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Intervención del presidente de la Junta de Andalucía en el acto de entrega de los XXIV Premios Andalucía de Periodismo

16/12/2009
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Distinguidas y distinguidos periodistas galardonados en esta vigésimo cuarta convocatoria de los premios Andalucía de Periodismo, amigas y amigos:

Los Premios Andalucía de Periodismo se acercan a su primer cuarto de siglo de vida. Son ya 24 años de un Premio periodístico que goza de un gran prestigio entre la comunidad andaluza.

Estos premios son una muestra más, (quizás la más solemne) del respeto y la valoración que el Gobierno y la sociedad andaluza conceden a una actividad y una profesión que están estrechamente vinculadas a la democracia.

A quienes han podido durante toda su vida de gobiernos democráticos, puede que no se les ocurra esta vinculación. Quienes, sin embargo, recordamos aun los esfuerzos que costó restaurarla en nuestro país, podemos dar testimonio del papel fundamental que tuvo la prensa, el periodismo, en la recuperación de nuestros derechos y libertades.

No hay que olvidar que en el siglo XXI hay todavía lugares en el mundo donde ejercer esta profesión es un riesgo. La libertad de expresión es siempre una amenaza para quienes pretenden imponer su voluntad de forma autoritaria. De ahí lo importante que es mantener esta relación entre calidad democrática y medios de comunicación.

Destacar los valores del periodismo implica también señalar los de sus mejores representantes. Aquellos que contribuyen a hacer realidad la función del periodismo en una sociedad abierta y democrática.

Los trabajos premiados destacan por su carácter eminentemente social. Reflejan, cada uno en su medio, el pasado y el presente de nuestra sociedad desde la única mirada capaz de conducirnos a la verdad: la de los protagonistas de nuestra intrahistoria diaria.

Álvaro Calleja y Santiago Sevilla buscaron la verdad de las miles de víctimas del régimen franquista en la provincia de Granada. Y la de sus familias, acostumbradas a vivir en un duelo de silencio hasta hace apenas un par de años, gracias al decidido impulso de asociaciones, políticos y jueces por recuperar nuestra Memoria Histórica más reciente y, precisamente por ello, la más dolorosa.

Sus reportajes exhuman el testimonio de cientos de vidas marcadas. Marcadas por una desgracia familiar que condicionó sus vidas de manera irreversible en lo emocional, pero también en lo económico y en lo social. Enhorabuena por vuestro más que gratificante trabajo periodístico, aunque, sin duda, de gran dureza humana.

Igual que la imagen del reportero gráfico Antonio Acedo, publicada en la portada de El Correo de Andalucía que nos muestra el drama de los accidentes laborales.

Una fotografía suficientemente descriptiva por sí misma, en la que el autor elige desde un acertado razonamiento ético, permanecer como un simple observador, sin invadir la realidad, sin acrecentar con el objetivo de su cámara el dolor de ese momento.

Soy inspector de trabajo y he tenido que actuar en bastantes accidentes laborales. Sé por ello que en un siniestro de esta naturaleza hay una violencia evitable, pero además una reacción de compañerismo que hace que el dolor adquiera un algo de participación colectiva fielmente recogido en la imagen premiada.

También quiero subrayar la calidad de la obra fotográfica de Antonio Jesús González Pérez, merecedora de una mención especial por parte del jurado. Un nuevo reconocimiento, un nuevo aval, para una ya fructífera y notable trayectoria profesional.

El periodismo gráfico es muchas veces el centro de la información y, desde luego, una mirada que interpreta la realidad de forma elocuente.

El equipo de 'Los Reporteros', de Canal Sur Televisión, dirigido por Paz Santana, ha conseguido construir un impecable trabajo periodístico sin una sola imagen identificativa de sus protagonistas.

'La guerra de la mente' suple la carencia de rostros con testimonios, con experiencias vitales de las que remueven conciencias. La situación de los enfermos mentales, y la de sus familias, y la vinculación de estas patologías a conductas delictivas, provocan contradictorias circunstancias de difícil respuesta por parte de los responsables públicos.

Trabajos como éste nos recuerdan que el problema sigue ahí, y que estas personas necesitan, como mínimo, nuestro apoyo, solidaridad y comprensión.

Más de 30.000 kilómetros y 300 municipios andaluces ha recorrido en un año Óscar Gómez, con su propio coche, para emitir cada semana el programa 'Uno de Ochocientos', en Onda Cero Andalucía.

Un ejemplo del periodismo más auténtico, el que se elabora sobre el terreno, a pie de obra y no en un despacho aislado de la realidad. Enhorabuena Óscar por tu esfuerzo por mostrar la diversidad de los casi 800 municipios de Andalucía, sus gentes, su patrimonio, su gastronomía, y por darnos la oportunidad de conocer todo lo que nos queda por descubrir de nuestra tierra, y del mejor periodismo.

La mirada al futuro la aporta en esta edición el equipo digital del Grupo Joly que, gracias a las nuevas fórmulas informativas que nos ofrece Internet, ha sido capaz de diseñar un amplio y eficaz dispositivo de seguimiento de las pasadas elecciones autonómicas y generales.

En trabajos de la calidad del hoy premiado la prensa escrita no encuentra un rival, sino más bien un aliado, para llegar a más ciudadanos, (sobre todo a los más jóvenes y al lector más especializado), con productos informativos de última generación que elevan el prestigio del grupo editorial.

Volviendo a la reflexión sobre periodismo y democracia. Soy consciente de que el primer requisito que debe darse para que los medios de comunicación puedan realizar adecuadamente su labor es que las condiciones de trabajo, estabilidad y autonomía profesional sean las apropiadas.

Sé que en estos momentos las dificultades han llegado también a las empresas propietarias de los medios de comunicación, que en ocasiones responden con medidas que pueden afectar al desempeño del trabajo periodístico.

Basta mirar la información que ofrece el Observatorio de la Crisis, en la Web de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, para ver que, en los últimos doce meses, los medios han prescindido en España de algo más de 3.100 profesionales, y que han aplicado otros recortes que crean incertidumbres y dificultades para realizar el trabajo periodístico.

No es una situación nueva. Estudios realizados sobre la reacción de los medios ante situaciones similares a las actuales han puesto de manifiesto que la respuesta a ellas suele consistir, como ahora, en recortes de plantilla y de presupuestos. Y como consecuencia de ello, decrecen los contenidos de producción original y disminuyen las coberturas periodísticas con detenimiento. En suma, se va empobreciendo la labor que los medios tienen que desempeñar.

A la vista de estos hechos, quisiera expresar mi comprensión y solidaridad con quienes están viviendo estas dificultades, mi deseo de que se superen lo antes posible, y mi sincero reconocimiento por el esfuerzo que hacéis para, a pesar de ellas, sacar adelante vuestro más que necesario trabajo.

Los medios de comunicación producen diariamente una de las materias primas más sensibles y necesarias para la construcción de la democracia: la información con la que los ciudadanos perciben la realidad que les rodea; y la opinión y valoración sobre esa realidad que orienta a los ciudadanos a la hora de formar su propio criterio.

Producen un bien que podría calificarse como un bien público. Un bien que todos necesitamos consumir para poder desempeñar responsablemente nuestra condición de ciudadanos.

Es verdad que hoy se han diversificado y ampliado las fuentes de información a las que los ciudadanos pueden acceder. Que el papel de intermediarios que hacen los medios de comunicación para llevar la realidad a los ciudadanos tiene que desarrollarse hoy en fuerte competencia con otras fuentes, a las que tenemos acceso directo a través de Internet. Y que, por todo ello, el papel de los medios está experimentando un profundo cambio cuyo resultado final es difícil de anticipar.

Las últimas investigaciones sobre la calidad de la democracia indican que los medios de comunicación tienen más capacidad para controlar los posibles abusos de poder de los gobiernos que la Oposición política, que instituciones como el Defensor del Pueblo, o que los propios ciudadanos.

Eso no quiere decir que los ciudadanos, individualmente, depositen una confianza ilimitada en los medios.

La sociedad ha perdido muchos de los elementos históricos de cohesión. Se ha hecho más individualista y la facilidad de acceso a más información no ha conseguido un conocimiento más profundo de la realidad, sino, en ocasiones, una acumulación de datos, a veces, poco relacionados. Si quieren ustedes, más información pero menos conocimiento.

El debilitamiento del lazo social ha hecho también que los factores de integración sean más débiles y las militancias más frágiles, pero más fundamentalistas.

Tenemos cada vez más militancia y menos compromiso. Ocurre en la política y en el periodismo también. O mejor, en los medios.

Esto nos debe mover a la reflexión sobre las causas. Porque al hacerlo podríamos encontrar un camino para el perfeccionamiento de la democracia. Entendiendo que la democracia y la vida en general se enriquecen no con las banderas, sino con el conocimiento.

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