La situación de Guatemala, El Salvador y la Región de Centroamérica (SICA) en el escenario de crisis global

Entrevista a Javier Serrano, expatriado de AACID responsable de proyectos en Guatemala, El Salvador y SICA

 
¿Cómo está la situación en Guatemala hoy respecto a la pandemia?

Podríamos decir que aquí llueve sobre mojado. La pandemia llega a un país con enormes desigualdades, con bolsas de pobreza enormes, con el 60% de la población en pobreza o extrema pobreza y con muy pocas capacidades de resiliencia ante las crisis de las capas más vulnerables de la población, sobre todo la población rural.

Por ahora hay una evolución lenta de la pandemia, con la mayoría de casos importados, sobre todo de gente que ha estado en Europa y EEUU y ha vuelto y está desarrollando la enfermedad o en cuarentena controlada. Aunque ya se ha iniciado también el contagio comunitario y actualmente hay un municipio con un cordón sanitario. Todos los casos positivos son trasladados al hospital de Villanueva, que está centralizando la atención. Ahí tienen, por ahora, a todos los casos activos identificados del país y también ha habido diez personas que ya se han recuperado. También hay cerca de 2000 personas en cuarentena domiciliar.

Los casos conocidos son pocos (77) hasta ahora. El Gobierno indica que esto se debe al éxito de las medidas de contención, respondiendo a una estrategia más reactiva (identificando los casos problemáticos e interviniendo desde ahí) que a una estrategia más proactiva como va a hacer su país vecino, El Salvador, como ha anunciado recientemente su Presidente. Esta estrategia, inspirada y asesorada por algunos gobiernos de países asiáticos, consiste en realizar pruebas masivas y aleatorias, identificar a las personas infectadas, interrumpir las cadenas de contagios y monitorear posibles brotes. Algunos expertos latinoamericanos en salud pública han indicado que sin estas estrategias más agresivas de detección y rastreo es posible que las medidas de aislamiento no sean tan efectivas y necesitarán alargarse en el tiempo. Como vemos, los países centroamericanos están respondiendo de manera diversa a la pandemia.

Lo cierto es que no se conoce realmente el alcance de la pandemia en el país y algunos indican que el pico llegue a principios o mediados de mayo. La sensación es de expectación y cierta tensión pues se reconoce que “lo peor está por llegar” y que la curva de contagios va a crecer pero se desconoce cuánto. El objetivo de las medidas del Gobierno es evitar que las personas que presenten complicaciones sobrepasen la capacidad hospitalaria, que es muy limitada, y reducir la mortalidad esperada al mínimo posible.

¿Cómo está la actividad en el país?

Desde la declaratoria de pandemia por la OMS, el país apostó por la estrategia de contención poniendo en marcha, de manera escalonada, una serie de medidas como el cierre de fronteras y, desde el 16 de marzo, la paralización de las actividades económicas, dejando en funcionamiento prácticamente los sectores esenciales, la prohibición del transporte público y el estableciendo un toque de queda de 4 de la tarde a 4 de la mañana durante 8 días, que fue ampliado el domingo pasado por 15 días más, hasta el 11 de abril, por ahora.

No existe una medida de confinamiento obligatorio como en España. La población sigue saliendo a trabajar, a realizar compras o pasear pero hay una recomendación general de quedarse en casa y se recomienda el teletrabajo para aquellas personas que su trabajo se lo permita. Y los mercados locales, lugar de alta concentración de personas, siguen funcionando con normalidad hasta la 1 de la tarde aunque sí se han venido tomando medidas de prevención promovidas por el Ministerio de Salud. Es posible que la falta de una cuarentena general más estricta, por la dificultad que esto entraña para el país, puede estar provocando la expansión del virus.

Por otro lado, en Guatemala la Semana Santa es un periodo vacacional y veraniego muy aprovechado por los ciudadanos para viajar a la playa, lagos o sitios recreacionales, por ello, el Gobierno impuso medidas más estrictas como la prohibición de desplazamientos entre departamentos, el cierre de todo tipo de lugares turísticos así como una “ley seca” durante toda la semana.

¿Qué perspectivas se tienen sobre lo que puede pasar?

Guatemala se enfrenta a la pandemia con algunos de los peores indicadores de la región es el país de América Latina con menos plazas hospitalaria por habitante, 6 por cada 10.000 habitantes; con la mayor desigualdad en el acceso a la salud, sólo superado por Haití; y con uno de más los bajos porcentajes de inversión en salud de toda la región. Es, por tanto, una situación muy precaria de partida, que hace esperar una situación dramática, en el caso de que aumente de manera descontrolada el número de contagios.

Algo que caracteriza a esta crisis es la alta incertidumbre en la que nos movemos. Lo ocurrido en otros países quizás no puede ser de referencia y se estima que la enfermedad incida de manera distinta en una población como la guatemalteca con una alta desnutrición crónica en menores de 5 años (46%) y unas carencias nutricionales muy serias. También hay que tener en cuenta otros factores que pueden acelerar la extensión de la pandemias: las condiciones de vida de la mayoría de la población, que viven en viviendas precarias con un alto nivel de hacinamiento; las patologías previas de la población y otras enfermedades infecciosas presentes como el dengue y las estructuras familiares existentes en las que cohabitan varias generaciones en un mismo hogar.

Por otro lado, es importante destacar que la principal causa de morbilidad y mortalidad en menores de 10 años son las infecciones respiratorias, que en muchos casos se complican en neumonías. En el país mueren cada año 6.000 personas por enfermedades respiratorias, siendo la mayoría menores de 10 años y mayores de 60 años, los colectivos más vulnerables por condiciones de vida y situación socioeconómica.

Otro problema grave, además de una potencial expansión de la enfermedad, es el fuerte estrangulamiento de la economía. Hay que tener en cuenta que aquí, como en muchos países de América Latina el sector informal es enorme, en Guatemala se estima que el 70% del empleo es informal y mucha gente vive con el ingreso diario. La paralización de actividades y las restricciones a la movilidad están haciendo sufrir a muchas familias que se están quedando sin sustento.

Para las zonas rurales, sobre todo del llamado Corredor Seco, esta pandemia viene en el peor momento. Por un lado, la inseguridad alimentaria recurrente puede considerarse una “crisis crónica” pero, además, estamos en el momento del inicio del periodo denominado “hambre estacional” que se da entre Mayo y Agosto, entre la primera y segunda siembra de maíz, pues las familias agotan sus reservas alimentarias. La situación de inseguridad alimentaria, por tanto, se agudizará inevitablemente y esta situación puede volverse muy complicada en zonas rurales y en pequeños núcleos urbanos. A esto se añade la reducción esperada de las remesas de las que dependen muchas familias y que proceden del extranjero, especialmente de Estados Unidos, que actualmente es el epicentro mundial de la pandemia.

El país había hecho grandes esfuerzos en la reducción paulatina la desnutrición aguda de los niños menores de 5 años pero esta situación de “tormenta perfecta”, por así decirlo, tiene el potencial de generar un gran retroceso y provocar un aumento considerable de los casos de desnutrición aguda y, por tanto, la muerte de niños y niñas.

¿Qué medidas se están tomando?

El país se está preparando para el peor escenario con los medios de los que dispone. Según el Ministerio de Salud, el pico de contagios se estima que se dará a principios de mayo.

Por ello, por un lado, se inició la semana pasada la adquisición de miles de tests y también de equipamiento de emergencia y material de protección para el personal sanitario que ya están llegando al país.

También se están ampliando la capacidad hospitalaria de manera urgente, creando camas de aislamiento y de UCI y poniendo en marcha tres hospitales de campaña en el país. El más grande está situado en la zona de la Feria de Ciudad de Guatemala y tendrá 2000 camas, al estilo de lo que se está haciendo Madrid en el Ifema, en el caso de que se dé un aumento considerable de casos en unos días.

Por otro lado, para remediar las consecuencias económicas de la pandemia, el Gobierno ha aprobado medidas para la población en extrema pobreza con el reparto de 200.000 cajas de alimentos y con transferencia de efectivo para pago de servicios básicos y alimentación que procederán de préstamos de entidades financieras internacionales. También ha habido un paquete de medidas para medianas y pequeñas empresas.

El gobierno está haciendo esfuerzos para atenuar el impacto de este parón económico en el conjunto más vulnerable de la población, aproximadamente un millón de familias. Estas medidas serán de aplicación para los próximos tres meses y se espera que puedan aplacar o evitar revueltas y estallidos sociales que parece que están iniciándose en otros países como Honduras, donde ya se han dado las primeras protestas.

La situación de gobernabilidad en el país es de normalidad. Tanto las alcaldías como la gran mayoría de la población han acatado las medidas gubernamentales, siendo la Policía Nacional Civil la encargada de hacer cumplir el toque de queda, manteniendo al ejército al margen, por ahora. En Guatemala hay un gobierno nuevo desde enero, y por lo tanto, su capital político y aceptación social por ahora es muy alto, lo que hace que la gente confíe y exista la sensación de que las medidas de contención están funcionando porque los casos siguen siendo aislados.


¿Qué se está haciendo desde el ámbito de la Cooperación?

Ante las emergencias, la Oficina de Acción Humanitaria de Naciones Unidas convoca y coordina el llamado Equipo Humanitario País que está, a su vez, organizado mediante Cluster de WASH (agua y saneamiento), Salud, Nutrición, etc. En estos espacios participan representantes de las instituciones del Gobierno central, las entidades multilaterales, las agencias de Naciones Unidas, las agencias de cooperación internacional de los países donantes y las ONGD internacionales. Actualmente el EHP ha elaborado dos informes de diagnóstico e identificación de brechas de atención y un Plan de Respuesta Humanitaria Global por la Pandemia COVID 2019 que incluye también acciones para apoyar al Estado de Guatemala para afrontar tanto la crisis sanitaria como alimentaria por $25 millones de dólares y que será presentado a la comunidad internacional.

En el Clúster de Salud, por ejemplo, el Ministerio de Salud ha trasladado a los donantes su demanda para cubrir una serie de necesidades para atender la emergencia. Aunque no ha habido un llamamiento internacional oficial de ayuda humanitaria, diversos donantes y organizaciones internacionales están movilizando sus recursos para apoyar al Gobierno dado el Estado de Calamidad Pública decretado.

En ese listado de necesidades está la solicitud de material de hospital, equipos de protección, mascarillas, batas, gafas, guantes y máquinas para respiración asistida. También se están solicitando medicamentos necesarios para tratar la sintomatología y la lucha contra la enfermedad, ya que los stocks nacionales son reducidos, de lo que se extrae que el sistema tiene más debilidades de lo que pudiera parecer.

¿Qué está haciendo la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo?

Esta situación, como a todos, nos ha pillado de improvisto y hemos modificado rutinas de manera muy rápida. Nos adaptamos a la nueva dinámica del teletrabajo desde casa y se han multiplicado las videoconferencias, tanto en los equipos de apoyo de la AACID como con las contrapartes y otras entidades. En mi caso, dado que coordino desde Guatemala los Programas con El Salvador y el SICA, ya realizaba trabajo a distancia con El Salvador por lo que ya teníamos toda la logística creada para ello, lo que nos facilitó el trabajo.

Vamos a analizar cada uno de los proyectos y plantear varios escenarios. Entre estos veremos que intervenciones pueden plantear un apoyo a la situación y al contexto de la zona donde están trabajando, sin plantear una modificación sustancial de formulaciones o presupuestos y cuales necesitan de una modificación para poder atender a la población y a la emergencia.

También estamos en estrecha coordinación con el equipo de la Oficina Técnica de Cooperación de la AECID que participa en el Cluster de Salud y en el Equipo Humanitario País y nos comparten la información generada en dichos espacios. Dada la importancia de esta crisis nos hemos incorporado al Clúster de Nutrición, coordinado por UNICEF y la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional, que es socio contraparte de la AACID desde hace años.

Hay que mencionar que la AACID trabaja en Guatemala en el llamado Corredor Seco, con enormes problemas de inseguridad alimentaria, y cuya población más vulnerable requiere cada año, en el periodo de ”hambre estacional”, de ayuda alimentaria. En este contexto, la AACID viene apostando por apoyar procesos de desarrollo con la población rural y dejando las acciones de ayuda humanitaria a entidades especializadas como son el Programa Mundial de Alimentos y determinadas ONGD internacionales.

También hay que mencionar el papel que las ONGD andaluzas pueden jugar en el apoyo, tanto en la fase de emergencia, como en la posterior fase de recuperación. Precisamente para compartir información y facilitar la coordinación de una respuesta conjunta vamos a convocar, en colaboración con la OTC/AECID, a una reunión virtual a los representantes en Guatemala de las ONGD andaluzas que trabajan en el territorio donde tenemos concentrada la cooperación bilateral.

Por otro lado, la AACID forma parte del grupo promotor de la Mesa de Cooperantes con el territorio Chorti, por lo que estamos apoyando a la Mancomunidad Copanchorti que lidere un encuentro con dicha Mesa para facilitar la coordinación de la respuesta a la emergencia entre todos los actores, tanto públicos como ONGD presentes en el territorio. Hay que destacar que en estos municipios aún no se ha declarado ningún caso, pero que se han declarado en emergencia sanitaria mejorando el control y asumiendo las medidas de contención y prevención.

Queremos prepararnos tanto para una posible emergencia sanitaria como alimentaria, y a la vez confiar en que si no se dan, nuestros proyectos puedan continuar desarrollándose, adaptándose eso sí al nuevo contexto. En todo caso nuestras intervenciones focalizadas en seguridad alimentaria y desarrollo económico y social ya trabajan en las líneas que más perjudicadas se van a ver con esta situación.

La recuperación económica post-emergencia, la de activos de las familias y la mejora de soberanía alimentaria de las familias serán claves en las que habrá que centrar el trabajo a posteriori a nivel estatal, y por supuesto en la zona de acción de Cooperación Andaluza.

Javier Serrano es personal expatriado de la AACID responsable de proyectos en Guatemala, El Salvador y SICA.

Los datos de la presente entrevista están actualizados a 7 de abril de 2020.