Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres

Mar Correa García, jefa del Área de Equidad de Género de la AACID

Nuestro mundo es desigual. Esto no es nuevo. Convivimos a diario con ello.
De tanto en tanto algo nos saca de esa costumbre extraña.

2014, el University College muestra el mapa de la esperanza de vida de la ciudad de Londres, en el que se evidenciaba que la esperanza de vida de las niñas y los niños varía en años entre estaciones separadas tan sólo por unos minutos.

2015, 193 países firman la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), comprometiéndose con ello a trabajar conjuntamente para impulsar un desarrollo guiado por el respeto a las personas, al planeta, a la paz y a la prosperidad. Una hoja de ruta indivisible, con lógica transnacional y calado universal.
La Agenda 2030 nos trae ecos familiares, la integralidad, indivisibilidad y universalidad nos devuelven a 1948, todos los seres humanos nacen iguales en dignidad y derechos , afirma el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

2020, el COVID-19 asola el planeta y los efectos de la pandemia irrumpen en nuestras vidas. Y a partir de entonces, todo se precipita.
Richard Horton, editor jefe de la revista científica The Lancet, recupera el concepto creado por Merril Sing, con el que nos invita a entender – y a responder – a los aspectos biológicos y sociales del COVID-19.
El prefijo pan (del griego totalidad) que parecía infinito y universal, se ensancha al incluir nuevos puntos de vista. ¿Cómo se aumenta el alcance de algo que ya lo nombra todo?
No es fácil, se necesita la cooperación de otros dos conceptos: sinergia y epidemia, de aquí nace sindemia. Syn (también del griego, con, junto, a la vez).
La totalidad no es suficiente, necesitamos abordarlo en conjunto, a la vez.

Todo este esfuerzo de cooperación para colocarnos en otro lugar desde el que entender que las epidemias como el COVID-19 interactúan con los problemas sociales: la inequidad, la concentración de la riqueza, el empobrecimiento, la injusticia… para hacerse más dañinas que la suma de sus efectos individuales.

“No importa cuán efectivo sea un tratamiento o una vacuna protectora, la búsqueda de una solución puramente biomédica para COVID-19 fracasará”. Ver al virus como una ‘sindemia’ invita a una visión más amplia, que abarca la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente. Ver al COVID-19 sólo como una pandemia excluye un prospecto tan amplio como necesario.

Volvamos a 2014, al mapa del metro de Londres. Las causas de esa diferencia en la esperanza de vida son complejas. Están indudablemente relacionadas con el género, con los privilegios, con el desarrollo en la primera infancia, con las oportunidades en el acceso a la educación, el empleo y las condiciones de trabajo, el hecho de disponer de los ingresos mínimos para llevar una vida saludable, el medio ambiente y, por supuesto, con las decisiones individuales.

Como ha puesto de manifiesto el COVID-19, algunas personas pueden llevar una vida más sana y tener mejor acceso a los servicios de salud que otras, debido enteramente a las condiciones en las que nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.
Esto no es sólo injusto, también es evitable.
Se necesitan políticas públicas dirigidas a la prevención primaria de las enfermedades que aborden, a su vez, unos determinantes de la salud inextricablemente unidos a una desigualdad creciente.

De vuelta al presente, hoy, 28 de mayo, se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Una excelente oportunidad para poner en práctica el enfoque de la sindemia.

La salud es un derecho humano fundamental, es la base del bienestar y la participación en todos los aspectos de la vida.

La biología incide en la salud, no hay duda, igual que lo hacen las normas sociales, las decisiones políticas y las oportunidades disponibles para desarrollar nuestras capacidades.
Todos estos ámbitos están bajo la influencia de los patrones de discriminación de género, en otras palabras, tal y como señala ONU Mujeres, la salud plena elude a las mujeres en el mundo actual.

Esta discriminación toma la forma de los obstáculos en el acceso de algunas personas a los servicios de atención médica que necesitan, la del varón cabeza de familia que es el único en el hogar que duerme bajo una tela mosquitera, o el que tiene el derecho a comer el primero y por tanto a elegir. La del hombre que se niega a usar condón pese al alto riesgo de transmitir el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).
La violencia de género, una epidemia persistente en todas las sociedades, destruye la salud física y mental de las mujeres y, en ocasiones, se cobra sus vidas. El matrimonio precoz expone a las niñas a efectos devastadores para la salud, entre ellos los alumbramientos a edades muy tempranas.
La privatización de la atención médica sin garantías de acceso para toda la ciudadanía ha reducido los servicios para las mujeres y les ha impuesto responsabilidades adicionales de cuidados para quienes en la familia padecen alguna enfermedad. Esto les deja menos tiempo para cuidar de sí mismas y para procurar oportunidades educativas o laborales que mejoren sus vidas.

Infografía ‘Mujeres y Salud’, ONU Mujeres

De ahí que, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, (adoptada por 189 Estados Miembros de las Naciones Unidas en 1995), definió la salud como un estado pleno de bienestar, y no sólo la ausencia de enfermedades o dolencias.

La IV Conferencia de las Mujeres también estipuló que las mujeres deben disfrutar de los más altos niveles de salud durante toda su vida, de mayores recursos para investigar y dar seguimiento a las preocupaciones de las mujeres en lo que respecta a la salud,y confirmó el derecho de las mujeres a la salud sexual y reproductiva y a tomar decisiones sobre su sexualidad.

Entre otras medidas, los gobiernos se comprometieron a prestar una atención asequible y de calidad y a potenciar las inversiones en servicios esenciales para las mujeres.
En virtud de las numerosas amenazas a la salud que todavía enfrentan las mujeres, y de la falta de cumplimiento de sus derechos inherentes, estas acciones, largamente adeudas, se tornan más urgentes que nunca.

Y como las obras son amores y no buenas razones, a continuación presentamos algunas de las acciones que se están apoyando desde la política pública andaluza de cooperación internacional para el desarrollo de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación que contribuyen a que las mujeres disfruten del derecho a la salud.

Abordaje de la determinación de género para el ejercicio del derecho a la salud de mujeres en comunidades de tres municipios de la zona paracentral de El Salvador.

Con este proyecto se pretende impulsar la participación de mujeres empoderadas y organizadas alrededor del derecho a la salud , el fortalecimiento de intersectorialidad municipal y el desarrollo de políticas y servicios públicos que permita incrementar el acceso a mejores condiciones de salud de las mujeres de 3 Municipios de El Salvador, de forma tal que se rompan factores de determinación de género implicadas en explicar las principales morbi-mortalidades que afectan a la mujer salvadoreña. Para ello, se plantea converger dos grandes estrategias. La primera dirigida al fortalecimiento de base territorial de las organizaciones de mujeres comunitarias y su agenda de incidencia. La segunda, a mejorar la atención integral de mujeres en el sistema público de salud, a través del desarrollo de capacidades en su personal, de la investigación para la mejorar programas de atención y diagnóstico, y el impulso a la atención de mujeres en el ámbito comunitario.

Alimentación sostenible y salud. Apostando por sistemas agroalimentarios locales que trabajen desde la agroecología, soberanía alimentaria y género, por el derecho a la alimentación y la salud.

Este proyecto pretende fomentar sistemas agroalimentarios locales que permitan un alto nivel de bienestar y salud para las personas, desde el análisis de la Soberanía Alimentaria (SA) y Agroecología (AG) como modelos de desarrollo sostenible en el Norte-Sur.

La intervención abordará la salud humana y la alimentación, derechos fundamentales vulnerados por el actual Sistema Agroalimentario, que genera inseguridad alimentaria, problemas de salud y malnutrición, sobre todo en mujeres. Se plantea la Alimentación Sostenible (AS) como estrategia que promueve el acceso universal a una alimentación saludable y respetuosa con las personas y los ecosistemas.

Se busca capacitar a la población sujeto (comunidad universitaria, consumidores/as-productores/as y ciudadanía en general) en AS, promover encuentros entre instituciones y organizaciones de la sociedad civil, y reforzar experiencias prácticas que trabajen la AS y repercusiones Norte-Sur, desde un enfoque basado en los Derechos Humanos y con perspectiva de género.

Allin Ayllu: familias campesinas fortalecen condiciones para el ejercicio del derecho a la salud con enfoque de género.

La presente iniciativa en colaboración con Asociación Madre Coraje y Salud Sin Límites Perú, pretende contribuir al ejercicio del derecho a la salud de 4 municipios de Angaraes que han mejorado en los últimos 4 años su acceso al agua y saneamiento gracias al trabajo desarrollado con el Programa de desarrollo territorial integrado en Angaraes (1C185/2011), pero que requieren de un salto cualitativo hacia la asunción de compromisos y sostenibilidad respecto a las infraestructuras, servicios generados y su gestión, así como a la apropiación de hábitos de higiene y nutrición saludables a nivel familiar y comunal, con participación equitativa de hombres y mujeres; a través de: la buena gobernanza en servicios de agua y saneamiento rural, espacios capacitados para su gestión eficiente, actores locales y familias practican en equidad buenas prácticas de nutrición y manejo de residuos, las organizaciones sociales de base de mujeres adquieren reconocimiento social en la materia y se fortalecen en participación e incidencia, complementando los planes y recursos ofertados por el Estado en saneamiento rural.

Apoyo a las mujeres y las niñas de tres comunas de la región de Ségou (Mali), para el ejercicio libre e informado de sus derechos sexuales y reproductivos, sin discriminación y violencia, y la consecución del nivel más elevado de SSR.

Este proyecto en colaboración con Farmacéuticos Mundi y la Asociación para la Promoción de la Salud Materno-Infantil (IAMANEH), contribuye a apoyar a las mujeres y las niñas de 3 Comunas (Katiena, Saminé y Cinzana) de la región de Ségou (Malí), para el ejercicio libre e informado de sus derechos sexuales y reproductivos, sin discriminación de género y erradicando la violencia contra la mujer, apuntando a la consecución del nivel más elevado de la salud sexual y reproductiva. Los resultados son: el acceso de las mujeres a servicios de salud sexual y reproductiva con enfoque de género e información como elemento clave para la toma de decisiones libres, el acceso al tratamiento integral hasta la recuperación integral de mujeres que padecen fístula obstétrica, el aumento de capacidades y recursos para la protección de los derechos sexuales y reproductivos, con énfasis en la prevención de PTN en el nivel comunitario. La ejecución la lidera la ONG local IAMANEH y la población destinataria se corresponde con la de las 37 comunidades de intervención: 54.851 personas (51% mujeres).

Todos los proyectos encaminados a la consecución del ODS 5 de la Agenda 2030 (igualdad de género), así como intervenciones de otras tipologías, pueden consultarse en la web de Cooperanda, el espacio de comunicación y transparencia pensado y diseñado para hacer accesible a todos los públicos la información de los proyectos de cooperación al desarrollo apoyados por Andalucía.