Mejorando la capacidad de resiliencia de las campesinas y los campesinos nicaragüenses frente al cambio climático

Por Olga Pozo, Jefa del Departamento de Cooperación con Iberoamérica de la AACID.

“Mejorar la capacidad de resiliencia de las campesinas y los campesinos nicaragüenses frente al cambio climático” es un proyecto impulsado por los fondos que la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación destina a la cooperación internacional a través de su Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID) y co-ejecutado por la organización local Asociación para el Desarrollo Municipal (ADM) y el Movimiento por la Paz (MPDL).

Esta intervención se desarrolló en las 18 comunidades distribuidas en los municipios de Santa Lucía, San José de los Remates y San Lorenzo, ubicados en el Departamento de Boaco, que está situado en la parte central de Nicaragua. Un territorio que se caracteriza por su superficie montañosa y su agricultura de subsistencia.

A través de procesos de formación participativa con enfoque de género, 178 personas dedicadas a la agricultura fortalecieron sus capacidades técnicas y organizativas para hacer frente a los desafíos del cambio climático en sus territorios.

Entre las técnicas de adaptación al cambio climático impartidas en la formación, se incluyó la implementación de cosecha de agua. Esta técnica consiste en la creación de pequeñas reservas de agua que se acumulan en invierno y se utilizan para el riego de cultivos durante la época seca. Gracias a este aprendizaje, las productoras y los productores lograron establecer pequeños huertos en sus parcelas, garantizando así el abastecimiento de alimentos sanos y frescos para sus familias durante todo el año.

De las 18 comunidades en las que se ejecutó este proyecto, en 8 se establecieron bancos de semilla criolla, ubicados en casas de las productoras y los productores, donde se almacenan comunitariamente granos básicos como maíz o frijoles para próximos ciclos productivos. Estos bancos son administrados por juntas directivas que participaron en formaciones sobre el manejo y la administración de bancos de semillas. Con esta acción, se logró asegurar el abastecimiento de grano para la siembra y para consumo mediante la preservación de técnicas ancestrales para la conservación de la semilla criolla.

De esta manera, se consiguió evitar el consumo de transgénicos y se fortaleció la seguridad y soberanía alimentaria. Por otro lado, los Comités de Agua Potable (CAPs), en coordinación con otras organizaciones comunitarias, reforestaron fuentes de agua que nutren a los pozos comunitarios. Estos pozos también fueron rehabilitados con la construcción de casetas, pilas y brocales (contorno del pozo) con el fin de garantizar las condiciones mínimas durante la manipulación del agua para consumo humano.

A nivel organizativo, se fortaleció la capacidad de gestión local de los grupos comunitarios, quienes expusieron ante diversos actores locales (alcaldías, ONG o universidades) necesidades relacionadas con el acceso al agua y mejoramiento de infraestructura de los pozos comunales para su financiación.

Por último, desde la AACID queremos destacar la participación activa de mujeres productoras en los procesos de rescate de semilla criolla (selección, siembra y recogida de grano) y el establecimiento de los bancos de semillas y redes de intercambio. Sin ellas, el proyecto no hubiera tenido el impacto que tuvo. Su trabajo no sólo ha contribuido a mejorar la vida de sus familias sino a mejorar el desarrollo de sus comunidades, ellas son las protagonistas de este proceso de desarrollo, y a ellas queremos darle nuestro reconocimiento.