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Intervención del presidente de la Junta en el homenaje al profesorado y personal de administración y servicios jubilados

05/10/2011
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Invertir en educación cuesta mucho dinero, pero no hacerlo cuesta el futuro. Por lo tanto, es una inversión rentable. Señor ministro, le doy las gracias por acompañarnos en este acto, que no es sino la expresión de la gratitud, del afecto sincero que los andaluces sentimos por nuestros maestros, profesores, y en realidad por todo el personal que está vinculado a la enseñanza.

Los docentes requieren el reconocimiento de los poderes públicos porque este expresa el reconocimiento de toda la sociedad. Reconocemos, en la inmensa mayoría de los casos, competencia y vocación. Más a los que ahora habéis terminado con una larga trayectoria, porque habéis tenido que ser docentes en los tiempos más difíciles, más complicados.

Agradecemos vuestra dedicación continua a un servicio público fundamental que atiende a la parte de nuestra sociedad que ha de ser referencia en los próximos años: niños y jóvenes. La profesión de los docentes que hoy se jubilan ha sido protagonista de un giro que yo no dudo en considerar revolucionario; el que ha dado la educación en las últimas décadas. A cada uno de vosotros tenemos que agradeceros que, con vuestro compromiso, con vuestra dedicación, trabajando sobre el material humano, habéis hecho más Andalucía

Nadie podía imaginar en aquellos albores de la autonomía, a finales de los setenta y principios de los ochenta, esa gran transformación que iba a experimentar el modelo educativo, pero, sobre todo, el cambio profundo que ha experimentado Andalucía. Tal vez sea la educación lo más expresivo de este cambio.

Durante muchos años, ustedes lo saben, Andalucía sufrió el abandono y la desidia de los poderes públicos. Emigraba el capital, también lo hacía buena parte de su población y la educación era un derecho que apenas podía ejercitar una parte mínima de la población andaluza.

Allá por los años sesenta del pasado siglo, que se dieron en llamar 'años del desarrollo', una de cada tres mujeres andaluzas eran analfabeta. En realidad, lo era el 25% de la población andaluza. Muchos de nuestros mejores hijos se vieron obligados a emigrar, mientras que la esperanza escolar, medida en el tiempo estimado de permanencia de un niño de cinco años, apenas era de cinco años. Hoy, como saben, supera los diecisiete.

Eran los tiempos en que yo estudiaba Derecho en la Universidad de Sevilla. Entonces, había una población andaluza, entre 18 y 25 años, mayor que la actual y en las universidades estudiábamos 13.000 personas. Hoy, con menos población entre 18 y 25 años, estudian más de 270.000 personas.

Por supuesto, la propia oferta educativa andaluza era insuficiente, y solo el coraje y la dedicación de los maestros, de los profesores, consiguieron mantener abiertas las puertas del conocimiento. Fíjense en un dato. hace solo treinta años, cuando empezaba la autonomía en Andalucía, había un 1.083.000 alumnos de primaria y 30.000 profesores. Hoy, los alumnos de primaria son 840.000 alumnos y los docentes 62.000.

¿Por qué digo todo esto? Porque muchas veces, cuando se habla de los niveles educativos en Andalucía, cuando se expresa solamente la realidad de Andalucía como una foto fija, desconocemos que todavía conviven entre nosotros generaciones en las que abuelos, y a veces los padres, no han tenido los derechos a la educación ni a la igualdad de oportunidades que tienen los alumnos de hoy.

Esa convivencia no es igual que la que había en aquellas sociedades maduras, en las que abuelos, padres e hijos tuvieron todos las mismas oportunidades. Y eso se nota, se mide; y esa es la realidad que ustedes conocen de Andalucía.

Todo esto me lleva a decir que el reconocimiento que siempre hay que hacer a los docentes, en este caso tiene mucho más fundamento, porque son ustedes, maestros y profesores, quienes se dedicaron a la docencia en tiempos más difíciles. Tiempos en los que tantos y tantos niños de Andalucía abandonaban la escuela en primaria o incluso compartían sus estudios con las faenas agrarias.

Sólo su vocación, la de todos ustedes, hizo posible conquistar muchas vocaciones para los estudios, el conocimiento e incluso para la universidad. Esa es la realidad que nos ha traído hasta aquí. Nuestro sistema educativo ha realizado un camino de aprendizaje hacia la igualdad de oportunidades, hacia la equidad, verdaderamente destacable.

Hoy el acceso es universal, y hemos avanzado en gratuidad, calidad y democracia en la escuela. Se trata de educación pública. No es que la educación pública sea de un Estado o de una Comunidad Autónoma, es de la sociedad en su conjunto. Pero no hay educación pública sin igualdad de oportunidades. Si no hay igualdad de oportunidades en la educación pública, hablamos de otra cosa.

Hablamos, entonces, de un refugio para las clases con menos recursos económicos, en vez de una escuela pública, universal, gratuita y de calidad, que es lo que queremos. Eso es lo que llamamos la escuela pública. No es lo mismo la privada que la pública, y no tengo nada contra la privada, pero lo que no podemos hacer es transferir recursos de la pública a la privada. Necesitamos escuela pública de calidad.

Si hablamos de cómo vemos la educación, hoy, el logro más importante ha sido la incorporación de la mujer, en plano de igualdad, o incluso de superioridad, a las aulas.

La UNESCO ha propuesto celebrar hoy el Día Mundial del Docente con una reflexión en torno a la igualdad de género. La contribución del docente es esencial para remover los obstáculos que impiden la participación activa de cualquier persona y, desde luego, la que se ha impedido históricamente, que fue la de la mujer.

Queda aún mucho por hacer. El camino de la igualdad de oportunidades, la lucha contra la exclusión y la defensa de la diversidad no está concluido, ni se acaba nunca. La crisis no puede ser un pretexto para renunciar a este modelo. Los recortes que se hagan en educación no solo reducen las oportunidades, sino que harán más pobre y peor la economía, y la sociedad andaluza en general.

He dicho muchas veces que la educación de hoy es el PIB del mañana, pero la educación de hoy en igualdad de oportunidades redundará en un PIB mayor y mejor repartido. Por tanto, garantizará el crecimiento económico y la igualdad, la equidad. La educación pública ha sido y es una auténtica palanca de modernización de Andalucía y de España; maestros y profesores están en el origen de todo.

Lo hemos visto claramente: detrás de cada médico, detrás de cada ingeniero aeronáutico, detrás de cada profesional hay un docente que se comprometió con el futuro de esas personas. En esa esencia, tan simple y tan cotidiana, se encierra la grandeza de la educación, tan importante para el desarrollo de las personas y las sociedades.

Conviene recordar esto, porque ha cobrado fuerza cierto discurso destructivo que atribuye a la profesión docente la responsabilidad de todos los males, en lugar de buscar soluciones integradoras y reforzar la confianza. En Andalucía hemos hecho un estudio sobre la satisfacción de las familias andaluzas con el sistema educativo, realizado por la Confederación de AMPA de Andalucía.

De él se desprende que el 61% de las familias están "muy satisfechas" con el sistema. Entre los aspectos mejor valorados, se encuentra precisamente la preocupación de los profesores por conseguir los mejores resultados y la atención que prestan a las familias.

Unos resultados muy positivos que nos impulsan a seguir trabajando en esta dirección y nos reafirman en esa apuesta prioritaria, dentro de un presupuesto, por la educación.

Nadie mejor que un profesor sabe cuánto dolor produce el abandono prematuro, si ustedes quieren, el fracaso escolar. En el alumno, en su familia, y también en el propio docente, se extiende una mancha de preocupación cuando no se alcanzan los resultados esperados.

La figura del maestro y la maestra, del profesor y la profesora, es determinante en la universalización del éxito escolar, pero también lo es la figura de la familia, por aquello que me han oído muchas veces: la educación no se delega, sino que se comparte. En ese compartir la educación entre familias, profesores y alumnos, es donde se obtienen siempre los mejores resultados.

Conscientes de que los docentes ocupan una posición central en la vida de un país, hemos dado pasos importantes por ampliar su autonomía pedagógica. Estudios recientes de la OCDE concluyen que el mejor desempeño de los estudiantes está claramente relacionado con una mayor autonomía de los docentes en el desarrollo curricular.

Los nuevos Reglamentos de Centro inciden en esta cuestión. Una apuesta por un modelo organizativo y pedagógico más autónomo y abierto permitirá mejorar la convivencia y elaborar proyectos propios que den respuesta a las necesidades de la comunidad educativa y del entorno.

Confiamos en que este nuevo modelo de organización genere una dinámica continua de adaptación de los actores educativos y sociales en torno a una cuestión esencial: mejorar permanentemente la competencia de nuestros alumnos.

Ello va a determinar que el sistema educativo gane en calidad. Siempre hemos dicho que, una vez universalizado el acceso a la educación, ahora hay que universalizar el éxito, y lograr que los alumnos mejoren sus rendimientos. Lo importante es cómo se invierten los recursos: los económicos, los humanos, y de todo tipo que intervienen en los procesos de enseñanza.

En Andalucía hemos reforzado las medidas para luchar contra el abandono y el fracaso escolar. Y lo hemos hecho con maestros de apoyo, con desdoble de grupos en materias básicas, con programas de refuerzo para la atención a la diversidad, y con programas de acompañamiento después de las clases para alumnos que tienen dificultades de aprendizaje o desventajas de carácter socioeducativo.

Esta apuesta por el alumno como verdadero protagonista de su educación, tiene que ir acompañada por una atención preferente por la figura del profesor y su cualificación. El Informe McKinsey afirmaba que "ningún sistema educativo puede conseguir una calidad superior a la que tienen sus profesores". Yo me alegro de que se vea así, porque en la sociedad del conocimiento, la formación a lo largo de toda la vida es un asunto estratégico para mejorar la competencia del capital humano.

Por eso, el Gobierno andaluz quiere seguir intensificando la formación permanente del profesorado. Hemos de reconocer que los de mi generación, muchos de ustedes también, hemos tenido que afrontar cambios radicales: de lo analógico a lo digital, unas tecnologías nuevas, etc.

Hemos tenido que hacer frente a nuevas realidades con las que no nacimos ni convivimos en la juventud. Por eso, la formación permanente es tan importante para mejorar la competencia profesional del docente. Esta ha sido una prioridad y lo va a seguir siendo con la próxima regulación de la formación del profesorado.

La nueva norma aborda tres cuestiones fundamentales: la formación inicial del docente, su formación permanente, así como su implicación y capacidad de iniciativa con sus alumnos. Porque son la mayor garantía de éxito, más que el gasto educativo o la ratio de alumnado por aula. Los retos de un mundo global nos exigen adaptar los sistemas de enseñanza-aprendizaje a la sociedad del conocimiento. También a las necesidades del centro y del entorno.

Permítanme un inciso. Ustedes han visto esta crisis que estamos padeciendo. Es una crisis que todavía tiene desorientados a los distintos países del mundo porque no quieren mirar a su causa real, que es el capital.

Nosotros tuvimos un modo de producción antiguo, donde la importancia era la tierra, lo llamábamos fisiocracia. Luego pasamos a otro modelo económico que daba importancia al comercio, lo llamamos mercantilismo. Ahora estamos en plena fase de capitalismo financiero, donde el capital es el factor predominante. En el siglo XXI, el factor predominante que haga las sociedades más ricas empieza a ser, por primera vez, el factor humano, el conocimiento.

Y de ese conocimiento y de esa formación del capital humano se va a derivar la riqueza de cualquier país. Ya no es la tierra, ya no es el capital, ya no es el comercio, hoy es el conocimiento. Esa es la fuente de competitividad de cualquier país.

Por eso es tan importante saber que en la pirámide de competitividad que establezcamos en cualquier economía desarrollada la base es la educación, pero la educación con igualdad de oportunidades, no dejando fuera a nadie, porque todos debemos aportar nuestro conocimiento, nuestro talento, todos nuestra disposición. Para eso hace falta el concurso de maestros cada vez mejor formados, para que ese talento revierta en la sociedad.

Creemos también que las personas que ya van cumpliendo una edad deben seguir participando en la educación.

Queremos convertir a esas personas en "maestros de maestros". Hacer una apuesta porque nadie se desprenda nunca de su condición de persona que ha dedicado su vida a la educación y que puede incluso seguir dedicándola después de lo que llamamos la jubilación. Confiamos, por lo tanto, en una puesta en acción de toda la sociedad por el conocimiento. Creo que toda la sociedad se tiene que movilizar.

En la educación no es solamente importante lo que establecemos en un presupuesto. Es importante todo lo que podamos hacer económica y financieramente, pero si la sociedad no tiene conciencia del valor, de la importancia que tiene la educación como factor estratégico de futuro, no habremos hecho nada.

Los valores de una sociedad se expresan muchas veces en decisiones colectivas. Es cierto que muchas veces nos sentimos defraudados porque a veces en esa escala de prioridades no nos identificamos. Por eso, entre todos -medios de comunicación públicos y privados, acción política, acción ciudadana- tenemos que conseguir que la educación se sitúe en el vértice de las prioridades.

Creo que, con eso, con la mejora sistemática en la educación, con el compromiso que adoptemos todos por ella, es como ganaremos el futuro. Queremos la mejor escuela y los mejores profesores, queremos más alumnos que lleguen más lejos.

Esa tarea la tenemos que afrontar entre todos, porque la educación va mucho más allá de la escuela. Toda la sociedad en su conjunto ha de asumir la responsabilidad de educar para progresar, para crecer, para hacernos más creativos, más transformadores y más inconformistas. Así puede que no lleguemos al horizonte, pero lo tendremos más cerca.

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