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Antiguo penal de El Puerto de Santa María (Cádiz)

Una de las prácticas más generalizadas del aparato represivo franquista fue el encarcelamiento de todo aquel que formara parte la ‘anti-España’ contraria a sus ideales. Con esta premisa y utilizando la terrible herramienta de la Ley de Responsabilidades Políticas, que declaraba desafectos a los defensores de la República, se hacinaría en celdas de grandes prisiones como la del antiguo penal de El Puerto de Santa María un pavoroso número de presos políticos.

El famoso penal de El Puerto de Santa María comenzaría a construirse sobre los cimientos del antiguo monasterio de la Victoria, a finales del siglo XIX. No fue hasta la posguerra cuando la Prisión Central de El Puerto de Santa María alcanzaría los niveles de poblamiento más elevados de su historia: 5.479 reclusos, quintuplicando el número de presos habituales antes de la guerra, cuando habitualmente había internados unos 400.

El municipio gaditano contaba con una población de 22.264 habitantes. El 20% de su población se encontraba cumpliendo condena. Tres de cada diez hombres que habitaban El Puerto de Santa María en 1940 eran reclusos.

Las investigaciones señalan cómo esta prisión se convirtió en una de las más señeras del país en cuanto al número de reclusos, con unas cifras de represaliados muy superiores a la mayoría de establecimientos penitenciarios.

Los reclusos tenían procedencia muy diversa. No llegaban a la mitad (43,17%) los presos andaluces, siendo el mayor grupo, ciudadanos del resto de España (55,92%). Tampoco faltaba, entre sus filas, un reducido grupo de 50 extranjeros. Sin embargo, los estudios realizados han permitido descubrir que el perfil más típico de la prisión de El Puerto en la posguerra sería la de varón, de 36 a 37 años de edad, casado, que sabía leer y escribir y cuya actividad económica la desarrollaba en el sector primario como campesino o jornalero.

Hacinamiento, suciedad, hambre y enfermedades infecciosas eran la estampa habitual a la que se enfrentaban a diario los presos del penal. Esto provocó que aumentara en gran medida el nivel de mortandad. El informe de los Libros del Cementerio y de Defunciones del capellán de la Prisión así lo confirma. Se contabilizaron 318 muertes no violentas ocurridas entre abril de 1939 y julio de 1942. La insalubridad alcanzaba cotas estremecedoras y la alimentación era muy escasa.

No fue hasta los años 50 cuando se produjo una disminución del número de reclusos, lo que coincidió con la creación, dentro del penal, de células de los partidos políticos y organizaciones sindicales clandestinas.

Convivían allí comunistas, anarquistas y socialistas, lo que favoreció el nacimiento y desarrollo de una conciencia social en las cárceles junto a los presos comunes y las primeras luchas que habrían de desembocar en los primeros motines de los años 60.

Fuentes y Bibliografía