Día Mundial contra el Trabajo Infantil

El impacto del COVID-19 en el trabajo infantil y el trabajo forzoso

José Francisco Montero Rodríguez, Jefatura Área Fortalecimiento Institucional Público y Organizaciones Sociedad Civil.

En los últimos 20 años, casi 100 millones de niños han dejado de realizar trabajo infantil, al haber disminuido la cantidad de casos registrados de 246 millones en 2000 a 152 millones en 2016.

No obstante, los avances logrados en todas las regiones han sido dispares. Casi la mitad de los casos de trabajo infantil se registra en África (72 millones de niños), seguida de Asia y el Pacífico (62 millones); el 70% de los niños que trabajan lo hacen en el sector agrícola, principalmente en actividades de subsistencia o comerciales, o de cría de ganado. Casi la mitad de esos niños llevan a cabo trabajos que se consideran peligrosos, o en situaciones de riesgo para su salud o su vida.


La crisis de COVID-19 ha traído consigo una situación de mayor pobreza para esas personas que ya se encontraban en situación vulnerable, y podría revertir años de avances en la lucha contra el trabajo infantil. El cierre de escuelas ha agravado la situación y millones de niños trabajan para contribuir a los ingresos familiares. La pandemia ha provocado asimismo que mujeres, hombres y niños pasen a encontrarse en una situación más vulnerable frente a la explotación.

Es evidente que el COVID-19 ha sumido al mundo en una crisis de alcance y escala sin precedentes. No es menos cierto que los efectos nocivos de esta pandemia no se están distribuyendo de manera equitativa. Se comprueban las peores previsiones, los países más pobres son los más perjudicados, lo que agrava aún más si cabe, y de manera muy especial, en un año 2021 declarado Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil por Naciones Unidas,  la situación desfavorecida o vulnerable de las niñas y los niños en situación de trabajo infantil y las víctimas del trabajo forzoso y de la trata de personas, en particular las mujeres y las niñas. La falta de acceso a sistemas de protección social, prestaciones de desempleo, atención médica, pérdida de ingresos, etc., son algunas de las causas que han afectado a estos grupos vulnerables.

Es destacable la elaboración y puesta en marcha de planes de contingencia desde el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil y del Trabajo Forzoso, programa de referencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del que la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID) es socio estratégico desde 2014, para lograr disminuir los riesgos de la pandemia, tratando de asignar con fondos adicionales los esfuerzos de seguimiento del impacto del COVID-19 en el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas, en particular en relación con el cierre de escuelas, el cierre de empresas, el desempleo, la pérdida de medios de subsistencia de las comunidades afectadas y la falta de sistemas de protección social.

Como consecuencia del COVID-19, se ha generado un agravamiento de las causas que provocan el trabajo infantil y el trabajo forzoso, destacando la pobreza, el acceso limitado a oportunidades de trabajo decente para las personas en edad legal de trabajar, la marginación social, la discriminación, la falta de una educación universal de calidad, la prevalencia de la economía informal y la debilidad del diálogo social.

Tenemos que abordar el impacto de la pandemia en los más vulnerables con un enfoque centrado en el ser humano, mediante actuaciones que permitan prevenir y eliminar el trabajo infantil y el trabajo forzoso entre las poblaciones más vulnerables, prestando apoyo a los niños y las niñas que corren mayor riesgo, sus familias y comunidades.

En el marco de la meta 8.7, la OIT debe continuar desempeñando un papel fundamental en la movilización de una respuesta coordinada mediante redes mundiales y regionales, con más de 250 organizaciones, para abordar y dar respuesta a los desafíos emergentes del COVID-19 en las comunidades afectadas y, por lo tanto, para mitigar los riesgos de resurgimiento del trabajo infantil y el trabajo forzoso.

Es importante continuar realizando investigaciones que permitan poner en evidencia el impacto del COVID-19 en el trabajo infantil y el trabajo forzoso que permitan proporcionar a los gobiernos e interlocutores sociales, los medios para adoptar decisiones fundamentadas para responder a la crisis. Tanto en 2020 como en el presente año, existen multitud de investigaciones que coinciden en afirmar el considerable aumento del trabajo infantil y la pobreza durante la pandemia de Covid19 y el impacto que esta tiene en los derechos de los niños y las niñas. La pérdida de empleos en las familias o reducción de los ingresos como consecuencia de los confinamientos ocasionados y provocados por la pandemia, ha llevado a que muchos menores se hayan visto obligados a trabajar, en muchas ocasiones en condiciones peligrosas, incluso sufriendo violencia, acoso y el robo de sus salarios

Se requiere continuar promoviendo y prolongando las medidas socioeconómicas adoptadas por muchos países durante la crisis, destacando el fortalecimiento de los presupuestos nacionales para salud pública, la educación, la extensión de la cobertura de protección social y, destacable, las medidas de incentivo económico para las poblaciones vulnerables. Medidas que sin duda tendrán un efecto positivo en la lucha contra el trabajo infantil.

Niñas y niños que no les ha quedado otra opción que trabajar para ayudar a subsistir a sus familias. Pero no nos confundamos, el trabajo infantil no es una consecuencia inevitable de la pandemia. Se hace necesario, en estos momentos más aún si cabe, un compromiso de los gobiernos y de los donantes para aumentar las asignaciones de efectivo destinadas a las familias para mantener a los menores alejados del trabajo infantil y para proteger sus derechos a la educación y a un nivel de vida adecuado.

Es fundamental, y en virtud de lo establecido en la Meta 8.7, que los países tienen que tomar medidas eficaces a corto plazo para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a la esclavitud moderna y a la trata de seres humanos, y velar por la prohibición y la erradicación de las peores formas de trabajo infantil, en particular, el reclutamiento y la utilización de niños soldado, y poner fin a todas las formas de trabajo infantil para 2025.


“El trabajo infantil no tiene cabida en la sociedad», señaló Guy Ryder, Director General de la OIT. Priva a los niños de su futuro y mantiene a las familias en situación de pobreza. El Año Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil brinda a los gobiernos la oportunidad de tomar medidas para alcanzar la Meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por medio de la adopción de medidas específicas encaminadas a erradicar definitivamente el trabajo infantil. Habida cuenta de que la COVID-19 podría revertir años de avances, hoy más que nunca debemos cumplir compromisos adquiridos.