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Árboles y arbustos de Andalucía

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Año de publicación: 1996

  1. Introducción
  2. PINSAPO (Abies pinsapo Boiss.)
  3. PINO PIÑONERO (Pinus pinea L.)
  4. PINO LARICIO O SALGAREÑO (Pinus nigra A.)
  5. ENEBRO DE LA MIERA (Juniperus oxycedrus L.)
  6. SABINA MORA (Juniperus phoenicea L.)
  7. ENCINA MERIDIONAL (Quercus rotundifolia Lam.)
  8. ALCORNOQUE (Quercus suber L.)
  9. QUEJIGO (Quercus faginea Lam.)
  10. MELOJO (Quercus pyrenaica Willd.)
  11. QUEJIGO O ROBLE ANDALUZ (Quercus canariensis Willd.)
  12. MADROÑO (Arbutus unedo L.)
  13. MAJUELO (Crataegus monogyna jacq.)
  14. ROSAL SILVESTRE (Rosa canina L.)
  15. CEREZO DE SANTA LUCIA O DE MAHOMA (Prunus mahaleb L.)
  16. ALGARROBO (Ceratonia siliqua L.)
  17. MIRTO O ARRAYAN (Myrtus communis L.)
  18. ARCE GRANADINO (Acer granatense. Boiss)
  19. LENTISCO (Pistacia lentiscus L.)
  20. CORNICABRA (Pistacia terebinthus L.)
  21. ACEBUCHE (Olea europaea var. sylvestris)
  22. ROMERO (Rosmarinus officinalis L.)
  23. DURILLO (Viburnum tinus L.)

Introducción

Andalucía ocupa una posición estratégica entre el continente africano y europeo, el mar mediterráneo y el océano Atlántico que unido a su peculiar orografía y geología, ha dado lugar a una gran diversidad floristica. Si España es el país de Europa con mayor número de endemismos (727 especies), en Andalucía se encuentran más de la mitad (551 especies).

 

La mayor parte del bosque andaluz es mediterráneo, formado por alcornoques y encinas, con un sotobosque muy rico en especies como lentiscos, mirtos, zarzas, romero, madroño, durillo, etc., y donde se asientan comunidades animales de alto valor ecológico como el buitre negro, águila imperial y vertebrados tales corno gineta, lobo o lince.

 

Los bosques mediterráneos desempeñan funciones irremplazables en el mantenimiento de la fertilidad de los suelos y en su protección contra la erosión, en la regulación del clima y la epuración y reciclado de los contaminantes vertidos a la atmósfera y a las aguas. Todo esto unido a la acusada fragilidad de los ecosistemas mediterráneos ponen de manifiesto la inminente necesidad de protección de bosques y su flora asociada. En Andalucía la protección de espacios naturales cubre en parte esta necesidad, sin embargo, esta medida es insuficiente y paralelamente se emprenden otras actuaciones complementarias de proteeción de especies independientemente del espacio donde se encuentren, como creación de jardines botánicos, bancos de germoplasma vegetal, pequeñas reservas genéticas, regulación de las actividades recolectoras e intervención en momentos críticos.

 

El Mediterráneo ha estado sometido a grandes alteraciones de clima, oscilaciones del nivel del mar y de posición de las masas continentales. En el Mioceno medio (hace 15 miIIones de años) el clima era más cálido y húmedo que el actual, permitiendo la expansión de una vegetación subtropical, como la laurisilva, pero parece que ya existían los antepasados de las plantas escierófilas, aunque relegados a los crestones rocosos y solanas mis térmicas y secas de las montañas. En el Plioceno (4'5 - 4 millones de años) aumentó la aridez, que permitió que los elementos primitivos mediterráneos pudieran perfeccionar sus adaptaciones xeromorfas.

 

Andalucía ocupa una posición estratégica entre el continente africano y europeo, el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, que unido a su peculiar orografía y geología, ha dado Jugar a una gran diversidad floristica. Si España es el país de Europa con mayor número de endemismos (727 especies), en Andalucía se encuentran más de la mitad (551 especies).

La mayor parte del bosque andaluz es mediterráneo, formado por alcornoques y encinas, con un sotobosque muy rico en especies como lentiscos, mirtos, zarzas, romero, madroño, durillo, etc., y donde se asientan comunidades animales de alto valor ecoiógico como el buitre negro, águila imperial y vertebrados tales como gineta, lobo o lince.

 

Durante las fases glaciales e interglaciales del Cuaternario desaparecieron los bosques de laurisilva circunmediterraneos y migraron gran cantidad de plantas de Oriente. las pequeñas poblaciones que quedaron aisladas evolucionaron de distinta forma, unas independientemente, dando lugar a gran número de especies endémicas, otras conservaron sus características genéticas, como son las especies boreo-alpinas presentes en nuestra flora, y por último, otras poblaciones se adaptaron a las nuevas condiciones climáticas en un proceso de especiación.

 

La mayor parte de la Península y Baleares tiene un clima mediterráneo, en el que la principal característica es la existencia de un periodo de sequía estival MAS 0 menos pronunciado, con unas precipitaciones muy irregulares el resto del año. La vegetación propia de este clima presenta una serie de adaptaciones observables en todas las regiones de clima mediterráneo como California, centro de Chile, región de El Cabo y sudoeste de Australia.

 

La región peninsular de clima mediterráneo presenta como bosques típicos los de hoja perenne y endurecida: encinares, alcornocales, acebuchares, enebrales, etc. Estas especies presentan adaptaciones que le permiten soportar las limitaciones del clima (sequía de verano, irregularidad de las precipitaciones, riesgo de heladas relativamente intensas ... ) y aprovechar ventajosamente sus cualidades favorables: larga estación libre de heladas, suavidad en días normales de invierno y elevada insolación. Entre las adaptaciones a condiciones adversas cabe destacar la presencia de gran cantidad de hojas, más bien pequeñas, con una alta relación volumen/superficie, endurecidas, coriáceas y con una gruesa cutícula aislante donde se encuentran hundidos numerosos y pequeños estomas, normalmente protegidos con un fieltro de pelos, escamas o relieves céreos epidérmicos. Pero estos mecanismos limitan la fotosíntesis, lo que pagan con un crecimiento más lento. Por otro lado, la perennidad de las hojas permite rentabilizar la alta inversión energética necesaria para su formación y la ventaja de comenzar las estaciones favorable para la actividad vegetal con el aparato fotosintético listo para trabajar al completo.

 

Cuando la sequía del verano es dilatada, los bosques eselerófilos son competitivos frente a los caducifolios, con hojas más tiernas y delgadas. Pero cuando el clima se torna más h&úacute;medo o frío, la vegetación escierófila comienza a ceder terreno ante la caducifolia.

En condiciones ótimas, la mayor parte de los bosques españoles estarían constituidos por fagaceas: encinares, alcornocales, hayedos, robledales y quejigares, mientras que los bosques de coníferas estarían ocupando sólo las montañas y altiplanicies con climas más extremos, lo que contrasta con la hegemonía que ha recuperado &úacute;ltimamente por su extendido uso en repoblaciones.

 

Junto a otros factores, como puede ser la influencia marina, el relieve introduce variaciones en la cubierta vegetal por modificar los climas y por su influencia sobre otros parámetros del medio físico como los contrastes solana-umbria. En las montañas, a medida que aumenta la altitud disminuye la temperatura media, al tiempo que se incrementan las precipitaciones por su efecto condensador de Ios vientos cargados de humedad. Ello se traduce en un cambio de vegetación análogo al que se observa al subir en latitud, pudiéndose apreciar en la rnayoría de las montañas una alternancia altitudinal de pisos o cinturones de vegetación. Por ejemplo, en montañas de clima mediterráneo se puede ir observando, al ascender, bosques esierófilos en primer lugar, a continuación caducifolios seguidos de coníferas y, en las zonas más elevadas, vegetación almohadillada y/o espinosa.

 

Los ecosistemas naturales se basan en un equilibrio armónico entre el clima, los suelos y los seres vivos. Cuando los bosques se destruyen se provoca la desertización, desecación de la atmósfera y elevación de los valores térmicos de la tierra firme y del aire. En Andalucía se pierden todos los años unas 5.000 Has. de suelo fértil. La causa fundamental de la erosión del suelo es la desaparición de la cubierta vegetal ya que ésta. la defiende del impacto de la lluvia, las raíces sujetan el suelo y transforman los restos vegetales en elementos fácilmente asimilables y esta materia orgánica junto a las partículas del suelo, le confieren a éste una estructura esponjosa que le permite absorber el agua de lluvia. El problema de la erosión no 5ó1o significa pérdida de suelo, sino también disminución de la fertilidad, empobrecimiento de la capa vegetal y de los ecosistemas, aumento de, la escorrentia superficial, degradación paisajística, colmatación de embalses, etc.

 

La mayor parte de las causas responsables de la regresión de la vegetación natural en el Area mediterránea tiene un origen humano. Se pueden destacar las talas, agricultura, pastoreo, reforestación con especies no autóctonas, incendios y asentimientos humanos. Las talas son una de las causas históricas fundamentales de la degradación del bosque y matorral mediterráneo, para dedicar. sus Areas a la agricultura o al pastoreo, o con el fin de obtener madera para diversos usos, entre los que se puede destacar el suministro de pasta de papel a la industries de celulosa. Pero por su lento crecimiento, los bosques mediterráneos tienen mayor importancia cómo protectores del suelo que como productores de madera.

 

El pastoreo intensivo y la agricultura son otras de las causas ancestrales de deforestación. Los efectos erosivos de la agricultura se ven incrementados en la actualidad por los cultivos monoespecificos, las técnicas modernas, y el uso creciente de productos de síntesis industrial. También son destacables los efectos de las construcciones urbanas, viarias y turísticas. La destrucción de bosques como consecuencia de la contaminación y las lluvias Acidas es especialmente patente en los países más industrializados.

 

Las repoblaciones productivistas se han convertido en una de las amenazas más temibles para los bosques autóctonos, ya que se han realizado con especies de crecimiento rápido como las coníferas y eucaliptos que acidifican y degradan el suelo, son incompatibles con otros usos del territorio y presentan una elevada combustibilidad. En los últimos tiempos se tiende a repoblar con especies autóctonas.

 

Por último, otro factor a considerar es el fuego. El bosque es todo un sistema de vida con un perfecto equilibrio ecológico que se trastoca con el incendio. Los periodos estivales prolongados y rigurosos del clima rnediterraneo, hacen prácticamente inevitable la presencia del fuego. Pero las causas naturales suponen sólo el 5% de los incendios, el resto es consecuencia de negligencias, repoblaciones productivistas, delincuencia, especulación del suelo, etc. La proclividad al incendio es mayor en las especies foráneas como el eucalipto. También son bastante propensos los pinos. Las frondosas más vulnerables son las de crecimiento más rápido (chopos y castaños), y menos las de maderas más duras y crecimiento más lento (robles, encinas y hayas). España es el país europeo más afectado por los incendios, en Andalucía se han quemado en los últimos diecinueve años un total de 421.373 Has., que suponen un diez por ciento de la superficie forestal.

 

A continuación se expone una información básica e ilustraciones del porte, hojas y frutos de algunas de las especies autóctonas andaluzas más representativas. En estas fichas, tras un breve comentario sobre la etimología del nombre, se describen los principales caracteres morfológicos y fisiológicos, ecología y relaciones fitosociológicas. Se indica también la distribución general y andaluza, ésta última acompañada de su representación gráfica. Y por último se destaca la importancia para su propio ecosistema y para el hombre.

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