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Intervención del presidente de la Junta en la entrega de Premios al Mérito en la Educación

05/11/2009
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Esta entrega de premios es el mejor escenario para tomar el pulso a la sociedad andaluza. Los premiados representan los esfuerzos por garantizar un futuro para los niños y los jóvenes andaluces.

Trabajar en educación es una buena forma de caminar hacia lo que hoy llamamos sostenible, que es, en su esencia, lo perdurable. Pero perdurable en un sentido de búsqueda incesante de lo mejor, de lo que nos hace más libres y más respetuosos, más personas, más ciudadanos.

La educación es, en este sentido, revolucionaria. Ha sido así siempre y lo seguirá siendo porque está en su esencia aprovechar todo lo que significa progreso y la esperanza de una vida mejor.

Todos hemos querido siempre hacer realidad nuestros sueños. La educación no sólo ayuda en esta ambición, sino que nos modela y nos conduce a metas de libertad y de responsabilidad social, de compromiso y autoestima. Nos ayuda a dar forma a nuestros sueños, a hacer de nuestras ambiciones, algo que enriquece a la sociedad en su conjunto.

Digo esto porque los premios al mérito en la educación reconocen las virtudes que hacen a la sociedad más abierta y mejor.

Mis felicitaciones, pues, a las personas y a los centros premiados. Detrás de cada reconocimiento hay un camino profesional que merece ser valorado. Sois el referente de la más importante de nuestras causas: la educación. Y lo sois por vuestro compromiso vital por hacer las cosas cada día mejor, por asumir nuevos retos.

Enseñar es una tarea complicada que exige personas que no desfallezcan. Los maestros y los profesores veis futuro donde otros son escépticos. Un ejemplo que nos invita a creer en el ser humano.

Un mal alumno puede convertirse en una persona brillante y con futuro, si le dedicamos tiempo y lo tratamos con comprensión y cercanía. Un menor que ha cometido un delito puede reinsertarse. Un centro aislado puede ser el punto de encuentro de las gentes del barrio, un estímulo para la convivencia pacífica.

Buena parte del mundo se preocupa por alcanzar la plena escolarización y suprimir las disparidades entre los sexos en la enseñanza. No deja de ser una contradicción, entonces, que en Occidente, con unos índices más que aceptables de equidad y de calidad, hayamos construido un discurso pesimista en torno a la educación.

Es necesario abandonar el derrotismo y la frustración y recuperar la confianza en las posibilidades de la educación para transformar este mundo.

El lema que la UNESCO propuso este año para la celebración del Día Mundial de los Docentes no puede ser más acertado: "invertir hoy en los docentes para construir un futuro mejor".

El alumno es el pilar del sistema, pero no olvidemos que el maestro, el profesor, es el protagonista de la actividad educativa. Sin profesores no hay enseñanza, ni aprendizaje. No hay educación.

En un momento como el actual es necesario reforzar los esfuerzos por salvaguardar los presupuestos de educación.

No es posible salir de la crisis sin invertir en educación. Creemos que dar posibilidades de futuro a las generaciones venideras es la mejor inversión que puede hacer una sociedad.

Por eso, el presupuesto de la Junta de Andalucía para 2010 es enormemente valiente. Una cuarta parte del presupuesto de gasto se destina a educación, con lo que le asignamos un importante volumen de la riqueza de Andalucía.

Aumentamos la dotación en aspectos que consideramos esenciales: el apoyo a las familias, la primera infancia y la innovación y calidad educativa.

Una parte destacada de los recursos se destina a reforzar la actividad asistencial en los centros educativos para que estos se conviertan en piezas claves de la conciliación de la vida familiar y laboral. Y esto es también hacer una Andalucía sostenible; es decir, hacer el futuro de nuestra tierra.

Hay que luchar por un modelo de organización escolar abierto que dé respuestas a las necesidades de la comunidad educativa y del entorno. Esto es, trabajar con horarios escolares racionales y horarios laborales compatibles. No hay que subordinar un derecho a la consecución de otro.

La promoción profesional de las mujeres, tradicionalmente relegadas al cuidado de los hijos, sólo puede conseguirse con conciliación de la vida familiar y evitando la sobrecarga de éstas, con centros de atención educativa para sus hijos. La incorporación de la educación infantil al sistema educativo es un gran paso adelante. Es una garantía para las familias de que la atención a los niños se hace en las mejores condiciones asistenciales y de actuación pedagógica.

El presupuesto del año próximo concede, además, la máxima importancia a los proyectos de investigación e innovación educativa. La sociedad del conocimiento se enriquece con un profesorado intelectual que reflexiona sobre su propia tarea y el modo de adaptar los sistemas de enseñanza-aprendizaje a las exigencias de un mundo global.

El aumento de los recursos económicos permitirá que el año próximo se incorporen 2.000 nuevos profesores a las aulas e implantar un nuevo modelo de sustituciones para mejorar su eficacia. Invertimos, además, en la formación de los docentes y en la mejora de sus condiciones materiales.

Es un trabajo de toda la sociedad asignar al profesional de la educación el papel insustituible que desempeña para el bien de la sociedad.

La escuela tiene que ser el lugar para el cultivo de la inteligencia y el profesor, el maestro, es el responsable de que esto suceda.

El objetivo prioritario no son los conocimientos, sino que los alumnos aprendan a pensar, aprendan a aprender. La inteligencia lleva al niño a potenciar lo mejor de sí mismo y a superarse día a día.

Los profesores se distinguieron siempre por ser profesionales de la palabra. Es importante que la sociedad vuelva a asignarles la función fundamental de enseñar a nuestros menores a leer, a escribir, a expresarse.

La palabra es la herramienta esencial de la inteligencia. No podríamos pensar sin la palabra, ni obrar racionalmente. Es la clave que permite la comunicación y el entendimiento humano

La Constitución establece unos principios para la convivencia y la democracia basados en la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Entiendo que este mínimo ético debe aprenderse desde edad temprana.

La escuela es un lugar idóneo para el aprendizaje de los derechos fundamentales y de estos valores imprescindibles. Y, por supuesto, de las obligaciones que todos asumimos al vivir en sociedad. Porque libertad y responsabilidad; derechos y obligaciones no se pueden separar.

Saber a lo que se tiene derecho es conocer las obligaciones que asumimos. Ejercer nuestra libertad es asumir la responsabilidad de nuestras decisiones. Y esto es también la escuela.

En ella no sólo se dan a conocer y se aprenden derechos y obligaciones sino que, además, han de experimentarse. La socialización es vital para aprender el valor de la amistad, la convivencia, el diálogo, la transacción, la renuncia y el respeto.

Los centros educativos, de acuerdo con su naturaleza pública, han de responsabilizarse de preparar a los alumnos para actuar en el espacio público, para ser ciudadanos responsables.

Hoy hemos premiado aquí algunas iniciativas innovadoras de gestión y de convivencia que propician el aprendizaje práctico de la vida democrática.

El centro es para muchos andaluces lugar de encuentro de las familias, el barrio y los profesionales de la educación. Un lugar donde se hacen efectivos los valores de participación y cobra vida la ansiada complicidad entre las familias y la escuela.

Sólo un ambiente de convivencia democrático podrá propiciar el cambio cultural que proponemos.

Un buen proyecto educativo es el que reviste a la escuela de seriedad y autoridad para que en ella se pueda convivir y aprender. Sin las mínimas normas de convivencia; sin capacidad de trabajo y sacrificio, no hay forma de enseñar, ni de aprender nada.

Un buen educador, por tanto, es el que sabe hacerse respetar por la calidad de sus conocimientos y el trato amable. Y sabe ser un referente para sus alumnos.

Y un buen alumno lo es también cuando sus padres han sido educadores, han sabido inculcarles los valores de convivencia y han sabido decirles lo que pueden y lo que no deben hacer.

Todo esto exige de la responsabilidad y el esfuerzo de la sociedad en su conjunto.

Yo tengo una enorme confianza en los andaluces, las andaluzas; en este pueblo que ha sabido cambiar su destino, que le ha dado la vuelta a la geografía. Pero también sé que toda la riqueza de paz, progreso y libertad que encierra el futuro depende de la educación de la población, de su compromiso con el mérito, la capacidad y la responsabilidad. Virtudes todas ellas por las que han trabajado más allá de la literalidad de sus obligaciones todos los que hoy premiamos. Enhorabuena a todos y a todas.

Y a ustedes, muchas gracias.

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