Recomendaciones de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía

Nº 34.- Violencia contra personas mayores

Abril/2018

Introducción

El maltrato a la persona mayor se define como “Cualquier acto u omisión que produzca daño, intencionado o no, practicado sobre personas de más de 65 años, que ocurra en el medio familiar, comunitario o institucional, que vulnere o ponga en peligro la integridad física y/o psíquica, el principio de autonomía o el resto de los derechos fundamentales del individuo, constatable objetivamente o percibido subjetivamente”. La OMS también ha definido el maltrato como “cualquier acto aislado o repetitivo o la falta de acción apropiada, ocurrida en cualquier relación de la que se espera confianza y seguridad, que causa daño o malestar a la persona mayor”.

En 2017, en un comunicado de prensa del Departamento de Envejecimiento y Ciclo de Vida de la OMS, se afirmaba que “El maltrato a las personas de edad está en aumento, causando graves consecuencias personales y sociales para los más de 141 millones de ancianos del mundo. A pesar de su frecuencia y de sus graves consecuencias para la salud, los malos tratos a las personas mayores continúan siendo una de las formas de violencia menos estudiadas en las encuestas de salud y una de las menos incluidas en los planes nacionales de prevención”.

En España, las cifras oscilan desde el 35% en mayores atendidos por los servicios sociales hasta el 8,5% en los mayores hospitalizados. Algunas investigaciones afirman que entre el 4% y el 6% de las personas mayores sufre algún tipo de maltrato, aunque se sospecha que la cifra es muy superior ya que, con frecuencia, éstos no quieren reconocerse víctimas de maltrato por temor a represalias o al confinamiento en instituciones (se estima que sólo se denuncia uno de cada 5 casos de maltrato). Otros estudios han demostrado que en el 66% de los casos de maltrato los agresores son los propios cónyuges, seguidos de los hijos mayores, y que el 45% de los cuidadores domésticos admiten haber tenido conductas de maltrato (a pesar de que con frecuencia las víctimas no lo consideraban como tales).

Las formas más frecuentes de maltrato a personas mayores son el maltrato físico (golpes, quemaduras, fracturas, administración abusiva de fármacos o tóxicos), el maltrato psicológico (manipulación, intimidación, amenazas, humillaciones, chantaje afectivo, desprecio o privación del poder de decisión), la negligencia física (negación de alimentos, cuidados higiénicos, vivienda, seguridad y tratamientos médicos), el maltrato emocional (abandono, negación de afecto, aislamiento e incomunicación), el abuso económico (impedir el uso y control de su dinero, explotación financiera, chantaje económico) y el abuso sexual (actividad sexual no consentida o cuando la persona no es capaz de dar su consentimiento).

La OMS y la Red Internacional para la Prevención del Maltrato de las Personas Mayores (INPEA) recogen otras dos formas más de maltrato al mayor: el maltrato estructural y social (discriminación en las políticas gubernamentales e institucionales hacia los mayores) y la falta de respeto y prejuicios contra el mayor (estereotipos que se traducen en actitudes irrespetuosas, maltrato verbal y emocional, y una actitud social negativa hacia la persona mayor).

Los malos tratos tienen importantes consecuencias físicas, psicológicas y sociales sobre los mayores, así como una repercusión directa sobre la utilización de servicios sanitarios, debido al aumento de la frecuentación en urgencias y a los ingresos hospitalarios.

Situación actual

El Programa de Acreditación de Competencias de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía fomenta el papel de los profesionales sanitarios en la detección y actuación ante casos de violencia a mayores y personas dependientes, solicitando que en sus procesos de acreditación realicen una reflexión sobre estos aspectos, como prueba de su competencia profesional.

Entre los años 2015 y 2018 los profesionales han aportado un total de 4.269 informes de reflexión en sus procesos de acreditación: el 40,5% de estos informes corresponden a enfermeros/as que trabajan en unidades de hospitalización y cuidados especiales de adultos, y el 27,5% a enfermeros/as del ámbito de la atención primaria (199 de ellos trabajan en emergencias extrahospitalarias); el 7,4% (316 informes) pertenecen a proyectos de acreditación de médicos/as de distintas especialidades, especialmente del ámbito de la medicina de familia.

En estos informes de reflexión, los profesionales describen las estrategias que han establecido para detectar y actuar ante casos de violencia a mayores y personas dependientes, entre las que resulta relevante la coordinación con otros profesionales (más del 70% de los profesionales afirma que es necesaria la comunicación con la Unidad de Trabajo Social de su centro, con el fin de realizar la intervención oportuna), la cumplimentación del parte de lesiones para el Juzgado de Guardia (57%) y la importancia dada al registro en la historia de salud de las actuaciones realizadas (27%).

Sin embargo, sólo el 12% de los profesionales tienen en cuenta la necesidad de realizar una valoración integral al mayor, a la persona cuidadora, al núcleo familiar y al entorno, a través de la exploración física y la realización de una entrevista clínica que permitan la detección de posibles signos de maltrato.

Por último, tan sólo el 4% de los profesionales considera importante la realización de un interrogatorio rutinario sobre malos tratos a todos los mayores de 65 años, utilizando cuestionarios específicos de detección de maltrato en las personas mayores y dependientes.

Recomendaciones

1.Exploración

– Buscar signos físicos sugestivos de agresión física o negligencia (hematomas, excoriaciones de la piel u otras lesiones cutáneas sugestivas de higiene insuficiente, signos de ataduras en muñecas o tobillos, desnutrición sin motivo aparente, deshidratación, caídas reiteradas, mala evolución de heridas crónicas tras la aplicación de medidas adecuadas);

– detectar incongruencias entre las características de las lesiones y las explicaciones sobre cómo se produjeron;

– identificar otros signos de sospecha de maltrato: visitas frecuentes a urgencias por motivos cambiantes, falta de respuesta terapéutica ante tratamientos correctos y síntomas de sobredosificación de fármacos;

– explorar el estado emocional: miedo, inquietud, inhibición, alteración del estado de ánimo, depresión, ansiedad, confusión;

– estar alerta ante la negativa del cuidador/a a dejar sólo al mayor durante la entrevista o la exploración.

2. Entrevista clínica

Aunque no hay evidencia científica suficiente que permita aconsejar o rechazar la utilidad del uso de cuestionarios para el cribado rutinario de maltrato a las personas mayores, algunas organizaciones internacionales sugieren incluir en la entrevista clínica determinadas preguntas, recomendando:

–    entrevistar al paciente solo y con el cuidador;

–    analizar la relación y cambios de actitud en su presencia;

–    dar confianza y facilitar la expresión de sentimientos;

–    garantizar la confidencialidad;

–    hablar con lenguaje claro y sencillo;

–    formular algunas preguntas relacionadas con factores de riesgo:

¿Alguien le ha hecho daño en casa?; ¿Tiene miedo de alguna de las personas que viven con usted?; ¿Le han amenazado?; ¿Le han obligado a firmar documentos que no entiende?; ¿Alguien le ha tocado sin su consentimiento?; ¿Le han obligado a hacer cosas en contra de su voluntad?; ¿Alguien toma cosas que le pertenecen sin su permiso?; ¿Está solo a menudo?

3. Factores de riesgo

Identificar la presencia de factores de riesgo para que se produzca maltrato:

– en la persona mayor: edad avanzada, deficiente estado de salud, incontinencia, deterioro cognitivo y alteraciones de conducta, dependencia física y emocional del cuidador, aislamiento social, antecedentes de malos tratos;

– en la persona cuidadora: sobrecarga física y emocional, trastorno psicológico, abuso de alcohol, toxicomanía, experiencia familiar de maltrato a personas mayores, violencia familiar previa, incapacidad para soportar emocionalmente los cuidados.

– en situaciones de especial vulnerabilidad: vivienda compartida, malas relaciones entre el mayor y el agresor, falta de apoyo familiar, social o financiero, dependencia económica.

4. Plan de actuación

–    Contactar con el/la trabajador/a social y con los servicios especializados si fuera preciso;

–    en caso de riesgo inmediato, remitir al mayor a los servicios sociales, hacer parte de lesiones y comunicarlo al juez;

–    informar a la persona mayor de la tendencia y consecuencias del maltrato, buscando una estrategia de protección y un plan de seguridad (proporcionar el teléfono de los servicios de urgencias y policía, concertar un sistema de teleasistencia, etc.);

–    explicar a la persona mayor las posibles alternativas, escuchar sus deseos y respetarlos siempre que sea posible;

–    promover el uso de servicios de atención a domicilio, centros de día, etc. que reduzcan el aislamiento social del mayor;

–    simplificar el tratamiento y la medicación cuando sea posible, con el fin de reducir los errores;

–    evaluar la adecuación de la vivienda a las limitaciones del mayor;

–    apoyar a las personas cuidadoras: identificar y actuar preventivamente ante situaciones de estrés y sobrecarga física/emocional, promoviendo la incorporación a programas de atención al cuidador;

–    valorar la necesidad de institucionalización si la persona mayor no está capacitada o la familia no puede garantizar su atención y cuidado adecuados;

–    informar de los pasos legales para formalizar la denuncia, en el caso de que el mayor esté dispuesto a hacerlo;

–    registrar todos los datos en la historia clínica.

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