Rafael Trapiello propone una relectura contemporánea del patrimonio cultural mediterráneo.
El fotógrafo y artista visual propone una relectura del patrimonio cultural mediterráneo, cuestionando la construcción de la identidad nacional a través de un enfoque visual romántico, al tiempo que subraya aquello que compartimos por encima de nuestras diferencias.
La muestra, comisariada por Carmen Dalmau, combina técnicas fotográficas contemporáneas con soportes materiales como el mármol, el espejo, el cobre o el vidrio. Esta atención del proyecto a la propia materialidad de las fotografías, transforman la percepción de las obras en relación con el espacio. La fotografía deja de ser únicamente una superficie para adquirir una dimensión táctil y casi escultórica.
Sobre el proyecto
El proyecto parte de la memoria del patrimonio cultural de este territorio, donde se superponen las huellas de distintas civilizaciones y tradiciones. Un paisaje compartido en el que conviven arquitecturas, mitos, símbolos y formas de vida que continúan formando parte de nuestro presente.
Un feliz desorden del tiempo invita así a recorrer el Mediterráneo como una geografía de conexiones, donde pasado y presente conviven y donde las huellas de las distintas civilizaciones forman parte de una misma memoria. Un territorio líquido y mestizo que, más que separar, ha servido durante milenios para poner en relación a quienes lo habitan.
En palabras del propio Trapiello: «Un feliz desorden del tiempo responde a una pregunta sobre el origen: de dónde venimos. La pregunta no es nueva, pero el auge global del nacionalismo le ha devuelto urgencia. Lo que me interesa es cómo se construye la identidad nacional, y cómo se puede cuestionar esa construcción desde dentro de su propio lenguaje. Mi decisión ha sido trabajar con la estética romántica —la misma que históricamente sirvió para erigir las identidades nacionales— y volverla contra sí misma. Trabajo sobre el Mediterráneo por pertenencia, y porque es el origen esencial de la identidad europea. Las imágenes se transfieren sobre mármol, latón patinado y espejo velado: cada material aporta su propio peso histórico. El mármol por su lugar en la historia del arte; el latón por su parecido al bronce de las esculturas antiguas; el espejo velado por su evocación del daguerrotipo. La obra propone que el espectador reconozca su herencia cultural en lugares geográficamente distantes —y, en ese reconocimiento, intuya que un territorio compartido siempre fue posible».
Sobre el autor

Rafael Trapiello es fotógrafo y artista visual. Ingeniero de Caminos por la Universidad Politécnica de Madrid, desarrolla su práctica artística desde 2006. Fue miembro del colectivo NOPHOTO (2014–2021) y es cofundador de Nación Rotonda. Desde 2021 está representado por la galería Arniches 26.
Su trabajo se sitúa entre lo documental y lo poético, abordando el paisaje como un espacio donde confluyen memoria, historia y experiencia. Influido por su formación en urbanismo, entiende el territorio como una construcción física y simbólica atravesada por el tiempo.
A través de la fotografía y procesos de transferencia sobre materiales como vidrio, mármol o metal, investiga la materialidad de la imagen, desplazándola hacia lo objetual y lo escultórico. Su obra propone una relación lenta y contemplativa con la imagen, en contraste con la inmediatez digital, articulando una reflexión sobre el tiempo, la fragilidad y los afectos.
Ha expuesto en instituciones como el Museo del Hermitage (San Petersburgo), la Bienal de Arquitectura de Venecia (Pabellón de España, León de Oro 2016), Centro de Arte Alcobendas, Sala El Águila o Centro José Guerrero. Premio Fundación ENAIRE de Fotografía 2023, su obra forma parte de colecciones como DKV, ENAIRE o Fundación Campocerrado entre otras.
Entre sus publicaciones destacan «Nación Rotonda», «Miércoles de Misericordia», «Solovki» (con Juan Manuel Castro Prieto) y «Todos los tiempos».








