El Mercado Central empieza a vivir su historia en 1837, cuando el Ayuntamiento decide erigir un edificio para abastecer a los ciudadanos de productos, en los terrenos que había adquirido años antes, tras la desamortización de Mendizábal.
En diciembre de 1838 se inauguró la plaza porticada de estilo neoclásico, de planta rectangular y su interior en forma de peristilo con columnas dóricas de 4 metros de altura. En cada lado de la fachada se dispusieron las puertas de decoración sobria. En el intercolumnio se construyeron 72 puestos y en el centro quedaba un amplio espacio destinado para la venta ambulante, utilizándose también en la fiestas para representaciones teatrales, circenses y otros actos lúdicos.
Así transcurrió la vida de la Plaza de Abastos hasta una nueva transformación cuyas obras finaliaron en el año 1929. El arquitecto sevillano Juan Talavera fue el encargado de dirigir los trabajos. Se dotó al edificio de un pabellón central cubierto, dividido en dos grandes naves, una para los puestos de pescaderías y otra para carnes y recovas. En el exterior se construyeron los puestos fijos de churros, suprimiéndose los kioscos de la vía pública.
En la primera década del siglo XXI, la Plaza de Abastos experimentó otra gran reforma, quedando un total de 173 puntos de ventas. Las antiguas naves de pescados y recovas son derribadas y se alza en su lugar un gran cuerpo central donde se distribuyen las pescaderías y en sus extremos conviven algunas fruterías. El recinto se ve favorecido por la luz natural, existiendo también mayor amplitud particularmente, en el espacio que rodea la galería. Finalizadas estas obras, en diciembre de 2009 “La Plaza” volvió a abrir sus puertas al público.