Informe Anual, Medio Ambiente en Andalucía

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Geodiversidad en Andalucía. Un extraordinario patrimonio a preservar

Monumento Natural Cerro del Hierro

Monumento Natural Cerro del Hierro

El patrimonio geológico andaluz es uno de los de mayor diversidad geomorfológica y paisajística de la vieja Europa. Sus unidades geológicas presentan una gran diversidad paleogeográfica y cronológica que comprende la práctica totalidad de las edades geológicas. Su diversidad litológica es, además, un verdadero compendio de los tipos de rocas existentes, con un excepcional registro fósil, en lo que constituye un tesoro paleoecológico y paleontológico de primera magnitud. En su geo, de elevada diversidad estructural, se advierten también los procesos tectónicos que propiciaron los considerables yacimientos minerales que, a lo largo de la historia, han condicionado el devenir económico de algunas de sus comarcas. No en vano, desde la prehistoria existe constancia de la extracción de estos recursos primarios, lo que ha dado como resultado un rico patrimonio fabril y etnográfico asociado a los recursos minerales de la región.

 

El macizo Hercínico de la meseta es el responsable de la formación de las viejas montañas que se distribuyen por el norte de las provincias de Huelva, Sevilla, Córdoba y Jaén: Sierra Morena. Esta cadena de montañas, originada durante la orogenia Hercínica hace unos 300 millones de años, la componen un conjunto de rocas metamórficas (pizarras, cuarcitas, calizas marmóreas) y plutónicas (granitos) cuyas edades oscilan entre el Precámbrico y el Paleozoico. Se hallan plegadas y estructuradas en bandas de dirección noroeste - sureste, limitadas por importantes fracturas que la dividen en tres grandes zonas: Sudportuguesa (Huelva y norte de Sevilla), Ossa - Morena (Sevilla, Huelva y norte de Córdoba) y Centro- Ibérica (la zona más oriental de Córdoba y Jaén).

 

Valle de Los Pedroches

Valle de Los Pedroches

 

Se trata del relieve emergido más antiguo de Andalucía, sometido durante millones de años a la acción de los agentes erosivos. Es fruto de las fuertes transformaciones (metamorfismo) y deformaciones (pliegues y fracturas) que la orogenia Hercínica sometió a los sedimentos detríticos (conglomerados, arenas y arcillas) y fangos carbonatados, origen de las rocas calizas. Éstas fueron generadas por el depósito de caparazones y esqueletos de organismos marinos en el extenso mar que hace 550 millones de años cubría el sur de Europa. Hace 360 millones de años, durante el Carbonífero, la cuenca marina se colmató de sedimentos, y creó extensos medios pantanosos donde se acumularon importantes cantidades de restos vegetales y carbón. Las rocas resultantes fueron atravesadas por magmas graníticos, ricos en elementos metálicos, originando considerables mineralizaciones.

 

Las Cordilleras Béticas constituyen el primer dominio geológico de Andalucía por extensión. La gran cordillera alpina, originada hace 25 millones de años durante el Mioceno inferior, se extiende desde la provincia de Cádiz por el oeste a la de Almería por el este, incluyendo el sur de las de Sevilla, Córdoba y Jaén, para continuar a levante a través de Murcia, Valencia y Baleares. A través del Peñón de Gibraltar tiene su prolongación por el norte de África. La integran una cadena de montañas muy jóvenes, originada durante el Cenozoico.

 

Sierra de la Contraviesa

Sierra de la Contraviesa

 

En función de la edad, el tipo de roca, la estructura y evolución geológicas, en este dominio se distinguen dos grandes zonas:

  • Zonas Internas: Comprende las sierras más meridionales. Están constituidas en su mayoría por rocas metamórficas antiguas y fuertemente deformadas. Formaron parte de un sector de la corteza terrestre que desde el Mediterráneo se desplazó hacia el oeste hasta colisionar con la Placa Ibérica. Dentro de ella se diferencian tres unidades, que corresponden a otros tantos complejos tectónicos:
    • Complejo Nevado - Filábride. Aflora en las sierras Nevada (Granada-Almería), de los Filabres, Alhamilla y Cabrera (Almería). Está formado por rocas muy antiguas y deformadas, con un basamento de esquistos precámbricos y paleozoicos y una cobertera carbonatada (mármoles), junto a rocas derivadas de la transformación (metamorfismo) de magmáticas (granitos y basaltos).
    • Complejo Alpujárride. Se estructura en varias unidades que incluyen un basamento de esquistos y cuarcitas del Precámbrico - Paleozoico, y una cobertera triásica de filitas, calizas, dolomías y mármoles.
    • Complejo Maláguide. Está compuesto por un basamento paleozoico de lutitas, areniscas, calizas y conglomerados. De manera localizada presenta una cobertera mesozoica y terciaria compuesta principalmente por calizas y margas. Tiene un bajo nivel de metamorfismo.
  • Zonas externas: Corresponden a materiales mesozoicos y terciarios (hasta el Mioceno medio) depositados en el extenso y primitivo mar ubicado al sur del Macizo Ibérico (Placa Ibérica emergida). Posteriormente, durante la Orogenia Alpina, estos materiales se plegaron y fracturaron hasta emerger. Las Zonas Externas se dividen, a su vez, en distintas unidades más o menos coincidentes con los diferentes dominios paleogeográficos.

 

Mientras, el Complejo del Campo de Gibraltar corresponde a una serie de materiales turbidíticos depositados durante el Cretácico y el Terciario en una profunda cuenca marina localizada en una posición intermedia entre las Zonas Externas y las Zonas Internas.

 

Depresión de Fuente de Piedra

Depresión de Fuente de Piedra

Las Depresiones Neógenas, finalmente, se sitúan entre el Macizo Ibérico y las Cordilleras Béticas, cuyos terrenos se formaron en un estrecho que comunicaba el Mediterráneo y el Atlántico. A medida que las montañas béticas fueron ascendiendo este estrecho fue cerrándose, quedando como una bahía del Atlántico que se ha ido retrayendo durante los últimos siete millones de años. Durante la colisión de las Zonas Internas con la Placa Ibérica se inició la emersión de las Cordilleras Béticas. Las áreas más deprimidas quedaron sumergidas bajo el mar, prosiguiendo en ellas la sedimentación.

 

Durante el Neógeno final se formaron depresiones intramontañosas y litorales cuya principal característica es la ausencia significativa de deformación, aunque sí pueden presentar ligeros pliegues originados por fenómenos tectónicos recientes o episodios de actividad volcánica.

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