Los menores del sistema de protección para los que se ha propuesto una medida de acogimiento preadoptivo o adopción, han sido objeto de abandono/-s y pueden haber padecido también situaciones de negligencia, malos tratos o cualquier otra circunstancia dolorosa y/o traumática. Por ello las familias adoptivas tienen que tener las capacidades, actitudes, y entusiasmo necesario para hacer frente a ciertas características que pueden presentar estos menores, tales como: déficit en su desarrollo afectivo, dificultades para sus relaciones sociales, dificultades cognitivas, problemas de apego, trastornos de conducta, diferencias étnicas en algunos casos, etc. Podemos concluir por tanto que, en general, los menores del sistema de protección y por tanto, los menores susceptibles de adopción, tienen algunas dificultades añadidas por su historia vivida.
Para que un niño o una niña pueda ser adoptado por una familia, la Administración, como responsable de los menores, tiene la obligación y la responsabilidad de conocer a las familias solicitantes de adopción, y éstas deben ser conscientes de las características de estos menores, que han tenido una experiencia de vida distinta a la que tienen los niños y niñas que viven con sus familias biológicas normalizadas.
Además de las características generales de los menores del sistema de protección propuestos para adopción, algunos de éstos pueden presentar también ciertas necesidades especiales que dificulten sus posibilidades de adopción. Por ello, en nuestra comunidad autónoma se da carácter preferente a las solicitudes de acogimiento o adopción para menores de necesidades especiales, que son:
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Menores con 7 años o más.
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Grupos de tres hermanos/as o más, independientemente de las edades de los niños, o grupo de dos hermanos/as, en los que uno/a de ellos/as tenga 7 años de edad o necesite una atención un poco más especial.
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Niños o niñas con enfermedades crónicas. En muchos casos no se trata de enfermedades graves o incapacitantes, simplemente se trata de situaciones donde hay un control médico más exhaustivo. Algunas enfermedades frecuentes son las cardiopatías congénitas (muchas de ellas son leves, no requiriendo ningún tipo de tratamiento especial o intervención quirúrgica), hemofilia, diabetes, síndrome de alcoholismo fetal (también con muy diferentes grados de afectación), etc.
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Niños/as con anticuerpos de VIH o anticuerpos de Hepatitis C (VHC) transmitidos por la madre en el momento del parto. La mayoría de estos niños/as acaban eliminando estos anticuerpos alrededor de los dieciocho primeros meses de vida, siendo un porcentaje mínimo los que no negativizan. Para una información más específica se puede acudir al Departamento de Infecciosos del Hospital de la provincia de residencia, en el que un/a médico os dará información detallada y precisa acerca de este tema.
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Niños/as con VIH o VHC o que hayan desarrollado la enfermedad. Son menores portadores del virus del VIH o del VHC, aunque no tienen porqué haber desarrollado la enfermedad o menores que han desarrollado la enfermedad. Actualmente, el VIH está considerada una enfermedad crónica, no terminal, pudiendo estos menores llevar una vida normalizada con el tratamiento adecuado.
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Niños/as con discapacidades. Las podemos dividir en varios grupos:
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. Discapacidades físicas: Aunque hay algunas muy severas cómo la parálisis cerebral, muchas son más leves y no incapacitan al niño para llevar una vida normalizada (una cojera, una malformación o falta de algún miembro…)
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. Discapacidades psíquicas. Aunque este tipo de discapacidad es más difícil de aceptar para la mayoría, hay muchas familias, que al igual que en las discapacidades físicas, se encuentran con recursos personales y generosidad suficiente para hacer frente a un retraso mental leve o incluso a un menor con Síndrome de Down, además existen otras patologías como autismo, síndrome de Asperger, etc.
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. Discapacidades sensoriales. Existen muchas patologías de la vista que no cursan con ceguera, aunque necesitan un seguimiento muy especializado, y también muchas pérdidas auditivas que no son totales y que permiten al niño/a, una vez detectado y tratado el problema, llevar una vida muy normalizada.
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Menores con antecedentes clínicos hereditarios de riesgo. Muchos de los niños/as de protección tienen padres/madres con enfermedades mentales (esquizofrenia, trastorno bipolar) o con retraso mental. En un ambiente estable y donde el/la menor se encuentre adecuadamente estimulado/a, este posible riesgo disminuye y/o desaparece, encontrándonos con niños/as que crecen sanos/as. En este caso llamamos a estos niños/as con antecedentes hereditarios de riesgo porque conocemos estos antecedentes, pero en el momento de ser entregados/as en adopción no se conoce su pronóstico ante una posible enfermedad mental.
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Menores con otras necesidades especiales. En general todos los niños y niñas de protección tienen necesidades “diferentes” a las que puedan tener otros niños/as, porque todos vienen de situaciones de abandono, algunos/as han sufrido abusos sexuales, otros/as malos tratos físicos o psíquicos, fracasos en acogimientos anteriores, y algunos/as presentan problemas de conducta, trastornos de vinculación, retrasos madurativos, etc...
En la adopción, los menores se incorporan a una familia en las mismas condiciones y con una relación igual o equiparada a la biológica, creando vínculos de filiación, dándose como norma general una ruptura de vínculos personales, familiares y jurídicos entre el hijo/a adoptivo y sus padres biológicos. La adopción está pensada para proporcionar una familia a niños y niñas que carecen de ella o que teniéndola, no pueden permanecer en la misma por distintos motivos, garantizándoles a través de esta nueva relación familiar la atención necesaria para su desarrollo.
Las familias adoptivas deben tener las capacidades suficientes para responder a las necesidades específicas que presentan los menores del sistema de protección y para afrontar los temas propios de la adopción, como el derecho de los menores a conocer su historia familiar y personal, así como a buscar a sus padres u otros familiares biológicos.
Por ello, el proceso de selección de las familias adoptivas se debe realizar con bastante precisión, al objeto de buscar la familia más adecuada a las características específicas de cada menor. Es necesario conocer los puntos fuertes de cada familia que les capacita para afrontar estas dificultades, y también los factores de riesgo que puedan presentar.