El Parque Metropolitano presenta múltiples ambientes que hacen posible el establecimiento de una rica y variada avifauna. Cualquier época del año se presta para visitar el Parque, aunque el invierno marcará la llegada de multitud de aves migratorias y la primavera nos convertirá en privilegiados testigos de la presencia y cortejo de las aves que encuentran en Los Toruños su lugar de nidificación. Las torres de observación, miradores y los propios senderos facilitan la observación, en ocasiones a escasos metros, de la diversa avifauna presente en el Parque.
(Itinerario Pinar de La Algaida - Venta El Macka - Toruños - Saboneses)
En el inicio del recorrido descubrimos a nuestra izquierda un encharcamiento hipersalino que mantiene comunicación con el caño del Río San Pedro a través del Caño de La Sal. En estas lagunas (vestigio de una antigua salina) es frecuente encontrar chorlitejos, archibebes y otras limícolas que aprovechan el ambiente marismeño que facilita el aporte de agua salina, y en cuyas isletas podremos ver durante la primavera alguna pareja de charrancitos criando sus polluelos.
En el sotobosque del pinar, se refugian multitud de pequeños pájaros destacando, entre otros, zarceros, currucas, carboneros y petirrojos. Allí donde el pinar es más denso podemos ver a las urracas de árbol en árbol y encontrar alguna egagrópila de la lechuza o del búho chico. A medida que avanzamos, contemplamos a nuestra derecha (en primavera) uno de los paisajes más bellos del pinar; la floración de los ranúnculos cubre de blanco la superficie de las lagunas temporales que aparecen en años de abundante lluvia. En estas lagunas, suelen acicalarse el plumaje garcillas bueyeras, garcetas y cigüeñas, que aprovechan además estos embalses de agua dulce para alimentarse de aquellos invertebrados y anfibios que acoplan su ciclo vital a la temporalidad de estas charcas.En cualquier momento de nuestro recorrido puede alzarse la perdiz roja, siendo frecuente en los meses de mayo y junio descubrir alguna que otra “cuadrilla” de perdigones siguiendo a su progenitora.
Ya avanzada la ruta, la masa forestal se va aclarando hasta que se muestra ante nosotros la marisma. Es inevitable, a partir de este punto, alzar la vista y no distinguir la silueta de alguna rapaz como el aguilucho lagunero, cernícalos vulgar y primilla o el águila pescadora, todas ellas presentes en la península de los Toruños.
Caminando por la vuelta de afuera de la antigua Salina de Los Desamparados (actualmente transformada en una explotación acuícola extensiva) podremos observar a ambos lados del sendero cigüeñuelas, vuelvepiedras, espátulas, garzas reales y cigüeñas negras (cada vez más frecuentes durante la invernada).
Tras recorrer parte de la marisma, el puente de madera del Río San Pedro (en el epicentro del Parque) se presenta como uno de los lugares más interesantes para la observación de aves. Desde aquí, es fácil contemplar agujas, chorlitos, archibebes, zarapitos o correlimos no sólo en la gran planicie fangosa que queda al descubierto en bajamar, sino también en vuelo rasante, permitiendo distinguir los rasgos característicos de cada especie.
Si optamos por continuar el sendero de Los Toruños en dirección al sur, puede ser de especial interés realizar una parada en el caño del Caserón ( lo atravesarás recorriendo un pequeño puente de madera que hace las veces de mirador), así como en la segunda de las torres de observación, desde la que se tiene una vista panorámica completa del pinar, la marisma, el río San Pedro, la Playa de Levante y, allá en el horizonte, Puerto Real, Cádiz y Rota.
Llegamos así al punto final del itinerario: la Punta de Los Saboneses - Playa de Levante. Al realizar un barrido visual por la orilla, encontramos correlimos tridáctilos en un ir y venir casi frenético en busca de alimento, estos suelen estar acompañados por otros limícolas como el correlimos zarapatín.

Bandos de gaviotas (patiamarilla, picofina o de Audouin) vuelan sobre la playa y se posan para descansar mezclándose con pagazas piquirojas, charranes y ostreros (con su llamativo plumaje blanco y negro y sus largos picos de color rojo).

No hay que olvidar en este punto del recorrido al chorlitejo patinegro y al charrancito. Ambas especies merecen especial atención, ya que es fácil distinguirlos en la zona alta de la playa (a una cierta distancia, con unos prismáticos de corto alcance y empleando poco tiempo) sobre todo en primavera y en época estival, periodo que aprovechan para anidar en el sistema dunar.