07/05/2026
A lo largo del ciclo vegetativo de la vid, cada brote que emerge representa una oportunidad… pero también una posible competencia. No todos aportan, no todos producen, y no todos ayudan a construir un viñedo equilibrado. Es en este contexto donde la poda en verde adquiere todo su sentido.
Esta práctica engloba un conjunto de intervenciones que se realizan en primavera y verano, cuando la planta está en plena actividad, y que consiste en la eliminación selectiva de órganos herbáceos, tales como hojas o racimos, aunque principalmente brotes.
Dependiendo del órgano que se elimine, dicha intervención recibe un nombre diferente:
- Brotes: desbrotado
- Pámpanos laterales: desnietado
- Ápices vegetativos del brote: despunte
- Racimos: aclareo
- Hojas: deshojado
La poda en verde es una forma de interactuar con la planta, de dirigir su crecimiento y de ajustar su equilibrio. En definitiva, el objetivo es conseguir que la vid distribuya sus recursos de manera eficiente entre crecimiento y producción.
La unidad básica de desarrollo y producción en la vid es el brote, y sobre él se construye la arquitectura del viñedo. Regular su número, su vigor y su disposición permite corregir excesos de vegetación, ordenar el dosel y facilitar todas las labores posteriores.
En Producción Integrada, nada se deja al azar. Cada decisión debe responder a un criterio técnico que combine rentabilidad, sostenibilidad y respeto al medio.
El Reglamento Específico de Producción Integrada de Vid en Andalucía marca una línea clara, priorizar las prácticas culturales que favorezcan el equilibrio del cultivo y reduzcan la dependencia de insumos externos.
Aunque la poda en verde no aparece como una obligación específica, su papel encaja perfectamente dentro de este enfoque. A través del manejo del brote, permite:
- Regular el vigor del cultivo de forma natural.
- Mejorar el microclima del viñedo y prevenir enfermedades.
- Reducir la necesidad de tratamientos fitosanitarios.
- Adaptar las decisiones a cada parcela o unidad homogénea de cultivo (UHC).
Así, más que una práctica puntual, la poda en verde se convierte en una herramienta estratégica, coherente con los principios de la Producción Integrada y en una forma de entender el viñedo más eficiente y racional.
Cada intervención que evita un tratamiento químico, tiene un impacto que va más allá de la parcela. La poda en verde, bien ejecutada, contribuye precisamente a eso.
Al reducir la incidencia de enfermedades, disminuye la necesidad de aplicar productos fitosanitarios. Esto se traduce en beneficios claros:
- Menor riesgo de contaminación de suelos y aguas.
- Reducción de residuos en la uva y en el producto final.
- Menor exposición del agricultor a productos químicos.
- Conservación de la fauna auxiliar y la biodiversidad del viñedo.
Una planta equilibrada, con un número adecuado de brotes, aprovecha mejor el agua y los nutrientes, produce con mayor eficiencia y responde mejor a las condiciones del entorno.
En este tipo de poda el momento en que se interviene es determinante. Adelantarse o retrasarse puede cambiar completamente la respuesta de la planta. Del mismo modo, la intensidad debe ajustarse cuidadosamente, ya que eliminar demasiado puede provocar un rebrote vigoroso, mientras que quedarse corto puede no resolver el problema.
En este escenario, el técnico y el agricultor comparten una misma herramienta, la capacidad de interpretar el cultivo y tomar decisiones en función de lo que realmente ocurre en campo.
No se trata de intervenir más, sino de intervenir mejor. De entender que el equilibrio del viñedo comienza en el manejo del brote y que, desde ahí, se construye un cultivo más sano, más productivo y más sostenible.
En el siguiente enlace se accede al video de la finca demostrativa GIP de viña en la provincia de Córdoba, donde se hace referencia a esta labor. Enlace video



