La contribución de Andalucía a la seguridad alimentaria de niñas y niños en Honduras desde la educación pública

Niña de la Escuela Soberanía. Municipio de San Marcos de la Sierra. Departamento de Intibucá. Honduras. Agosto 2021.
Niña de la Escuela Soberanía. Municipio de San Marcos de la Sierra. Departamento de Intibucá. Honduras. Agosto 2021.

La pandemia ha tenido efectos adversos en todo el mundo, afectando profundamente a aquellas personas que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad antes de marzo de 2020. En muchas partes del mundo, el acceso a servicios básicos y a derechos básicos como la educación ya formaban parte de una crisis permanente y la COVID-19 ha empeorado la situación.

Es el caso de muchas niñas, niños y adolescentes que viven en América Latina y Caribe, ya que, según señala UNICEF, tres de cada cinco niños y niñas que perdieron un año escolar en el mundo durante la pandemia viven en América Latina y Caribe.

En el caso de Honduras, los centros educativos han estado cerrados más de 17 meses. Es ahora, en septiembre de 2021 cuando se ha iniciado un paulatino regreso a las aulas bajo la modalidad semipresencial. Una progresiva “vuelta a la normalidad” que no es generalizada ya que únicamente pueden acogerse aquellos centros que cumplen con las medidas hidrosanitarias e higiénicas, medidas que no se cumplían incluso antes de la pandemia.

Esta situación no solo supone un parón en la educación de niñas, niños y adolescentes, sino que tiene consecuencias de mayor alcance, especialmente en las zonas rurales de Honduras.

En las comunidades rurales de las áreas más alejadas de los centros urbanos, las escuelas públicas cobran una dimensión muy especial al constituirse como verdaderos espacios de cohesión social entre la comunidad educativa. Padres, madres, niñas y niños, profesorado, instituciones del estado y gobiernos locales trabajan de la mano con único objetivo: velar por el derecho a una educación de calidad y garantizar una alimentación nutritiva y suficiente para todos los escolares de la comunidad.

Las escuelas son, en estos casos, espacios que permiten el desarrollo de los niños y niñas y sus familias en los distintos planos: educativo, social, físico y emocional.

El papel de Andalucía

La Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación, a través de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID), lleva a cabo en zonas rurales de Honduras varios proyectos destinados al fortalecimiento de las escuelas públicas rurales y garantizar la seguridad alimentaria de niñas y niños.

En el año 2016 la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo firmó un convenio de financiación -hoy vigente- con la Secretaría de Desarrollo e Inclusión Social (SEDIS) de Honduras para contribuir con su Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE) mediante acciones concretas que han mejorado la gestión, el suministro y la preparación de la alimentación escolar en las escuelas de los diecisiete municipios del departamento de Intibucá y en otros cinco municipios del departamento de La Paz, ubicados en el occidente de Honduras; una de las regiones más pobres del país y en la que vive la población originaria lenca.

A fecha de hoy, gracias al proyecto Fortalecimiento de las capacidades locales para la gestión, suministro y preparación de la alimentación escolar se ha analizado la situación nutricional de los niños y niñas en edad preescolar y escolar de veintitrés escuelas públicas para conocer la eficacia del PNAE en la calidad de vida de los niños y niñas a través de una alimentación escolar balanceada. También se han puesto en marcha distintos programas de formación: se ha formado a las familias productoras de las comunidades para impulsar su participación como asociaciones organizadas proveedoras de alimentos del PNAE y a más de cuatro mil madres y padres en educación alimentaria nutricional con el objetivo de mejorar la preparación de la alimentación escolar (higiene, preparación de alimentación nutritiva, menús balanceados, etc..). Estas actuaciones se han complementado con el apoyo a la construcción de diecisiete escuelas rurales, cocinas, bodegas y comedores escolares donde antes no los había, además de comprarse utensilios para la conservación, la preparación y la entrega de las comidas escolares en las nuevas instalaciones.

El centro de educación básica Francisco Morazán en la comunidad El Bailadero del Municipio de Cabañas, departamento de La Paz, Honduras, ya cuenta con un nuevo comedor, cocina y bodega para atender las necesidades de la alimentación escolar de todos sus niños y niñas. Agosto de 2017.
El centro de educación básica Francisco Morazán en la comunidad El Bailadero del Municipio de Cabañas, departamento de La Paz, Honduras, ya cuenta con un nuevo comedor, cocina y bodega para atender las necesidades de la alimentación escolar de todos sus niños y niñas. Agosto de 2017.

El centro de educación básica Francisco Morazán en la comunidad El Bailadero del Municipio de Cabañas, departamento de La Paz, Honduras, ya cuenta con un nuevo comedor, cocina y bodega para atender las necesidades de la alimentación escolar de todos sus niños y niñas. Agosto de 2017.

El Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés), socio estratégico del PNAE, ha evaluado recientemente el programa como un modelo eficaz que ha tenido efectos muy positivos tanto en la nutrición de los niños y las niñas y en sus indicadores educativos. Desde el punto de vista nutricional, la diversificación de la dieta ha permitido que los escolares consuman alimentos nutritivos que difícilmente pueden conseguir en sus hogares – sobre todo en las familias más pobres- y en términos educativos se ha incentivado la asistencia a la escuela y el rendimiento escolar ha aumentado.

Este proyecto ha permitido además que, en los meses en los que las escuelas han permanecido cerradas por la pandemia, el alumnado de las comunidades donde se ha llevado a cabo el proyecto no hayan dejado de recibir su alimentación.

Gracias al convenio de colaboración entre SEDIS, la Suplidora Nacional de Alimentos Básicos (BANASUPRO) y la Mancomunidad de Municipios Fronterizos del Departamento de Intibucá (AMFI) se ha continuado entregando la alimentación escolar directamente a las familias.

Hasta agosto de 2021 más de 1058 niños y niñas de las escuelas incluidas en el proyecto han seguido recibiendo su alimentación junto con kits de bioseguridad, manteniendo de esta manera el vínculo con su centro escolar en los momentos más duros de la pandemia.

Naóm del Cid, director de la Escuela República de México del Municipio de Concepción, departamento de Intibucá, realiza una entrega de alimentos a un alumno y su madre. Agosto de 2021
Naóm del Cid, director de la Escuela República de México del Municipio de Concepción, departamento de Intibucá, realiza una entrega de alimentos a un alumno y su madre. Agosto de 2021

Además, el apoyo que la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo brinda al PNAE para favorecer la alimentación de las niñas y niños a través de las escuelas, ha permitido que a través de la ONGD CESAL se lleve a cabo el proyecto de Mejora de la seguridad alimentaria y la adaptación al cambio climático en la mancomunidad del sur oeste de Lempira (Honduras).

Gracias a esta intervención, se ha logrado que 172 huertos escolares agroecológicos de 172 escuelas ubicadas en seis municipios de la Mancomunidad de Municipios del Sur Oeste de Lempira (MANCOSOL) hayan sido avalados por el PNAE y que estas escuelas mejorasen la disponibilidad y los procesos de transformación y utilización biológica de alimentos a través de sistemas de producción, sostenibles y resilientes con el cambio climático.

A través de estos proyectos, la cooperación andaluza, gracias a la solidaridad del pueblo andaluz, contribuye a la seguridad alimentaria de niños y niñas de uno de los países más pobres de América Latina, Honduras, contribuyendo a la mejora de sus condiciones de vida y desarrollo.