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Intervención del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, en el acto de entrega de los Premios al Mérito en la Educación 2010

09/07/2010
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Quiero, en primer lugar, felicitar a los alumnos, profesores, centros e instituciones que reciben el reconocimiento de la sociedad a un trabajo bien hecho. Y sobre todo, agradecerles la intensa y entusiasta tarea realizada a lo largo del curso.

Los que sabemos que la educación no termina nunca y el aprendizaje, menos, sabemos valorar bien vuestra trayectoria y vuestra experiencia.

El aprendizaje es el camino para alcanzar lo mejor de uno mismo. Es también la mejor opción de vida. Algo que hemos de saber transmitir a nuestros jóvenes.

En la escuela es donde se empiezan a escribir biografías individuales y con ellas escribimos el siguiente capítulo de lo que es nuestra sociedad.

Por eso la profesión de maestro no es una profesión más. Ocupa, o debe ocupar, el papel central en la vida de un país.

La madre de Araceli Carrillo, una mujer que no tuvo las mismas oportunidades que su hija, me decía hace unas semanas: presidente, un arquitecto es una persona muy importante porque hace las casas que nos cobijan; y un médico es una persona muy importante porque es el que atiende nuestra salud y nuestras enfermedades -dice-, pero nada podría haber podido llegar a ser si antes no hubieran tenido un maestro.

El maestro es el que les enseñó el camino. Es verdad, el maestro es la orientación de la sociedad.

El tiempo que invertimos en las aulas nos sirve para recibir un legado y proyectarlo, hacia el futuro, tanto desde un punto de vista personal, como desde una perspectiva social, tanto desde un punto de vista económico o social.

La escuela hace más competentes a los alumnos y los capacita para asumir responsabilidades sociales. De forma muy concreta, la escuela es la encargada de transformar el potencial humano en capital social.

Los transforma como seres humanos y con ellos mejora la sociedad en su conjunto.

Por ello, el sistema educativo debe siempre garantizar la igualdad de oportunidades. Es la clave del arco de un sistema educativo. Y hacerlo como punto de partida desde el que desarrollar todas las capacidades de todos los individuos que conforman una sociedad.

Desde los primeros niveles educativos, los niños aprenden a cuidar de sí mismos, a asumir responsabilidades y a confiar en sus posibilidades. En éstas funciones, la tarea del profesorado es fundamental para fortalecer, y así lo deseo, la autoestima del alumno y su responsabilidad social.

Y la confianza es el elemento fundamental que ha de articular las relaciones humanas que confluyen en la educación, que se desarrollan en la escuela. La confianza, que es lo que nos integra a todos, permite crear el clima que hace que fructifique el aprendizaje.

En esa relación de confianza, no hay factor más determinante para el éxito escolar que el maestro.

Porque la escuela, digámoslo claro, la hacen, en primer lugar, los profesores. El profesor es aquel que inventa cada mañana para sus alumnos un tiempo nuevo: el tiempo del aprendizaje. El que permite al niño volver a empezar desde cero, una y otra vez, hasta que el saber arraiga y transforma a la persona por dentro.

Un buen profesor sabe que el alumno es la materia de todas las materias. Y frente a quienes hoy apuestan por un modelo de competitividad ciega y excluyente, por dejar en la cuneta a los más débiles, a los que no llegan, la educación tiene la obligación de integrar a todos.

Por eso no hay educación si no creemos en la recuperación.

La energía y el entusiasmo son lo propio de un aula donde se aprende. Y el profesor la herramienta que las canaliza y las conduce hacia el conocimiento. Porque el saber nace del encuentro entre personas.

Si el saber del profesor y el gusto de llevarlo a la práctica no arraigan, el potencial del alumno seguro que se va a tambalear en sus propios cimientos.

Tenemos que recuperar la confianza en la escuela, en su capacidad transformadora, y como decía el profesor Marina, hemos de conocer los problemas para solucionarlos, pero no hemos de problematizar la realidad de la educación, porque es nuestro gran tesoro.

Cuando se habla despreciativamente de la escuela, se olvida o se oculta el número de niños que ésta ha salvado de los prejuicios, la ignorancia, la inmovilidad o de un destino impuesto al alumno por su origen social y alejado de sus intereses y talentos.

Ser maestro es, ante todo, creer en las personas.

El escritor francés, Daniel Pennac, ha publicado su experiencia de mal alumno donde relata el proceso que lo sacó del fracaso escolar y lo convirtió en profesor.

Lanza una sugerencia sobre el lugar al que los profesores han de dirigir todos los esfuerzos. Es necesario - dice - acabar con "la soledad y la vergüenza del alumno que no comprende, perdido en un mundo donde todos los demás comprenden".

Pennac se reconoce como superviviente de la escuela y admite que los profesores que apostaron por él, le salvaron la vida.

Y es que el fracaso escolar es una situación dolorosa que comparten, o deben compartir, el alumno y su entorno: padres y profesores.

Por eso, reducir el fracaso escolar se convierte en nuestra máxima prioridad. Es una urgencia.

No es una cuestión práctica para mejorar los resultados, es una cuestión de interés por la persona, que es tanto como decir, por nuestro país. Hay que curarles el miedo, orientarlos y, sobre todo, hacer saltar el cerrojo que muchas veces los sume en una especie de fracaso permanente.

Es necesario que el profesor les desengañe de la certeza de que el futuro será una réplica del fracaso presente.

Hay que dar oportunidades para que el saber tenga posibilidad de transformar la vida de las personas, y la de sus familias.

Con este objetivo, en el próximo curso todos los centros de primaria de Andalucía contarán con más de dos mil profesores dedicados en exclusiva a las tareas de refuerzo del alumnado. Una etapa decisiva para el éxito escolar.

Queremos la mejor escuela y los mejores profesores para tener los mejores alum-nos, pero también la mejor escuela y los mejores profesores para los náufragos. Para que recuperen el sentido del esfuerzo, de la perseverancia y del trabajo.

Este es un tiempo muy difícil para la economía, no voy a recordar el por qué de esta crisis, pero ustedes saben que tiene mucho que ver con la educación, con un concepto fatal de la vida, de la sociedad y del éxito.
Pero este tiempo difícil sea como sea y sea cuál sea el origen, que presente lo deberemos tener para no repetir las causas, nos está obligando a todos los países, a todas las regiones, también a Andalucía a asumir sacrificios e incluso a ralentizar proyectos.

Quiero testimoniar hoy aquí mi profundo agradecimiento, mi reconocimiento a los enseñantes, a aquellos que dedican todo su esfuerzo, porque es verdad que ellos también viven situaciones difíciles, pero, déjenme que se lo diga quien siempre a creído en ellos y déjenme que se lo diga quien sabe que la educación pública es la garantía de la igualdad y es la garantía que hace un país.

Vamos a procurar no rebajar la intensidad de los esfuerzos, vamos a tratar en medio de la crisis de seguir haciendo que la educación sea una prioridad, y no vamos a buscar salidas falsas.

No vamos a buscar callejones donde parece que se avanza, pero en realidad se reduce la igualdad de oportunidades. Por ahí no vamos a ir. Pero sí vamos a seguir haciendo que la educación sea el objetivo fundamental de la sociedad andaluza.

Quiero agradecer también el empeño de Marina por promover la movilización edu-cativa de toda la sociedad. Su pensamiento, su actitud, su forma de entender la vida y de transmitirla, porque José Antonio es además de un pensador, una persona que sabe transmitir lo que piensa, eso es muy importante, sabe comunicar.

Esa actitud la ha canalizado para fomentar en toda la generación, pero sobre todo en las nuevas generaciones hábitos intelectuales y afectivos que fomentan la vida social en democracia.

Saber leer, la lectura como hábito, la lectura como aprendizaje, la comprensión y la capacidad lectora, él lo sabe, es la clave del éxito escolar.

Ese empeño de José Antonio Marina nos ilustra y razona, más que suficientemente, el reconocimiento que hoy le hacemos.

La educación debe enseñar a los alumnos a emprender y desarrollar proyectos personales y colectivos que transformen y mejoren nuestra vida en sociedad. Y también nuestro sistema productivo.

La educación es la principal arma con la que cuenta una comunidad, la educación además de la política que hace ciudadanos, es la política que hace una economía sostenible, basada en el conocimiento, en la calidad, en la inteligencia, en la participación, en la iniciativa.

La educación es la que hace lo que llamaríamos competitividad en el medio y largo plazo, sin deplorar las condiciones de trabajo, manteniendo lo que hemos dado en llamar el modelo social europeo, que no es más que rendimiento y protección; oportunidades y protección social.

Ese modelo solamente será posible si ponemos en el eje de desarrollo del mismo a la educación.

La educación debe enseñar a los alumnos a emprender también, a desarrollar pro-yectos personales.

En esta línea hoy reconocemos el trabajo realizado en distintos centros educativos andaluces. El de la Escuela de Arte Dionisio Ortiz, de Córdoba, que ha sabido incorporar nuevas titulaciones acordes con el "saber hacer" de una ciudad volcada en la cultura.

Un centro que ha permitido que la tradición entre en la escuela para mejorar lo que ya sabemos hacer bien y, a su vez, ha abierto la escuela al exterior para que el conocimiento revierta en una mejora del sistema productivo.

Una escuela abierta a la comunidad es también el proyecto del Centro de Educación Infantil y Primaria Virgen de la Cabeza de Beas, en Granada.

La formación cualificada es la mejor garantía de empleabilidad e inclusión social. Y la que nos permitirá afianzar un desarrollo sostenible.

La educación, efectivamente, debe estar en el centro del modelo social y económico que queremos. El futuro pasa por la educación a lo largo de la vida, esa formación integral que no termina nunca, esa curiosidad permanente, investigación, innovación.

En esta dirección apunta el premio que se concede al Museo Caja Granada. Porque el conocimiento y la divulgación de la historia de Andalucía es también una contribución a mejorar el conocimiento y a reforzar la autoestima de los ciudadanos.

Aquí me van a permitir un inciso, porque Andalucía es lo que es, y no lo que a ve-ces dicen los de fuera que es o quieren ver.

Andalucía Diez lo llamo, porque Andalucía es la comunidad autónoma de España más avanzada en investigación biomédica y en muchas actividades que demuestran nuestro esfuerzo colectivo, nuestro convencimiento de que juntos podemos y que somos un pueblo capaz.

En este sentido, Manuel Santander ha hecho un valioso esfuerzo por recuperar la memoria de los maestros de La República. Ese periodo histórico, a veces poco conocido, pero que se caracterizó por eso, por decir ya basta y avanzar en la educación como meta de todas las políticas.

La generosidad con la que trabajaron por proporcionar a las clases populares un futuro a través de la educación, contrasta con las experiencias de dolor y crueldad que padecieron en la Guerra civil y la posterior represión.

Conocer sus vidas, sus trayectorias, su dignidad ejemplar nos hace más humanos y nos impulsa a trabajar más por los valores democráticos, o por decirlo mejor, nos impulsa a hacer de la educación la principal arma contra el incivismo y la barbarie.

Manuel Santander ha dedicado más de cuatro décadas de su vida al servicio en la escuela pública, con una labor decisiva en la creación de unidades específicas y de apoyo al alumnado con necesidades educativas especiales.

Educación, lo decíamos al principio, es sinónimo de oportunidades.

Hoy, que asistimos a un ataque de la escuela desde muchos frentes, a veces con crí-ticas de mal pensantes, es necesario admitir que la escuela cambia, que ha cambiado, y lo hace porque nuestra sociedad está en continua transformación.

La inmigración es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos como sociedad. Un desafío que se ha trasladado a la escuela y al que la escuela ha sabido responder, y era fundamental.

Hoy día tienen ustedes un sistema de protección social que podemos considerar razonablemente financiado, en buena medida, gracias a la inmigración, gracias a muchos que vinieron de fuera.

El apoyo a su integración e inclusión social a través de la escuela, hoy es fundamental.

En Andalucía estudian hoy niños de 163 nacionalidades. Y su condición de migrantes no puede ser un obstáculo para desarrollar una carrera profesional. Su reto es el del trabajo diario y nuestro compromiso, como sociedad, el de activar los recursos necesarios para su inclusión.

Hoy reconocemos el excelente trabajo de integración del alumnado inmigrante realizado en el Instituto Las Norias de El Ejido. Un centro en el que la convivencia y el respeto a la diferencia son experiencias cotidianas.

Otra experiencia exitosa de integración de niños con discapacidad auditiva es la que desarrolla el Centro de Infantil y Primaria Cándido Nogales, de Jaén.

Toda la comunidad educativa del centro conoce el valor de la palabra. La comuni-cación nos acerca y nos permite entender el mundo, sea cual sea el lenguaje que utilicemos. Por eso quiero felicitar la iniciativa de este centro.

La exclusión en el ámbito educativo y formativo se traduce en una pérdida de ri-queza personal y social.

Por eso la discapacidad física o intelectual no puede estar reñida con la noción de esfuerzo, perseverancia o talento.

Quiero felicitar a Rafael Calderón. Él es un ejemplo de cómo la educación consigue elevar las metas personales.

Tengo que agradecerte en nombre de todos los andaluces y andaluzas tu experiencia de vida autónoma y creativa. Y felicitar asimismo a quienes te han acompañado en tu camino de superación.

La educación es el ámbito donde hemos de ser más ambiciosos. Sólo así podremos aspirar a una sociedad más justa y más próspera.

Quiero terminar con una apelación a la responsabilidad, porque una sociedad no solamente se hace más rica con la igualdad de oportunidades, sino cuando se aprovechan las oportunidades.

La educación ha de enseñar también a formar ciudadanos comprometidos y responsables. Para mí hoy es una gran satisfacción comprobar la experiencia de las Becas 6000, que el primer curso se ha saldado con un buen aprovechamiento de los alumnos que han recibido la solidaridad de todos los andaluces, que se están aprovechando esas oportunida-des.

Porque este es un camino de dar y recibir, pero también de comprometerse.

Andalucía es una comunidad rica y emprendedora, lejos del tópico y de quienes se complacen en mirar desde arriba nuestra realidad, yo quiero proclamar que somos, hemos sido y vamos a seguir siendo un pueblo que tuvo que luchar para hacer suyo su propio futuro, que no se le regaló nada, que lo tuvo que conquistar poco a poco. Que se emplazó en la historia consciente de que podríamos ser lo que quisiéramos ser.

Pero eso significa responsabilidad, que si tenemos la mejor arma estratégica en la educación tenemos que aprovecharla todos y todas, que no es un compromiso que se pueda delegar, que la educación no es un compromiso que asumen los maestros y que ellos tienen que hacerlo todo, es un compromiso de responsabilidad compartida.

Solamente seremos un pueblo grande cuando asumamos el futuro desde la responsabilidad individual y desde la responsabilidad colectiva, porque sólo así lograremos conquistar el futuro que queremos y hacer realidad nuestros sueños.

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