Premios Andalucía de Investigación
Es un motivo de satisfacción compartir hoy con todos ustedes este acto de entrega de los Premios Andalucía de Investigación.
Con ellos queremos dar visibilidad a la trayectoria de investigadores y empresas que, con su compromiso y su decidida voluntad de aplicar los resultados de sus investigaciones, fomentan el desarrollo económico y el progreso social de nuestra tierra.
Mi más sincera enhorabuena a todos por esta distinción. Sus éxitos son los de Andalucía.
Existe un amplio consenso sobre el carácter decisivo de la ciencia para nuestro desarrollo económico y cultural; para la creación de una necesaria atmósfera de innovación y creatividad.
El papel del conocimiento, la tecnología y la innovación es estratégico para aumentar nuestra competitividad en un mundo cada día más globalizado. Esta es la única opción para avanzar. Medir la competitividad en términos de costes salariales solo nos hará retroceder.
Por ello, estoy convencido de la necesidad de perseverar en el esfuerzo en I+D realizado en los últimos años en Andalucía, aún en el contexto de crisis económica en el que nos encontramos. Lo que ha costado tanto, puede perderse si se toman las decisiones equivocadas.
La capacidad de ver más allá de lo inmediato es un camino obligado porque supone una inversión de futuro para la sociedad andaluza. Y la responsabilidad es de todos: del sector público y del privado. Por eso hoy, más que nunca, el fomento de la investigación y las actividades de I+D+i ha de convertirse en una prioridad estratégica.
El ejemplo y el trabajo científico de los seis premiados nos confirma que estamos en el buen camino.
Andalucía invierte más de 1.720 millones de euros en I+D, el 1,2% de nuestro PIB. Y lo más significativo, en el contexto de crisis, esta inversión ha crecido un 12,2%. Algo muy distinto a lo que ha ocurrido en el resto de comunidades autónomas, en las que la inversión se ha visto reducida.
Un avance fruto del esfuerzo de las universidades andaluzas y de miles de empresas, que se ha visto favorecido por la puesta en marcha de instrumentos eficaces para estimular la innovación y la investigación.
Andalucía fue al inicio de su autonomía una de las primeras Comunidades que emprendió una política regional de ciencia, tecnología e innovación.
En 1990 se aprobó el primer Plan Andaluz de Investigación. En aquel momento en Andalucía existían 800 grupos de investigación; la participación del sector privado en la investigación era escasa y no existía apenas conexión de la investigación con los problemas del entorno. A nivel nacional se estaba iniciando el sistema de I+D y las infraestructuras científicas y los recursos humanos dedicados a la investigación eran insuficientes.
La comunidad científica andaluza se ha multiplicado por cinco en la última década y hoy se sitúa cerca de los 30.000 investigadores. Contamos con más de 2.000 grupos de investigación, 11 parques tecnológicos y 10 universidades que trabajan de forma cooperativa para consolidar la competencia y la excelencia.
Mi reconocimiento a José Luis Huertas Díaz, responsable en aquellos primeros años del Plan Andaluz de Investigación.
Desde 1996 dirige el Instituto de Microelectrónica de Sevilla, un referente en el desarrollo de tecnologías aplicadas dirigidas tanto a sectores tradicionales, (comunicaciones o instrumentación), como a sectores emergentes como la biotecnología, el medio ambiente, las nuevas energías o la tecnología espacial. Además, el centro se distingue en el desarrollo de nuevos paradigmas en computación como son las redes neuronales o la lógica difusa.
Antonio Gómez Expósito trabaja a diario para mejorar el nivel tecnológico de la sociedad andaluza. Su trabajo en ingeniería eléctrica contribuye a esa lucha colectiva que es la de frenar el cambio climático.
El gran impacto de sus aportaciones científicas y de sus actividades de transferencia de conocimiento, son una muestra de la necesaria interacción entre ciencia e innovación para el progreso de nuestra tierra. Mis felicitaciones por su trabajo y por el premio Andalucía de Investigación.
Identificar retos y afrontarlos a través de la investigación científica es el denominador común de unas trayectorias de éxito como las que hoy premiamos. Tras todas ellas se encuentran una gran profesionalidad y dedicación que son un modelo de conducta para todos los andaluces.
Algo que, además, no está reñido con la juventud. Tamara García Barrera es una joven investigadora que es también un modelo para aquellos que desean orientar sus vidas por la senda de la ciencia y el conocimiento.
Mi más sincera enhorabuena por su excelente trabajo de investigación básica, que se transforma en conocimiento de utilidad para nuestro tejido productivo. Su ejemplo nos reafirma en las posibilidades de futuro de Andalucía.
Mis felicitaciones también a José Sánchez Maldonado por su labor investigadora en el campo de la Economía Pública, especialmente en su vertiente territorial.
Gran parte de sus investigaciones presentan como objeto de estudio la realidad de Andalucía: la financiación autonómica, la financiación de la asistencia sanitaria, los efectos económicos de la actividad presupuestaria, el papel del capital público en el desarrollo, la seguridad social y las balanzas fiscales de las regiones con el Estado.
Un conocimiento imprescindible para la toma de decisiones y para conocer de forma rigurosa la realidad andaluza.
La ciencia es, sobre todo, una aventura intelectual, una parte esencial de la cultura moderna que, en los últimos años, ha revolucionado nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos.
Mis felicitaciones a Antonio Malpica Cuello por su compromiso con la investigación científica. Sus aportaciones al conocimiento de la historia andaluza en el ámbito de la arqueología medieval islámica han creado escuela y le han valido una importante proyección internacional.
Andalucía cuenta hoy con experiencia y capacidad para liderar innovaciones en sectores tradicionales como el agroalimentario o el turismo; y en sectores de vanguardia como el aeroespacial, las energías renovables o las TIC.
Todo ello es ya una realidad que está contribuyendo a renovar el modelo de crecimiento e impulsar la recuperación de la economía andaluza.
En ese esfuerzo la I+D empresarial es fundamental para transformar el conocimiento en riqueza. Y las empresas andaluzas otorgan cada día mayor importancia a estas actividades. Una buena muestra de ello es que el gasto empresarial en I+D creció en 2010 por encima del 20%.
No hay competitividad posible sin profesionales que apuesten por estar en la vanguardia mundial de la ciencia y la tecnología; sin emprendedores que desarrollen nuevas ideas y las pongan en práctica para innovar; y sin empresas que entiendan la innovación como una forma esencial de generar riqueza y empleo.
La cooperativa COVAP es la seña de identidad del Valle de los Pedroches y un referente de nuestro sector agroalimentario.
Más de cinco décadas de trabajo bien hecho, de compromiso con la innovación, el desarrollo tecnológico y la mejora continua para ganar competitividad en los mercados internacionales. Y todo ello, generando empleo de calidad.
Salir de la crisis significa, sobre todo, apostar por la competitividad de nuestra economía y el fomento de nuestra actividad productiva.
Y para ello es necesario colocar el conocimiento en el centro de la producción de riqueza. De ahí que la formación, la investigación y la innovación sean las herramientas con las que nos vamos a desenvolver en el futuro.
Vuestro ejemplo es el mejor estímulo para lograr una Andalucía que mira al futuro desde el conocimiento y el afán constante de mejora.


