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Intervención del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, durante el acto del XX Aniversario de Desarrollo Rural Andaluz

23/09/2010
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Sabemos que el sector agroalimentario andaluz es exportador, pero a veces también importamos algo. En su día importamos a un catalán, que se enamoró de Andalucía, Usteu, y al que hoy consideramos como algo nuestro.

A mí sí que me ha capturado la política agroalimentaria, la política rural, en general, no porque no sea deslocalizable, sino por muchas razones, pero quizás la más importante es porque es una política que te permite hacer desde el sentimiento.

Cuando elegí a alguien al frente de Agricultura miré sus conocimientos y su capacidad, pero la elegí fundamentalmente porque Clara (Clara Aguilera consejera de Agricultura) ama la agricultura y el medio rural. Lo ama profundamente y esa es una condición imprescindible para hacer política en el medio rural, el amor, el camino hacia lo que se hace.

Por eso, me permitís que lo primero que diga es que para mí es un orgullo celebrar hoy, con todos ustedes, el 20 aniversario de un movimiento, el del mundo rural, que, sin exagerar podemos decir que ha transformado Andalucía y ha transformado sus pueblos. Hacerlo además en la Subbética, en Lucena, es para mí una satisfacción añadida.

Hoy es un día para reconocer el entusiasmo, la iniciativa y el trabajo bien hecho de asociaciones, emprendedores, organizaciones profesionales, empresariales y sindicales.

Para reconocer a todos los que viven y trabajan en el medio rural andaluz, a los Grupos de Desarrollo, a la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía. A todos, gracias por formar parte de esta empresa colectiva que es la de hacer progresar Andalucía.

Creo profundamente en estas políticas porque cuando se emprende en este tipo de políticas de desarrollo rural el beneficio está al final, pero lo que se persigue es crear riqueza directamente, ver riqueza donde existe, hacerla aflorar y satisfacer necesidades de la población que, en el fondo, cuando lo llamamos demanda, es relevante económicamente, pero siempre, cuando se satisface una demanda, se satisface también una necesidad.

En los últimos veinte años se ha hecho mucho, y muy bueno, en el ámbito rural andaluz. Se han cambiado tendencias seculares. Se han creado equilibrios que nunca existieron.

El cambio que mejor lo refleja es que Andalucía ha dejado de ser tierra de emigración; que nuestros pueblos siguen vivos y que no hemos perdido municipios, tenemos uno o dos más de los que teníamos hace 25 años.

Esto es un mérito añadido de estas políticas y es la consecuencia también del modelo de desarrollo sostenible y de mejora de los servicios públicos, el avance en las telecomunicaciones, la aparición de nuevas oportunidades de empleo y negocio, y la consolidación de una forma de vivir, de estilos de vida más atractivos que los estrictamente urbanos.

Los pueblos andaluces han diversificado su actividad económica y junto al sector agrario, que también han transformado, y a su industria más tradicional, se han desarrollado otros entramados económicos de empresas relacionadas con la industria auxiliar, con la de servicios, con el turismo, que impulsan el desarrollo y el empleo en Andalucía.

La experiencia de los Grupos de Desarrollo Rural nos permite mirar al futuro siendo conscientes de la capacidad que tenemos a nivel local para generar oportunidades y mejorar aún más la calidad de vida de nuestros pueblos.

La política de desarrollo rural de Andalucía es un buen ejemplo de muchas cosas, que no suelen encontrarse en los libros de las teorías clásicas del capitalismo.

Porque esta es una política que no se resigna a dejar que sean las fuerzas del mercado las que regulen también las relaciones sociales, que no se resigna a confiarlo todo a la mano invisible, que proyecta, que aprovecha recursos públicos y privados y favorece la explotación inteligente, armónica y sostenible de activos ocultos. Pero también porque todo se hace concertadamente.

Saben ustedes que en Andalucía toda la política económica se hace de manera concertada. Llevamos siete Acuerdos de Concertación Social, así que prácticamente, en los últimos 20 años toda la política económica se ha hecho mediante compromisos y encuentros, a veces desencuentros, pero siempre con diálogo con empresarios y sindicatos.

Pues bien, creo firmemente que las políticas de desarrollo rural que hemos puesto en marcha durante más de dos décadas también son políticas concertadas. Definen un estilo muy concreto de hacer política y construir Andalucía sobre el territorio, en cada una de las comarcas andaluzas.

Me han oído muchas veces, cuando hablo de Andalucía, decir siempre todo lo que representa la diversidad en su dimensión geográfica y en su significado como pueblo.

Un significado que no se entiende en su totalidad si se simplifica, si no atendemos a las diferencias. De la misma manera que no hay un ser andaluz único, sino distintas formas de ser andaluz, no existe tampoco un paisaje único de lo andaluz, sino innumerables manifestaciones, y todas ellas diferentes, de nuestra Comunidad.

Ustedes lo saben bien. Hablar de comarcas en Andalucía es hablar de riqueza. La riqueza de la diversidad que es un sentimiento de patria compartida.

La totalidad de nuestros recursos naturales, gran parte del patrimonio cultural andaluz, nuestra historia y tradiciones, todo está aquí, en el mundo rural: en las sierras, en las vegas, en la campiña, en los valles, en el litoral o las cuencas mineras.

En un territorio, el nuestro, que es tan diverso, como que es la única región europea que es mediterránea y atlántica a al mismo tiempo, que mira tantos continentes. Éste es nuestro mayor valor: nuestra diversidad.

Y nuestro mayor desafío es transformar esa diversidad en riqueza, en un activo que contribuya al desarrollo sostenible de Andalucía.

Más allá de la visión inmovilista que tan a menudo se ha querido trasladar del medio rural, nuestros pueblos andaluces son enormemente dinámicos, han demostrado que saben innovar y que sabían innovar cuando todavía no se hablaba de innovación.

Que sabían transformar y sostener cuando aún no se hablaba de lo sostenible. Es decir, que han generado expectativas y se han convertido en proveedores de bienes y servicios con unas señas de identidad concretas, como son la calidad, la naturaleza y la tradición.

Y es precisamente desde esta singularidad desde la que es posible hacer visibles nuestros pueblos también en los mercados globales. Nuestra economía en la globalización ha de verse desde lo local.

Por ello es fundamental trabajar por la sostenibilidad y el equilibrio en el medio rural. Es decir, por conservar la riqueza y nuestro patrimonio geográfico y físico.

El desarrollo rural es una ambiciosa apuesta del Gobierno andaluz, creo profundamente en ello. Creo profundamente en el desarrollo sostenible de sus espacios rurales, algo que además se ha evidenciado en la Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural.

Y fortaleciendo este impulso andaluz y nacional, la política europea también se convierte, es un pilar importante de nuestro desarrollo. No seríamos justos si no reconociéramos el importante papel que han jugado los recursos europeos y el convencimiento de que esta diversidad, esta riqueza del medio rural andaluz es una riqueza europea.

Tampoco seríamos justos si no dijéramos que Andalucía, además de recibir recursos, ha hecho un uso eficiente de los recursos. Pero añadiría que también hemos sabido hacer, de forma simultánea, un importantísimo esfuerzo para capitalizar nuestros recursos propios y reducir nuestra dependencia de las ayudas europeas.

Desde el inicio de los noventa, el concepto de desarrollo rural en Andalucía está asociado a las políticas de diversificación, aplicadas por estas estructuras que suelen ser siempre abiertas, participativas y dinámicas que son los Grupos de Desarrollo Rural.

La aplicación del enfoque LEADER ha sido la directriz básica de los Grupos de Desarrollo Rural. Una filosofía, en la que hemos sido pioneros y que sitúa a la población como protagonista de su desarrollo.

Una filosofía que responde a las características y necesidades específicas de los territorios y se plasma en las diferentes estrategias de desarrollo comarcales.

Este es el gran intangible del mundo rural andaluz y nuestra mejor baza de cara al futuro. Desde la sociedad, desde el día a día de las personas que habitan y trabajan en nuestros pueblos se han definido y aplicado unas políticas que parten de las necesidades y demandas de los ciudadanos.

Hablo de la mejor inversión que se ha hecho en Capital Social en Andalucía. Con él se ha incrementado la cohesión del tejido social de nuestros pueblos, lo que además contribuye a reforzar nuestra identidad.

Se ha conseguido compatibilizar el desarrollo económico de Andalucía con el equilibrio poblacional y conservación de nuestro patrimonio natural.

Fijaos cuántas cosas importantes para hoy, para nuestros hijos y para nuestros nietos. Porque con el trabajo de los grupos de desarrollo rural, la colaboración institucional y el asociacionismo el mundo rural andaluz ha establecido redes, ha fomentado la organización, a favorecido la participación de la sociedad civil en la reflexión y en la toma de decisiones sobre el futuro de los pueblos de Andalucía y ha fomentado la cooperación público-privada y la cultura emprendedora local.

Se han hecho más empresarios con los planes de desarrollo rural que con cualquier otra política de fomento de la actividad empresarial.

Estoy hablando de elementos clave para la incorporación efectiva de innovaciones en el tejido productivo y empresarial de nuestros ámbitos rurales.

En este tiempo hemos ejecutado más de 23.000 proyectos, que han generado más de 40.000 empleos. Se han creado más de 1.300 empresas y hemos ayudado a consolidar 2.300, son datos elocuentes.

Y todo ello, como decía, en un ámbito como el rural, que en otras fases desarrollo y de crecimiento, y aún hoy, cuando oímos hablar a algunos de lo que tiene que ser la recuperación económica, desdeñan y desprecian.

En otras etapas de nuestro crecimiento económico, que lo ha habido, se despoblaba el mundo rural, se emigraba y se hacinaban las poblaciones en las periferias de las grandes ciudades. Esto ha sido así históricamente.

Con el desarrollo rural queremos hacer lo contrario, partir de la base del equilibrio, del mantenimiento, de la sostenibilidad y saber que en nosotros también está la riqueza si sabemos encontrarla y explotarla económicamente.

Las políticas de desarrollo rural son un ejemplo de políticas dinámicas. Por ello, identificar con claridad los retos de futuro de la economía rural, y el peso estratégico de sectores como la agroindustria; la apuesta constante por la modernización y avance tecnológico; la mejora de la articulación e integración empresarial; y un mayor desarrollo y transparencia de los distintivos de calidad (los primeros pasos para la regulación de la artesanía alimentaria), son cuestiones esenciales para consolidar posiciones en los mercados y acceder a otros nuevos. Es decir, para el futuro.

No podemos tampoco olvidar que los Grupos de Desarrollo Rural han sido también el instrumento que ha potenciado que algo que parecía de la cultura urbana, como era la igualdad de género se haya producido también en el medio rural. Igualdad entre hombres y mujeres y, al mismo tiempo, actividades empresariales desarrolladas y emprendidas por las mujeres.

La diversificación de sectores productivos ha propiciado que se revaloricen muchas actividades económicas, prácticas y saberes de la cultura local. Entre estas iniciativas se encuentran, por ejemplo, las empresas vinculadas a los usos medicinales o cosméticos del aceite de oliva creadas por emprendedoras rurales.

Unas iniciativas que aprovechan nuevas expectativas de consumo global y asociados a valores como la calidad, la naturaleza y la elaboración artesanal.

Hoy contamos con la mayor Red de Desarrollo Rural de Europa. Esto es un dato muy importante. Nuestro objetivo es seguir trabajando para multiplicar oportunidades y para hacer más dinámica y más diversa nuestra actividad económica, que no se hace sólo con grandes concentraciones industriales en las grandes ciudades, que no se hace sólo al estilo clásico.

Que hoy, la salida de esta crisis algo nos tiene que enseñar, y nos tiene que enseñar que lo productivo debe triunfar sobre lo especulativo, que el dinero no es una mercancía, es un medio de cambio y que el valor tiene que ir acompañando al precio.

Eso es lo que tenemos que aprender, lo digo muchas veces, ustedes lo saben mejor que nadie, que las plantas no crecen tirando de ellas, que hay que favorecerlas, reorientarlas, creer en ello, trabajar día a día de forma infatigable y fomentar y proteger todo nuestro territorio.

Por eso, este fomento del desarrollo endógeno requiere también que todavía mejoremos cómo lo hacemos. Nunca todo está bien hecho, yo siempre digo que lo sostenible es hacer mejor lo que hacemos bien, es mejorar y saber que lo que hemos hecho ya es un acierto, pero si nos quedamos ahí, dentro de un año puede ser un desacierto.

Todos los días hay que luchar por ganar el futuro. Lo hacen los empresarios que son más emprendedores y ustedes, en el mundo rural, lo tienen que hacer también.

Así, cobran su sentido las nuevas leyes locales que hemos aprobado en Andalucía y que han convertido a nuestra Comunidad Autónoma en pionera en lo que llamaríamos la segunda descentralización, y poner de relieve que lo local, que las corporaciones locales, diputaciones y ayuntamientos, son elementos fundamentales de vertebración y de diálogo entre la población y las autoridades.

Por eso, las nuevas leyes locales que dan más capacidad de autogobierno, tanto las leyes de Autonomía Local de Andalucía y de Participación de las Entidades Locales en los Tributos de la Comunidad Autónoma se fijan las competencias propias de los ayuntamientos andaluces y de las diputaciones. Y retribución por esas competencias y además de favorecer su financiación, el año que viene vamos a pasar de 200 millones de financiación incondicionada a 420 millones en un momento de crisis.

Pero además de esa financiación, mayor exigencia de transparencia, mayor compenetración entre lo que hacen y lo que les corresponde hacer.

El Gobierno de Andalucía y el Gobierno de la Nación han dado un paso más en el proceso de optimizar la aplicación de los recursos públicos. La clara apuesta de los gobiernos socialistas por el Desarrollo Rural, supone una oportunidad magnífica para llevar a cabo un proceso de planificación estratégica del Desarrollo Rural en Andalucía.

Éste es, pues, un momento excepcional para que impulsemos nuestra voluntad de desarrollo rural y que esta idea cobre todavía más fuerza en nuestra comunidad.

En ningún otro momento las zonas rurales han contado con más políticas, con más fondos públicos para su desarrollo.

Y en ningún otro momento, ha habido una voluntad social, conservacionista, de volver a las raíces, tan profunda como existe hoy, en esta globalización que sólo será humana vista desde lo local.

Un pilar básico para continuar con el desarrollo de los territorios rurales andaluces es, como saben, el Plan LIDERA, que integra las actuaciones del Programa de Desarrollo Rural de Andalucía 2009-2015, va a contar con 423,4 millones de euros.

Aquí ya hemos comenzado a trabajar. Desde que se abrió la ventanilla en junio del año pasado las previsiones alcanzan ya los 3.050 nuevos proyectos con una inversión total de 374M€ y una generación de 7.500 empleos aproximadamente.

Además, Andalucía contará con el Programa de Desarrollo Rural Sostenible, fruto de la aplicación de la Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural. Una política que moviliza en Andalucía 293,4 millones de euros de inversión pública. Y contamos también con 41 proyectos pilotos FARO, con una inversión total de 73 millones de euros.

A todo ello hemos de sumar el Plan Forestal andaluz, al que se destinarán más de 2.400 millones de euros hasta 2015. Con su puesta en marcha se impulsa el desarrollo rural a través de la diversificación económica, se intensifica la lucha contra el cambio climático y se refuerza la concienciación ambiental.

Recursos, cooperación institucional, iniciativa privada y movilización de la sociedad civil. Todo esto lo vemos ya en los pueblos de Andalucía. La experiencia acumulada en estos veinte años me hacen ser optimista respecto a que lo que somos capaces de hacer y de aprovechar las oportunidades.

Quiero expresar mi agradecimiento a todos ustedes, a esa sociedad civil madura que ha permanecido y crecido en su territorio comprometida con la mejora de la calidad de vida de los hombres y mujeres del entorno rural andaluz.

Una sociedad apoyada firmemente por las políticas de nuestro gobierno con el objetivo cumplido de no haber perdido ni un solo pueblo.

En un momento tan complicado como el que atravesamos, la crisis ha de ser un desafío para mejorar, para reorientar un modelo productivo hacia el valor añadido, que ustedes conocen muy bien: la calidad y la excelencia.

Pero ha de servirnos además para construir una nueva sociedad, un nuevo modelo de sociedad que se afinque en los modelos del pasado, en el conocimiento, en el saber hacer y, sobre todo, en planificar el futuro desde el conservacionismo.

Las políticas de desarrollo rural son un valioso instrumento para construir esa Andalucía más competitiva, más sostenible y más cohesionada. Una Andalucía que mira con orgullo su diversidad y que sabe que en ella está la mayor fuente de riqueza. Ustedes, sin duda, han sabido verla.

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