La AACID en América Latina: Apoyando la reactivación del Caribe desde Andalucía

Olga Pozo, Jefa de Departamento de Centroamérica y El Caribe

En estos momentos, en los que parece que estamos comenzado a superar los devastadores efectos del COVID-19 en nuestro país y en los que empezamos a centrar nuestros esfuerzos en la reactivación de la economía, no debemos olvidar que existen aún países en los que la emergencia sanitaria aún está muy presente y sigue cobrando vidas.

Decir que las crisis afectan con mucha mayor dureza a las personas más vulnerables no es nada nuevo, pero nunca está de más volver a recordarlo y recordar también las duras realidades que tienen que afrontar diariamente miles de millones de personas en el mundo.

Imaginemos cómo han tenido que sobreponerse a los efectos de la pandemia los casi mil millones de personas que se encuentran en situación de pobreza extrema. Personas que viven con menos de dos euros diarios, que no cuentan con agua potable o saneamiento en sus precarias viviendas, que no tiene acceso a atención sanitaria de calidad y que no pueden permitirse el lujo de permanecer en casa porque el día de que no trabajan no perciben ingresos.

Desde la cooperación andaluza la respuesta a esta grave crisis ha sido una realidad en el contexto latinoamericano, se ha favorecido, en un primer momento, a la atención directa de las personas en el contexto del COVID con proyectos como los impulsados en Cuba, en los que se ha acometido la rehabilitación y equipamiento del Hospital Iluminado Rodríguez, que con 100 camas y más de 500 trabajadores y trabajadoras da cobertura a los municipios de Jagüey Grande y Ciénaga Zapata atiendo a una población cercana a las 90.000 personas, o la rehabilitación y equipamiento del Hogar de Ancianos de Pedro Betancourt en el que en modalidad interna o mixta conviven más de 90 adultos y adultas mayores.

Hogar de Ancianos de Pedro Betancourt rehabilitado, Cuba

Es innegable la utilidad de este tipo de apoyos en los momentos en los que la pandemia amenazaba con sobrepasar las capacidades de atención sanitaria de todos los países. Pero es fundamental que valoremos la importancia del trabajo previo de cooperación que se venía realizando en Cuba y en República Dominicana y que ha sido crucial para que colectivos vulnerables hayan podido afrontar con mayores fortalezas los efectos de la pandemia.

Fortalecimiento del sistema de cultivos organopónicos, Cuba

En Cuba, por ejemplo, el fortalecimiento de las estructuras del sistema de cultivos organopónicos en tres municipios de la provincia de Matanzas, Cuba, permitió aumentar la calidad y cantidad de vegetales ofertados a la población, contribuyendo así a garantizar el derecho a la alimentación de toda población con base en la pequeña y mediana producción.

La producción cercana y la disponibilidad de alimentos ha sido un elemento clave en los peores momentos de la pandemia, en los que incluso se detuvieron los canales de distribución. Igualmente, el apoyo para la producción local de materiales de construcción en cuatro municipios de la provincia de Pinar del Río, ha permitido hasta el momento la construcción de casi 1200 viviendas con sus servicios básicos de agua potable y saneamiento, lo cual sin duda ha permitido a estas familias enfrentar las restricciones de movilidad de una mejor manera.

Construcción del Hospital de Pedernales, República Dominicana

En República Dominicana el proyecto de construcción del Hospital de Pedernales y la mejora de las condiciones de los otros cuatro hospitales provinciales de la frontera con Haití ha permitido fortalecer las capacidades locales para la actuación en las diferentes fases de los procesos de emergencia sanitaria a través de un abordaje comunitario y de movilización social. 

Esta intervención ha permitido contar, en la una de las regiones con mayores índices de pobreza  del país, con infraestructuras sanitarias adecuadas que han sido clave para la atención a los efectos del COVID-19 en este territorio. También en la zona fronteriza con Haití se han desarrollado acciones dirigidas a fortalecer las capacidades de las mujeres empresarias propietarias de pequeñas y medianas empresas. Han participado en el proyecto 372 mujeres que han podido hacer frente a los efectos de la pandemia con la consolidación y fortalecimiento de sus negocios y con mayores capacidades personales.

Esta crisis ha sido una crisis con múltiples crisis, pero es evidente que sus efectos socioeconómicos han sido especialmente relevantes y, como comentábamos anteriormente, se han hecho notar con mayor dureza en los colectivos más vulnerables, que han visto seriamente afectados sus medios de vida y, en el caso de que los tuvieran, ha consumido sus ahorros. Una vez iniciado el camino de la superación de la emergencia sanitaria, es importante seguir colaborando para facilitar la recuperación económica y la cohesión social en los territorios más vulnerables.

En este sentido, desde la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, se hace una apuesta clara por facilitar la recuperación socio-económica de nuestros  países socios y especialmente en los grupos de población más vulnerables.

Para ello ya hemos comenzado impulsando en el año 2020 acciones enfocadas a la recuperación de las micro y pequeñas empresas participantes en cadenas de valor agroindustriales, comenzando desde el nivel regional con el Centro Regional para la Promoción de la Micro y Pequeña Empresa (CENPROMYPE) y aterrizando de manera coherente en los territorios de los estados miembros del Sistema de la Integración Centroamericana, al que pertenece República Dominicana, que ha realizado una apuesta por un producto de valor agregado en la isla como es su producción y derivados de mango y aguacate, apostando por apoyar a las MIPYMES en la  generación de la cadena de valor de mango  y aguacate y articularlas en el entorno del mercado centroamericano, caribeño y mundial.

La pandemia también nos ha permitido tomar conciencia de que para lo bueno y para lo malo estamos en un mundo altamente interconectado. En los últimos tiempos no han sido pocas voces que han puesto de manifiesto que son más válidos que nunca los postulados de la Agenda 2030 y la máxima de “No dejar a nadie atrás”

El COVID-19 ha sido una pandemia mundial que ha afectado a todos los estratos sociales y a todas las regiones del planeta.  Ha permitido despertar sentimientos de solidaridad entre los países y poblaciones, pero no olvidemos que en muchos de estos países hay poblaciones que viven en una crisis permanente y que son afectados recurrentemente por fenómenos naturales como terremotos, inundaciones, huracanes o pérdida de cosechas por los efectos de cambio climático, que no por otro lado en gran parte es provocado por nuestro estilo de vida y nuestros hábitos de consumo.

El Caribe es una representación clara de las consecuencias del cambio climático y desde la cooperación andaluza, como respuesta de la solidaridad del pueblo andaluz siempre ha venido acompañando a nuestros dos países socios del Caribe a reconstruirse bajo los parámetros de justicia, solidaridad y equidad.