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Intervención del presidente de la Junta en el acto de apertura del curso universitario 2011/2012

07/10/2011
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Siempre es un placer regresar a la universidad y compartir el inicio de curso con los miembros de esta gran comunidad de conocimiento, que es la universidad andaluza. Quiero felicitar por su nombramiento a los nuevos presidentes y vocales de los Consejos Sociales y, al mismo tiempo agradecer a quienes han prestado un servicio esencial en estos órganos colegiados, que representan el conjunto de la sociedad andaluza.

La universidad es, seguramente, la institución de la que más dependemos para ganar el futuro. En ella se afianza un sistema científico sólido que aporta nuevas ideas a la inteligencia colectiva y genera un conocimiento que podamos compartir todos. Por ello la ciencia no puede dejar de ser una prioridad para que el conocimiento llegue a todos los sectores de la sociedad.

La sociedad actual exige ampliar la cultura científica, formar ciudadanos comprometidos y generar confianza. Esta función convierte a la universidad en una de las instituciones con mayor prestigio en la actualidad.

Un prestigio y una estimación que han crecido en la medida en que la universidad se ha acercado a la sociedad, integrándose en su entorno más próximo. Porque si algo define claramente a la universidad andaluza, eso es la apuesta por la dimensión social, la lucha por la igualdad de oportunidades. Y dentro de ella, la equidad se ha convertido en una auténtica seña de identidad de la universidad andaluza.

El enfoque social está en el centro de la política universitaria. Una política que refleja la diversidad de la sociedad y persigue garantizar el acceso y el desarrollo de las expectativas educativas de aquellos que tienen unas condiciones socioeconómicas más desfavorables. Si en los años ochenta sólo un 10% de los hijos de padres con estudios primarios llegaba a la universidad en nuestro país, hoy representan un 37%.

La universidad se ha hecho más justa y ha corregido la discriminación de género con la incorporación de la mujer a las aulas. En 1975 sólo representaban un 37% y hoy, con un 55%, son mayoría. En Andalucía, el mapa de los derechos y los recursos educativos ha cambiado mucho en muy poco tiempo, y la universidad es un buen ejemplo de ello.

En 1980 había en nuestra tierra cinco universidades y 80.000 alumnos. Hoy contamos con 10 universidades, más del triple de alumnos y cuatro veces más docentes.  Algo que se refleja de forma concluyente en la cualificación de nuestros recursos humanos. En los inicios de la autonomía apenas el 8% de la población activa tenía estudios superiores, y hoy casi un tercio de esa población es universitaria.

La educación universitaria es pues, un servicio público esencial en la transformación de Andalucía. Lo ha de ser también en el futuro, y para ello es necesario que el modelo universitario sea capaz de combinar excelencia y equidad. O dicho de otra manera, la equidad debe ser una dimensión sustancial de la excelencia.

Cuando concedemos una beca estamos invirtiendo en conocimiento, a la vez que hacemos posible la igualdad de oportunidades. Estamos apelando a una capacidad y un talento que no se puede desaprovechar y que revierte sus frutos a la sociedad.

Las universidades andaluzas están plenamente integradas en el Espacio Europeo de Educación Superior. Una estrategia diseñada para mejorar la competitividad a través de la calidad y la exigencia en el trabajo del alumno y del docente. Bolonia fomenta el aprendizaje a lo largo de la vida. Con especialización y reciclaje, mejoramos la competencia de nuestro capital humano.

En el curso 2011-2012 se amplía el mapa de titulaciones del Sistema Universitario Andaluz. Tenemos 9 nuevos grados que se imparten por primera vez en Andalucía que suman un total de 404, además de 461 másteres y 240 programas de doctorado adaptados que responden a las demandas de la nueva realidad social y económica.

En este sentido, tenemos que esforzarnos por conectar aún más la formación especializada con las oportunidades de empleo. Para ello es importante abrir los procesos de aprendizaje a otras universidades, al extranjero, al mundo de la empresa y acompañar a los egresados en el proceso de búsqueda del primer empleo.

También es necesario fomentar la cultura emprendedora. Además de adquirir conocimientos, hay que aprender a aplicarlos y generar riqueza con ellos. En esta dirección apunta el Plan de Fomento de la Cultura Emprendedora, aprobado este año para promoverla en todos los niveles educativos. Las universidades son generadoras de conocimiento, espacios dinámicos e imprescindibles para afrontar los retos de la globalización.

Hoy, más que en ningún otro momento de nuestra historia, el fomento de la investigación y de las actividades de I+D+i se convierten en una prioridad estratégica, en el motor real del cambio y la modernización de Andalucía.

En 2010 Andalucía captó el 38% del total de las ayudas estatales para actividades de I+D+i en parques científicos y tecnológicos lo que supuso cerca de 135 millones de euros, más fondos que Madrid y Cataluña juntas, que son las dos comunidades autónomas que se sitúan en segundo y tercer lugar. Un dato especialmente importante si tenemos en cuenta que en 2005, Andalucía sólo captaba el 4% de estos fondos.

En la última década los recursos destinados a la I+D se han multiplicado por dos. El gasto en I+D es ya el 1,1% del PIB. Contamos con más de 2.000 grupos de investigación y cerca de 30.000 investigadores. El modelo de Financiación universitaria ha sido uno de los principales logros del Sistema Universitario andaluz. Su financiación se ha incrementado hasta superar el 1% del PIB regional. Cuando miramos esto, vemos que hemos avanzado mucho, pero falta un mayor empuje del sector privado.

En la última década, la financiación ordinaria de las universidades andaluzas casi se ha triplicado, y además han conseguido reducir su nivel de endeudamiento en casi un 70%. Fortalecer nuestro sistema educativo y nuestro sistema de investigación, ciencia, innovación y empresa exige que las universidades tengan recursos y sobre todo convencimiento.

Nuestras Universidades realizan una investigación competitiva y comprometida con la sociedad y el tejido empresarial de su territorio. Una labor que hay que reconocer también presupuestariamente.

Nuestros Campus de excelencia son un buen ejemplo de la decidida apuesta de Andalucía por la investigación y la innovación como factores clave para avanzar ante los desafíos a los que nos enfrentamos a nivel global. Se trata de proyectos que amplían los horizontes de nuestras Universidades, abriéndolas a la colaboración con empresas, parques tecnológicos y centros de investigación, y su ámbito a toda la comunidad internacional.

Todo ello se traduce en un apoyo decidido a sectores estratégicos de la economía andaluza, por su potencial de crecimiento, su saber hacer y su internacionalización. Todos los sectores son importantes, desde el agroalimentario al aeronáutico. Hoy, más que nunca, necesitamos del liderazgo de una Universidad comprometida para la transformación y recuperación de nuestra economía y el progreso de Andalucía.

Es cierto que hemos avanzado mucho en muy poco tiempo y que hemos aprovechado los años de crecimiento para conseguir una financiación más sólida para la Universidad. No tengo ninguna duda de que la educación es la Política con mayúsculas por excelencia. Son tiempos difíciles en los que todos (países, gobiernos, instituciones y ciudadanos) debemos esforzarnos por devolver el prestigio al futuro. Nada mejor para creer en el futuro que creer en la educación.

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