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Reportaje

Luchadoras sin barreras

Más de 400.000 mujeres en Andalucía viven con alguna discapacidad, una situación que les impone diversas dificultades para trabajar y formarse

20/07/2012
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Unas 429.000 mujeres en Andalucía presentan algún tipo de discapacidad.

Unas 429.000 mujeres en Andalucía presentan algún tipo de discapacidad.

Gloria recuerda su vida hace 35 años, en un país que no había despertado aún de su letargo. Y en sus recuerdos, seis escalones que, cada día, la separaban de una vida normal. La poliomielitis impidió que manejara sus piernas pero la enseñó a pelear desde pequeña. Estudió en un instituto público y los escalones que se alzaban ante su clase hacían que cada día fuera un reto. Pero también una motivación. "Había un ascensor pero, para poder utilizarlo, tenía que desarmar parte de mi silla. En aquellas fechas había constantes amenazas de bomba y tuve que hablar con la profesora para convencerla de que, bajo mi responsabilidad ante cualquier amenaza, me dejara utilizar el ascensor. Así hice el Bachiller Superior", explica.

Casi cuatro millones de personas viven con algún tipo de discapacidad en España. El 60% es mujer. En Andalucía la cifra asciende a unas 429.000.

El estudio 'Autodiagnóstico de la situación de las mujeres con discapacidad', elaborado por la Junta de Andalucía y la Federación de Asociaciones para la Promoción de la Mujer LUNA Andalucía, con la colaboración del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), constata que este colectivo se encuentra sometido a un doble proceso de discriminación, debido a "la confluencia de la construcción de la discapacidad y el género, que les impide desarrollarse en los distintos ámbitos de la vida".

Mujeres como Gloria Lucena, hoy vicepresidenta de LUNA Sevilla, que se ven obligadas cada día a planificar y organizar recorridos y rutas para ir al trabajo, al médico o para simplemente para tomar algo en la calle. "Las ciudades deben aspirar a la accesibilidad universal. También en edificios públicos, transportes, taxis, paradas, en muchas ciudades hay puntos negros y el problema de las barreras arquitectónicas es que va impidiendo que una persona participe plenamente como ciudadano. Porque, a partir de estas barreras, tienes que hacer una planificación diaria de tu vida: dónde tienes qué ir, qué tienes qué hacer y por dónde, qué sitios hay que evitar... De manera anecdótica pero real, si decidimos ir a un restaurante a comer, pues tenemos que ver si es accesible y si su baño también lo es. Por tanto, las barreras arquitectónicas no son el único problema pero sí uno bastante importante", añade.

La accesibilidad, el eterno problema de las personas con discapacidad, también tiene género. Como advierte Isabel Caballero Pérez, una de las técnicas responsables de este estudio, "la accesibilidad hay que tomarla como un eje transversal, pues penetra en todos los derechos. Además, si se introduce el enfoque de género de manera específica en las barreras arquitéctonicas, la mujer con discapacidad está aún más afectada. Por ejemplo, si el transporte público no es accesible, afecta más a las mujeres, entre otras cosas porque su poder adquisitivo es menor".

El autodiagnóstico parte de un análisis previo de la construcción del género desde la discapacidad, para recordar así la múltiple discriminación que puede llegar a sufrir una mujer en estas circunstancias. Según el estudio, las mujeres con discapacidad se encuentran sometidas a un doble proceso de discriminación.

Así, tienen especiales dificultades no sólo porque los espacios son construidos a partir de un estándar de cuerpo humano, sino también por los distintos usos en función del género. Presentan también más dificultades para participar en la vida asociativa y en actividades sociales de ocio y tiempo libre, además de tener menor grado de autoestima. Sufren los roles de género en la educación, mientras que en el empleo tienen menor participación que las mujeres, o que los hombres con discapacidad. En salud, suelen recibir diagnósticos médicos basados exclusivamente en su discapacidad, mientras que, en sexualidad, estas mujeres siguen siendo consideradas seres asexuados. Suelen tener más problemas para encontrar pareja, así como para lograr la maternidad, y cuentan con un mayor riesgo de ser víctimas de violencia de género.

Para respaldar estas conclusiones cualitativas, la investigación, realizada a partir de la entrevista a 3.343 mujeres (la mayoría de zonas urbanas, de entre 31 y 50 años), aporta datos cuantitativos tan llamativos como que el 78% de las entrevistadas se encontraba en situación de desempleo (3% de ellas demandantes de empleo y 41% inactivas) o que el 62% tiene estudios primarios o de ESO, mientras que sólo un 11% tiene formación universitaria. El 74% cuenta con ingresos propios, procedentes de salarios o pensiones, y en el 66% de los casos dichos ingresos son inferiores al Salario Mínimo Interprofesional. Además, de las que cuentan con ingresos, el 67% no tiene libertad para gestionarlos.

Circunstancias personales

Del total de participantes en la encuesta, el 97% vivía en su hogar (no en residencias), pero de ellas, sólo el 29% lo hacía en un espacio accesible, frente a un 71% que no contaba con estas facilidades.

En el 47% de los casos, las entrevistadas estaban casadas, en el 13% separadas o divorciadas, en el 36% solteras y en el 4% de las ocasiones, viudas. Además, el 64% de las que están o han estado casadas formalizaron su relación antes de tener la discapacidad. Un hecho especialmente llamativo es que el 40% de las encuestadas cuente con personas a su cargo.

Respecto a la participación, el 57% se encuentra asociado, pero el 61% lo hace a entidades de discapacidad, no de mujeres (25%) o vecinales (3%). Asimismo, el 60% de los cargos directivos en organizaciones sociales andaluzas dedicadas a la discapacidad es hombre. La encuesta también revela que, a mayor grado de discapacidad, mayor tiempo de ocio, que no se corresponde con la accesibilidad de los espacios (el 40% de los lugares que quieren frecuentar las entrevistadas es inaccesible), ni con el uso de internet (el 61% nunca lo ha utilizado).

Respecto a la autopercepción, si bien el 80% de las mujeres entrevistadas tenía inicialmente un concepto positivo de sí misma, sólo el 3% estaba plenamente satisfecho con su cuerpo.

En materia de salud, destaca el hecho de que el 69% no haya acudido jamás a revisiones ginecológicas, debido fundamentalmente a las barreras en los servicios sanitarios prestados (el 47% solicita la eliminación de obstáculos). El 87% ha visto en algún momento su intimidad vulnerada por el sistema de salud.

En este sentido, Isabel Caballero advierte: "Curiosamente, las mujeres con discapacidad son personas muy medicalizadas porque, en nuestra cultura, la discapacidad siempre ha sido sinónimo de enfermedad, cosa que no es cierta. Por este motivo, son mujeres que han tenido que estar constantemente acudiendo a revisiones médicas, encontrándose con barreras arquitéctónicas. En la detección precoz del cáncer de mamá o de útero o en cuanto a los derechos reproductivos, ha habido una desatención total hasta ahora. Afortunadamente, hoy en Andalucía, existe en cada una de las provincias centros ginecológicos adaptados".

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