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Efectos de los COVs sobre la salud y el medio ambiente

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Los compuestos orgánicos volátiles pueden tener diferentes impactos sobre el medio ambiente, que pueden clasificarse en efectos directos e indirectos.

Los principales efectos directos son los siguientes:

  • Efectos nocivos sobre la salud humana y sobre los ecosistemas naturales debido a su toxicidad, efectos carcinógenos y otros efectos psicológicos adversos. Algunos de estos efectos están fundamentalmente originados por inhalación: dolor de cabeza, dificultad para respirar, mareos, fatiga, etc.
  • Efectos nocivos sobre el medio, como desperfectos sobre los materiales, olores, etc.
  • Efectos sobre los ecosistemas naturales, interfiere en la actividad fotosintética, en el crecimiento y el metabolismo general de las plantas, además de aumentar la sensibilidad de los árboles a las heladas, al calor y la sequía, etc. Todos estos efectos también son causados por las sustancias que derivan de los COVs.

Los riesgos para la salud asociados a la emisión de COVs a partir del uso de disolventes, se derivan de sus propiedades volátiles, liposolubles, tóxicas e inflamables.

  • Volatilidad: el carácter volátil de estos compuestos hace que se evaporen rápidamente a la atmósfera, alcanzando concentraciones importantes en espacios confinados. El riesgo más importante para el ser humano se produce por la absorción de estos por la piel y por inhalación. El contacto directo a través de la piel permite el paso del disolvente a la sangre causando efectos inmediatos y a largo plazo. La inhalación por su parte, constituye la vía de exposición más peligrosa, ya que a través de los pulmones la distribución por el organismo es muy eficaz, lo que puede provocar que pasen al organismo concentraciones muy elevadas en plazos breves de tiempo. Además esta vía es particularmente difícil de controlar, ya que no puede saberse con exactitud el punto de  inicio del contacto.
  • ­Propiedades liposolubles: los disolventes orgánicos son liposolubles, es decir una vez que se introducen en el organismo presentan afinidad por los tejidos grasos y no suelen disolverse en agua, aunque algunos productos resultantes de su metabolismo si presentan un carácter hidrosoluble. Tras la inhalación, el contaminante pasa a la sangre, distribuyéndose por los distintos órganos, dónde tiende a acumularse. Esta circunstancia, provoca que, con el paso del tiempo, las concentraciones alcancen niveles que representen riesgos para la persona y, en particular, para el feto en el desarrollo embrionario.
  • Toxicidad: algunos estudios de toxicidad, relacionan lesiones neurológicas con la exposición crónica a los disolventes, además de otros efectos psiquiátricos significativos como la irritabilidad y dificultades de concentración, afectación visual, verbal o motora, memoria, etc.
  • ­Inflamabilidad: la mayoría de estas sustancias presentan un carácter inflamable y explosivo. Algunos no arden necesariamente con facilidad, pero si tienden a descomponerse a altas temperaturas dando lugar a otros compuestos altamente tóxicos. Tal es el caso de los disolventes halogenados que se convierten en fosgeno, ácido clohídrico, ácido fluorhídrico, etc. El peligro de explosión varía con el tipo de disolvente, por lo que además es necesario conocer en cada caso, las condiciones de concentración, presión, temperatura, entre otras, con el fin de evitar el riesgo.

Entre los efectos indirectos está la formación de oxidantes fotoquímicos troposféricos (ozono troposférico). El principal problema medioambiental de estas sustancias es que al mezclarse con otros contaminantes atmosféricos como los óxidos de nitrógeno (NOX),  y reaccionar con la luz solar, puede formar ozono a nivel del suelo (tropsférico), el cual contribuye a la formación de oxidantes fotoquímicos como el smog fotoquímico. Los COVs y NOX se denominan contaminantes precursores del ozono.

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