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En la oficina

Buenas prácticas genéricas en las oficinas

Buenas prácticas genéricas en las oficinas

En las Oficinas o locales donde lleves a cabo tu actividad, puedes aplicar sencillos consejos o buenas prácticas que te permitirán ahorrar energía, agua y gestionar eficientemente los recursos y residuos.

Difúndelas entre tus trabajadores para lograr un compromiso común en la lucha contra el cambio climático.

Ahorro de energía - Climatización
  • Un buen aislamiento de las paredes y techo de las oficinas puede conllevar ahorros energéticos y económicos de hasta un 30% de calefacción en invierno. Con una capa de 3 cm. de corcho, fibra de vidrio o poliuretano se adquiere la misma capacidad aislante que un muro de piedra de un metro de espesor, evitarás las pérdidas de calor por las paredes y a la vez actuará como pantalla insonorizadora. Un local mal aislado en invierno necesita más energía, se enfría rápidamente y puede tener condensaciones en el interior, mientras que en verano se calienta más y en menos tiempo. Considéralo.

    Cuando no sea posible realizar estos revestimientos, otros modos de aislamiento es utilizar métodos sencillos como la silicona, la masilla o el burlete, con los que se pueden disminuir las infiltraciones de aire, y con ello limitar las pérdidas de calor en invierno entre un 5% y un 10% de energía. En verano, el aislamiento puede llegar a suponer hasta el 15 % de ahorro en las oficinas con aire acondicionado. En marcos y acristalamientos, puedes utilizar láminas adhesivas de material plástico transparente para reducir también las pérdidas de calor (si se colocan en el interior) o las ganancias (si se colocan en el exterior).

  • Incentiva un buen uso de sistemas pasivos de protección frente a la radiación solar: toldos, persianas y cortinas. Si se cierran las persianas y corres las cortinas al finalizar la jornada, se evitarán pérdidas importantes de calor en las noches de invierno. Y en verano, se reducirá el calentamiento de la oficina si se bajan las persianas en las horas de mayor temperatura.

    Si vas a cambiar las ventanas del local, considera que la calidad del vidrio y el tipo de marco condicionará su aislamiento térmico.

    • Durante el invierno, a través de un cristal simple se pierde, por cada metro cuadrado de superficie, la energía contenida en 12kg de gasóleo. Sin embargo, con un sistema de doble cristal o doble ventana se pueden reducir prácticamente a la mitad la pérdida de calor con respecto al acristalamiento sencillo.

    • En cuanto al tipo de marco, son de destacar las de perfiles de aluminio con rotura de puente térmico, que contienen material aislante entre la parte interna y externa del marco. Será necesario realizar una inversión inicial, pero reducirá notablemente la energía perdida y compensará a largo plazo.

  • Promueve el hábito de utilizar los dispositivos de climatización de manera adecuada, optimizando la energía que consumen. En muchas ocasiones se encienden cuando están las ventanas y las puertas de despachos abiertas o continuan encendidos cuando no son necesarios o no queda nadie en la oficina. Solicita a los trabajadores que apaguen los equipos al salir del trabajo o cuando no se están usando. También se pueden programar para que funcionen exclusivamente en la jornada laboral, dejarlos funcionando por la noche, sin haber nadie en la oficina, es un despilfarro energético fácilmente evitable.

    En ocasiones, se puede evitar el uso del ventilador con corrientes cruzadas de ventilación natural. La función de ventilación del aparato de aire acondicionado por sí sola, o el uso de ventiladores preferentemente de techo, puede ser suficiente para mantener un adecuado confort y para conservar el frío, siendo capaces de reducir hasta 3 grados la sensación térmica.

  • Recomienda que siempre se ajuste la temperatura del acondicionador al valor más alto posible que sea compatible con el bienestar. Cada grado más frío supone entre un 6 y un 8% más de consumo de energía. Lo mismo ocurre para la calefacción. Recomienda que al encender el aire acondicionado, no se ajuste el termostato a una temperatura más baja de lo normal porque no enfriará antes, pero sí consumirá más energía. El termostato es la mejor manera de controlar la calefacción y por tanto el consumo energético, permitiendo ajustar la temperatura deseada según las necesidades específicas. De esta forma se evitará el despilfarro que ocurre cuando se abren las ventanas en invierno porque la temperatura es excesiva. Si el termostato es programable, se ajustará la temperatura según franjas horarias y se apagará automaticamente al acabar la jornada. Aunque suponga una inversión inicial, considéralo porque podrías ahorrar mucho dinero al cabo del año.