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Intervención del presidente de la Junta en la firma del Plan Estratégico para la Agroindustria Andaluza

01/12/2009
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Una semana hace que firmamos el VII Acuerdo de Concertación Social. Hoy empezamos a desarrollarlo con la firma de este Plan Estratégico para la Agroindustria Andaluza con el horizonte de 2013.

Del VII Acuerdo se han dicho muchas cosas. Yo quiero resaltar el ordinal que le precede, que es el Sexto, lo cual identifica una cultura, una forma particular de desarrollar la política económica en Andalucía, pero sobre todo identifica la voluntad de las partes de añadir en un momento como éste, en un momento de crisis económica, expectativas y confianza; confianza a los agentes económicos, a los actores de la economía; confianza a la ciudadanía en general.

El VII Acuerdo presenta varias novedades a lo largo y ancho de 351 medidas; son casi 20 mil millones de euros. Pero sobre todo tiene la novedad de que estando, como estamos, en una situación de crisis, empiece por afrontar los efectos de esta con medidas inmediatas y, al mismo tiempo, poniendo "las luces largas", se dedica también a analizar cómo podemos hacer que la economía sea rentable también mañana y pasado mañana.

También tiene un eje de transversalidad, algo que recorre de principio a fin el acuerdo, como es lo que hemos dado en llamar Andalucía Sostenible.

Cuando se habla de sostenibilidad, una palabra nueva, muchas veces pensamos también en cosas nuevas e incluso pretendemos imaginar qué es una economía nueva. Es la misma economía pero mejor hecha. Yo siempre digo que Andalucía Sostenible es hacer lo que sabemos hacer, mejor de lo que lo hacemos: es mejorar. Y lo que mejor sabemos hacer aquí en Andalucía, lo que mejor hemos hecho siempre, está muy relacionado con el sector primario, con el sector agrario, con su transformación. Es verdad que podemos decir también que Andalucía no tendrá futuro si no innova y no mejora, pero desde luego no lo tendrá si dejamos deprimirse al sector primario. Yo creo que el futuro de Andalucía está también en su agricultura; está fundamentalmente en su agricultura. Y tendrá las mejorías que haya de tener, las que queramos poner en este horizonte estratégico, pero quiero señalar desde el principio que sólo las tendrá si mantenemos rentas dignas en el sector agrario; si éste consigue generar rentas dignas para los agricultores, porque, si no es así, todo lo que hay después ya no existirá.

Por lo tanto, el primer objetivo es mejorar las rentas agrarias. Y esto no es solamente una cuestión de subvenciones. No se lo crean, porque los propios agricultores son los primeros que no lo hacen, y saben que no es verdad. Pero sí lo es que muchas veces les llegan precios que no les hacen rentable la producción, aunque no sean los precios que paga el consumidor.

Por lo tanto, hay problemas, y éstos tenemos que resolverlos entre todos, porque esto sería si no resolvemos la base de todo, que es el sector agrario, estaríamos matando la gallina de los huevos de oro, estaríamos pretendiendo edificar castillos sobre un suelo que hemos derrumbado.

Por lo tanto, lo primero de todo, y lo digo sinceramente, es sostener, mantener, ampliar, fortalecer las rentas agrarias.

Queremos un futuro competitivo para el sector agroalimentario, y estamos en una situación de globalización. Y en esa situación también ocurre que las economías de los países menos desarrollados presionan para un libre mercado global. Y nada tengo contra ello; es más, creo que las incubadoras son muy malas para la economía. Mantener la economía en una incubadora es hacer que no sea competitiva y, por lo tanto, que no tenga futuro.

Pero, dicho esto, añado: mercados abiertos en igualdad de oportunidades y en marcos regulatorios compatibles, no digo iguales. Yo no puedo pretender que en el tercer mundo se pague lo mismo a un trabajador del campo que en el primer mundo. No es un tema cuantitativo, pero sí lo es cualitativo. Se trata de establecer marcos regulatorios compatibles, homogéneos, donde la OIT tendría mucho que decir, porque estaríamos hablando de derechos fundamentales de la persona. Y no piensen ustedes que con eso deprimimos al tercer mundo, porque son multinacionales también las que están en él.

Estamos hablando de que es imprescindible una libre circulación, pero con marcos regulatorios compatibles.

En segundo lugar, está la comercialización. No es posible seguir manteniendo el estado de cosas que tenemos actualmente. Decimos que la unión hace la fuerza, pero necesitamos también grandes pactos políticos, grandes pactos colectivos en donde la industria agroalimentaria tenga la competitividad suficiente para mantener rentas agrarias fuertes, sólidas y que también sean capaces, porque también ahí se innova, de innovar, crecer e investigar.

Todo esto es el Plan Estratégico. No se trata, insisto, de subvenciones. La aportación ahora mismo del sector agrario al PIB está seguro por encima de los 20 mil millones de euros, y no creo que las subvenciones lleguen ni siquiera a la mitad de esa cantidad. Por lo tanto, bastaría con aumentar la productividad del sector, pero, al mismo tiempo, con que las rentas del sector primario pudieran ganar algo sobre los efectos de la comercialización.

Todo esto es lo que yo quería trasmitirles.

Aquí hay un Plan Estratégico que consiste en hacer competitiva la economía agroindustrial. Hacer competitiva significa hacerla sostenible, innovación, desarrollo de la innovación, desarrollo de la investigación, abrir nuevos mercados, producir cada vez mejor, con más calidad, con más valor añadido y diversificación. Todo esto. Y eso, de verdad, nos llevará a conseguir lo que pretendemos alcanzar, y sobre todo nos permitirá alcanzarlo manteniendo la base de todo, que es la tierra.

Empezamos desde el principio: marcos de actuación, acceso a los recursos, bien sea el suelo, el agua, el dinero. Luego tenemos que ver también cuál es la composición orgánica del capital en la industria agroalimentaria, cómo transforma, cómo comercializa, cómo vende, qué mercados tiene, a qué países nos dirigimos. Ustedes saben que muchas veces su mercado no solamente trasmite productos, sino cultura. Por lo tanto, la transferencia y la internacionalización del sector agroalimentario tiene que ir a la transmisión también de una determinada cultura: cultura alimenticia, cultura que se ha de conocer, cultura que se debe saber, cultura que se debe llevar.

No quería decirles mucho más. Yo simplemente siento el orgullo de que el primer acuerdo que desarrolla el VII Acuerdo de Concertación Social sea en este sector; lo digo sinceramente. Creo que el diálogo que mantiene la consejera de Economía con los agentes económicos y sociales, organizaciones del sector, es importantísimo, y creo que entre todos vamos a conseguir que Andalucía Sostenible empiece por donde tiene que empezar: por la sector primario. Si lo conseguimos, verán ustedes cómo tenemos una Andalucía mucho más rica, más competitiva y más sólida.

Muchas gracias.

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