Informe Anual, Medio Ambiente en Andalucía

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Introducción

Durante más de un siglo de proteccionismo ambiental los valores geológicos han sido los argumentos esgrimidos para la declaración de numerosos territorios en todo el mundo. Fueron precisamente la configuración y procesos geológicos de Yosemite y Yellowstone (Estados Unidos) los factores determinantes que motivaron su declaración como espacios naturales protegidos, los primeros de la Historia en 1864 y 1872 respectivamente. Algo similar ocurrió en España con los parques nacionales de Covadonga y Ordesa a principios del siglo XX.

 

Pero, pese a los innegables avances y logros que en las últimas décadas se han producido en la conservación del medio natural, el geológico ha recibido, en general, una consideración inferior al de otro tipo de patrimonios por parte de legisladores, gestores de espacios naturales protegidos, educadores y la sociedad en general. En las políticas de planificación y gestión ambiental y, sobre todo, en los programas de uso público y atención al visitante -los que más repercusión social tienen- la geología ha ostentado en buena medida un papel casi irrelevante. Salvo excepciones, los georrecursos han sido escasamente utilizados en iniciativas de uso público de carácter turístico, educativo o recreativo.

 

Los georrecursos pocas veces han formado parte del uso público

Los georrecursos pocas veces han formado parte del uso público

En los últimos años se están produciendo numerosas y novedosas iniciativas que tratan de armonizar la conservación y gestión del patrimonio geológico con el desarrollo socioeconómico de las zonas rurales. La tradicional visión de los recursos geológicos como elementos sólidos, líquidos o gaseosos que, en concentraciones adecuadas para su aprovechamiento, están presentes en la corteza terrestre para su explotación, parece felizmente superada.

 

En la actualidad, el patrimonio geológico comienza, por fin, a percibirse como un recurso idóneo que, desde una nueva perspectiva, puede contribuir a la sostenibilidad social y económica en comarcas desfavorecidas. No se erige ahora únicamente en un recurso natural del máximo interés ambiental o científico, sino en un activo que puede ser determinante para el progreso socioeconómico de las zonas rurales, reconociéndose su valor como sustento imprescindible tanto de la biodiversidad que acoge, como de los valores culturales, sociales y económicos que proporciona.

 

 

Tal y como se recoge en la Carta Rural Europea (1996), la puesta en valor de los activos naturales y culturales (incluidos los geológicos) debe constituir uno de los ejes fundamentales de las estrategias de desarrollo sostenible. Esta idea gravita también sobre la Estrategia Andaluza para la Conservación de la Geodiversidad (2003), que contempla la incorporación del patrimonio geológico en las políticas y estrategias de desarrollo sostenible de nuestras zonas rurales, con especial protagonismo en los territorios ambientalmente protegidos.

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