as essential resource for the development of vegetal life, agricultural production, human comfort and, of course, tourism, the anadalusian economy central activity greatly depending on this resource.

Figure 2: Central receptor solar plant CESA I, in tha Solar Platform of Almeria.

Central receptor solar plant CESA I, in tha Solar Platform of Almeria.

Closely related with insolation it is also noticeable the high solar radiation received, adding to the previous resources the availability of great quantities of renewable energies. Agriculture already makes an abundant use of this energy availability, but this potential isn't still enough used as clean and alternative energies complementing conventional energetic resources. It is predictable that in the near future the use of it will become more intensive, although it is only as a contribution to the reduction of our greenhouse gasses emission levels, contributing in that way to the international commitments adopted in Kyoto in that direction.

Also associated to the insolation and solar radiation behaviour the potential constituted by the thermal winter softness is also noticeable, becoming a resource of incalculable value at the suntraps of the Betic ranges on the Mediterranean side and at the coasts. The subtropical cultivations are a good example of this potential, as well as tourism. Anyway it is a resource with a great spatial variability and quite joint to topography, and its behaviour isn't still known with the required spatial detail. An inventory of heliothermical resources at topoclimatical scales would constitute a quite valuable piece in the face of the management of the Andalusian territory resources and it would have numerous applications in agriculture and health fields, contributing to diversify the spaces dedicated to tourism.

In a more located way, the wind and the snow also constitute important potentialities. The wind (see wind roses of some andalusian observatories) adopts considerable average values and occasionally quite strong gusts around the Strait of Gibraltar, and nowadays a change in the perception of this feature is taking place, making that what traditionally was the main limitation for the progress of this territory, is becoming progresively in one of its more important potentials. That potential is reflected in the increasing implantation of eolic parks supplying a great amount of renewable energetic resources, and in the development of touristic activities associated to wind sports, which is becoming the brand image of the zone.

Figure 3: Eolic park (photo by César López).

Eolic park (photo by César López)

Figure 4: Tourism and windsurf at Valdevaqueros beach (property of the Council of Tarifa).

Tourism and windsurf at Valdevaqueros beach (property of  the Council of Tarifa)

Snow only plays an important role in the area of Sierra Nevada, where it makes possible the construction of a ski and winter sports station having the advantage of being Europe's most Southern station, what implies the enjoy of snow with an inusual thermical softness and a prolonged insolation. These great advantages contribute to compensate the reduced duration of the season when ski can be practiced and the uncertainty about the duration of this season from one year to another.

Figure 5: Ski domain in Sierra Nevada.

Ski domain in Sierra Nevada.

The principal climatic limitations are related to the behaviour of rainfalls, or more generically, to the hydric balance, standing out three particularly unfavourable aspects. In first place, the importance of hydric deficits, already seen from the values adopted by the humidity index. Also, the intraannual imbalance of rainfalls, with rainy winters, but with a prolongued and intense drought in summer that coincide with the maximum temperatures season, making its impacts much worse. Finally, the interannual pluviometric irregularity, with alternation between rainy and very dry years requiring a not always easy adaptation process.

All that determines that the biggest climatical problem of the region is, with no doubt, water, in spite of the fact that the average values of rainfalls in Andalusia are not as low as in occasions we tend to think, from the popular image of the region and in spite of the fact that some places are among the most rainy locations in Spain. The strict management of this resource and the respect and consideration of natural rythms are fundamental, not only for their use, but also to make profitable other resources like tourism or agriculture, strongly dependant on these hydric resources.

In front of this limitation, any other losses importance; anyway, we should mention summer thermical rigours registered all around the interior of the region, constituting sometimes important limitations for agriculture and human comfort, what indirectly traduces in an increase of energetic consumption to fight this umconfort. The limitation also acquires a special importance in the context of a global warm-up threat, which in our case, and if actual predictions take place, can drive us to quite unfavourable situations.

In the section of climatic risks, also the rainfall becomes the main agent. Risks deriving from intense rainfalls, like floods (see map of intense rainfalls and floods) or soil erosion (see erosivity maps), as well as those associated to its scarce, like droughts (see droughts graphics), are noticeable due to their intensity and their general character applyable to all the territory. Equally important is the risk of forest fires, which, instead of its antropic dimension, is closely related to very precise atmospheric situations on which strong heat, environmental dryness and intense winds are predominant. The risk of prolongued atmospheric stability situations, obstructing the dispersion of pollutants favouring their concentration, also present a generalized character, but having less importance. Finally, we should mention the pressence of more specific in space and time episodes, like strong winds or warm spells, having much lower importance.

Figure 6: Fire in El Chaparral (Granada), by Daniel Díaz.

Fire in El Chaparral (Granada), by Daniel Díaz.

Figure 7: Stream of Totalán (Málaga).

Stream of Totalán (Málaga).