Informe Anual, Medio Ambiente en Andalucía

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Del patrimonio geológico y la geodiversidad a la geoconservación y el georrecurso

El patrimonio geológico puede definirse como el conjunto de elementos geológicos de valor científico, cultural, educativo y/o recreativo, ya sean formaciones y estructuras, formas del terreno o yacimientos paleontológicos y mineralógicos, que permiten reconocer, estudiar e interpretar la historia geológica de una región determinada y los procesos que la modelaron hasta su configuración actual. Es precisamente este registro geológico, que almacena una valiosísima información sobre los climas, los ecosistemas y los paisajes del pasado, el factor que explica la importancia del patrimonio geológico más allá de la dimensión puramente científica.

 

En la declaración y gestión de un espacio natural protegido, el conocimiento geológico del territorio sobre el que se ubica se manifiesta esencial para el establecimiento de sus límites (factores geomorfológicos, hidrogeológicos o litológicos) o la prevención de riesgos e impactos (funcionamiento geotécnico e hidrogeológico del territorio). El considerable valor estético, simbólico, cultural, histórico, afectivo e incluso religioso (algunas de las vertientes desde las que podemos aproximarnos a la gea) de los elementos geológicos y geomorfológicos de un espacio determinado posibilita que éste sea más valorado y apreciado por la sociedad.

 

La conservación del patrimonio geológico, por tanto, debe ser considerada al mismo nivel que la del histórico-artístico, el biológico o el antropológico. No en vano, el registro geológico suele ser equiparado a la “memoria de la Tierra”, un bien común que forma parte inseparable del patrimonio natural y cultural de la humanidad. En la Declaración Internacional de Digne sobre los Derechos de la Memoria de la Tierra, fruto del Primer Simposio Internacional sobre la Protección del Patrimonio Geológico celebrado en 1991 por la UNESCO en la citada ciudad francesa, es definido de la siguiente manera: El pasado de la Tierra no es menos importante que el pasado de la humanidad. Es hora ya de que ésta aprenda a conocerlo; es una memoria anterior a la memoria del hombre y un nuevo patrimonio: el patrimonio geológico.

 

A pesar de que, tradicionalmente, sólo se ha otorgado valor patrimonial a los recursos geológicos no renovables (y por ende, finitos y agotables) por su capacidad para reconstruir el pasado de nuestro planeta, en la actualidad existe cierta unanimidad en incorporar también los renovables, lo que sin duda permite una mayor perspectiva de actuación en pro de su conservación y gestión, más amplia, dinámica y participativa. Los recursos renovables están asociados mayoritariamente al ciclo del agua. Manantiales, playas, deltas o marismas, muy reconocibles y perceptibles, se revelan asimismo muy sensibles a la actividad antrópica debido a la complejidad de los sistemas hídricos que los sustentan.

 

El concepto de geodiversidad hace referencia al número y variedad de estructuras (sedimentarias, tectónicas, geomorfológicos, hidrogeológicas y petrológicas) y de materiales geológicos (minerales, fósiles, rocas y suelos) que constituyen el sustrato físico natural sobre el cual se desarrolla la actividad orgánica y antrópica. Viene determinada por la variedad y riqueza del patrimonio geológico de un territorio en comparación con la de otro.

 

Huellas de dinosaurio en Santiesteban del Puerto

Huellas de dinosaurio en Santiesteban del Puerto

 

El término georrecurso cultural está íntimamente relacionado, pues a mayor diversidad geológica, mayor número de georrecursos susceptibles de aprovechamiento. Un georrecurso sería el elemento (de carácter extraíble o no), conjunto de elementos, lugares o espacios de alto valor geológico, que cumple al menos una de las siguientes condiciones:

 

  • Gozar de un elevado valor científico y/o didáctico que justifique un grado de protección y gestión adecuadas.
  • Ser susceptible de uso y gestión como elemento capaz de incrementar la capacidad de atracción global del territorio en el que se ubica para la mejora de la calidad de vida de la población.

 

Avanzando un paso más, la geoconservación no es más que la conducta -individual y colectiva- que establece un conjunto de estrategias, líneas de actuación y acciones destinadas a la preservación de la geodiversidad de un territorio atendiendo a sus valores patrimoniales. Por tanto, puede definirse como la corriente que apuesta por la preservación del patrimonio geológico y la geodiversidad, supongan o no éstas beneficios económicos inmediatos para el ser humano. Su fin último es la implementación de políticas activas para la protección del patrimonio geológico.

 

Desde esta perspectiva el patrimonio geológico es el conjunto de bienes de carácter geológico que nos ha legado la evolución del planeta, y que, al igual que el zoológico o el botánico, han de conservarse para las generaciones venideras.

 

La geología ecológica comprende el conjunto de disciplinas de las ciencias de la Tierra que estudian, desde la óptica de la sostenibilidad, la relación de los elementos geológicos con el resto del medio natural, incluidas las actividades antrópicas. Se fundamenta en un compromiso ético por la conservación de los recursos naturales de origen geológico, abogando por su valorización con independencia de su valor económico.

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