En los últimos años se ha detectado una regresión de estas praderas en los fondos marinos andaluces como resultado del uso público incontrolado, la colonización por parte de especies exóticas y la abrasión por la pesca ilegal de arrastre, entre otros factores. Por ello, la Junta de Andalucía trabaja, de forma conjunta con Europa, en la protección de estos ecosistemas marinos.
Debido a su estructura y capacidad de crecimiento horizontal y vertical, las praderas de Posidonia, cuando están vivas, desempeñan un importante papel en la biología y la dinámica costera porque la elevada densidad de hojas de las que se componen contribuye a la deposición de partículas en suspensión, lo que origina una mayor transparencia del agua. Igualmente, el entramado de rizomas -tallos- horizontales y verticales y las raíces que las constituyen favorecen la consolidación de los sedimentos.
La disposición sobre el fondo y la profundidad a la que se encuentran las praderas de Posidonia oceánica hace que funcionen como arrecifes barrera. Esto les permite atenuar el hidrodinamismo originado por los fuertes temporales y evitar la erosión costera.
Por último, entre los beneficios que aportan estos ecosistemas se encuentra proporcionar una gran cantidad de oxígeno y materia orgánica al medio, por lo que constituyen un lugar idóneo como hábitat para numerosas especies, que las utilizan para sus puestas y sus crías como refugio. Algunas tienen además un alto interés comercial.