Día Internacional para proteger la Educación de ataques

Si hay un sentimiento fuerte de pérdida de futuro y de oportunidad, es cuando contemplamos la imagen de una escuela destruida después de un ataque en un conflicto armado.

La educación, más allá del edificio, es uno de los símbolos más potentes en cualquier lugar del planeta:

Es un derecho humano fundamental que vela por el desarrollo integral de la persona, siendo asimismo la identidad de un pueblo, la cultura.
Es el faro para millones de niños, niñas y jóvenes. Y sobre todo, garantía para las niñas en el cumplimiento de sus derechos.
Es la protección frente al caos, el reclutamiento y tráfico de menores o el trabajo infantil.
Es la cotidianidad y cierto grado de bienestar en medio de contextos complejos y difíciles.
Es lo que construye, reconstruye y hace crecer a cualquier ser humano y por ende, a sus sociedades.
Es un instrumento de recuperación de una comunidad, de creación y mantenimiento de la paz, la cohesión social y la convivencia.

Por todo ello, es deber de los Estados protegerla tanto en situaciones de paz como en situaciones de conflicto.

A través de un decreto oficial establecido por la ONU, el 9 de septiembre de 2020 se proclamó por primera vez el Día Internacional para proteger la Educación de Ataques, con el fin de proteger a los niños, niñas y jóvenes de todo el mundo de sufrir ataques armados, desastres naturales, enfermedades o algún tipo de agresión que pueda atentar con sus vidas garantizando un entorno seguro que les permita adquirir los conocimientos, destrezas y herramientas que solo la Educación proporciona.

Las presentes y futuras generaciones, a muy temprana edad, se enfrentan a realidades tan cruentas como conflictos armados, desplazamientos, orfandad, pérdida de familiares, enfermedades, pandemias como la actual, reclutamiento forzado (como en Sudán del Sur o Yemen) o el ataque de centros educativos como estrategia militar para lograr fines políticos creando así un entorno de rechazo y miedo en un lugar como la escuela.

Miedo e inseguridad especialmente acrecentado en las niñas por el alto impacto de la violencia de género tanto en el propio centro educativo como en el trayecto al mismo. Baste recordar casos como el de Boki Haram, en el norte de Nigeria, donde el secuestro de niñas persigue obtener financiación para continuar sus campañas militares mientras las niñas son abusadas sexualmente o atentados selectivos a escuelas de niñas (Afganistán) o autobuses escolares también con niñas (Malala Yousafzai).

Como recuerda Audrey Azoulay, directora de la UNESCO, todas las escuelas deben ser lugares seguros, donde no exista ninguna posibilidad de que nuestros niños y niñas estén expuestos a ningún tipo de riesgos, conflictos o violencia. En caso contrario, se estaría permitiendo que se cometiera un crimen de lesa humanidad.

Cabe recordar a este respecto que durante la última década, tanto el Derecho Internacional Público como el Derecho Internacional Humanitario han utilizado sus recursos para unir a los estados para frenar esta injusticia. Así, en 2010 se abordó por primera vez este asunto específicamente cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas recordó a las partes de los conflictos armados el seguimiento del derecho internacional de abstenerse de utilizar objetos civiles, incluidas las instituciones de enseñanza, con fines militares y para reclutar a niños, introduciendo de este modo el Derecho a la Educación en Situaciones de Emergencia. De la misma manera, debido a la preocupación de la Asamblea General por el aumento de los ataques en escuelas, se aprueba la Resolución sobre los Derechos del Niño en 2015, en el que se recoge con mayor énfasis y profundidad el derecho a la educación en situaciones de conflicto, a la par que se incentiva a los estados de que tomen las medidas necesarias para eliminar la discriminación contra las niñas en el ámbito de la educación, utilizando medidas para mejorar su seguridad tanto en la institución escolar como en su desplazamiento hacia ella.

Para que se pueda entender con mayor perspectiva la magnitud de este problema, según el informe de educación de ACHNUR 2020, únicamente en la región del Sahel, se han cerrado 2.500 escuelas debido a violencia, dejando así unos 350.000 estudiantes sin educación. La violencia en el entorno escolar es un fenómeno que desgraciadamente afecta a muchas regiones del planeta, como puede ser Afganistán, Filipinas, Siria, Yemen o Colombia.

La pandemia actual no ha hecho sino agravar esta situación, tal y como expresa el Secretario General de la Organización Mundial de las Naciones Unidas: “mientras el mundo está luchando para contener la pandemia de Covid-19, los niños, niñas y jóvenes que viven en zonas de conflicto son los más vulnerables a los efectos devastadores de la pandemia. Debemos asegurarnos de que nuestros niños y niñas tengan un entorno seguro en el que adquirir los conocimientos y competencias que necesitarán en el futuro”.

La cooperación internacional al desarrollo, como política de Estado que es, se sustenta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Derechos Humanos que son referencia para lograr el cumplimiento de la Agenda 2030.

Desde la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID) recordamos nuestra obligación en la defensa y protección de los mismos y a quienes en la lucha diaria, en los contextos más difíciles, velan porque nadie quede atrás en el ejercicio del derecho a la educación.

Almudena Moreno Velasco, Departamento de Educación para el Desarrollo de la AACID.