Recomendaciones de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía

Nº 33.- Violencia infantil

Marzo/2018

Introducción

El síndrome de maltrato o abuso infantil se puede definir como toda acción, omisión o trato negligente, no accidental, que priva al niño de sus derechos y su bienestar, que amenaza o interfiere en su desarrollo físico, psíquico o social y cuyos autores son personas del ámbito familiar.

En términos generales se distinguen cuatro tipos de maltrato: maltrato físico, negligencia, abuso sexual y maltrato emocional. De ellos, la negligencia es el más frecuente (86,4% del total de los maltratos), seguido del abuso emocional y, posteriormente, del maltrato físico; el abuso sexual representa el 3,6 %.

En España la incidencia de niños maltratados es de 7,16 por cada 10.000 niños menores de 18 años. Por Comunidades Autónomas destaca la Ciudad de Ceuta y Melilla, con una prevalencia de 12,92 y 15,19 por 10.000 niños respectivamente. Por el contrario, la Comunidad de Madrid y el País Vasco tienen prevalencias bajas (algo más de 5 por 10.000 menores). Andalucía presenta 7 casos por cada 10.000 niños.

La mayoría de los casos de maltrato infantil está causado por alguno de los padres (77-87%), mientras que el 11% es producido por otros familiares o conocidos del niño. Los hombres suelen ser más propensos al maltrato físico y al abuso sexual, mientras que el abandono y la negligencia son causados con mayor frecuencia por mujeres. También se ha observado que los adolescentes que han sufrido maltrato físico presentan algún problema de conducta en la madurez, con un riesgo de tentativa de suicidio cinco veces más alto que los adolescentes que no sufrieron maltrato en la infancia.

Las consecuencias del maltrato en los niños son variadas: desde lesiones cerebrales (dos tercios de los niños menores de 3 años maltratados físicamente sufren lesiones cerebrales), algunas de ellas con secuelas neurológicas irreversibles (sobre todo si el maltrato se produce en los primeros 6 meses de vida), hasta la desnutrición grave ocasionada por el abandono. Además, el trauma emocional que produce el maltrato también altera la bioquímica cerebral, lo que puede desencadenar un estado de estrés crónico. A largo plazo, también se ha demostrado la existencia de violencia transgeneracional: un niño maltratado tiene alto riesgo de ser perpetrador de maltrato en la etapa adulta, dirigida tanto a su pareja como a sus hijos; de hecho, se estima que el riesgo relativo de transmisión del abuso de una generación a otra es de 12,6.

Situación actual

El Programa de Acreditación de Competencias de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía fomenta el papel de los profesionales sanitarios en la detección y actuación ante casos de violencia infantil, solicitando que en sus procesos de acreditación realicen una reflexión sobre estos aspectos, como prueba de su competencia profesional.

De marzo de 2015 a marzo de 2018, los profesionales han aportado un total de 4.269 informes de reflexión en sus procesos de acreditación, en los que describen las estrategias que han establecido para detectar y actuar ante casos de violencia infantil. En estos informes destaca la importancia que se concede tanto a la coordinación con otros profesionales (por ejemplo, la derivación a la Unidad de Trabajo Social) y a la cumplimentación del parte de lesiones para el Juzgado de Guardia (cuando proceda), como al registro en la historia de salud de las actuaciones realizadas. Así mismo, es importante la frecuencia con la que los profesionales manifiestan la necesidad de proteger de forma inmediata al menor, asegurando la confidencialidad y el anonimato del mismo.

Sin embargo, sólo el 4% de los profesionales considera importante la observación de las relaciones padres-hijos, las actitudes y conductas del menor, la calidad y cantidad de las visitas, el interés familiar respecto de la evolución del menor o el incremento de sintomatología tras las visitas.

Recomendaciones

A pesar de que no existe consenso sobre las intervenciones preventivas en el abuso infantil, se recomienda:

  1. Conocer cuál es el perfil dominante del niño maltratado en España: niño/a entre 1 y 4 años de edad, víctima de negligencia, no escolarizado, sin problemas de salud ni minusvalía psicológica o física, con desarrollo físico adecuado, que convive en el seno de una familia tradicional, y cuya vivienda no posee las condiciones adecuadas de habitabilidad.
  2. Evaluar la calidad del vínculo afectivo padres-hijos, los cuidados al niño, presencia de síntomas que sugieren abandono o carencia afectiva, actitud de los padres frente al establecimiento de normas y límites (castigos, correcciones verbales desproporcionadas, etc.).
  3. Detectar familias de riesgo: 
    – Observar posibles signos de riesgo, tales como no acudir a las citas concertadas con el/la profesional sanitario, ausencia de informes tras ingresos hospitalarios, cambios frecuentes de médicos, imposibilidad de recabar datos de la vida familiar en la entrevista clínica, etc.
    – Identificar situaciones de violencia doméstica o de abuso a la mujer, como predictoras de posible maltrato infantil.
    – Aumentar las visitas de seguimiento dentro del Programa del Niño Sano, incrementar visitas domiciliarias (en especial desde la etapa prenatal hasta los dos años de vida).
  4. Sospecha de maltrato:
    – Derivar al niño/a a servicios de salud mental, en caso de sospecha de maltrato emocional, con el fin de hacer un diagnóstico diferencial con otros trastornos.
    – Realizar en privado una entrevista con los padres o cuidadores, aceptando inicialmente las explicaciones familiares y evitando la confrontación: actitud no punitiva o juzgadora, utilizar un lenguaje comprensible a la hora de proporcionar información, no insistir en preguntas que no quieran responder, asegurar la confidencialidad.
    – Realizar una entrevista con el niño o niña: valorar la posible repercusión sobre el menor y procurar que no se sienta culpable; actitud de escucha; intentar recabar información sobre la estructura y dinámica familiar, condiciones higiénico-sanitarias de la vivienda, estado de salud de los convivientes y posibles conductas adictivas, condiciones laborales y socioeconómicas, apoyo de otros familiares, vecinos, etc.
  5. Intervención ante lesiones:
    – Tratamiento de las lesiones y sus secuelas físicas: exploración meticulosa pero que no cause una reexperiencia del trauma; si se considera que va a ser remitido a médico/a forense o centro hospitalario, evitar exploraciones innecesarias o repetidas.
    – Establecer medidas protectoras en caso de sospecha de riesgo de contagio (hepatitis B, enfermedades infecto-contagiosas, enfermedades de transmisión sexual, etc.).
    – Establecer medidas de prevención de embarazo secundario a agresión sexual.
    – Remitir al niño/a a un centro hospitalario en los casos en los que se hayan producido lesiones graves o se considere necesario recoger pruebas forenses.
    – Asegurar el tratamiento emocional y psicológico, remitiendo al niño/a a centros de salud mental.
    – Coordinarse con los servicios sociales de la zona respetando las respectivas áreas de trabajo, facilitando la comunicación y la toma de decisiones conjunta; elaboración de informes periódicos de salud del niño/a.
    – Atención a la unidad familiar: seguimiento de la familia; adopción de medidas frente al alcoholismo, toxicomanías, trastornos psiquiátricos, planificación familiar, etc. Remisión de la familia a grupos de apoyo, educadores familiares y/o terapeutas.
  6. Notificar el maltrato: utilizar el sistema unificado de notificación de casos establecido en el Sistema de Información sobre Maltrato Infantil de Andalucía (SIMIA).

Referencias

  • Consejería de Educación Junta de Andalucía. Decreto 81/2010, de 30 de marzo, de modificación del Decreto 3/2004, de 7 de enero, por el que se establece el Sistema de Información sobre Maltrato Infantil de Andalucía.
  • Consejería de Asuntos Sociales Junta de Andalucía. Orden de 11 de febrero de 2004, por la que acuerda la publicación del texto íntegro del Procedimiento de Coordinación para la Atención a Menores Víctimas de Malos Tratos en Andalucía.
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