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Vías pecuarias y corredores verdes

El significado actual de las vías pecuarias

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Actualmente casi se ha perdido la tradición de trashumar a pie las grandes distancias, para las que hoy se embarca el ganado en camiones o en ferrocarriles. Otras veces se emplean métodos combinados (distancias hasta de quince o veinte jornadas a pie, dos o tres jornadas hasta la estación de ferrocarril, etc.), entre la trashumancia a pie y otros desplazamientos varios, bien entre provincias o comarcas colindantes, bien entre pastos y rastrojeras de un mismo término municipal. En la actualidad, se siguen haciendo a pie desplazamientos desde Extremadura y las áreas en torno a Talavera y Plasencia hasta la Sierra de Gredos; desde Sierra Morena a las de Cazorla, Segura y Alcaraz, entre Teruel y Castellón, entre Teruel y Sierra Morena Oriental, entre la ribera del Aliste y Sanabria, desde las Bárdenas Reales a la ribera del Ebro y el valle del Roncal, en el Pirineo, en Sierra Nevada… Según la Ley de 23 de marzo de 1995 se entiende por vías pecuarias las rutas o itinerarios por donde discurre o ha venido discurriendo tradicionalmente el tránsito ganadero.

Las vías pecuarias, atendiendo a sus dimensiones, se denominan cañadas, cordeles o veredas, siendo su anchura máxima: las primeras 75 metros, los segundos de 37,5 metros, y no superando los 20 metros las terceras.

Junto a estos caminos se sitúan los abrevaderos, descansaderos y majadas, asociados al tránsito ganadero. Estas vías principales articulaban el espacio y se conectaban entre sí a través de otras de anchura inferior llamadas ramales o coladas.

A lo largo de la historia de España, y por tanto de Andalucía, las vías pecuarias han jugado un papel importante en la evolución de las relaciones sociales y económicas en el medio rural, y especialmente, en todo lo que se refiere al manejo de la cabaña ganadera y a la industria derivada de la misma.

Es sabido que la antigua problemática arrastrada por las vías pecuarias (disputas sobre jurisdicciones, acotamiento de heredades rústicas, impuestos de tránsito, servidumbres, etc.) se ve acrecentada en la historia reciente por el crecimiento, a veces espontáneo, de los núcleos urbanos.

En otros casos la ocupación se realiza a través de la superposición de una infraestructura viaria (carreteras de diversa jerarquía, caminos, conducciones, etc.), tendidos eléctricos y telefónicos, líneas de ferrocarril y canales, sobre una vía preexistente. Ejemplos claros de ello los encontramos en algunos tramos de cañadas de la Vega de Sevilla, donde se llegan a superponer tres infraestructuras de forma paralela sobre la vía pecuaria (ferrocarril Sevilla-Madrid, Canal del Bajo Guadalquivir y carretera SE9001 en las cercanías de Guadajoz). En estos casos, la ocupación operada es del todo irreversible, y mucho más de la que suponen las ocupaciones agrícolas. La reutilización operada, en concreto, como red viaria no se ha complementado con la actividad ganadera ya que la renovación del firme (poco adecuado para pasos de ganado) o la ausencia de márgenes o pasos inferiores para tal fin, han hecho impracticables esas arterias de tráfico para sus fines primigenios.

Junto a todo lo anterior, la intensificación de la agricultura (o la localización de instalaciones ganaderas, industrias, hoteles, restaurantes, gasolineras, vertederos incontrolados, etc.), unido al retroceso significativo de la ganadería y a sus nuevos sistemas de manejo y conducción, provocan el declive de estos caminos seculares, que son ocupados longitudinalmente y, en la mayoría de los casos, de manera transversal, rompiendo con ello la posibilidad de tránsito a través de los mismos y, por ende, toda posibilidad de uso.

Abre nueva ventana: Superposición de infraestructuras (tendido eléctrico y ferrocarril) sobre vía pecuaria

Abre nueva ventana: Veredón de los Frailes 1956-1995

El Veredón de los Frailes, a lo largo de más de un kilómetro de la Cañada Real Soriana en el término municipal de Córdoba. La imagen superior se corresponde con su situación en 1956 (foto aérea del vuelo de este año a escala 1:30.000), y la inferior es la situación que presenta en 1995 (vuelo Andalucía en color 1:60.000). Se puede apreciar como el crecimiento urbano espontáneo ha colmatado completamente la vía pecuaria.

Finalmente, a ello se une el abandono, la inexistencia de deslindes y la falta de recursos, tanto humanos como materiales (para su vigilancia y conservación), que han permitido que estos terrenos, que nadie reivindicaba, hayan sido vistos como algo que podía ocuparse fácilmente.

Este cúmulo de circunstancias ha creado en estos bienes de dominio público un marasmo que era mal resuelto por el instrumento jurídico con que se contaba antes de la entrada en vigor de la Ley de 1995.

En efecto, la Ley 22/1974, de 27 de junio, y su Reglamento de desarrollo, inspirándose en la regla de la no inmatriculación de los bienes de dominio público, sólo conseguían que las Administraciones Públicas se encontrasen en la práctica ante el Registro de la Propiedad en un plano de indefensión. De tal modo esto es así que, ante conflictos de ocupación llevados a los tribunales, reiteradas sentencias se expresan siempre en el mismo sentido: hay que deslindar, amojonar y señalizar convenientemente la vía pecuaria. Por otro lado dicho texto legal amparaba situaciones de ocupación dado que, en su propia Exposición de Motivos, al reconocer que dichas vías ya no contaban con su función original, parecía oportuno "facilitar el cambio de utilización de estos terrenos, en la medida en que resulten innecesarios para el cumplimiento de su función primitiva, bien mediante su aplicación a la satisfacción de las nuevas necesidades, bien mediante su conversión en valor dinerario". De esta manera, el Título II del mencionado texto legal no es otra cosa que la regulación de la enajenación de aquellas vías innecesarias, o la disposición final de la misma, el vehículo mediante el que se facilitaba la usurpación siempre y cuando era preciso respetar los derechos adquiridos en los terrenos ocupados a la hora de aplicar la normativa en cuestión. En este sentido, ya era cuestionable el precepto de imprescriptibilidad en la legislación anterior a 1974.

En el artículo 1.959 del Código Civil ya se afirma la prescriptibilidad de las vías pecuarias por el transcurso del plazo de treinta años, posibilidad que anteriormente también recogieran el Real Decreto de 1924 (las vías pecuarias no son reivindicables cuando se hayan legitimado por el derecho adquirido artículo 1º -lo que sucede cuando su ocupación se produzca durante treinta años artículo 9ª), o los Decretos de 1931 y 1944, antecedentes más inmediatos de la Ley de 1974.

Así, con la Ley 3/1995, de 23 de marzo, el legislador opta por la posibilidad de inscribir las vías pecuarias en el Registro de la Propiedad una vez hayan sido deslindadas, de tal modo que el deslinde aprobado no sólo declarará la posesión, sino también la titularidad demanial a favor de la Comunidad Autónoma que lo realice. En el procedimiento se habrá de dar audiencia a los Ayuntamientos correspondientes, a los propietarios colindantes, previa notificación, y a las organizaciones y colectivos interesados, cuyo fin sea la defensa del medio ambiente. Los intereses particulares, por otra parte, quedan tutelados por la posibilidad de recurrir jurisdiccionalmente la resolución que apruebe el deslinde. Así pues, la nueva ley proporciona elementos más que suficientes para enfatizar el carácter de bienes de dominio público que poseen las vías pecuarias, al tiempo que obliga a las Comunidades Autónomas a que en su desarrollo reglamentario éstas ejerzan plenamente las potestades administrativas para defender su integridad, su protección y su conservación, garantizando el uso público de las mismas tanto cuando sirvan para facilitar el tránsito ganadero como cuando se adscriban a otros usos compatibles o complementarios, recuperando para ello los itinerarios tradicionales.

En este sentido, la realización de inventarios de dichos caminos tradicionales, ayudados de las fuentes documentales correspondientes, o el uso de técnicas de reconocimiento espacial como la fotografía aérea puede ayudar a tal fin.

Cañada Real de Medellin

Estado actual de la Cañada Real de Medellín. La imagen de la derecha corresponde con actuaciones de particulares (Asociaciones de vecinos del término municipal de Bormujos -Sevilla) emprendidas para la mejora de la cañada. La imagen de la izquierda es la misma cañada real en su recorrido, al otro lado de la carretera A474, sin que se le hayan efectuado actuaciones.

Estado actual del cruce del río Pudio, entre la Cañada de Medellín y la Vereda de Sevilla al Rocío. Destaca en las imágenes el estado de deterioro del puente romano y del entorno.

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