Informe Anual, Medio Ambiente en Andalucía

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Medio Ambiente en Andalucía. Informe 1988

Medio Ambiente en Andalucía. Informe 1988

Cuando se cumplen cinco años desde la creación de la Agencia de Medio Ambiente, la situación medioambiental de Andalucía presenta ya un perfil definido de lo que ha supuesto la labor realizada desde este organismo, cuyo último objetivo se dirige, más allá de acciones puntuales de defensa de la naturaleza, a conseguir la equilibrada integración de los andaluces en su entorno natural.

A grandes rasgos, se percibe un hecho fundamental. La integración de factores medioambientales y socioeconómicos en el proceso de planificación de los recursos naturales de la región ha adquirido un importante peso específico, en relación con las medidas meramente conservacionistas o correctoras de desequilibrios. La política de la Administración andaluza, en este sentido, se va concretando cada vez más en lo que constituye el núcleo de su filosofía de actuación: la búsqueda del progreso socioeconómico y cultural de la población andaluza a partir de la preservación y del conocimiento del patrimonio natural.

Si bien las actuaciones correctoras son fundamentales a la hora de eliminar las amenazas que se ciernen sobre la riqueza natural de la región, no pueden constituir la única referencia de una política medioambiental avanzada. La intensa y continua labor que la AMA ha venido desarrollando en este sentido desde 1984 permite que, una vez superados buena parte de los desequilibrios existentes, se comience a trabajar decididamente, cada vez más, en el reencuentro de los hombres y mujeres de Andalucía con su patrimonio natural, a través de acciones como el ecodesarrollo o la educación ambiental. Con ser importante, la preservación de los recursos y la corrección de deficiencias encuentran su sentido último en el fomento de la calidad de vida de la población, en el contexto de un medio ambiente limpio.

 

Ninguna de las actuaciones correctoras aludidas han perdido el necesario sentido de integración social. Puede citarse a modo de ejemplo el Plan de Corrección de Vertidos Industriales de Huelva, cuyo gran impulso experimentado ha sido posible gracias a la decisiva participación de todos los colectivos implicados y no sólo a una acción exterior y aislada de un organismo público. Idéntica filosofía adoptan los proyectos de recuperación de la Bahía de Algeciras y de todo el litoral que se encuentra en condiciones de degradación; la lucha contra los incendios forestales o el Plan Director de Residuos Sólidos Urbanos, por citar sólo unos ejemplos.

Algunos hechos clave han supuesto, no obstante, un importante salto cualitativo para la ordenación del medio ambiente andaluz en la dirección de una estrategia de mayor complejidad y a más largo plazo. Entre ellos, la entrada en vigor de la Ley por la que se aprueba el Inventario de Espacios Naturales de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección, que constituye un avanzado instrumento jurídico para la gestión de los principales ecosistemas de la Comunidad Autónoma. Esta Ley viene a dar el impulso definitivo en Andalucía al "ecodesarrollo", pilar estratégico de toda política medioambiental eficaz y progresista. La configuración de una completa red de 22 Parques Naturales, así como de su modelo definitivo de gestión, propicia la extensión de las actuaciones de ecodesarrollo ya realizadas en Sierra de Grazalema y Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas a amplias zonas del territorio andaluz que reclaman el progreso social de sus habitantes, a la vez que la conservación de los valores naturales.

Otro punto a destacar es el gran impulso experimentado en el campo de la educación ambiental y de la divulgación del patrimonio natural de Andalucía, el otro pilar fundamental del reencuentro del hombre con la naturaleza. Cabe destacar en este sentido la creación de nuevas Escuelas-Taller de Medio Ambiente, y los programas para consolidar unas redes de Aulas de Naturaleza y Centros de Recepción e Interpretación de cubran las necesidades de todo el territorio andaluz.

En resumen, ante el reto de la decisiva década de los 90, puede decirse que el medio ambiente en Andalucía entra en una nueva fase, en el contexto de una Europa que, tras siglos de vivir de espaldas a la naturaleza, vuelve a aunar progreso y respeto al entorno natural. De todas formas, una política medioambiental eficaz no puede dirigirse eternamente a "parchear" las deficiencias que generan los irracionales sistemas productivos y educativos. Es la hora del ecodesarrollo y de la educación ambiental. El pueblo andaluz, que suficientes muestras de convivencia con el medio natural ha dado a través de la historia, tiene mucho que decir en estos aspectos.

 

Tomás de Azcárate y Bang
Director de la Agencia de Medio Ambiente

 

 

 

 

Desde hace algunas décadas, el hombre se está cuestionando la conveniencia de lograr el crecimiento socioeconómico desde modelos y tecnologías que no han tenido en consideración todas las leyes de la naturaleza. Se insiste, una y otra vez, en la existencia de una cierta incompatibilidad entre crecimiento y medio ambiente. El actual modelo de crecimiento económico, con independencia de que este se desarrolle en economías de mercado o de planificación central, no ha tenido en consideración, de manera eficaz y ante sus impactos, que la naturaleza tiene una capacidad de absorción que no es ilimitada. Así, los procesos que aquella producía antes "gratuitamente", ahora tienen que ser completados o sustituidos por procedimientos tecnológicos humanos de alto coste. Una atmósfera limpia, la garantía de renovabilidad de los recursos naturales, la minoración de las externalidades provocadas por los procesos productivos en forma de daños a la salud humana, pérdida de productividad de nuestros recursos agrarios, daños irreparables a nuestra flora y fauna, etc..., son ya hoy tan sólo posible y en muchos casos, tras la intervención correctora del hombre, al haber perdido la naturaleza, por la grave ruptura de los procesos ecológicos que la propia intervención del hombre y de su aparato productivo ha ocasionado, su capacidad de autodepuración y autorregeneración.

La naturaleza era y es un factor de producción susceptible de agotamiento, y por tanto su consumo debe ser tenido en consideración a la hora de determinar las tasas de crecimiento o los métodos para alcanzarlo. De lo contrario las externalidades que conlleva un modelo de crecimiento que ignora este hecho, tarde o temprano, habrá de hacernos pagar caro los beneficios que hoy obtuviésemos de él. De la naturaleza, a igual que con el capital, es una buena política vivir de sus flujos y no de sus stocks. De lo contrario estaríamos "descapitalizándola", o lo que es lo mismo agotándola.

El medio ambiente ya no puede ser considerado un bien libre, salvo que queramos crecer a costa de consumir únicamente capital ecológico o trasladar sus costes a las futuras generaciones. Todos los modelos económicos existentes, cualesquiera que sea el sistema de organización del poder político en el que se inserte, concibieron la capacidad productiva del medio ambiente como un factor de producción cuyo uso carecía de costo. La carencia en los modelos económicos vigentes de mecanismos eficientes de asignación de recursos para los bienes naturales, función que en las economías de mercado tiene asignado el sistema de precios y en las economías de planificación central pudiera desempeñarlo los límites u objetivos definidos para las metas de crecimiento económico, ha llevado a todo el aparato productivo, tecnológico y consuntivo de estos modelos de crecimiento actuales a sobreexplotarlo, teniendo hoy que pagarse a un alto precio las consecuencias de aquella imprevisión o error de planteamiento. No puede, pues, extrañar el que los modelos de crecimiento utilizados hasta la fecha, al elegir sus técnicas hayan tendido a usar las más consumidoras de bienes medioambientales, pues dichos modelos no asignaban coste alguno a dicha utilización, al considerarlos bienes libres o ignorar los costes de su agotamiento o regeneración.

Así pues, en la casi totalidad de los problemas medioambientales subyacen, en la actualidad, causas que tienen su origen en el modo en el que el hombre se relaciona con la naturaleza, apropiándose de sus recursos, ubicando en ella sus actividades, depositando sobre ella sus desechos, etc... Dicho modo de relacionarse e intercambiar productos entre el hombre y producidos por el hombre, se hace independiente tanto de la forma política que adopte la sociedad, como del grado de desarrollo alcanzado por las mismas. Tendrán contenido y consecuencias distintas, pero tan contaminante son las potentísimas centrales térmicas productoras de lluvias ácidas de las sociedades industriales desarrolladas, como lo es en impacto que ocasiona la tala abusiva de bosques en los países subdesarrollados empujados a este hecho por sus perentorias condiciones de vida. De igual manera, las consecuencias idénticas de la contaminación ocasionada por vertidos industriales en el lago Michigan o en el lago Baikal, se hacen independientes de la naturaleza política de los países que la ocasionan.

La incorporación a la política de protección y conservación de la naturaleza de estos puntos de vistas, hacen insuficiente las viejas opciones de conservación nacidas de compromisos éticos o morales para con la misma. El medio ambiente, en la medida que se está constituyendo en un imperativo económico, -es en él donde el crecimiento económico y el desarrollo social está encontrando en la actualidad su más estrecho límite-, halla en la economía el origen de sus problemas, pero también la posibilidad de su solución. No es suficiente crear espacios cerrados de conservación y olvidar el resto, considerándolo el precio inevitable a pagar por el crecimiento económico. Políticas, por ejemplo, de parques naturales perfectamente protegidos no pueden ser coartadas para permitir políticas industriales altamente contaminantes. La existencia de lo primero no puede ser razón para admitir lo segundo. De ser así, además de no haber comprendido la verdadera naturaleza de estos problemas, tan sólo serviría para adormecer malas conciencias sociales. Una política de conservación de la naturaleza, para que sea eficaz ha de ser construida como un todo y teniendo como núcleo de su concepción las razones arriba dadas.

Por lo tanto, proteger una especie animal amenazada, regenerar un sistema de alto valor ecológico, corregir los desequilibrios medioambientales ocasionados por los vertidos de un polígono industrial, restaurar un paisaje dañado por el abuso especulativo del suelo, sanear una cuenca hidrográfica, recuperar para el bosque terrenos de agricultura marginal, y tantos otros hechos que tienen que ver con los problemas del medio ambiente, deben ser concebidos como un todo y sus alternativas también. A igual que en la naturaleza no se dan fenómenos aislados, sino que todo es un todo, la política medioambiental debe ser igualmente entendida.

Estos puntos de vistas han sido, afortunadamente, asumidos progresivamente por importantes organismos internacionales concernidos por la materia. Caben destacar, de entre ellos, a la O.N.U. que los viene asumiendo desde la Conferencia de Estocolmo (1972), pero sobre todo en su informe "Nuestro Futuro Común" (1988), la C.E.E., sobre todo en su Cuarto Programa para el Medio Ambiente (1987-1992) y la O.C.D.E. en sus últimos infórmenes sobre el Estado del Medio Ambiente en los países que pertenecen a esta organización. Nuestra Comunidad Autónoma, cada vez más decididamente, va construyendo su política medioambiental teniendo como marco de sus diagnósticos y de sus alternativas esta manera de entender los problemas medioambientales. El Informe sobre el Medio Ambiente en Andalucía de 1988, que el lector tiene en sus manos, es una buena prueba de ello.

Efectivamente, en el análisis y resumen de la política de medioambiente en Andalucía que supone este Informe, se da buena cuenta de las razones de nuestros graves problemas medioambientales, así como se intenta un esfuerzo sistemático de valoración y cuantificación. La primera parte del Informe, a través de sus cuatro monografías, intenta buscar aquellas razones históricas que explican el estado de nuestro medioambiente, así mismo quiere ofrecer una visión de como es percibido por la sociedad andaluza. También queda recogido en ellas las innovaciones importantes, que en materia de protección de espacios naturales, se ha producido en nuestra Comunidad configurándose ésta como una verdadera política de desarrollo socioeconómico. El Sistema de Información Ambiental de Andalucía, cuya descripción se ofrece también en esta parte, es un buen ejemplo de innovación en el análisis de los problemas medioambientales y de incorporación de las nuevas tecnologías a la solución de los mismos.

La parte segunda del Informe constituye un importante esfuerzo de sistematización de datos estadísticos de interés medioambiental, así como un riguroso análisis pormenorizado del estado de nuestros recursos naturales, los impactos que sobre ellos provocan las actuaciones del hombre y un relato de las políticas implementadas por la Administración Autonómica referidas al medioambiente con el objetivo de preservarlo o regenerarlo.

Creemos que este Informe, y los que hayan de venir en el futuro, será una herramienta útil para seguir construyendo una política de medioambiente acorde con la demanda de las sociedades modernas. A tal finalidad sumamos hoy nuestro grano de arena.

Juan Antonio Barragán Rico
Director General de Planificación de la Agencia de Medio Ambiente

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