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Inicio > Boletín de Gestión del Medio Natural y Espacios Protegidos. Noviembre 2017. Nº 5 > Forestal

Criterios de corta del arbolado de pinus pinea afectados por el incendio de Las Peñuelas

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Ejemplar en situación de inestabilidad.

La disposición de herramientas para predecir la probabilidad de mortalidad de árboles parcialmente afectados tras un incendio forestal es crítica para la gestión y evaluación de áreas incendiadas. Por ello es esencial disponer de análisis de “árbol de clasificación” para modelar esta probabilidad, con el objetivo de aportar reglas a los gestores para la toma de decisiones sobre la corta o no de la madera afectada por incendios forestales. 

En Europa existen pocos estudios sobre la supervivencia al fuego de la mayoría de las especies forestales y, en concreto, es muy escasa la información relativa a nivel nacional o cuenca mediterránea que arroje datos específicos de mortalidad tras incendio de Pinus pinea L., la especie que ha contado con mayor grado de afección en el incendio de Las Peñuelas que tuvo lugar el pasado mes de junio. 

La capacidad para sobrevivir al fuego depende fundamentalmente de aspectos como la protección de los tejidos vivos que subyacen a la corteza, la intensidad del fuego, el grado de afección a la copa y de la capacidad de reconstrucción de tejidos que tenga el árbol, así como de la presencia o no de ataque de escolítidos tras el incendio.

La supervivencia, por tanto, está influenciada tanto por las características del fuego como por las del tronco y copa, que interactúan durante los incendios y determinan el daño producido a los tejidos vivos. 

Diversos estudios han demostrado que el espesor de la corteza, así como el grado de afección de la copa son los factores más importantes que afectan a la resistencia de los árboles al fuego. De hecho, el grosor de la corteza y la estructura de copas altas y sin ramas son factores de adaptación clave en muchas plantas que crecen en ecosistemas propensos a los incendios y, por lo general, se cita como la principal ventaja adaptativa que determina la supervivencia de los árboles en fuegos intensos.

Ejemplar con más de dos tercios de copa afectada.

El pino piñonero (Pinus pinea L.) es una conífera autóctona de la familia de las Pináceas muy común en la cuenca mediterránea y especialmente en Andalucía, donde se localiza fundamentalmente en zonas arenosas litorales, así como sobre batolitos graníticos de Sierra Morena. 

Es una especie cuya principal adaptación al fuego es su gruesa corteza. Su supervivencia al fuego es muy variable, pero los datos existentes apuntan a una mayor resistencia al fuego en comparación con los restantes pinos de la cuenca mediterránea. Sin embargo, no presenta, como es el caso de otros pinos mediterráneos, serotinia, carácter que favorece la dispersión de semillas de los conos tras un incendio, circunstancia que limita la potencialidad de autosucesión de la comunidad vegetal. En cualquier caso, a pesar de que hay muchos estudios de crecimiento, producción de madera y fruto y sobre la regeneración natural de esta especie, hay pocos relativos a sus adaptaciones al fuego.

Por otra parte, en experiencias similares de otros incendios, se ha evidenciado que los pinos piñoneros afectados suelen evolucionar de forma regresiva en episodios de incendios de alta intensidad. Así, es frecuente que con el paso del tiempo se de un fuerte decaimiento y mortalidad en ejemplares que, en un primer momento, no parecían demasiado afectados por el fuego.

En algunos análisis y ensayos realizados para el Pinus pinea, se ha constatado que fuegos de intensidad elevada (como es el caso que nos ocupa en la práctica extensión superficial del área recorrida por las llamas) y con altura de llamas de unos 4 metros (en el incendio de Las Peñuelas se superaron con creces estos valores) suelen conllevar a una alta probabilidad de mortalidad de arbolado para todos aquellos pies con diámetros normales inferiores a 40 centímetros.

Por todo ello, y con la finalidad de fijar criterios de corta básicos y objetivos a nivel de pie individual, se han consultado estudios y publicaciones del Centro de Investigación Forestal Lourizán (en Pontevedra), y en particular los llevados a cabo por José Antonio Vega Hidalgo. Este trabajo persigue la obtención de indicadores fácilmente medibles en campo y estimadores de probabilidad de supervivencia de individuos afectados por incendios.

Una vez analizadas dichas publicaciones específicas para el Pinus pinaster, y dado que la revision bibliográfica apunta a una mayor resistencia al fuego del Pinus pinea en comparación con los restantes pinos de la cuenca mediterránea, se fijan los siguientes criterios de corta de pies de pino piñonero afectados por el incendio:

  • Se cortarán todos los ejemplares que tengan más de dos tercios de la copa afectada por el fuego, salvo el porcentaje que se determine como arbolado residual por su efecto percha.
  • Se cortarán los ejemplares con menos de dos tercios de la copa afectada por el fuego siempre que presenten alguna de las siguientes circunstancias:

  1. Las acículas verdes presentes en la copa tenga puntisecado generalizado.
  2. Tengan algún síntoma característico de plaga o presencia de insectos perforadores o ataques de escolítidos.
  3. Tenga la base del tronco con alto grado de afección.
  4. Presenten espesores de corteza menor de 2 cm y con alto grado de afección a nivel cortical.
  5. Presenten daños de podredumbre en el tronco.
  6. Ejemplares en situaciones de inestabilidad, presencia de raíz o tocón descalzado por pérdida de suelo y/o proceso de erosión.

Ejemplares con más de dos tercios de copa afectada y menos de dos tercios.

En consecuencia, aquellos ejemplares con más de un tercio de copa viva que no presente alguno de los rasgos comentados anteriormente se conservarán para ir valorando su evolución e intervención en actuaciones futuras. Destaca el hecho de que no suele ser conveniente aplicar un criterio demasiado conservador en el mantenimiento de pies parcialmente afectados por incendios de alta intensidad y severidad, como es el caso del incendio en Doñana, ya que la evolución de esta masa residual afectada suele ser  regresiva, muriendo en poco tiempo la mayor parte de los ejemplares parcialmente afectados. 

Por otra parte, el fuego debilita a los árboles que logran sobrevivir en un primer estadío y los convierte en un sustrato ideal para el desarrollo de algunas especies de insectos perforadores (Tomicus, Ips, Orthotomicus, etc.) que pueden llegar a convertirse en plaga y atacar al arbolado cercano, acrecentando así los daños iniciales causados por las llamas.

Por ello, las labores de corta deben entenderse como actuaciones para facilitar la  regeneración la masa arbolada, ya que desde el punto de vista de sanidad vegetal es preferible rejuvenecer o renovar una masa a mantener ejemplares debilitados que puedan ser objetivo fácil de los insectos perforadores a corto o medio plazo, pudiendo convertirse en plaga forestal e incidir  sobre una mayor extensión de vegetación que la afectada por el propio incendio. 

Por último, cabe destacar que dada la gran extensión del incendio, el plazo de tiempo para poder acometer la total restauración del área afectada y, sobre todo, a la inexistencias a nivel andaluz y para Pinus pinea de herramientas o indicadores para predecir la probabilidad de mortalidad tras incendio forestal, sería necesario llevar a cabo estudios y valoraciones en este sentido, de forma que puedan ser evaluados y contrastados dichos criterios. Este seguimiento permitirá modificar los criterios de actuación futuros en el caso de que así se aconseje, propiciando un entorno de toma de decisión adaptativa en función de los resultados.  

 

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